Periodismo urgente (y necesario)

| 2 mayo, 2011 | Comentarios (0)

Un comentario al libro ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?

Al poco tiempo que José Pedraza –burócrata sindical titular de la Unión Ferroviaria (UF)- quedara preso, apareció ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (Bs. As., Ed. Norma), libro del periodista Diego Rojas. Allí se encuentran reportajes, varias investigaciones y una reconstrucción de los hechos del 20 de octubre pasado, cuando una patota de la UF atacó a los tercerizados del Ferrocarril Roca y a la izquierda, quienes se retiraban de la zona tras interntar cortar las vías en reclamo de pase a planta permanente de los tercerizados. Fue el ataque donde asesinaron a Mariano Ferreyra y dejaron baleadas a tres personas.

En 26 breves capítulos se intercala diversa información: por una parte, los lazos humanos (familiares, amistosos) del joven del PO, de 23 años; sus actividades cotidianas, sus responsabilidades militantes y ambiciones que quedaron truncadas por el crimen; momentos de lectura dolorosa. Por otro, Rojas da cuenta del sistema de tercerización laboral, “invento” del neoliberalismo en los ’90, con el objetivo de reducir los costos en personal y aumentar las ganancias. Y, dentro de este sistema, el rol de la burocracia sindical, transformada en socia mediante el manejo de empresas “de servicios”, donde el salario del obrero siempre es muchísimo más bajo que el de convenio.

En el libro se recuperan datos que se fueron haciendo esporádicamente públicos en la prensa burguesa, lo que permite entrever los vínculos de funcionarios nacionales como Tomada (ministro de Trabajo), Noemí Rial (viceministra) y Esteban Righi, quienes fueron asesores legales de la UF por años (recordemos que la primera actitud del kirchnerismo fue “despegarse” de Pedraza y la UF diciendo que el burócrata respondía a Duhalde). Al igual que el uso de barrabravas: Cristian Favale, quien tiene fotos con el ministro de economía Boudou y la periodista oficialista Sandra Russo y el “payaso” Sánchez, entre otros, como fuerza de choque. Y también se recupera la edición del 20 de enero de 2010 de El Obrero Ferroviario, revista oficial de la UF, que relata la visita que hicieron Cristina Kirchner y Hugo Moyano, titular de la CGT, a la reinauguración de un centro cultural. Pedraza dijo en ese acto de fines de 2009: “Compañera presidenta, nosotros acompañamos su gobierno, y seguiremos acompañándolo”. Y Cristina: “Mostrémosle a todos cuál es este modelo de organización sindical que cree que lo más importante no es destruir sino conseguir mejoras para sus trabajadores”; agregando que ella era “una profunda admiradora de este movimiento sindical”.

En síntesis, explotación laboral y millonarios negocios fue lo que llevó a la burocracia a atacar, a los balazos, a los tercerizados y la izquierda, con el fin de “escarmentarlos”. Balazos que contaron con la complicidad de la policía, como reconoce en un reportaje del libro la fiscal Camaño: “Hay un policía que filma, y de esa filmación surge cuando llega Cristian Favale con el grupo. Se supone que cuando los ferroviarios salen corriendo [a atacar], se le acaba la batería. Vuelve a filmar cuando los ferroviarios regresan [del ataque]”. “La policía ferroviaria –sigue Camaño-, que está en las vías, puede estar en connivencia con los hechos. Los celulares que usan se los da la Unión Ferroviaria, los conocen de todos los días. Dicen las transmisiones: ‘Expectantes, expectantes. Esperemos, no hagas nada’”. Entonces, en su conjunto, tenemos el escandaloso “armado” de un gobierno que se sostiene en la burocracia sindical (por algo el ente estatal-privado UGOFE acepta los “servicios” de las empresas tercerizadas regenteadas por la burocracia sindical) ¡e incluso la cuida, como cuando esta patota atacó a la izquierda! Allí estuvo la policía Federal dejando “zona liberada” para que la burocracia y su banda actúen.

Mención aparte merece el “filósofo” peronista kirchnerista, José Pablo Feinmann, que en su libro El flaco acusa… ¡al mismo PO! de ser el responsable de la muerte de Mariano Ferreyra. Con argumentos que dan pena (por la indigencia mental de quien los profiere, y bronca, por la belicosidad macartista), Feinmann dice, tras recriminarle a Altamira que fuera a un programa de Moria Casán: “Ese cadáver es tuyo, Altamoria. Hacete cargo”, evitando pronunciarse sobre los verdaderos asesinos y cómplices-socios de la burocracia sindical[1].

Toda ambigüedad o nexo poco claro que pudiera subsistir respecto al gobierno nacional y la burocracia de la UF se disipa completamente con las grabaciones de la charla entre Tomada y Pedraza, de enero de este año, que se dieron a conocer recientemente. Allí está el ministro y actual precandidato a Jefe de gobierno porteño diciéndole a Pedraza: “fundamentalmente el planteo era que hay que hacer un laburo sindical sobre estos tipos [los precarizados] que entran porque no son todos del PTS […]. Hay un montón que se los puede ganar…”. Es decir que la principal preocupación para el gobierno, luego del gran triunfo del pase a planta de casi 2000 trabajadores precarizados, era que la izquierda en general, y el PTS en particular, avanzara en su influencia política y organización entre los trabajadores ferroviarios. He aquí el punto que permite entender tamaña complicidad criminal entre empresarios, gobierno y burocracia: evitar que la izquierda confluya con los luchadores y cuestione –como lo viene haciendo no sólo en el ferrocarril sino en importantes empresas fabriles y de servicios- el statu quo kirchnerista. De ahí los discursos de la presidenta Cristina Kirchner contra cualquier método de acción directa (cortes, huelgas, movilizaciones) que pudieran emprender los trabajadores; y también la creciente criminalización y judicialización de la protesta, donde hay más de 4.000 procesadas y procesados por luchar: los trabajadores y trabajadoras de Kraft, PepsiCO, Donelley, Fate, el Subte, Siderar, del pescado de Mar del Plata, Raúl Godoy de Zanón junto a decenas de ceramistas neuquinos, entre otros y otras…

Las falencias del libro están en algunas definiciones de Rojas, quien da, a lo largo de todo su trabajo, en este contexto nacional de criminalización de las luchas, algo así como “referencias sociológicas”, de carácter general, sin valoración política. Rojas habla –casi “neutralmente”- de “violencia política y social”, de “violencia sindical”, y lo repite en su blog y en distintas entrevistas. ¿Habrá sido este “el precio” a pagar por editar el libro a través la editorial multinacional Norma?

Incluso el diario oficialista Página/12, se permitió, aprovechando esto, reproducir como “adelanto” un capítulo entero del libro, “Encuentro en la Rosada”, que aislado del conjunto del libro, deja bien parados al gobierno nacional (Baradel, Parrilli, Abal Medina hijo y la misma Cristina Kirchner), como comprometidos con la familia a resolver el crimen.

Otro fenómeno político importante se hecha de menos en el libro: Rojas dedica todo un capítulo al modus operandi de la burocracia sindical: patotas de barrabravas (lúmpenes desclasados) contra los opositores. Pero omite señalar que esto cobra más bríos a medida que se desarrolla el “sindicalismo de base”, como lo demuestra el artero ataque al delegado de la VolksWagen de Córdoba, Sergio Folchieri, o la expulsión del SMATA de la misma provincia, del delegado Hernán “Bocha” Puddu, quien se negó a avalar despidos de trabajadores contratados y hoy está despedido; casos que no están en el libro.

Una ausencia notoria, clave para entender la saña asesina de la burocracia de la UF en particular, es la de la Agrupación Bordó del Ferrocarril Roca. Con un trabajo paciente de organización y lucha de años, los compañeros, que organizan en común a efectivos y tercerizados, fueron clave en el desarrollo de la lucha que finalmente terminó con el pase a planta de la gran mayoría de los tercerizados.

De conjunto, Rojas, aunque haya dicho en un reportaje “entrevisté a muchos testigos que estuvieron ahí, mucha gente del ferrocarril, casi en paralelo a la investigación que estaba haciendo la Justicia” omite entonces una explicación más “global” del fenómeno del “sindicalismo de base” (en ferroviarios y en otros importantes gremios como la alimentación, gráficos, automotrices, Zanon y los ceramistas neuquinos), sectores donde la izquierda en general, y el PTS en particular, tiene peso (y donde sus dirigentes obreros impulsaron paros, cortes y acciones al día siguiente de conocerse el asesinato de Mariano –el subte paró el mismo 20-, en reconocidos establecimientos como las alimenticias Kraft-Terrabusi y PepsiCO; al igual que un corte de vías). Sin esto, no puede terminar de quedar en claro el rol (criminal) de la burocracia contra los luchadores y la izquierda. Por pura mezquindad política, Rojas da un racconto parcial, sesgado, de los casos donde las patotas de la burocracia atacaron, dejando fuera los conocidísimos casos que mencionamos.

Pese a ello, ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, como ya dijimos –tal como reivindica el título de esta nota, como “periodismo urgente”-, tiene aciertos y hallazgos. Como la entrevista que consigue hacerle a Pedraza poco antes de su detención. Allí dice que participó del acto progubernamental de Moyano en River, y más: “Después del 20 de octubre hablé con Julio de Vido, con Juan Pablo Schiavi, con Tomada”, mostrando intactos sus vínculos con el kirchnerismo. Y respecto a un activista, vocero de los tercerizados, dice el burócrata, sacado: “¡Un delincuente estuvo en el corte!”, “¡Activista no fue nunca! Ahora aparece hablando como vocero. Un tipo violento. ¡No quiere laburar!”, mostrando así toda su hipocresía y un profundo odio de clase contra los obreros que no agachan la cabeza y son democráticos y combativos.

Para finalizar, un fragmento respecto a la vida que segó la burocracia: “Era un pibe joven que, probablemente, tenía todas las experiencias del mundo por vivir, pero que había tomado, sin embargo, algunas decisiones vitales respecto a su presente. Se consideraba a sí mismo un revolucionario, un militante socialista, un conspirador –si fuera necesario- y se habría ofendido si lo hubieran llamado ‘idealista’, porque estaba convencido de que había bases materiales concretas y que, más tarde o más temprano, los trabajadores argentinos harían la revolución”.

Aunque Mariano no era de nuestra organización[2], lo consideramos un compañero propio, con los mismos intereses y objetivos –los que tenía nuestro joven camarada fallecido recientemente en un accidente, Polo Denaday-: luchar por que la clase trabajadora construya su propio partido revolucionario, en Argentina y en el mundo, y termine con la explotación capitalista, poniendo en pie Estados obreros que comiencen la construcción de una nueva sociedad, socialista. Los más altos objetivos a los que puede aspirar todo ser humano sensible –e indignado, insoportablemente indignado- ante las barbaries a que nos somete el sistema.


NOTAS:

[1] La respuesta de Altamira se encuentra acá.

[2] Para ver las diferencias entre el PTS y el PO en la lucha de clases, y en particular en el conflicto de los tercerizados ferroviarios, remitimos a dos notas de Fredy Lizarrague aparecidas en el semanario La Verdad Obrera: “Debate con el PO: Dos métodos en la lucha de los tercerizados”, y “Debate con el PO (II): Canallas y canallitas”, acá.

Category: Artículos, Ideas y debates, Lecturas críticas, Movimiento obrero

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