Forster y “la máquina mediática”

| 23 julio, 2011 | Comentarios (0)

El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado
demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables. […] Si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que “se divorcia cada vez más de la sociedad”, es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel “divorcio”.

Lenin, El Estado y la revolución

 

Ricardo Forster ha publicado en Página/12 una columna desmarcándose de la profusa difusión que se hizo de los videos de la reunión de Carta Abierta del 16/7, donde se realizaban una serie de críticas a la campaña K de Capital pero renovando los votos en la candidatura de Filmus para la segunda vuelta en Capital después de que Macri le sacara una diferencia de 19 puntos en la primera vuelta.

Una vez más, como en el affaire Vargas Llosa con Horacio González, parece que cada vez que uno de estos intelectuales K, que se presentan como “intelectuales críticos”, efectivamente ejerce la función con que se definen, deben pedir disculpas o desdecirse pronto, frente a las acusaciones de sus propio correligionarios de actuar como “fuego amigo”.

En su columna, Forster se defiende acusando a la “corpo”, esa “máquina mediática que captura palabras” y las convierte en otra cosa; en este caso, usa las desconsoladas reflexiones electorales de los miembros de Carta Abierta, un poco desencajada aún con la diferencia que le sacó el macrismo, en una “crisis del kirchnerismo”.

Hay que reconocer que los medios opositores exageraron la “crisis” expresada en esa reunión. Pero ello no deja mejor parados a los intelectuales de CA, sino que muestra que “la más absoluta libertad de opinión y crítica”, que juran reina en el espacio, son palabras al viento que no lograron atrapar ellos tampoco. Lo cierto es que las críticas esbozadas no mostraban ninguna ruptura con el gobierno, ni siquiera una reflexión más o menos seria, sino sólo decepción; las objeciones no pasaron de lo formal: que nos faltó más presencia de la presidenta al lado de Filmus, que nuestras caravanas fueron poco populares, que no supimos articular un discurso para que nos entienda el “tendero” pogre. Del operativo Cinturón Sur que pone fuerzas militares a patrullar la ciudad, de la represión a los docentes de ADOSAC en la puerta del Ministerio de su compañero de fórmula (que no sabemos si tuvo tiempo, con tanta campaña, de pasarse el 20 a saludar a la cárcel a su amigo Pedraza), no se pronunció palabra. A no desconsolarse: no es cierto que la campaña no haya tenido ideas, como lamentaba María Pía López; lo que pasa es que las ideas y la agenda de derecha de ambos contendientes eran tan parecidas que costaba distinguirlas. Por ello el “tendero” seguramente prefirió votar al derechista original y no a la copia.

Pero analicemos la descripción que de la “máquina mediática” hace Forster, cuyo objetivo sería “horadar al kirchnerismo”.  Quizás sea otra malicia de las palabras que se dejan capturar así nomás por la “corpo” el hecho de que a veces dejen en evidencia a quienes las pronuncian con un mero cambio de sujeto. Porque lo curioso del análisis de Forster es que reemplazando “máquina mediática” por “Estado”, la descripción se ajusta bastante bien a algunas de las prácticas de los gobiernos kirchneristas, aquellas que, en palabras de Gramsci, serían arsenal para la dominación “consensual”.  ¿Qué, si no, “ha desplazado su ataque hacia el movimiento de derechos humanos”, cooptando a aquellas figuras y agrupamientos que se habían mantenido independientes del Estado, cuyos “engranajes” lograron lo que la dictadura y los gobiernos que le siguieron no habían logrado por ejemplo con Hebe de Bonafini? ¿Acaso no es la misma base la que explica otro desencanto progre kirchnerista, el INADI? Sin duda la derecha usa el caso Schoklender y las peleas Rachid-Morgado para llevar agua a su molino y desprestigiar las justas demandas y logros de las luchas de los movimiento sociales; pero no es menos cierto que es la intromisión de los fondos estatales y el alineamiento con el Estado lo que fomentó y permitió buenos titulares para la “corpo”, así como que esas demandas sigan pendientes.

Como señalara Christian Castillo en el debate con otros miembros de Carta Abierta que organizamos desde el IPS, Horacio González y María Pía López hace poco, ¿no explican estas palabras de Gramsci la base de la política gubernamental?: “Entre el consentimiento y la fuerza, encontramos la corrupción-fraude, que son característicos de ciertas situaciones en las que es difícil ejercer la función hegemónica y resulta velado el uso de la fuerza. Consisten en procurar la desmoralización y la parálisis del antagonista, comprando a sus líderes, bien soterradamente bien en caso de peligro inminente abiertamente, con el fin de sembrar el desorden y provocar la confusión en sus filas”.

¿Qué si no el Estado es aquella maquinaria que “astuta y cínica, supo forjarse en el interior de un pacto siniestro que le permitió convertirse en hegemónica, pero también supo, una vez recuperada la democracia, camuflar sus complicidades y las prebendas que recibió de la dictadura” y que de la noche a la mañana, “cambió de perspectiva y buscó invisibilizar su responsabilidad acomodando su relato al que emanaba del movimiento de derechos humanos y, en un giro tan espectacular como hipócrita, hablar de lo que antes nunca se habló”? ¿No fue acaso el Estado el que, agente de lo que no por nada se llama “terrorismo de Estado”, “canalla y cómplice, por gracia de una extraña metamorfosis avalada por los propios gobiernos democráticos y por todo el poder económico (ese mismo que fue un aliado fundamental de la dictadura y que pasados los años sería el eje de la política neoliberal), se permitió incorporar a su panteón de estrellas a quienes habían sido las víctimas de una dictadura que, si no hubiera contado con la complicidad de esos medios de comunicación, jamás habría podido desarrollar y sostener su plan de exterminio y apropiación”? ¿No fue el Estado el que en manos de Menem el que “sigue siendo decisivo a la hora de comprender el espectacular giro neoliberal (iniciado por el rodrigazo y por el plan de Martínez de Hoz, renacido bajo la economía de guerra y el Plan Austral del alfonsinismo y luego recuperado e intensificado por la convertibilidad menemista); ellos fueron la garantía imprescindible allí donde dieron forma a un nuevo relato y apuntalaron la emergencia de nuevas formas de sentido común”? Se podrá aducir claro, que fue tal o cual gobierno el problema y no el Estado, que con un simple cambio de manos, según la inverificable y baladí “teoría” de Carta Abierta, ha quedado al margen del “poder” y enfrentado a él. ¿No es entonces este Estado el reprime en Las Heras? ¿No es el que paga puntualmente la deuda externa? ¿No es el que defiende y mantiene la precarización laboral y aporta a las patronales, por si las leyes no alcanzaran, las patotas sindicales? ¿No es el Estado el que prohíbe la libre asociación sindical, aunque si la empresaria? ¿No es el responsable del deterioro de la educación y la salud ya “desguazada” por el neoliberalismo? ¿No es este Estado el que con la reforma política refuerza el régimen bipartidista y proscribe la voz de los trabajadores y la izquierda? ¿Y no es la “máquina mediática” oficial de la TV y radio pública, de los medios de prensa escrita como P/12, etc., donde estos intelectuales están abonados como invitados, la que dedica sus esfuerzos a justificar cuando es posible, o desdibujar y tapar cuando no queda otra, este accionar del Estado en manos de los Kirchner?

En la teoría marxista, el Estado es definido como “la junta administrativa de los negocios de la clase dominante”, algo que por supuesto para ser explicativo debe considerar el carácter de clase del Estado en cuestión, las formas del régimen con que domina, las variantes y tradiciones políticas de aquellos que lo ocupan, etc., aunque acierta sin duda en lo esencial. En la teoría de Foster, en cambio, aún después de más de 8 años en el poder… como Papa Noel, nos enteramos ahora que el Estado no existe sino que son unos padres con pocos recursos frente al “poder”.

Tampoco es que este Estado se prive de ninguno de los elementos del otro recurso de dominación, la coerción. Los más de 4000 procesados por luchar no dejan mucho margen de duda, y para volver al eje de los desvelos de Carta Abierta en estos días, los resultados de las políticas de seguridad para la Capital ya mostraron sus consecuencias: un pibe muerto cuando salía del trabajo por una de esas “balas perdidas” policiales que siempre encuentran sin embargo una víctima (digamos de paso que ya sea porque se disparó intencionalmente o porque “se cayó el arma”, ello no atenúa la negligencia, prepotencia e impunidad con que se maneja la policía, aunque el primer caso, el más probable, ilustra mejor la política del gatillo fácil que la superministra Garré y la gendarmería y prefectura no vienen más que a reforzar). Pero insistamos por si hace falta con algunas palabras que ni la oposición ni el oficialismo quisieron hasta ahora “capturar”: Jorge Julio López, Luciano Arruga, compañeros Qom asesinados en Formosa por el aliado K Insfrán…. Si se quieren palabras amistosas, una buena fuente puede encontrarse en la amena conversación entre Pedraza y Tomada después del asesinato de Mariano Ferreyra conspirando contra la izquierda. O en los elogios de Menen a Cristina (a quien acompaña en su terruño). Nos disculpará Forster si cuando en su columna insiste en “profundizar el modelo instaurado en 2003” y nos despliegue la ciudad con que sueña, no podamos más que recordar a los hermanos muertos en el Indoamericano de la mano de la Federal y la Metropolitana, o las amenazas y la extorsión, contra todo intento de acción directa, de Aníbal Fernández flanqueado de funcionarios PRO y de la propia presidenta en el discurso inaugural de las sesiones del Congreso de este año.

Al parecer, las estrategias de autodefensa de los voceros K son un asunto peliagudo. Las palabras y las imágenes pueden manipularse pero también volverse en contra, como cuando sus pares de 678 (a quienes ahora ha criticado con el mismo ímpetu lavado con que criticaron en la reunión a Carta Abierta a la campaña electoral, aunque permitiéndose alguna que otra palabra más subida de tono) intentaron repuntar la discusión con Sarlo que los había dejado mal parados, mostrando un viejo video de archivo en que David Viñas, con sus críticas, provocaba el desaire de Sarlo, sin notar que la alocución de Viñas hacía hincapié en la incomodidad que le producía estar rodeado de funcionares y asesores del Estado, algo que cabría perfectamente a los panelistas que presentaban el videíto, y que ninguna usina de ideas K consideró problematizar.

Forster declara querer terminar su columna con “profesión de fe”. Sin duda se necesita mucha fe para pintar a este gobierno de nacional y popular. O mucho cinismo. Hubo un marxista que también supo preocuparse de las cuestiones teológicas y que a Forster gusta citar, Walter Benjamin. Pero otra vez, la evocación de ideas y palabras puede resultar esquiva: el pensador alemán proponía mantenerse con los oprimidos y sus luchas, escamoteadas por la historia oficial, en cuyo cortejo triunfal sin duda tiene un lugar destacado el Estado.

Tags: , , ,

Category: Artículos, Cultura, Ideas y debates

Dejar un comentario




Si quieres agregar una imagen a tu comentario, consigue un Avatar.