Un balance desorbitado

| 16 septiembre, 2011 | Comentarios (6)

**Aclaración: cuando estábamos escribiendo esta respuesta al artículo de Eduardo Sartelli del Aromo, llegó otro respuesta suya repleta de ataques ad hominem a Hernán Díaz, método con el cual no podemos más que disentir; un método equivocado que no hace más que convertirse en un obstáculo para el desarrollo de la discusión política. Nosotros no acostumbramos a discutir en esta forma, por lo cual vemos necesario hacer esta aclaración antes de pasar a los argumentos.**

Eduardo Sartelli ha escrito en el último Aromo una crítica a la campaña del FIT y a la evaluación de sus resultados, con especial encono con las discusiones de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT.

Durante la campaña hubo discusiones entre las fuerzas que integran el FIT, lo cual es lógico. Así que respondo, a título personal, por las posiciones sostuvimos desde el PTS.

La campaña

Sartelli aduce que la campaña del FIT “daba lástima” y que el piso del 1,5% impuesto por el régimen no se trataría de un intento proscriptivo sino de una constatación de la “inexistencia” de la izquierda para los trabajadores; para fundamentarlo Sartelli se hace eco de los mismos argumentos esgrimidos por el kirchnerismo para defender la reforma electoral frente a nuestra denuncia: son los que por ejemplo Edgardo Mocca utilizó contra Eduardo Grüner en el debate en el programa de Aliverti hace unos meses. ¿O sea que deberíamos haber aceptado sin chistar las imposiciones de la burguesía?

¿Sabe Sartelli que tuvimos que juntar 75 mil afiliaciones en todo el país, con fotocopia de documento incluido, y que esto insumió un gran esfuerzo militante? ¿Sabe que esto afecta especialmente a la izquierda, mientras para los partidos patronales es un trámite, ya que cuentan con fortunas como las de Macri o De Narváez, una red clientelar basada en la gestión estatal, el control de los medios de comunicación, etc.?

Para colmo, todo esto ni siquiera permitía acceder a las elecciones sino a las “internas abiertas”. Con lo cual, al análisis poco materialista –por decirlo de alguna forma– de Sartelli deberíamos agregar entonces una apelación a tener buenos modales con esta intromisión del Estado en la organización política de los partidos que supone la instauración de las primarias, un intento de reforzar el régimen bipartidista en estas elecciones y a futuro (que para fortalecerse desde ya cuenta con otros mecanismos más tradicionales, como la represión, la judicialización de las luchas, los desafueros de la burocracia, etc.). ¿Sabe Sartelli que el requisito de tener que sacar un 1,5% para poder presentarse a las elecciones no existe en ningún lugar del mundo? ¿Sabe Sartelli que el 1,5% no se trata sólo de un piso para la presidencial sino también se aplica por provincia a los candidatos a diputados y senadores, y que en muchos lugares, como la provincia de Bs. As. se aplica a cada localidad, a cada candidato a intendente, a las listas a concejales? ¿Sabe que esto ya implica que el FIT no podrá presentar candidatos a diputados en determinadas provincias o a los cargos respectivos en varios municipios, lo que nos debilita desde ahora para las elecciones de octubre?

Sartelli nos dice que tendríamos que haberlo aceptado con la cabeza gacha, un comportamiento modosito que más que a un “rollinga” recuerda al camino propuesto por un guapo del 900, Juan B. Justo, que hablando de socialismo no se le despeinaba el jopo con el hecho de que gran parte de la clase obrera inmigrante no votara: ¿por qué no mejor tramitaban como pudieran su ciudadanía? Si como revolucionarios no hubiésemos enfrentado y denunciado el intento de silenciarnos, no meceríamos ese nombre. Sartelli en cambio se está dando la nariz contra la misma pared de todos los que hablaron, como hizo el MAS en los ‘80, de “socialismo” en el marco de la democracia capitalista, sin demostrar a los trabajadores que no hay socialismo sin superar este régimen, envoltura del capital, que supuestamente da igualdad de oportunidades políticas. La campaña del FIT contra la proscripción del régimen de la democracia para ricos (que fue propuesta por el PTS) fue en este sentido profundo y no sólo “democrática”.

Para nosotros la intervención en las elecciones es una táctica en función de la estrategia de conquistar un gobierno de los trabajadores mediante la movilización revolucionaria de las masas, expropiar a los expropiadores y desarrollar la revolución a nivel internacional. Por esto es que intervenimos en las elecciones, no como objetivo en sí, sino en función de la organización en el movimiento obrero y la juventud, de la intervención en la lucha de clases, de la profundización del debate ideológico-estratégico, etc. Justamente lo que quiere el régimen es que la izquierda se la pase sorteando requisitos, juntando firmas, afiliaciones, etc. para que tenga que desviar sus energías de aquellos objetivos. Esto es una presión a la integración a la fauna del régimen burgués. No sabemos si Sartelli es consciente de esto o si le quita el sueño, pero como mínimo debería tenerlo en cuenta.

El resultado

Sartelli, que se dice preocupado por el “rechazo de la clase obrera”, podría haber repasado en los videos de la Asamblea la respuesta a uno de sus compañeros de RyR le hiciera Oscar Coria, delegado despedido de Kraft en la lucha del 2009, cuestionando cómo puede considerarse “ficticia” una campaña que concitó por ejemplo en la Zona Norte, donde están las principales concentraciones obreras, que cientos de trabajadores no partidarios se pusieran a discutir política con la izquierda, salieran a pegar afiches, volantear en otras fábricas de la zona como Kraft, Pepsico o Donnelley, ejemplo que se repitió en distintos lugares y mostró una campaña militante hecha a pulmón en las barriadas y fábricas y que es la tierra fértil donde pueden prender las propuestas del FIT.

En su argumentación contradictoria, por un lado Sartelli recurre a elementos estructurales: “El gobierno, plata de la soja mediante, cerró ese espacio, recompuso la relación de la burguesía con las masas y reconstruyó el régimen político”; pero por el otro, pide un 10% (¡2 millones de votos!) como meta al FIT, que vaya a saber por qué algoritmo sería una cifra que sí pavimentaría el camino a la revolución socialista; bien podría ser un 20% ó un 30%, para no quedarse corto.

En su segundo artículo clarifica la fórmula mágica para el 10%: la unificación organizativa de la izquierda crearía un especio electoral que cuadruplicaría los votos del FIT. Suena raro leer esto de alguien que se reivindica marxista: ahora resulta que los espacios de influencia de masas que se expresarían en las elecciones, no para cualquiera sino para la izquierda trotskista, no surgirían de la lucha de clases, de crisis políticas, de la necesidad de enfrentar las consecuencias de las crisis económicas, sino del peso mismo de una unificación organizativa de la izquierda, que dicho sea de paso está unificada en estas elecciones. Gracias a la creación del FIT pudimos obtener una importante votación en la situación concreta actual, sin embargo, por sí misma la unificación de la izquierda es incapaz de “crear” hoy un espacio electoral de 2 millones de votos, a menos que hagamos abstracción de la situación política, económica, etc. Frente a la ilusión facilista de Sartelli, lamentablemente debemos recordar que existen las situaciones concretas. Ni siquiera es regla que la unificación de organizaciones en las elecciones haga aumentar los votos. El teorema de Sartelli no se cumplió, por ejemplo, en Francia, donde en el 2002 yendo separados Lutte ouvrière y la LCR sumaron entre los dos el 10% votos (el número de oro), y en el 2007 cuando fueron juntos sacaron… el 5%; ¿qué habrá pasado?

Sartelli dice que los más de 500 mil votos (2,4%) representan “una magra elección”. Pero ¿de qué país está hablando? Si hacemos una comparación, no ya seria sino por lo menos de “sentido común”, tenemos que ver la elección del 2007, que fueron elecciones presidenciales en un marco de expectativas con el gobierno, que gana contundentemente. ¿Sabe Sartelli que en estas elecciones lo partidos que integramos el FIT sacamos poco más del 1% (200 mil votos)? Ya la propia comparación con las legislativas de 2009, donde sacamos de conjunto el 2% (400 mil votos), es aventurada. Esa elección se daba en el marco de las repercusiones directas de la crisis mundial en la Argentina (post-conflicto con las patronales del campo, cientos de miles de despidos, lucha obrera, etc.), lo que llevó a la derrota del gobierno. De aquel momento a esta parte se dio un rebote económico, murió Néstor Kirchner, etc., etc. Si bien el marco es un desarrollo pampa de la crisis mundial, la Argentina todavía no ha sufrido consecuencias directas siquiera como las de 2009, lo que fomenta un conformismo generalizado que se expresó en todas las elecciones que hubo este año.

El 2,4% obtenido no es entonces inexistente ni lo habitual, sino el reconocimiento de un sector del lugar que ocupan los partidos que componen el Frente en la lucha de clases y de su denuncia al régimen. La simplificación según la cual debería haber una traducción mecánica de la presencia política en la lucha de clases en votos, no es un problema que el marxismo no pueda explicar sino una ilusión socialdemócrata tardía de Sartelli.

Este modesto progreso se da nada más ni nada menos que en el contexto político arriba mencionado, signado por el conformismo y donde el gobierno gana por más del 50% de los votos. Por eso todos los militantes de izquierda lo consideran como un triunfo. A lo que hay que agregar que fue la mejor elección de la izquierda en décadas, y que a diferencia de anteriores frentes oportunistas con el Partido Comunista, esta elección la hace un frente entre tres corrientes que se reivindican trotskistas y compañeros dirigentes obreros independientes como los ceramistas de Neuquén.

La Asamblea

En cuanto a las discusiones en la Asamblea, que algunos de los miembros de RyR le habrán contado, hace poco más de un mes Sartelli sostenía que lo que debía hacerse era: una publicación, reuniones periódicas, realizar jornadas y una “mesa directiva”. Efectivamente hemos conquistado una publicación (el blog de la Asamblea), una coordinación abierta permanente (entre asamblea y asamblea), asambleas periódicas y para el 24/9, a propuesta de los compañeros del Grupo de Apoyo, estamos organizando unas jornadas de debate que queremos que tengan amplia trascendencia. Sin embargo para Sartelli la Asamblea es un “comparsa electoral”. Si hubiese participado, sabría que aquel debate de la II Asamblea que refiere, entre si hacer un blog o publicar en papel (no muy estratégico que digamos), se saldó votando que se hacía el blog y que la publicación se volviese a discutir en la III asamblea (ya que no había sido parte del debate antes de las resoluciones). Pero en la III Asamblea los compañeros de RyR no lo propusieron como resolución. Como la Asamblea busca desarrollar los debates políticos (y no pide a nadie que acate ninguna “disciplina elemental” que imagina Sartelli), sí en cambio se les propuso a los compañeros de RyR publicar sus posiciones sobre el balance electoral o cualquier otra, en el blog de la Asamblea, con el acuerdo de los compañeros. Lo mismo se planteó en una oportunidad anterior en la lista de correo de la Asamblea, donde participan más de 130 miembros, a la que Sartelli puede incorporarse para enviar sus propios artículos.

La Asamblea muestra el desarrollo de un espacio que hace décadas no existía, donde participamos tanto intelectuales independientes como militantes de organizaciones que nos reivindicamos revolucionarias, confluyendo para dar una pelea política e ideológica contra el gobierno y la oposición patronal, una misma pelea con los cientos de trabajadores de los sectores más avanzados de la clase trabajadora que militaron la campaña. Es decir, es la imagen inversa a la de Ricardo Forster abrazando a Moyano. Sartelli muestra hacia la Asamblea mezquindad política; para nosotros es un paso muy importante y por eso lo queremos profundizar más allá de las propias elecciones.

Las perspectivas

Sartelli, en nombre de demandar al FIT “gritar a voz en cuello” la “perspectiva socialista” y asumir un “rol de envergadura histórica”, no pasa en sus elucubraciones del escenario electoral. Pero ¿qué perspectiva es la que debemos plantear los revolucionarios en esta situación? Para nosotros se trata, no de sentar las bases de un “partido de izquierda” más, como parece proponer Sartelli, sino un partido de trabajadores revolucionario. Es decir que a diferencia de Juan B. Justo, no queremos construir un “partido moderno” que avance electoralmente, aceptando las reglas que nos impone el régimen y por fuera de los sectores más avanzados del movimiento obrero (en su momento, muchos de los inmigrantes anarquistas sin ciudadanía), sino que ligamos la confluencia de las organizaciones de la izquierda al avance en las tareas que plantea cada momento de la lucha de clases. Podemos pasar de punto e ir entonces a una discusión seria, más que del brulote de Sartelli, de las discusiones que de hecho tenemos planteadas en el FIT.

En distintas situaciones políticas desde el PTS hemos planteado políticas en el sentido arriba mencionado.Hemos llamado a conformar un partido de trabajadores revolucionario unificado en 2002, ligado a las tareas de la lucha de clases y a la situación que existía, sin recibir respuesta del PO. Tampoco recibimos respuesta cuando se lo volvimos a plantear en el 2007. Esto sin quitar que en aquel entonces teníamos –y seguimos teniendo hoy– amplias diferencias respecto a la política hacia el movimiento de desocupados con el PO (al igual que con RyR); nuestro planteo era hacer un movimiento unificado (justamente) de desocupados con libertad de tendencias en su interior y nos oponíamos al corralito de las colaterales. En el 2004, respondimosa la convocatoria de la conferencia del MRCI (Movimiento por la Reconstrucción de la IV Internacional) que integraba el PO para dar pasos en común hacía la unificación a nivel internacional, y propusimos realizar una conferencia internacional común. Esta vez la respuesta fue directamente negativa (no recordamos, en ninguno de los casos, que Sartelli haya apoyado alguna de estas iniciativas).

Consideramos muy progresiva la constitución hoy del FIT (de hecho habíamos llamado, sin éxito, en 2007 y 2009 al PO a formar parte de los Frente de Izquierda que hicimos en ambas elecciones con IS y el MAS). A su vez es muy alentador que el Frente haya servido para que nuevos compañeros en el movimiento obrero y en la juventud se hayan acercado a discutir y militar la campaña con nosotros, y como decíamos antes, que haya permitido conformar el espacio de la Asamblea de intelectuales.

El hecho progresivo que significa la constitución del FIT no tiene que impedir el avance en la discusión de estrategias, sino todo lo contrario. No acordamos con las unificaciones por fuera de una discusión profunda de las cuestiones centrales de la estrategia revolucionaria, como ya han hecho en los últimos años muchos partidos a nivel internacional y local, todos intentos que han fracasado (hace poco otros compañeros hicieronesta discusión alrededor de distintas opiniones sobre las perspectivas del FIT). No son secreto para nadie las diferencias que tuvimos, por ejemplo con IS en torno al conflicto entre el gobierno y las patronales agrarias, tampoco las que mencionábamos con el PO respecto al movimiento de desocupados. Tampoco lo es que estas diferencias estratégicas llevaron a que el PTS, a diferencia de otros partidos de la izquierda, pusiera sus esfuerzos militantes en su desarrollo como corriente en el movimiento obrero industrial. Estas diferencias no son obstáculo para impulsar con todo el Frente de Izquierda u otras iniciativas, o avanzar en la discusión sobre un partido común; lo que no se puede es obviarlas.

No es necesario aclarar las diferencias de la situación actual con el 2001. Pero hoy, en el marco de un extendido conformismo, lo que sí hay son importantes fenómenos políticos como el sindicalismo de base, que viene desarrollándose desde hace años. Un fenómeno de la mayor relevancia para la intervención en el desarrollo de una corriente de independencia de clase en el movimiento obrero, si de lo que se trata es de prepararnos para los futuros momentos de crisis y radicalización política. En este sentido es que impulsamos junto a compañeros independientes el periódico obrero Nuestra Lucha, como parte del objetivo de construir una izquierda clasista en los sindicatos, no para limitarse a la lucha sindical, sin duda necesaria, sino que se proponga poner en pie una “herramienta política de los trabajadores” o “partido de trabajadores”, es decir, una organización política propia de los explotados. De esta corriente forman parte los compañeros que están en la oposición de ferroviarios, del Subte, que son parte de las comisiones internas de Kraft, de Donnelley, de Pepsico, de la oposición en el SMATA en Córdoba, de la dirección del sindicato Ceramista de Neuquén, etc. etc. Y que dicho sea de paso, son los mismos a los que Sartelli les propone que se distraigan de estos objetivos para juntar fichas de afiliación (durante un año) cada dos años, sin siquiera tener garantía de que esto les sirva para presentarse a elecciones. No vaya a ser que en vez de aceptar la agenda que les propone el régimen, “den lástima” denunciándola.

De hecho hay una discusión en curso con PO (IS aún no se ha pronunciado) sobre “partido de trabajadores”. En un reciente editorial de su prensa el PO plantea que: “Los resultados de las primarias no permiten todavía avanzar en la consigna de un partido de trabajadores (…).Pero esto no significa de ningún modo que esta tendencia no se encuentre ya presente potencialmente (…) La conexión entre la lucha por la conquista de diputados obreros y socialistas y la perspectiva de un gran partido de trabajadores supera los límites históricos del parlamentarismo y abre nuevos horizontes de lucha”. Ante lo cual desde el PTS hemos planteado que “Es un planteo similar al que hemos señalado (…) Consideramos que sería muy auspicioso que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, delimitado del centroizquierdismo y de todas las variantes de conciliación con la patronal, incorpore el desafío de construir corrientes en los sindicatos que luchen por un partido de trabajadores. Para nosotros, esta batalla sería un paso importante de cara a la necesidad estratégica de construir el partido revolucionario internacionalista que necesita la clase obrera para vencer”.

Nosotros estamos por construir un partido de trabajadores revolucionario internacionalista. Un partido para el combate que agrupe a la vanguardia obrera y estudiantil, a los intelectuales que se planteen una estrategia revolucionaria, que se proponga dirigir a las masas en la lucha revolucionaria contra el Estado para imponer un gobierno de los trabajadores mediante métodos insurreccionales, que conciba la lucha nacional como parte de la lucha por el triunfo de la revolución a escala mundial, sin lo cual sabemos, por toda la experiencia del siglo XX, las revoluciones tarde o temprano degeneran o son derrotadas.

Sin embargo, y a pesar de haber fracasado en lograr una respuesta positiva en todas las oportunidades anteriores en relación a discutir las bases de un partido revolucionario común, consideramos que cada paso que podamos dar en este sentido es positivo. Más si está ligado a la construcción de una corriente en el movimiento obrero que se proponga construir un partido de trabajadores, ya que para nosotros, lejos de cualquier facilismo, no alcanza con la unificación sólo de los partidos que integramos el FIT sino que es necesario que la izquierda confluya con los sectores de vanguardia del movimiento obrero, así como también del movimiento estudiantil y de la intelectualidad. Si la propuesta del PO corresponde a una iniciativa que está dispuesto a llevar seriamente adelante, estaríamos ante la posibilidad de un importante paso práctico de confluencia que para nosotros sería muy positivo.

Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Política

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  1. En efecto, es indispensable un partido de los trabajadores para afirmar la independencia de clase de los mismos frente a los capitalistas, al Estado de éstos, a las Iglesias y las burocracias sindicales y otras instituciones de mediación que afirman la dominación capitalista y para organziar la lucha y educar políticamente a los explotados.Pero ese partido, como lo demuestra el reciente ejemplo mexicano, no puede salir sólo de un frente electoral de los grupos socialistas actuales sino que debe nacer del seno de organizaciones obreras, como algunos sindicatos democráticos u otras. Así se formó la Organización Política de los Trabajadores (OPT) en México en torno al Sindicato Mexicano de Eelectricistas, al tranviario, a secciones del sindicato de la Educación, a los mineros y metalúrgicos y a organizaciones campesinas. A esa OPT pertenecen todas las organizaciones y partidos socialistas y otros grupos anticapitalistas aunque, desgracidamente, no los zapatistas, que son víctimas de su posición “apolítica” pasiva,

  2. AP dice:

    Compañeros del FIT. Por el enlace indicado en este blog he leído las apreciaciones de E. sartelli sobre el balance del FIT en las PASO. En primer lugar, me parece cuestionable en las formas, principalmente, por que proviene de un aliado político. No parece que el compañero comulgue con el ‘trotskismo’. Tampoco parece coincidir con el contenido vertido en la campaña,al que considera ‘lavado’, otro tanto puede decirse del apoyo ‘democrático’ dado que presupone inexistente la proscripción. Niega que el resultado haya sido un ‘triunfo’. Las razones de su apoyo son misteriosas, pero se insinúan por el lado de una inconformista ubicación ‘de clase’ en el espectro electoral. Como alternativa para obtener un resultado ‘significativo’ propone enrojecer el discurso y también la formación de un partido amplio con distintas tendencias en su seno, que pueda albergar, no solo partidos, sino corrientes políticas proletarias de menor envergadura, dado el campo fértil dejado por el levantamiento del 2001. Esto último, como ustedes han referido, no es algo muy nuevo. Sin embargo, creo que existen en su argumentación, elementos a tomar en cuenta. Es cierto que el piso del 1,5% no fue pensado para proscribir a la izquierda. Como tal debe ser reconocido, por que la izquierda, por el momento, no representa una gran amenaza. Pero sus efectos colaterales sí dañan las perspectivas de su perfomance electoral. Si bien no es una proscripción directa (que también entrañaría la persecución) sí es restrictiva y antidemocrática. Implica un envilecimiento de la anterior ley y hasta es anticonstitucional en el plano formal del asunto. Todo eso, justifica enfrentarla, pero desde la denuncia abierta del carácter de clase de la democracia capitalista. Los mensajes principales de la campaña no incluyeron esta relativización de importancia cardinal para la educación de los trabajadores. En cuanto al resultado, es lógico el festejo de haber podido superar con amplio margen las restricciones impuestas, pero de ello no puede derivarse una tendencia significativa de la repercusión electoral. En efecto, Sartelli reconoce que, en una elección indicativa, no ocurrió un cambio fuerte respecto del piso histórico. El ‘triunfo’ lo es desde la perspectiva declarada del frente, que es meter compañeros de izquierda en el Congreso. De no haberse superado el escollo, no habría podido ser. Hay que relativizarlo al hecho que la izquierda sigue siendo electoralmente marginal.Es un triunfo, en los marcos de una gran derrota, puesto que, el arco patronal se alzó con el 97% de los votos. Respecto del ‘enrojecimiento del discurso’ no hay que minimizar el argumento, aunque el propio Sartelli parezca hacerlo luego de mencionarlo, tal vez intimidado por su propia meta del 10%. Las elecciones son una instancia en que se confrontan programas y ello implica una agitación revolucionaria. Lenin las consideraba equivalentes al ‘recuento globular’ para saber cuantos rojos hay en una sociedad. Ello solo podía ser testeado mediante un programa y una agitación de esa coloración. El excesivo peso puesto en la cuestión democrática opaca este objetivo. ¿Por qué? Precisamente por que, en una sociedad donde las ideas revolucionarias son marginales, atenta contra el objetivo de ‘meter compañeros de izquierda en el Congreso’. Sartelli, abunda en epítetos, pero se queda a mitad de camino en esta cuestión, por que, pese al discurso radicalizado y admonitorio, comparte el objetivo. El problema no es solo cuanto metemos en el Congreso, sino, en función de que mensaje explicitado directamente de cara a las masas. Por último, la cuestión de la ‘unidad electoral’ y la ‘unificación partidaria’. La unidad electoral no es una forma de ‘unidad de acción’. La unidad de acción se da en las calles, en las huelgas y por puntos mínimos, no en las elecciones, salvo que existan coincidencias estratégicas entre uno o más partidos, con lo cual, lo que se justifica es una fusión, no un frente electoral. Distinto es decir que partidos obreros de masa puedan llegar a coaliciones parlamentarias, como continuidad de un frente unido. Pero una comparación semejante con la situación de Argentina, es como soñar despierto. Si tres o más organizaciones coinciden en un programa revolucionario, es correcto plantear que deben fusionarse en un partido que, desde todo punto de vista será superior a sus componentes aislados. Pero el compañero Sartelli no nos habla de esto, sino, de un partido amplio, sin centralismo democrático, donde posiblemente se conserven las identidades históricas, aunadas tras del objetivo común: El 10% del electorado. Es un FIT ‘potenciado’ más ambicioso de forjarse un espacio electoral, pero, donde cada cual conserva su quinta. Por el contrario a estas críticas ‘desorbitadas’ muy ampulosas y repletas de ataques ‘ad hominem’ yo pienso que hay problemas políticos que rebasan la cuestión de los hombres, en su aciertos y errores. Creo que la izquierda sufre de electoralismo y también de un fuerte conservadurismo de aparato. Hay diferencias comprobables entre los partidos que componen el FIT y de seguro las habrá con quienes lo apoyan, directa u oblicuamente, pero son más grandes las coincidencias que los equiparan en cuanto a los problemas antecitados. Me parece que el compañero Sartelli debería revisar algunas de sus críticas en forma y fondo y que también los compañeros del FIT deberían reflexionar sobre el contenido de la campaña. Altamira dijo hace poco que tras sortear el escollo proscriptivo había llegado la hora del programa. Con todo respeto por los luchadores que integran el FIT, Me gustaría que explicara claramente que significa ‘refundar la sociedad sobre nuevas bases’ o que aclarase si un gobierno de trabajadores que pueda expropiar a los capitalistas debe fundarse en una revolución triunfante. Hasta ahora no lo he escuchado. De hacerlo, contarían con mi voto, por que solo la verdad es revolucionaria.

  3. Martin Argo dice:

    Caracteriza AP a la izquierda que conformó el FIT, como “electoralista”.
    Así sería por, según AP, privilegiar la obtención de diputados obreros y socialistas, en lugar de emplear la campaña para “educar a los trabajadores” ilustrándolos sobre “la naturaleza de clase de la democracia capitalista”, como si esto no fuera algo que los propios candidatos dicen cada vez que son entrevistados, no en el lenguaje doctrinario de AP sino en uno más accesible a las masas.

    Otra expresión del -según AP- electoralismo del FIT sería la ausencia de un mensaje “explícitamente” socialista dirigido a las masas.
    Puntualmente, si los candidatos del FIT explicitaran sobre qué bases en concreto piensan erigir la nueva sociedad, y dijeran explícitamente si consideran necesaria una revolución para que un gobierno de los trabajadores expropie a los capitalistas (algo que, bien mirado, constituye una tautología), en resumen: si los candidatos del FIT en todo lugar y momento desarrollaran explícitamente la totalidad de su programa, AP declara que les daría no su militancia sino… ¡su voto!.
    Todo ello para señalar el electoralismo… no de AP, sino del FIT!

    Ahora bien, el FIT cuenta con un programa donde las preguntas que hace AP -e incluso preguntas que no hace- tienen respuesta.
    Entonces, si las posiciones que interesan a AP han sido explicitadas en el programa del FIT, no se entiende qué es lo que tanto lo inquieta, al punto de hacerlo dudar sobre su voto al FIT.
    Cabe incluso preguntarse a quién votaría, de no hacerlo por el FIT, este campeón de la causa socialista, revolucionaria, etc. ¿Votaría a Binner? ¿A proyecto sur para diputados? ¿Al kirchnerismo? ¿Votaría en blanco? Cualquiera de estas respuestas habla bastante mal del supuesto principismo clasista y revolucionario desde el que AP pretende criticar el presunto electoralismo del FIT.

    La poca importancia que AP concede a meter o no diputados de izquierda en el parlamento, es indicativa de una diferencia que yo creo más crucial, tanto con la táctica electoral como con la estrategia política del FIT tal cual yo la aprecio.

    Para AP, según yo lo entiendo, son cruciales la denuncia y la clarificación programática explícitas.
    Por supuesto, si AP quiere decir que el ocultamiento de un objetivo socialista y revolucionario traduciría una falta de voluntad revolucionaria, no puedo sino estar de acuerdo con él.
    Pero no siempre o no necesariamente se está ocultando aquello que no se explicita en todo lugar y en todo momento (como parece pretender AP que se haga). Tampoco todo lo que el emisor de un mensaje explicita formalmente queda por ello explicitado, es decir: queda explicado o se vuelve comprensible, asimilable, para su(s) receptor(es). ¡Ojalá fuera así de simples la comunicación humana y la realidad misma!

    Lo que AP no capta -como viene sucediendo a lo largo de este debate con todos los que ven en las consignas transicionales del FIT una suerte de licuación del programa revolucionario- es que probablemente al FIT le interesa mucho más hacer avanzar prácticamente la revolución que “explicitarla”.
    Como, según yo creo, el interés del FIT está puesto antes en la acción que en la explicación (la propaganda), contrariamente a la idea de AP, entiendo que la instalación de diputados de izquierda -y cuantos más mejor- es decisiva para dar continuidad y unidad política -con sentido socialista, revolucionario- a las luchas revindicativas que deben desarrollarse en el período por venir.

    A mi criterio, más importante que el carácter “explícito” del mensaje (“explícito” sólo para AP y en reducido número de adoctrinados) es la consolidación de la visibilidad de un emisor público por izquierda, continuidad y visibilidad que permitirían, no tanto “explicitar” todo el tiempo en todas partes el programa completo del FIT, como acompañar a las masas y, desde una instancia política reconocida por las propias masas, orientarlas en su experiencia efectiva de lucha por imponer las consignas transicionales del frente de izquierda, consignas que por poco “explícitamente” revolucionarias que le parezcan a AP, o por “lavadas” que le parezcan a Sartelli (y a otros como el inefable León Pérez) no pueden ser alcanzadas en el marco del sistema social capitalista y, por la tanto, su prosecución consecuente contribuirá en la práctica -y más que cualquier “explicitación” de las que condicionan el voto de AP- a que las masas avancen en dirección al objetivo revolucionario, a la refundación de la sociedad sobre nuevas bases, sobre bases socialistas.

    Es decir, se busca un espacio de visibilidad que, precisamente por mantener a la vista de las masas la referencia política socialista, permita orientar amplia y públicamente la acción de esas mismas masas en torno a las consignas transicionales defendidas por el FIT y sólo por el FIT (en lugar de que esa visibilidad sólo aparezca esporádicamente y en conexión con una u otra lucha particular). La acción por la consecución de esas consignas educará y clarificará más a las masas que miles de volantes o speechs “explicitadores” y, más importante aún, las aproximará materialmente -en la medida y al ritmo que las propias masas se den en su acción- a los objetivos estratégicos del FIT: el gobierno de los trabajadores y el socialismo.

    En fin, se viene discutiendo mucho a propósito del sentido y la oportunidad de la conformación de un partido de los trabajadores, sin que quede del todo claro con qué objeto plantea cada parte el tema.
    Como ya me extendí demasiado, dejo esta última discusión para otra oportunidad, más adelante.

  4. AP dice:

    Compañero Martín. Quisiera plantearle algunas cuestiones desprovisto de cualquier animosidad, como compañero que se que es. Me parece correcto que defienda al FIT con uñas y dientes. No tengo la menor duda, que la inmensa mayoría de lo compañeros que revistan en el expresan una voluntad revolucionaria. Pero la manera en que se expresa esa voluntad puede ser equivocada.
    Empecemos con un punteo sobre algunas de sus afirmaciones.No hay manera de demostrar que cuando menos buena parte de la campaña del FIT contemple la denuncia de la democracia capitalista. Ni en lenguaje ‘doctrinario’, ni de otro tipo, ‘que las masas puedan comprender’. Creo que las masas comprenden las cosas mucho mejor que lo que se piensa y, precisamente por ello, se juega a las escondidas. Ello, no necesariamente es síntoma de falta de ‘voluntad revolucionaria, sino, expresión de una concepción equivocada. Deriva de privilegiar el objetivo de sacar votos, por encima del de explicar ‘la verdad científica, en el lenguaje de las masas’. Es el ‘trotskismo con sentido común’, tan ponderado. Sobre la intención de voto del que suscribe, le explico algo. Un obrero no vota patrones. Sería conveniente que se lo recuerde a quienes llamaron votar a la gran capitana del modelo (CFK) cortando boleta, pero tampoco debe votar necesariamente a un frente de partidos obreros con cuyo programa y orientación electoral no coincide. He discutido esto sin mayores problemas con compañeros que sostienen que aún así se debe votarlos, por razones democráticas o por el rol que puedan jugar algunos parlamentarios en el apoyo de luchas obreras. No creo que abstenerse de ir a votar o ‘votar’ programáticamente, sea manifestación de ‘electoralismo’ como, desarrollar una campaña puramente democrática o ‘para que los reclamos entren al congreso’ si lo es. Por último, el problema de ‘avanzar a través de la acción o de la propaganda’. No son excluyentes. Tomemos un ejemplo. Como sabemos, Trotski concibió al Programa de Transición como un substituto del programa mínimo en condiciones pre revolucionarias, en el apartado ‘Nacionalización de la banca’ (una consigna tomada por el FIT) dice que se debe explicar que esta medida solo tendrá efectos progresivos si los trabajadores toman el poder.¿Por que, este aspecto crucial no se menciona? Por la sencilla razón que es el mensaje ‘explícito’ claramente entendible por todos, y ese ‘mensaje’ puede mellar la perfomance electoral. Eso es electoralismo. Compañero. Lo que usted dice es que hay gentes (entre los el suscripto estaría incluido) que no comprenden la lógica ‘transicional’ de la campaña del FIT. En mi caso particular, no es que no la comprenda,la comprendo perfectamente, pero no la considero eficaz como método de hacer avanzar la conciencia de las masas en condiciones no revolucionarias y mucho menos para pasarla por el parlamento.
    Un saludo.

  5. Martin Argo dice:

    AP afirma que los candidatos del Frente de Izquierda no han “denunciado” la naturaleza de clase de régimen democrático en vigencia.
    Esta apreciación de AP está muy alejada de la realidad.

    Parece desconocer AP que Jorge Altamira -probablemente el más conspicuo dirigente del Frente de Izquierda- aprovechó repetidas veces, en unos cuantos reportajes periodísticos, la justificación dada por Mauricio Macri para bajarse de la competencia por la presidencia, para ilustrar la naturaleza de clase del régimen democrático vigente: Macri declaró que renunciaba a competir por la presidencia porque… no había logrado reunir el millón de pesos (o de dólares, no me acuerdo bien) necesario para tener alguna chance.
    A partir de declaraciones de un enemigo de clase (que obtuvo en la capital el 60% de los votos, o sea concitó una masiva adhesión) Altamira desarrolló, en un lenguaje accesible, y a partir de un hecho conocido por el común de la gente, la denuncia de que el régimen democrático está hecho a la medida de la clase dominante, de los ricos y poderosos, y no de los trabajadores y los pobres en general.

    Es cierto que Altamira quizás no incorporó las palabras “clase”, “dominación”, o argumentos canónicos de la manualística “marxista” (bien aplicadas están aquí las comillas), pero para quienes no integran ningún círculo esotérico “revolú” sino que son parte de la franja popular del electorado interesada en saber qué piensa la izquierda, las exigencias terminológicas de AP son totalmente irrelevantes, como lo son para cualquiera que seriamente se proponga influir en ellas y no sólo ejercitar su doctrinarismo discursivo.

    En otra parte de tu post, AP declara solemnemente que “un obrero no vota al enemigo de clase”:
    Cabe sospechar que con “uno obrero” AP debe estar refiriéndose a él mismo, lo que deja traslucir -¡de nuevo!- su incapacidad para registrar a la clase obrera real como algo diferente de su propio ombligo, ya que un importante número de obreros (o de miembros de la clase obrera) actualmente votan por Cristina Fernández de Kirchner (es decir: por su enemigo de clase).

    Después de “iluminarnos” con su caracterización de la “verdadera” naturaleza del programa de transición de Trotski (sobre la que no vale la pena detenerme aún), AP pretende clarificarnos sobre las limitaciones del FIT, tomando como ejemplo una de sus consignas, después de truncarla a su propia conveniencia.
    Considera AP que la “nacionalización de la banca” (omite AP la parte de “bajo control de los trabajadores y el pueblo”) no es correcta -no es revolucionaria- si de antemano no se explicita (¡oh! ¡nuevamente la “explicitación”!) que dicha nacionalización deben realizarla los trabajadores desde el poder.

    En primer lugar, ya querría ver yo si AP negaría carácter progresivo a una real nacionalización de la banca llevada a cabo por la burguesía (es decir: querría saber si AP votaría en contra de ella, como los “izquierdistas” que votaron en contra de la nacionalización de las AFJPs), cuando Trotski asumió la progresividad de las nacionalizaciones de Cárdenas en México, sin por ello dejar de criticar sus inevitables limitaciones.
    Pero este comentario es apenas un aperitivo a la respuesta que merece AP sobre el punto.

    No es inocente la borradura, efectuada por AP, del control obrero y popular de las nacionalizaciones.
    Pregunto: ¿AP da por descontado que ese control es imposible de alcanzar antes de la toma del poder? Si lo hiciera, estaría dando una respuesta dogmática porque ¿cómo determinar de antemano, con absoluta certeza, que una eventual coyuntura crítica, donde una correlación de fuerzas favorable a los explotados en conjugación con una conciencia aún inmadura, no habilite condiciones para una nacionalización bajo control obrero y popular (que, sin duda, sólo podría ser transitoria)?

    De todos modos podemos ser condescendientes con AP, y concederle que es improbable que una nacionalización bajo control obrero y popular antes de la conquista del poder por los trabajadores.
    ¿Y entonces? ¿Eso significaría que en lugar de la consigna de nacionalización habría que plantear directamente la consigna del poder obrero, porque ésta última es la condición efectiva de la primera?
    Creerlo así, más allá de las gratuitas elucubraciones de AP sobre el “verdadero” sentido del programa de transición de Trotski, sólo sería indicio de que dicho programa no ha sido comprendido por AP, ni siquiera lejanamente.

    La lógica del programa de transición parte de la premisa de que, aún sin que la clase obrera tenga clara la cuestión del poder, ésta le queda objetivamente planteada en virtud de las necesidades imperativas que genera en ella y en las masas explotadas la crisis capitalista (ésa que para AP no existe) y que, por lo tanto, las consignas que expresan la resolución de dichas necesidades perentorias, cuando son desarrolladas por la clase obrera junto a la vanguardia revolucionaria constuida en partido, son el puente didáctico hacia la toma de conciencia, por parte de la clase, de la necesidad de conquistar el poder.

    Por eso, el programa de transición plantea la escala móvil de las horas de trabajo y el reparto de las mismas, etc., en lugar de plantear que directamente los trabajadores deben conquistar el poder. El programa de transición no es simplemente una sustitución del antiguo programa mínimo, sino un sistema de consignas que permiten el tránsito de la clase -y de su conciencia- desde las primeras reivindicaciones (mínimas) hasta el objetivo final (máximo).

    En consecuencia, la propaganda revolucionaria se hace partiendo de la premisa de que las masas no saben lo mismo que AP -o Altamira- puede dar por descontado. La propaganda se hace para que, gradualmente y en intensa vinculación con progresivas experiencias de lucha, las masas vayan adquiriendo la conciencia de que en el marco de la declinación capitalista no tendrán un salario igual a la canasta familiar, ni la jubilación del 82% móvil, ni un sistema bancario al servicio de los intereses populares, etc. etc., si no ejercen el control activo y organizado de los procesos que los garantizan, y que no lograrán ejercer este control -al menos no duraderamente- sin conquistar el poder (por medio de organizaciones que no sólo los explotados no han alumbrado aún, sino cuya misma posibilidad ni siquiera sospechan! Este señalamiento es importante desde que AP sitúa le exigencia de plantear, antes que nada, la consigna del poder obrero como condicionante… de su voto! en una elección donde la izquierda brega por superar electoralmente el 2,5% del padrón!).

    Volviendo a la cuestión del lenguaje popular, y para tomar un tema análogo al que veíamos considerando, cabe señalar que Altamira ha dedicado muchas de sus intervenciones públicas a explicar que la nacionalización de las AFJP (que el Frente de Izquierda no critica en cuanto nacionalizaciones) siguen sometidas a los intereses estratégicos no sólo de la burguesía sino del capital financiero internacional, precisamente porque los propios jubilados -y los trabajadores, y el pueblo- no tienen injerencia alguna en dicha nacionalización.

    Finalmente agrego, para ilustración de AP, que si se tomara el trabajo de ver en su totalidad y con detenimiento las intervenciones públicas de los candidatos del frente de izquierda (además de leer su programa de 22 puntos) constataría que, no por ser repetida en todo lugar y momento, la postulación de la necesidad de un gobierno obrero está ausente en la campaña del frente de izquierda.

  6. AP dice:

    Compañero Martín. En primer lugar, el problema no son las exigencias terminológicas. Parece ser que hablar de clase, dictadura de clase, explotación, socialismo, revolución socialista, etc. es algo que no se menciona por el riesgo de no ser entendido. Nada más alejado de la realidad. No se lo menciona para seguir con una campaña lavada con la mira puesta en los votos. No es un problema de lenguaje, sino de acomodarse a los prejuicios imperantes. Respecto de que un obrero no vota patrones. Esta claro para todo intérprete de buena fé, que me refiero a todo obrero con conciencia de clase. Mi análisis parte de la base que la absoluta mayoría de los trabajadores vota patrones. Su chicana es burda y desnuda que esta dispuesto a utilizar cualquier bajo recurso o tergiversación para ‘ganar discusiones’ para su propia audiencia sectaria. Lo que usted específicamente elude contestar es por que, el compañero Jorge Altamira, llamó a los trabajadores que votan a CFK a cortar boleta, es decir a votar simultáneamente a patrones y obreros, sin que a nadie en el frente se le mueva un pelo. Bonita forma de educar en la conciencia de clase. Sobre el programa de transición. Sus poses de afectada superioridad, con aperitivos y condescendencias, son pura maniobra verbal de charlatán. Las elecciones son una instancia de propaganda y en ellas se debe explicar muy claramente que las nacionalizaciones y otras medidas transicionales que defendemos, solo son aplicables con resultados enteramente progresivos por el poder revolucionario de la clase obrera, no por cualquier ‘gobierno de los trabajadores’ jugando con la idea que este pueda surgir de las urnas. Pero este concepto, que acompaña cada una de las propuestas principales del programa, no se explica jamás, precisamente para no entrar en colisión con las expectativas electoraleras. Aludir de vez en cuando al ‘gobierno de los trabajadores’ no soluciona el problema.
    Con lo dicho,creo que ha quedado claro para los lectores de este blog, que tenemos puntos de vista irreconciliables, sobre la caracterización de la situación, sobre la intervención electoral etc. Por lo que, la discusión comienza a tornarse redundante.

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