Amplitudes y profundidades (Fernando Aiziczon)

| 22 Septiembre, 2011 | Comentarios (1)

Posteamos un nuevo texto de Fernando Aiziczon, que continúa el debate iniciado en este post, escrito con Ariel Petruccelli, al que diéramos una respuesta en otro post de este blog.

Con la brevísima experiencia del FIT ¿se ha logrado “amplitud” como para decir que es momento de “profundizar”?, ¿estamos hablando de lo mismo cuando decimos “abrir”? El tema no es simple. La estrategia es importante, no discuto eso. De hecho siempre hubo una estrategia, o más bien muchas estrategias, miles de estrategias. Tratados de estrategias. Especialistas en ella. En particular la izquierda es experta en discusiones teóricas y escritos sobre ella, sobre errores, “desviaciones” y “degeneraciones”. Rupturas eternas e interminables responden a discusiones sobre estrategias erradas o correctas. En esa lógica fatalmente circular, la “verdad” (o quien la crea poseer) es una broma de mal gusto que le cae de maravillas al chivo expiatorio de ocasión: el posmodernismo. Y lo mismo sucede con las “caracterizaciones”. Prensa partidaria, revistas, debates, reuniones, resoluciones. Grandes discusiones, enconados debates, pero también una enorme derrota mundial aún en curso. ¿Derrota?, sí, siempre y cuando se evalúe la dispersión y confusión de la izquierda en medio de una enorme ola de protestas mundiales.

La amplitud es lo que debe profundizarse, y el llamado a una izquierda amplia es eso: intentar expandir la militancia y los militantes y todo lo que eso debiera de acarrear: abrir debates fuera del canon, evitar en lo posible el discurso autorreferencial, trazar nuevos espacios de discusión, no sujetar el horizonte emancipatorio a un sólo actor (el obrero), generar otros registros de escritura, entre tantas ampliaciones necesarias que no se limitan al par dicotómico reforma/revolución. No es sólo un cambio de formas, de estéticas. Superficialmente puede parecer eso. O se sigue aferrado a lo que se conoce y se permanece así, o se realiza un esfuerzo enorme de cambio que, hasta ahora, jamás se intentó.

En este sentido, y volviendo sobre el dispar pronunciamiento en el voto al FIT desde sectores de la izquierda independiente o nueva izquierda o como quiera llamarse (incluyendo a los que ni se pronunciaron) creo que tiene que ver con dos cuestiones básicas que no se responden por el simple hecho de dilucidar quién llamó o no a votar al FIT, y esas cuestiones son más bien una pequeña muestra de las discusiones emergentes que debe darse toda la izquierda, porque:  1) nadie sabe cómo es eso de construir una nueva izquierda[1], y 2) la nueva izquierda realmente existente carga con una enorme dificultad (conciente) a la hora de evaluar cómo se interviene en coyunturas electorales, en gran parte fruto de un antipartidismo que le es ontológico, y que puede ser tan productivo como insano a la vez.

Por otra parte, discusiones en torno a la práctica política, al menos si con eso referimos a los modos de hacer política, no existen en la izquierda partidaria actual, casi diríamos que es un tema tabú (o un desvío “pequeñoburgués”) hablar de la cultura política partidaria; pero sí es más común encontrar éstas discusiones en la izquierda independiente (aunque ello obedezca a su propia razón de ser, y que es el sentido mismo de esa “independencia”). Y la práctica es el hacer; el cómo se hacen las cosas: cómo se milita, cómo se forma un militante, cómo y qué se discute, cómo se piensa, cómo se decide, cómo se delimita lo que sí es y lo que no es de izquierda o lo que es verdaderamente revolucionario. Y el FIT no es toda la izquierda, es sólo una parte de ella. Y si hablamos de partidos revolucionarios, pues ocurre lo mismo.

Todo este rodeo viene a cuento de que, contrariamente a lo que opinan los compañeros Dal Maso y Rosso, todavía no se ha logrado una amplitud real y productiva como para profundizar en nada. Por eso, creer además que el problema pasa ahora por la estrategia es un reduccionismo del que hay que salir a tiempo porque no sólo reproduce especialistas en estrategia (confinando el debate a esas coordenadas) sino que también conduce entre otras cosas a creer que una buena estrategia soluciona los problemas fundamentales de cualquier movimiento político, en especial si es de izquierda.

Se necesita una izquierda. Urgente. Claramente anticapitalista y que se oponga a todas las formas de opresión. A todas, hasta las más invisibles, pero también  que enfrente las formas de alienación que no son exclusivas del mundo laboral. Por eso la izquierda debe poder crecer en múltiples sentidos: desde los sujetos que la constituyen, pasando por los todos temas que la convocan, hasta en los lenguajes que la expresan. No hay otra salida hoy por hoy. Tenemos Estado, Nación, Patria, clases dominantes, fuerzas represivas, reaccionarias, conservadoras, sindicatos burocráticos, caudillos y polemistas por todas partes, y numerosos libros y escritos que hablan de ello, pero también tenemos una enorme dificultad adentro nuestro y es esa (al menos hasta ahora) difícil voluntad de cambio. En esta coyuntura histórica que posibilitó la unidad de un sector de la izquierda en el FIT y que recibió el apoyo de la izquierda independiente, se debería poder torcer ese destino que todavía nos resulta esquivo y que no es más que la construcción de una izquierda realmente amplia y profunda.

[1] La experiencia francesa del NPA dice y no dice a respecto. Oportunistas aquí, reformistas allá… ¿quién está en lo cierto? Que el NPA haya fracasado en un país capitalista central con una realidad económica, política e intelectual incomparable a la Argentina no predetermina que aquí suceda lo mismo.

Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Política

Comments (1)

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  1. Mariana N. dice:

    Como socialista convencida y entusiasmada por la conformación del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (así, en la poderosa amplitud y profundidad de su nombre), me sumé a las filas de la militancia en uno de los partidos que lo integran. En apenas dos meses he aprendido y confirmado mucho de lo que intuía, he desaprendido también; me he sumado a un grupo humano pequeño pero muy “pensante” y sensible, lo cual es de vital importancia para mí, que en mis 46 años he formado con esmero una familia de cinco hijos y sigo abriéndome y compartiendo “mesas” y humanidad; y también, en medio de mis certezas sigo permitiéndome las dudas, porque no creo ya en las verdaderas inmutables, solo en la experiencia humana que se va desplegando con conciencia y voluntad.
    Vaya este pequeño aporte para expresarles mi aprecio a todos los que van “abriendo” el camino desde “la palabra”, así como que valoro que se dispongan a una crítica respetuosa y fundamentada como la de Fernando en un intento sincero de ampliar la propuesta revolucionaria del socialismo en este rincón del mundo.
    Un abrazo
    Mariana

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