Restauración, relato y “fuerza moral” (leyendo desde Clausewitz al kirchnerismo)

| 9 octubre, 2011 | Comentarios (0)

Si la guerra pertenece a la política, adquirirá naturalmente su carácter.

Si la política es grande y poderosa, igualmente lo será la guerra,

y esto puede ser llevado al nivel en que la guerra alcanza su forma absoluta.

Karl von Clausewitz, De la Guerra

Esta profunda concepción de Clausewitz sobre la guerra moderna puede sintetizarse en el aforismo  “cuánto más política, más guerrera”. Contra la lectura vulgar o de sentido común que afirma que la política se opone de forma absoluta a la guerra, Clausewitz siguiendo la sentencia de su famosa, y a la vez tan incomprendida “fórmula”, considera que la política engendra a la guerra y por lo tanto le imprime su carácter.

Entonces, aplicando una forma de pensamiento -es decir una lógica- profundamente dialéctica, delimita la apariencia y la esencia de la guerra moderna. Cuánto más “política” (o politiquera), diplomática, negociadora, aparece una guerra, menos esencialmente Política es, y cuánto más guerrera, más comprometida, es profundamente más Política y tiende a  acercarse a su concepto (es decir, a la “guerra absoluta”, que nada tiene ver con lo que se conoce como “guerra total”).

Esta concepción de la política en general de Clausewitz, puede emparentarse con las definiciones de Gramsci, sobre “gran política” y “pequeña política”. Si la guerra está dirigida por una pequeña política, será una guerra mediocre. Sólo una gran política, puede impulsar una gran guerra.

La concepción de la política de Clausewitz no es la misma que la del marxismo. El primero considera a la política no como lucha de clases, sino como conciliación de intereses en la administración interior y como política o guerra nacional en la relaciones interesetatales.

Sin embargo en una salvedad, el propio Clausewitz, no puede dejar de admitir que puede existir una guerra, dirigida por una política que “sirva preferentemente a las ambiciones, los intereses y la vanidad de los gobernantes”, lo que sería una “falsa dirección” de la guerra. Lenín anotó al costado de esta frase en su propia traducción de la obra épica, que en esto había en Clausewitz “un paso hacia el marxismo”.

La importancia determinante de las “fuerzas morales” en las guerras modernas, es decir del compromiso vital que pueda obtenerse del pueblo para una empresa política de guerra, está en la base de esta concepción.

Este sistema conceptual, trasladado metafóricamente a las “guerras de la política” (como tituló Fernández Vega su libro sobre Clausewitz), puede ser útil para  pensar el desarrollo de un movimiento político, las fuerzas morales que destaca, la intensidad, la pasión y el compromiso que puede despertar en las masas.

La burguesía, en su etapa decadente, dirige sus guerras sobre la base de las “ambiciones, los intereses y la vanidad” de su propia naturaleza y por lo tanto de sus “pequeñas políticas”. La burguesía dejó atrás, allá lejos y hace tiempo, su época de “gran política”  (cuando batallaba contra los viejos órdenes feudales).

Sin embargo de todo esto puede sacarse una regla: las fuerzas morales están directamente relacionadas con la envergadura del proyecto político.

Las “falsas” guerras del kirchnerismo

La empresa restauradora del kirchnerismo, tomado de conjunto, fue de pequeña política. Sin embargo, luego de la crisis del 2001 se vieron obligados disfrazarla con un “relato” épico de una “gran política” e incluso de grandes batallas: contra las Corporaciones, contra los responsables del Genocidio, contra el Neoliberalismo y hasta contra el Imperialismo, contra la Represión a la protesta social, contra los Partidos de la “vieja política” y el mismo peronismo, más adelante, contra el Campo.

Esto decía Néstor Kirchner en el 2002,  “Se ha agotado el bipartidismo como lo conocimos, con un radicalismo que no es más un partido de poder (va a tardar mucho tiempo en recuperarse, si es que alguna vez se recupera), y el justicialismo, aliado durante la última década a los sectores neoconservadores liberales (…) en el peronismo… sé que hay un aparataje muy grande, hay mucha plata, clientelismo, les importan poco las propuestas, los proyectos. Hoy en día el peronismo dejó de representar a los que representaba, los usa. Hay mafias internas, aprietan a los clubes en la provincia de Buenos Aires para que no me alquilen para hacer actos. Ya no hay cuadros militantes: tienen gerentes y clientes” (Néstor Kirchner, Página 12, 23/06/2002).

Esto le generó algunas episódicas “fuerzas morales”, apropiándose de un pasado heroico de los desaparecidos, un relato de continuidad de luchas pasadas. Sin embargo nunca logró despertar las pasiones que pretendía su relato. Así lo sintetiza un académico  “La renuncia al balotaje de Menem le anuló la posibilidad de ser plebiscitado por el pueblo antineoliberal; la quita en los montos de la deuda externa no dio visibilidad pública a una alteridad poderosa que se supusiese derrotada; los juicios a los responsables de los crímenes dictatoriales no alcanzaron la espectacularidad de los de 1985 ni suscitaron reacciones militares; las empresas extranjeras que vieron disminuir sus ganancias no reaccionaron como para alimentar la idea de un triunfo antiimperialista; en fin, en 2008 no hubo oligarquía vencidaSin épica propia, el deterioro del kirchnerismo se vio revertido al producirse el fallecimiento de Kirchner, que fue sentido por amplios sectores de la opinión pública como un excepcional acto de sacrificio personal realizado en nombre de un ideal político” (“El partido peronista y los gobiernos kirchneristas”, Ricardo Sidicaro, NUSO N° 234, julio-Agosto 2011).

El cristinismo y la muerte del relato

Ciertamente hay hoy una batalla cultural, más enconada en algunos sectores generacionales y en círculos intelectuales o artísticos. Pero no le asigno la densidad y dimensión social de las batallas de 1946 o 1970. Encuentro poca consistencia en el fervor post mórtem. Tampoco creo que la mayoría tome como referencia, así sea distante, esos clivajes: son sus prácticas, más que sus discursos, las que aportan votos al gobierno. La reciente elección recuerda mucho más a la de Menem en 1995 que a los triunfos electorales de Perón en 1946 o 1973. Ninguna movilización social tiene hoy la densidad dramática e identitaria del Cabildo Abierto de 1954 o de las movilizaciones peronistas de 1973″ (Luis Alberto Romero, La Nación, 7/09/2011).

Efectivamente en la etapa actual, hasta la forma es de pequeña política. Hubo un giro hacia el aparato del PJ, el partido de “gerentes y clientes”, hasta la incorporación del mismo Soria al “proyecto”. El nuevo “relato” ensayado por Cristina donde intenta enlazar una continuidad entre el primer gobierno peronista, Frondizi y el desarrollismo (el mismo de la “traición”, además del plan Conintes) y hasta Onganía!, sobre la base de un supuesto “industrialismo”, no puede generar el entusiasmo de nadie. El relato de la primera etapa del kirchnerismo es una de las últimas víctimas de la restauración. Más allá de lo que diga Artemio López, puede haber “Cris”, pero no hay “Pasión”.

El kirchnerismo reinterpreta farsescamente los dos gobiernos del primer peronismo. El primer gobierno de la “lucha contra la oligarquía” y las conquistas obreras y el segundo del congreso de la productividad y la cañonera paraguaya. Pero sin si quiera tener un décima parte de la “fuerza moral” del primer peronismo, basada en las conquistas que arrancó la clase trabajadora a un gobierno, que además encontró una situación internacional para el desarrollo de un “bonapartismo sui generis”, basado también en la defección de las direcciones obreras previas a su surgimiento.

El peronismo setentista, tuvo su “fuerza material” en el aparato de la burocracia sindical y en la burocracia del propio partido. Su ala izquierda sólo puedo encontrar “fuerza moral” intentando superar los mezquinos objetivos políticos de su propio movimiento, imprimiéndole un mítico carácter revolucionario y hasta socialista al peronismo. Claro que la fuerza moral es limitada sin estrategia, es decir sin una dirección clara de la lucha, la dirección política puede desplegar o limitar las fuerzas morales. Y estrategia era justamente de lo que carecía la izquierda peronista. El peronismo menemista pudo imponer su política sobre la base de la desmoralización amplia de la clase obrera en épocas nacionales e internacionales de derrota y restauración burguesa.

Luego de la crisis del 2001, el kirchnerismo prácticamente se redujo a ese “relato” fenecido, combinado con condiciones económicas excepcionales que están llegando a su fin. Sin las bases materiales del primer peronismo, ni la fuerza moral del peronismo setentista (que también se alimentaba de la vuelta a un pasado imposible). Las escasas conquistas materiales de los trabajadores y el pueblo en estos años, no le dieron al kirchnerismo, ni fuerza moral, ni mucho menos la pasión que puede despertar una gran empresa política, por esto no puede hablarse de un nuevo movimiento histórico. La fortaleza coyuntural de los votos, no debe hacer perder de vista esta debilidad estratégica.

La fuerza material de la recuperación de la clase trabajadora y el pueblo, que comenzaron en el 2001 un proceso de “reversión” de la derrota histórica de la dictadura, además de una recuperación objetiva de sus fuerzas, plantean la necesidad de la construcción de una fuerza de “gran política”, que permita el despliegue y desarrollo de una nueva fuerza moral capaz de combatir…y vencer.

Publicado en http://elviolentooficio.blogspot.com/2011/10/restauracion-relato-y-fuerza-moral.html.

Category: Artículos, Ideas y debates, Política

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