La pelea por quién contiene. Sindicatos, territorio y un 40%

| 17 Mayo, 2012 | Comentarios (0)

El jueves pasado (10/05) pasó de todo en Argentina. La presidenta habló y terminó de poner sobre la mesa la necesidad de menos poder sindical en nuestro país. Antonio Caló (el hasta allí supuesto heredero del trono de Moyano) encabezó un paro de 24hs de la UOM con más acatamiento del que la propia burocracia esperaba quedando en duda su posibilidad como sucesor; y la “zurda loca” sacó el 40% en las elecciones de la Alimentación de Buenos Aires, cifra inédita en las últimas décadas para una corriente sindical de base como la Bordó, declaradamente de izquierda, clasista y ligada al PTS, partido de tradición trotkista en Argentina. ¿Qué está pasando? Algunas hipótesis

Dime quién te sostiene y te diré quién eres: el problema de las columnas vertebrales

Cuando el progresismo K respiraba aliviado confiado en que el 51% de YPF disipaba la “sintonía fina” que tantos disgustos les trajo, la Presidenta habló. Y lo que dijo estaba finamente sintonizado aunque sus consecuencias no sean, necesariamente, inmediatas. Básicamente dijo dos cosas: los sindicatos son del “modelo” y no de los burócratas de turno (y el “modelo” soy yo, para aquel que dude de qué significan “rasgos bonapartistas”). Y ya basta de huelgas y piquetes que el mundo del que ayer nos desacoplamos, se nos está por venir encima con su crisis y hay que ponerle el hombro (traducido, se terminó el viento de cola y con él, el margen para la “puja distributiva”). Es decir, sin eufemismos, avisó que hay que empezar a de-construir una de las columnas de su gobierno: fortalecimiento de los sindicatos y margen (siempre controlado) para aumento de salario real.

El fortalecimiento de los sindicatos durante el kirchnerismo se asienta sobre un pacto de cuatro puntas. La primera, el mantenimiento de una base de representación sindical achicada en los ‘90 que está constituida por el sector de asalariados en blanco, estable y sindicalizado. El hecho que hoy, luego de 8 años de crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo, el porcentaje de trabajo en negro esté en cifras similares a los ‘90 (más de 34%) no es ni casual, ni “lo que falta”, es el pilar sobre el cual creció la economía y el empleo, y se fortalecieron los sindicatos[1]. La segunda, aumento de salario real sensible para esta base de representación sindical y teoría del “derrame” para el resto. De allí que si se mira el sector formal de los asalariados el aumento de salario real haya sido importante de 2003 en adelante, pero si se mira el conjunto de los trabajadores el salario real esté hoy en niveles apenas superiores a 2001[2]. La tercera, el mantenimiento de las condiciones de explotación conquistadas por los empresarios en los noventa, lo que explica que el 53.6% de tasa de precarización laboral[3] y que pese al aumento de salario real, el salario relativo sea regresivo[4]. La cuarta, el mantenimiento de la política neoliberal de vaciamiento sindical del lugar de trabajo. La cifra de 14%[5] de presencia de delegados en las empresas es muestra contundente de esto.

Este pacto sobre el que se asienta el fortalecimiento de los sindicatos en la era K tiene una consecuencia de vital importancia: la gran mayoría de la clase trabajadora en Argentina está por fuera de los sindicatos y son pobres, lo que implica un alto grado de inestabilidad para el régimen político para cuando el “mundo se nos venga encima”. De allí que los barones del conurbano y su red de punteros clientelares nunca hayan dejado de tener un peso protagónico en el peronismo en el gobierno. No es casual que ante las fricciones con la CGT Moyanista y con el propio Scioli, se produzcan duelos de reuniones con intendentes de la provincia de Buenos Aires. La puja por la sucesión de Cristina no es solamente un interna “de nombres” dentro del PJ, es una interna de “capacidades de contención” para un escenario político y social que se viene más denso. Los intendentes (y su estructura territorial reticular) son la política de contención de los pobres urbanos a los que los sindicatos no llegan (ni quieren llegar). Si a principios de los 2000, Steven Levitsky afirmaba que el peronismo había dejado de ser un partido sindical para pasar a ser un partido clientelar, hoy podemos decir que esa tesis estaba un poco “pasada de rosca” por la influencia del pensamiento único del fin de la clase obrera. El peronismo es hoy un vertebrado de dos columnas: la sindical y la clientelar como expresión política de su proyecto de una clase trabajadora dividida entre una minoría en blanco y sindicalizada, y una mayoría pobre y en los barrios. El problema es que en ambas, tiene inconvenientes.

Sin billetera no hay lealtad

Como bien analizó Auyero, en el barrio la contención pasa por la circulación de recursos estatales a través de complejas redes que involucran intendentes, punteros y agrupaciones. A ese nivel, el gobierno kirchnerista tuvo una doble política. Por un lado, continuó la política neoliberal de descentralizar gastos y centralizar recaudación que hoy se ve claramente en los rojos que muestran las provincias, con Santa Cruz como ejemplo de lo que ningún gobernador quiere empezar a vivir en sus tierras. La descentralización de gastos no influye solamente el pago de salario de trabajadores estatales, docentes y salud, sino también cierto rango de políticas sociales como la provisión de alimentos para los comedores municipales que, en tiempos de crisis, hacen la diferencia entre comer y no comer. Para tener una idea, la Provincia de Buenos Aires no paga a los proveedores de comedores desde noviembre de 2011[6]. La otra política kirchnerista en materia de planes sociales fue reemplazar el otrora “plan jefes y jefas” controlado por punteros y agrupaciones, por la combinación entre AUH y Plan Argentina Trabaja (PAT). La primera, la sustrajo de todo control del territorio local centralizándola a través del ANSES. La segunda la sustrajo del control del nivel provincial (las gobernaciones no administran) y estableció lazo directo entre Ministerio de Desarrollo e intendentes (y sus punteros) y agrupaciones territoriales. Esto permitió que las agrupaciones kirchneristas como la Cámpora, Evita, y la CoLiNa concentraran la mayor cantidad de planes como fue denunciado en marzo en la jornada de protesta que realizaron organizaciones de trabajadores desocupados opositoras para exigir el aumento en los PAT que había sido “discrecionalmente” administrado. Pero el aumento de los PAT de marzo, también mostró otro dato importante: el kirchnerismo puro y duro, sólo controla entre el 20 y 30% de los PAT (que son los que recibieron el aumento). El resto… quién sabe. En el barrio se dice que detrás de todo buen nac&pop se esconden un buen duhaldista. El lanzamiento de la Juan Domingo no es sólo para oponerla a la Cámpora ante la “opinión pública”, es ante todo para disputar el territorio local ahora que las vacas comienzan a adelgazar. La votación por parte de la Legislatura Provincial de la ley de aumento impositivo (que tanto enfureció a Biolcatti) dará, sin duda, algún respiro a la Provincia y algún crecimiento a la Juan Domingo.

¿Quién paró la UOM?


Antonio Caló venía siendo nombrado como favorito sucesor de Moyano. Y en medio, declaró un paro de 24hs de uno de los gremios que aún se conservan como los más importantes del país. La pregunta es por qué. La respuesta teórica es porque la burocracia sindical no puede sobrevivir únicamente con el reconocimiento estatal (y sus prebendas notablemente evidentes en el tren de vida de los burócratas). Requiere también de la legitimidad, aunque más no sea parcial, ante sus bases. Y esa legitimidad está apuñalada de una doble debilidad. La primera, de más largo plazo, está ligada al desprestigio que arrastra la burocracia por su papel en los ‘90. La memoria de la clase obrera argentina tiene, al menos, tres marcas de fuego de los últimos 20 años: la hiperinflación del ‘89, la desocupación masiva de fines de la convertibilidad, y la traición de los dirigentes sindicales que se transformaron en empresarios mientras millones se transformaron en pobres o indigentes. Ninguna de esas tres marcas se ha borrado todavía. El desprestigio de la burocracia tampoco. Más aún, en la joven generación de trabajadores que ingresaron al mercado de trabajo de 2003 en adelante, opera mucho más el desprestigio de la burocracia sindical (porque en estos 10 años los vieron seguir enriqueciéndose sin pisar nunca la fábrica) que el temor de la hiper y la desocupació masiva (porque no lo vivieron en los huesos). Su papel en los ’90 se combina con otro elemento de debilidad a largo plazo: el abandono del lugar de trabajo como locus de organización gremial. Esta política que fue central para la fragmentación y derrota de la clase trabajadora en los ‘90, se vuelve una debilidad en la actualidad en que, como dijera un delegado de la Alimentación, las fábricas se poblaron de “jóvenes que se vuelven militantes de sus derechos”.En ese sentido, tiene razón la Presidenta cuando le recuerda a Moyano que la institución del régimen político que se recompuso es la presidencial  y no la burocracia sindical. Durante los últimos años esta debilidad estratégica fue regulada (aunque eso no evitó el surgimiento del sindicalismo de base) por los aumentos salariales por encima de la inflación. Allí está la segunda debilidad para la burocracia en esta coyuntura: las paritarias está cerrando a la baja y eso choca con las expectativas incluso del “nunca menos” que instaló el kirchnerismo. Si uno mira el paro de la UOM  de cerca, el acatamiento espontáneo de la base fue superior al alentado por la dirección. Una anécdota interesante ilustra este hecho: en Siderar San Nicolás donde la propia dirección había anunciado que no pararían los operarios (o sea la producción) sino sólo los administrativos y algunos talleres, hubo pintadas y llamadas a las radios locales mostrando el descontento. Esto hizo que el vocero del sindicato tuviera que salir a decir públicamente que “el compañero que quería parar tenía el respaldo de la organización, si era la voluntad parar”.

Los números de la economía que circularon por los medios esta semana (desaceleración abrupta para el conjunto de la economía que pasaría de un crecimiento del 9% -según cifras oficiales[7]– al 2.5 o 3%, e incluso posibilidades de recesión en la industria) estarían indicando que podría perpetuarse este límite para el efecto neutralización del desprestigio de la burocracia a través de aumento salarial. El paro de la UOM de Caló muestra esa contradicción. Por una parte, es impensable que un dirigente sindical pelee el lugar de Moyano sin base propia (o sea, sin legitimidad en su gremio como Moyano tiene en el suyo), por otro lado, el intento de legitimarse ante la base choca con la política de Estado de paritarias a la baja.

“Ellos creen en la revolución social”

Así definió Daer[8] sus diferencias con la Bordó que le sacó 40% en la alimentación. Más allá de las intenciones macartistas, es una muy buena definición porque pinta lo que la elección puso de manifiesto.

En primer lugar, no pudo decir que “no existen” (como gustan decir los peronistas a los zurdos) porque sí existen, sobre todo en las grandes fábricas como Kraft donde ganaron con abrumadora mayoría. Pero además, ganaron en bastiones clásicos de los verdes como Felfort y Bonafide. Tampoco pudo decir que son testimoniales porque Kraft (y el entramado de solidaridades estudiantiles y sindicales de base que motoriza) fue la que corrió el techo salarial de 2010 logrando que la Alimentación cierre la mejor paritaria de ese año al 35%. De hecho, Daer y Tomada terminaron aceptando esa cifra para el conjunto de la Alimentación como forma de conjurar el peligro de que el sindicalismo de izquierda de Kraft hiciera pie en otra grande, Arcor. Tampoco pudo tirarse contra los métodos de lucha al grito de “violentos” porque fue con esos métodos que Kraft obtuvo victorias que quedaron en las retinas de millones de televidentes. De hecho, uno de los comentarios repetidos durante la militante campaña de la Bordó en las decenas de fábricas alimenticias de Buenos Aires, fue el reconocimiento a la lucha de 2009 como una lucha justa y valerosa (incluso por votantes declarados de la verde). En síntesis, es la legitimidad que tiene el sindicalismo de izquierda de Kraft en todo el gremio, lo que hace que Daer busque lo que supone menos legitimado entre los trabajadores: la estrategia de revolución social. Sin embargo, es esa estrategia la que explica parte del triunfo en esta elección. Veamos.

Parte del 40% de la Bordó está directamente ligada la contradicción que señalamos más arriba: la que se da entre expectativas de “nunca menos” y dificultades de la burocracia para encarnar ese “nunca menos”. Dificultades que combinan debilidad de largo plazo (desprestigio de Daer desde los noventa) y de coyuntura (paritarias a la baja y crisis de la CGT). En este sentido, la Bordó encarnó el “nunca menos” y el voto fue un voto “defensivo” ante un clima que comienza a enrarecerse a nivel de la economía. Podríamos decir que muchos votantes de Cristina en las nacionales, votaron a la Bordó en las fábricas para defender el “nunca menos” que Cristina está avisando que se terminó. Pero esa no es toda la explicación. Fue también un voto ofensivo. El eje de la campaña fue “8hs., 5 días”. O sea, la consigna central de la campaña fue contra un eje central de la precarización del trabajo de los ’90 que es pilar del crecimiento de los K: la extensión de la jornada laboral. El 40% votó conservar lo conquistado (conquistado en buena medida porque existe Kraft) pero también ir por lo que burocracia garantiza que “no se toque”: la precarización. Pero esa tampoco es toda la explicación. Fue también un voto de izquierda. Porque aquellos que encarnan el “nunca menos” y el “un poco más” no lo hacen con un discurso conciliador sino con un discurso clasista que se expresa en su propia práctica: la lucha de Kraft de 2009, la alianza política con los estudiantes y la abierta vinculación de Poke Hermosilla con el PTS. Ni la reivindicación de la acción directa, ni la reivindicación anticorporativa de la alianza obrero-estudiantil, ni la reivindicación de la militancia partidaria en un proyecto revolucionario, es parte hoy de ninguna otra fracción del sindicalismo, ni siquiera del sindicalismo de base. Y esto, lejos de ser oculto en la campaña electoral, fue puesto de manifiesto en una campaña militante que involucró a más de 200 activistas obreros, pero también a otro tanto de estudiantes de la Juventud del PTS que abiertamente fueron a hacer campaña por la Bordó en las fábricas, y fueron a celebrar el triunfo en la puerta del sindicato. El clima de triunfo que se vivió en la puerta del sindicato por parte de los activistas de la Bordó (siendo que no ganaron las elecciones) es porque el 40% no expresa un proyecto sindical un poquito más combativo, o un poquito menos burocrático o que pide un poquito más de aumento salarial. El 40% expresa un proyecto sindical y político antagónico al de la burocracia. Si la disputa en la cúpula de la CGT es la disputa por quién contiene sin viento de cola, lo que mostró el 40% de la alimentación es la posibilidad de que, en medio de esa disputa, aparezca una alternativa que corra el eje de la discusión y lo coloque en otra disyuntiva: o retroceso o clasismo.

POSTDATA: La actual coyuntura abre la posibilidad de extensión de oposiciones sindicales en otros gremios. Pero no garantiza el carácter antagónico de esas oposiciones. Los datos de la economía y las movidas de la columna territorial del peronismo, muestran que el territorio comienza a reactivarse ante los nubarrones de crisis. El 2001 fue una gran escuela para la izquierda acerca de los límites de una estrategia territorial-piquetera para la construcción de una alternativa clasista en Argentina. Uno de los grandes desafíos del sindicalismo de izquierda, encabezado por Kraft, es saltar las fronteras de las fábricas hacia los barrios y  expandir la estrategia clasista al territorio.


[1] Es interesantes observar que cuando Etchemendy (simpatizante del gobierno nacional) define la relación del Estado con los sindicatos pos convertibilidad como un “neocorporativismo segmentado”, está destacando justamente como una de las claves la reducción del sector de trabajadores que “cosechan los beneficios” de las negociaciones de las cúpulas sindicales y el fortalecimiento de la brecha entre los que están adentro y afuera del sector formal del mercado de trabajo. Véase, Golpeados pero de Pie: resurgimiento sindical y neocorporativismo segmentado en Argentina (2003-2007).

[2] CIFRA 2011. El mercado de trabajo en la postconvertibilidad. Informe. Julio. Buenos Aires e  Informe de Coyuntura N7, El Nuevo patrón de crecimiento. Argentina 2002-2010. Mayo. Buenos Aires.

[3] IPyPP, El empleo en el período 2003-2011. Un recorrido por la Post-Convertibilidad. Mayo de 2012.

[4] Véase, Anino 2012, Salario y explotación bajo el kirchnerismo, jueves 8 de marzo, La Verdad Obrera. Una muy buena muestra de esto es el análisis que hace el Observatorio Social de la CTA de las cláusulas de flexibilización laboral en los CCTs homologados de 2003 en adelante. Allí se observa que en los convenios firmados durante el kirchnerismo se han mantenido e incluso aumentado en algunos rubros, las cláusulas que flexibilizan y precarizan las condiciones de trabajo.

[5] MTySS

[6] http://www.clarin.com/politica/gobierno-Scioli-Mariotto-complica-gestion_0_700729957.html

[7] Algunos estiman un crecimiento real del 7% y no el 9% para 2011.

[8] http://www.radiolared.multimediosamerica.com.ar/mananasylvestre/noticia/7926

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Category: Artículos, Frente de Izquierda, Movimiento obrero

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