Semieje partido

| 22 Junio, 2012 | Comentarios (1)

Camioneros acordó un 25.5% de aumento salarial, levantó el paro en el transporte de combustible y anunció un paro nacional del gremio para el miércoles que viene por dos demandas: impuesto al salario y asignación familiar. ¿Triunfo o derrota del moyanismo en este round?

Ni muy muy, ni tan tan

El 25.5% para camioneros es la cifra nominalmente más alta en las paritarias de este año, aunque está bien lejos del 30% que pedían, y demasiado cerca del 24% de Caló (supuesto competidor con chances para la CGT). O sea, lo que acordó con las patronales es un aumento que, a vuelo de pájaro, parece que supera al resto de acuerdos paritarios (para no perder su impronta de “dirigente combativo y eficaz”), que ronda la inflación (lo que lo vuelve presentable en términos absolutos ante su base) y que no sea descabellado como pauta para las paritarias que aún no se firmaron. Un acuerdo moderado del que sale bien parado aunque no triunfal. La ventaja que le da el cierre del acuerdo paritario es que saca del medio dos cosas importantes que no le convenían en la interna con el gobierno: a las patronales del transporte como parte del conflicto (que las necesita de aliadas) y la sombra de la foto de las góndolas vacías por las que un sector de las clases medias olvidan los buenos modales y los DDHH, y piden la cabeza sangrante de cualquiera. Los costos de esa operación son dos. Primero, se arriesga a una pérdida de legitimidad del conflicto. Sin excusa salarial, el conflicto de Moyano quedó desnudo en su carácter de enfrentamiento directo con el gobierno nacional. No es que no se supiera, pero el marco de las paritarias le daba plafón ante otros sectores de trabajadores e incluso ante otros sectores del propio kirchnerismo a quienes les era difícil criticar un reclamo por aumento salarial, puntal histórico del carácter “nacional y popular” del gobierno. Segundo, anula una de sus mayores fuerzas: el poder estratégico del gremio camionero. Como bien describe Manolo Barge acá, camioneros se ha transformado en algo así como una CGT en sí misma que, al haber absorbido la provisión de servicios básicos (privatizados), sumado al transporte privado de mercancías, su la capacidad de paralizar el país de punta a punta (y desabastecerlo) es altísima. Sin embargo, Moyano decidió anular ese poder de fuego e ir por el “camino del movimiento social”, la protesta callejera desimbricada del poder social de los trabajadores.

En síntesis, al haber corrido la pelota del conflicto de un campo estrictamente sindical a uno más político (por el destinatario, no por las demandas) y haber anulado su principal fuerza, el moyanismo se ve obligado a mostrar otros pingos en la cancha que quizás no tiene, es decir, tiene que salir a buscar aliados. Ahora bien, ¿qué tipo de aliados puede buscar? En el campo pejotista, está complicado. Todo kirchnerista de ley se asegurará de no acercarse a la Plaza de Mayo el 27, así sea que trabaje en la Rosada. Los barones del conurbano están sentados en la puerta de su casa, más para ver pasar el cadáver que para medir algún movimiento. El sciolismo hace de Scioli. No es casual la foto de Pablo Moyano con el Pollo (quien tiene afición por las fotos “acríticas”), ni el trascendido de que Micheli y la CCC ya están confirmadas para la marcha a Plaza de Mayo del miércoles que viene. O sea, para mostrar más pingos, tiene que buscar hacia la izquierda. Y eso también tiene sus peligros… Básicamente dos: que el programa se le vaya tan a la izquierda que termine morfándoselo a él mismo (que, como todos sabemos, siempre estuvo más cerca de la CNU que del clasismo) y que eso active una fuerza social de los trabajadores (con todas esas cosas terribles que angustian a las Sandras Rusos) que se muestre más fuerte que la propia burocracia. He ahí, nuestra tarea inmediata. De que ese peligro se materialice, tenemos que ocuparnos “nosotros, la izquierda”.

Dime por qué luchas y te diré quién eres

Decir que la fortaleza del moyanismo (léase del kirchnerismo hasta el año pasado) ha sido el aumento de salario real de los trabajadores en Argentina, es decir algo tan general que termina siendo falso. El programa de Moyano ha sido, en todos estos años, el aumento diferencial del salario real al interior de los asalariados. Como se ve en el documento de trabajo que sacaron en Flacso hace unos días, si se mira el conjunto de trabajadores ocupados, el aumento de salario real post convertibilidad es más bien pobre: 8.7% respecto de 2001. Es decir que, luego de 9 años de tasas chinas, el conjunto de los ocupados mejoraron sus ingresos reales menos del 10% respecto de lo que logró el neoliberalismo. Suena más paupérrimo que heroico. Si a eso se le suma el promedio de ganancia empresaria en el mismo período, Moyano no sólo no merece una cucarda sino más bien ser acusado, abiertamente, de estar más cerca del empresario del transporte que del inmigrante del indoamericano. Dicho en otros términos, todos esos relatos del Moyano heroico no resisten la prueba de la realidad.

Pero miremos exclusivamente el salario real actual y vamos a acercarnos a comprender el programa de Moyano y sus límites en la actual situación. Existe una división bien marcada (y medida estadísticamente): la que se observa entre trabajadores registrados y no registrados. A valores de 2011, el promedio salarial de los trabajadores registrados es de $3900, y el de los trabajadores no registrados (que no son dos o tres, sino el 34% de la PEA) es de $1800, es decir, menos de la mitad. Lo llamativo de estas cifras salariales, no es sólo su miserabilidad, sino también que ninguno de estos dos salarios promedios, son a los que se dirige Moyano con el programa de “levantar el mínimo no imponible” que está hoy en los $5000. Entonces, ¿para quién es el programa de Moyano? Para una minoría en blanco, bajo convenio y estable que gana por arriba de 5000 pesos (se calcula que alrededor de 2 millones). Como dice Meler acá, decir que el reclamo es corporativo y para una minoría, no quita en absoluto su legitimidad, ni siquiera muestra una novedad del sindicalismo peronista bajo kirchnerismo (que respetó a rajatabla las divisiones de los trabajadores que dejó el neoliberalismo). Pero lo que sí muestra, es una debilidad “estructural” de Moyano para ampliar la base social en su conflicto con Cristina, o sea, para buscar aliados que pesen en la calle. Ese programa del mínimo no imponible, no es casual. Es la expresión más acabada del programa general del “retorno de los sindicatos a la escena nacional” bajo el kirchnerismo: aumento de salario real sensible para una minoría (base de apoyo de la burocracia) y derrame para el resto. A los “en negro” e inmigrantes, del derrame le llegaron dos gotas. Pero eso ya no es problema de Moyano. Por eso, por el indoamericano no se lo vio ni pasar. Esa es la encrucijada de Moyano, por arriba los aliados son pocos, por abajo, lo que es poco es el programa.

“El poder de un dirige sindical no es declarar una huelga, sino detenerla”

Así definió Manolo Barge acá, al dirigente sindical peronista de ley. Y tiene razón, para el peronismo, la burocracia sindical es un necesario aparato de contención. Por eso, nosotros somos zurdos. Si Moyano levanta consignas más allá del mínimo no imponible, o sea, las consignas que involucren a más amplios sectores de la clase trabajadora, acumularía, sin duda, una amplia base social que lograría poner muy nerviosa a Cristina. Pero, en el mismo acto, pondría en riesgo su propio pellejo como contenedor del movimiento obrero. Eso explica que, desde que comenzó el enfrentamiento con Cristina a fines del año pasado, Moyano no haya llamado desde la CGT que aún dirige (no por estricta fortaleza propia, sino más bien por debilidad del resto) a ningún plan de lucha nacional. Exagera Fidanza ayer cuando dice que la pelea por la sucesión del kirchnerismo comienza a desarrollarse en el plano de la acción directa. No es tan sencillo. Moyano no puede alentar demasiado la acción directa, por dos motivos. El primero, porque como señala Abel, no existe ningún proyecto político burgués (opositor al de Cristina) que se presente como capaz de otorgar nuevas demandas a los asalariados. No existe esa fracción. Y, todo indica, además, que no va a existir en el mediano plazo porque las variables económicas locales, y el marco internacional, muestran que no hay sucesión “nacional y popular” a Cristina. La tan mentada sucesión del kirchnerismo se juega a derecha, incluso si la encabezara la propia Cristina, como puede observarse en la brutal avanzada de la criminalización y judicialización de la protesta social de esta semana. En ese contexto, alentar la acción directa puede ser autoinflingirse una derrota por chocarse contra una pared. La transformación del paro de camioneros de estos días (con efectos concretos, aunque exagerados, en la circulación de mercancías), en “paro nacional con movilización a plaza de mayo” de la semana que viene, muestran que Moyano quiere tomar la calle para medir relación de fuerzas, pero muestra también que no quiere hacer uso serio de la acción directa. Si quisiera, la posición estratégica del gremio camionero conquistada en los noventa, lograría sin duda un cambio radical de situación política en el país.

Pero el segundo motivo por el que Moyano no quiere alentar la acción directa es porque la guerra tiene su dinámica interna y existe la izquierda en el movimiento obrero en Argentina. Es decir, alentar la acción directa en la puja de Moyano con el gobierno, puede abrir una caja de pandora. Y de eso saben mucho los peronistas. La historia del movimiento obrero en Argentina, no sólo está plagada de rupturas de la CGT como repiten decenas de analistas en diarios y blogs, sino que también está marcada (a sangre) por potentes alzas de la acción directa en que las bases se creyeron lo de “la cabeza de los dirigentes”. Y está marcada por un estigma: el clasismo. De hecho, si uno mira el nuevo protagonismo de los sindicatos en la política nacional, no encuentra sólo nuevo protagonismo de las cúpulas. Encuentra también una especie de “consecuencia no deseada” dirían los sociólogos: el surgimiento del sindicalismo de base y el avance de la izquierda en los sindicatos. En tiempos de viento de cola, eso pudo ser contenido (aunque no revertido). En tiempos sin viento de cola, eso se vuelve más inestable.

He ahí, nuevamente, la encrucijada de Moyano: necesita base para su enfrentamiento con el gobierno, pero no quiere alentar la acción directa levantando el programa que le daría una amplia base popular: fin del trabajo en negro, fin de precarización, todo el mundo bajo convenio, todo el mundo sindicalizado, representantes sindicales en todos los lugares de trabajo, documentación de todos los trabajadores inmigrantes (para quitar un elemento de coacción extra-económica), igual trabajo igual salario.

Las movidas del miércoles y jueves parecen indicar que hay un camino claro (que no parece tener retorno) y que su tránsito está plagado de contradicciones. El camino de Moyano, comenzar una expresa oposición de desgaste del gobierno que sea, “por izquierda” en cuanto al sector social en que se apoya, el movimiento obrero; “por derecha”, en cuanto al sector político del PJ (y su proyecto con olor a neoliberalismo tout court), el sciolismo. Si le da la cintura para caminar en esta delgada línea roja, Moyano quedaría posicionado como líder sindical de la oposición política de Scioli como sucesión. ¿Le dará? La cosa viene para largo, y en el camino de contradicciones…

Un paro es un paro

Por primera vez desde el “retorno de los sindicatos” hay un paro general del “gremio testigo” con movilización a Plaza de Mayo. Asimilable, por poder de fuego, a un paro de la UOM en el pre-neoliberalismo. No sabemos qué modalidad adoptará finalmente el paro, si será real y por ejemplo, paralizará los servicios de limpieza urbana o vaciará de plata los cajeros, o si será más formal y la clave estará puesta en la movilización a la Plaza. La cosa, parece indicar más hacia lo segundo (una línea folclórica tipo CTA), pero para el miércoles falta una eternidad. Lo que no hay duda es que la convocatoria al paro muestra la primera estocada al gobierno kirchnerista, ocasionada por el movimiento obrero. Eso es lo que signa la coyuntura con dos grandes cambios. A nivel sindical, millones de trabajadores ven a los burócratas sindicales pasarse a la oposición con un programa justo, aunque tan corporativo que se vuelve “elitista”. A nivel político, millones de trabajadores ven a esos mismos burócratas alentar (discursivamente, pero el discurso tiene cierta materialidad) un “otro” proyecto político en nombre de los trabajadores (y encabezado por una derecha peronista excesiva en olor rancio).

En esta coyuntura, la política de la izquierda clasista en los sindicatos, pesa. En últimas, aunque en forma aún velada, lo que se está discutiendo a nivel nacional (y por TN) es el programa sindical y el programa político de los trabajadores. Millones miran esa discusión, sea que ésta esté más o menos clara. O, en el marco de solidarizarnos con el reclamo de los camioneros por el mínimo no imponible, ponemos en pie los reclamos ciertamente “populares” que Moyano no puede levantar, o perdemos una buena oportunidad de presentar un programa clasista para unir lo que la burguesía, y Moyano, dividen. El paro del miércoles y el aparentemente irreversible pasaje de Moyano a una oposición de desgaste, son la apertura (y parece que viene para largo) del debate sobre qué sería un proyecto político de los trabajadores en la Argentina actual. En la Conferencia Obrera del PTS que vamos a realizar el 8 de julio en Ferro, ese será el centro del debate. Están todos invitados.

Category: Artículos, Movimiento obrero, Política

Comments (1)

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  1. AP dice:

    Compañera Paula. Me resultó interesante su análisis. Coincido en que este corto circuito en las filas del enemigo pone al rojo vivo la necesidad de levantar un programa clasista en los sindicatos y agrego, plantea con fuerza de necesidad la unidad de los luchadores clasistas en un solo frente organizado. Desde ya, no tengo nada en contra, sino, más bien todo a favor, de que se levante un programa político revolucionario frente a las diversas opciones del menú electoral que prepara la burguesía, ya sea desde el oficialismo o la oposición. Sin embargo, su nota me deja algunas dudas. La primera está vinculada al relativismo. Moyano está ‘más cerca’ de los empresarios del transporte que de los inmigrantes del Indoamericano. Está ‘mas cerca’ del CNU que del clasismo. Se puede entender como un ente oscilante en razón de las presiones. Pero Moyano no está lejos del clasismo. Es un enemigo mortal del clasismo y como tal, me parece que habría que decirlo claramente. En mi opinión, si las fuerzas genuinamente clasistas queremos progresar, no podemos apostar a forzar ningún corrimiento a izquierda. Si Moyano se dio el lujo de tomar la bandera de algunas reivindicaciones justas, es por que, todavía no se siente amenazado. Si el clasismo progresa lo encontrará siempre en la vereda opuesta. Me parece que esta convicción se expresa en la sutil, pero significativa crítica a la confraternización expresada por el compañero Sobrero y simbolizada en las fotos ‘acríticas’. Por oposición ¿Debían haber posado en guardia como los contendientes al campeonato? ¿O la diferenciación crítica pasa por otro lado? No estoy para nada de acuerdo con la actitud del dirigente ferroviario, que, de seguro, no expresa subjetivamente una capitulación, sino, un comportamiento que el y la organización a la que pertenece entenderá como ‘táctico’. Pero, el punto es por donde pasa la alternativa. ¿Es correcto tratar de ‘correr a Moyano ‘por izquierda’? ¿O lo más adecuado sería luchar en la base por un programa sindical y político independiente , denunciando el real carácter de la dirección de camioneros? Resulta obvio que, dada la relación de fuerzas en el gremio, algo semejante sería más sangriento que ‘Spartacus’, pero, ¿No sería correcto hacerlo a nivel general?

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