Argentina 2012: algunas líneas sobre la situación y después

| 6 noviembre, 2012 | Comentarios (27)

En la serie de novelas policiales escritas por Henning Mankell y protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, hay un dato curioso que se menciona en todas. El padre de Wallander es pintor de un solo cuadro: un paisaje otoñal con o sin urogallo (que según parece es un ave gallinácea muy común en los países nórdicos). Y el tipo está orgulloso de su cuadro, por lo cual Wallander se cuida bien de irritarlo preguntando “viejo ¿por qué no pintás otra cosa?“.

Bueno, si miramos superficialmente la situación política argentina, podemos encontrarle algún parecido con el cuadro repetido del padre de Wallander: el oficialismo pierde poder, pero sigue dominando la escena política, la oposición burguesa en crisis más o menos permanente intenta apoyarse en los fenómenos aberrantes de oposición social al cristinismo, como caceroleros y gendarmes y la izquierda de los votos y los espacios critica al PTS por “sectario”. Hasta acá todo iría según indica el folklore y más o menos se viene repitiendo de hace varios meses. Pero el asunto no termina ahí.

A pesar de que sigue controlando la situación, se está instalando cada vez más la idea de que el cristinismo se termina en 2015. Salvo que ocurriese un milagro en las elecciones del año que viene, lo más probable es que el oficialismo no tenga los votos necesarios para modificar la constitución y buscar una nueva reelección de CFK, que por otra parte viene sufriendo un desgaste por todos conocido, lo cual ubica el próximo candidato a presidente con chances de ganar dentro del PJ, con la consabida lucha por la sucesión, que tendrá un punto de quiebre en las elecciones del año que viene. Después de eso se verá si lo que postule el PJ va a ser más “cristinista” o más “disidente”.

Sin embargo estas cuestiones son en su mayor parte de pequeña política y no son nuevas. El problema de gran política que se presenta detrás de estas disyuntivas es de fondo y muy serio y tiene que ver con la forma que asume el peronismo en su relación con el movimiento obrero en esta situación histórica.

Si bien hay cuestiones de “estilo” y gorilismo propios del sector que está en el gobierno, el giro “frepasista” de CFK que respondió en parte a cuestiones de coyuntura (ajuste fiscal para pagar deuda en 2012) ha ido rozando, por su virulencia y voluntad anti-obrera un núcleo central de la historia política argentina: la relación del peronismo con su base obrera.

Si bien, mientras más se despegue CFK del PJ, más se preservará éste de caras al 2015 en caso de que el oficialismo sufra una importante derrota en 2013, la pregunta que cabe acá sería la siguiente: este partido al que le sobran sindicatos y le falta burguesía nacional, como dijo Portantiero ¿podría revertir históricamente su “populismo” pasando a un nuevo “ciclo menemista” de liquidación de conquistas obreras? Parece muy difícil, salvo con algo muy parecido a una guerra civil.

En este sentido hay dos cuestiones que contradictoriamente pueden ser síntomas del tipo de procesos que pueden venir. La posible candidatura de Moyano a diputado, más allá de que lo haría desde un espacio políticamente reaccionario, pero tomando algunas demandas obreras ¿no podría ser expresión aunque ultra distorsionada, de que aún sin suficiente desarrollo, todavía embrionariamente, pero vital históricamente, empieza a surgir una tendencia a la división de los espacios políticos según clivajes de clase?

Otro ejemplo, muy distinto del anterior. Las elecciones en ATEN, gremio de los trabajadores de la educación de Neuquén, en la que la burocracia cristinista perdió por paliza con el FURA, que integramos, el cual levantaba claramente un programa de democracia sindical y vuelta a las calles del sindicato, si bien tiene particularidades que hacen a la tradición local ¿no puede estar indicando que comienza a pegar un salto el proceso lento pero efectivo de recomposición del movimiento obrero, aunque sea en un sector ajeno a la industria, que puede dar lugar a nuevas recuperaciones de otros sindicatos, en primer lugar en docentes pero también en otros sectores de trabajadores?

Para mí la respuesta a ambas preguntas es que sí. La primera porque el peronismo, más allá de su capacidad de reinventarse, está llegando a una encrucijada entre su carácter ambivalente de partido del orden y partido de la contención y la segunda porque el cristinismo es impresentable en el movimiento obrero y la burocracia sindical tiene un desprestigio fenomenal.

En los años ’60 y ’70, un importante sector de la intelectualidad apostaba al desarrollo de un movimiento socialista desde el peronismo, partiendo de una tesis que se contradice con la historia real de la clase obrera argentina: que el proletariado de nuestro país había surgido como parte integrante del peronismo y no podía separarse de él (lo cual partía de dejar de lado el movimiento obrero previo al peronismo, combativo, influenciado por corrientes revolucionarias y clasistas; cosa que parece desconocen también algunos chantas que dicen que el clasismo es un invento del PTS).

Después de la dictadura, habiendo aceptado el peronismo algunas formas republicanas primero y reconociendo después los gorilas que “el peronismo es el único que puede gobernar”, se instaló la idea que que el peronismo siempre va a ser votado por los obreros y punto. Pero esta idea fue producto de la derrota histórica de la dictadura, que terminó abruptamente con la experiencia del proletariado con el peronismo en el poder.

Se dijo muchas veces que el 19 y 20 de 2001 habían iniciado una reversión de esa derrota histórica. En esto también se incluye la supuesta eterna hegemonía peronista sobre el movimiento obrero, cuya declinación podría estar pegando un salto en este momento histórico.

Category: Artículos, Movimiento obrero, Política

Comments (27)

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  1. yuyo dice:

    Un 8N funcional a la oposición patronal

    En las movilizaciones del nuevo “cacerolazo”, fomentado por grandes corporaciones empresariales, la Iglesia y el apoyo de políticos patronales como Macri, De la Sota, Carrió o De Narváez, no se escuchará ninguna denuncia a los contornos más reaccionarios de la política gubernamental. La convocatoria no levanta ninguna demanda sentida por los sectores obreros y populares (aunque algunos individuos aislados hablen del 82% móvil). Mientras se critica al gobierno, nada se dice de la oposición tan antiobrera y antipopular como el kirchnerismo. El cacerolazo es absolutamente funcional a las distintas variantes de la oposición patronal, política o mediática que utiliza a las clases medias como base de maniobra para defender sus intereses políticos o empresarios, opuestos a los de la mayoría. La demagogia “republicana” contra la re-re elección, a esta altura con pocas posibilidades de concretarse, sólo oculta su verdadero programa. Extraido de la nota principal “Ni con Cristina ni con la oposicion patronal”

    Tambien podria titularse asi : ” Acerca de como el sectarismo de una organizacion de izquierda la lleva a bandonar la lucha contra consignas como: Abajo el impuesto-inflacion !; Basta de Corrupcion en el estado capitalista gobernado por el peronismo K ; No a la re re eleccion y otras consignas democraticas ”

    Estas consignas estan en la mente de miles de personas que marcharon el jueves; y probablemente otras mas a la derecha y tambien mas a la izquierda.
    Pero el PTS opto por denunciar al conjunto como : aberracion o gorilas de derecha o simplemente de derecha funcionales a las patronales (sin tener en cuenta que por el momento la mayoria de las patronales estan con el gobierno K

    Quien es funcional a quien ? Porque abandonar una bateria de consignas anticapitalistas en un sector de masas que aun no ha cristalizado hacia la derecha o hacia la izquierda??

    Una tragi-comedia sectarea que confunde a la pequenia burguesia y a los trabajadores tambien y es funcional a la inaccion.

    • Juan Dal Maso dice:

      Buen día, admirable su posición “campista” consecuente. Lo único que es una falacia es decir que abandonamos la lucha contra la inflación o el bonapartismo, por no participar del cacerolazo, pero bue…

      Hagamos lo siguiente. Desarrollemos su posición no “sectárea”. Suponga que apoyamos el cacerolazo y somos fervientes defensores del mismo. Cuál sería según ud. el resultado de esa política?

  2. yuyo dice:

    No no se trata de ser”fervientes defensores de los cacerolazos…” ni tampoco de si hay que participar fisicamente o no, eso dependeria de otros factores. De lo que se trata es de LA CARACTERIZACION que se ha venido manejando desde el comienzo mismo de la salida de las clases medias a la calle. No voy ha citar articulo por articulo pero en general : “…las clases medias estan a la derecha del gobierno y levantarian consignas gorilas o golpistas…” Esto es un error garrafal que deviene de lo inesperado y sorpresivo de la nueva situacion. Esta posicion es claramente sectatria y cierra toda de dialogar y chance de ganar sectores que levantan cosignas correctas como :contra la inflacion, la corrupcion estatal y cuestiones democraticas. Raramente he visto campanias de denuncia de estos ejes en la prensa ofcial del PTS. Este cambio, en la accion de las clases sociales esta recien empezando, despues de los largos anios de “exito del modelo peronista K” que esta llegando a su termino. Concluir que las clases medias EN BLOQUE ya “estan cristalizadas a la derecha y llaman a un orden burgues duro, como sucedio en 1975-76 ” es UN ERROR GARRAFAL (como dirian viejos amigos)) lA RECIENTE POLITICA QUE HAN ADOPTADO los lleva a la inaccion y al aislamiento con sectores de la clase media empobrecida o de pequenios comerciantes que se han comenzado a movilizar con consignas correctas, antisistemicas. Lo mismo ocurre con ese largo articulo casi ridiculo de ” aluminio mata teflon”… que simbolico no !? La cuestion es sumar no restar.
    Saludos

  3. yuyo dice:

    Bueno le mande mi respuesta !?

  4. AP dice:

    Compañero Juan. Por los comentarios le entré a su nota. Vamos a los primeros. No creo que negarse a movilizar el 8N sea sectarismo. Del mismo modo que no sería sectario negarse a movilizar junto al kirchnerismo. En ambos casos, estamos en presencia de bandos burgueses que motorizan distintos ‘actores sociales’ (Como está en boga decir ahora) cuyo carácter está determinado por los programas que persiguen. La movilización del 8N tuvo una composición predominantemente pequeñoburguesa y con un buen contigente ‘alto’, además que contó con el manijazo de medios adversos al gobierno y de una ‘oposición’ que, por su propia incoherencia interna, aún no se atreve a hacer pié abiertamente. En todo caso, no fue golpista si se la toma de conjunto, pero tampoco contenía una brizna de progresividad digna de apoyo. No tomó una sola reivindicación que atañe al movimiento obrero y lo que predominaron fueron consignas de libertad abstracta, que no son otra cosa que vulgares lugares comunes burgueses, tras de los cuales, se esconde la libertad patrimonial y de comercio y el descontento para con la corrupción y el clientelismo ‘alimentador de vagos que votan’. No hubo ninguna consigna ‘antistémica’. Me parece que el compañero Yuyo se equivoca al afirmar que participar o no era una cuestión instrumental. No se debía participar a favor del 8N del mismo modo que no se debe participar en una hipotética movilización en defensa de Cristina. Esto no significa quedarse sin política, o caer en el sectarismo abstracto. Hay que acostumbrarse a pensar que hay situaciones en política que no necesariamente implican algún tipo de apoyo (por más que no se lo quiera reconocer) al supuesto mal menor o a las virtudes generales de la movilización ‘espontánea’. Hay dos problemas que inciden en esta cuestión. La primera, que significa disputar por la clase media y la segunda ¿En que terreno?. Respecto del primer asunto, tener política significa proponer a la clase media, con las mediaciones necesarias, el programa de la clase obrera, para ganar a los estratos más plebeyos y neutralizar, si es posible, al resto y otra es tratar de congraciarse con la clase media a través de una política de ‘seducción electoral’. Esto conecta con el segundo asunto. Parece ser que hay un amplio sector de la izquierda que, tras la experiencia de las pasadas elecciones (de la que se se sacó un balance -en mi opinión- exitista) realmente se cree en condiciones de pasar a jugar en las ligas mayores. En todo caso generar, frente a una situación de crisis, tal vez, un ‘Zamorazo’. Esta expectativa que se alimenta de un notable reformismo e ilusiones en la revolución pacífica a través del sufragio universal, está muy presente condicionando el discurso y en este particular, la política hacia la clase media. El resultado no puede ser otro que el seguidismo a interese ajenos al proletariado.
    Ahora sí, yendo a su nota. Usted parece proponer que estamos cerca de una bisagra histórica, que vendría a ser el fin de la hegemonía peronista en el movimiento obrero y el surgimiento de opciones (aunque distorsionadas) con ‘clivaje de clase’. Sin animo de ofenderlo, me permito dudarlo, aunque, que más uno quisiera que asistir al final de esta barrera monstruosa que históricamente bloqueó a la clase trabajadora en el reformismo burgués populista al principio y en el populismo sin reformas (serias) luego. La ideología peronista predominante en el movimiento obrero no será eterna. Seguro. Todo lo que existe es digno de perecer. Pero el peronismo ha demostrado una gran, como usted dice, ‘capacidad de reinvención’ enteramente metamórfica a según de los escenarios y las necesidades del sistema que se nutre de una más profunda conciencia burguesa de la mayoría de los trabajadores, con más razón en un contexto histórico en que el socialismo revolucionario no termina de levantar la cabeza, por más fuerte que arrecien los vientos de la crisis. La burocracia acumula desprestigio. Cierto. Pero la mayoría de los trabajadores siguen pensando en los sindicatos como un poder ajeno que los supera y no se puede cambiar, del cual el ‘peronismo’ es solo una filiación predominante que puede variar sin que se altere substancialmente la subordinación. La crisis final de peronismo, es una primicia que viene desde Codovilla, bajando por ‘El peronismo en su crisis definitiva’ de N. moreno y el ‘Estallido del peronismo’ del MAS de fines de los ochenta y principios del noventa. Me acuerdo de una agarrada que con un dirigente (E.E) que daba por roto el cristal y especulaba con que tan cerca nos llegarían los pedazos. Resultado. Diez años de peronismo menemista. Luego el 2001 y otra vez el fin de la hegemonía. Resultado. Diez años de peronismo kirchnerista. A este ‘cuento de nunca acabar’ le peleamos y le seguiremos peleando, pero, de momento, me parece temprano para opinar sobre el tan anunciado final, sin caer en el ‘Premature burial’ tan frecuentado y desmentido. En todo caso, un quiebre generará un espacio a llenar y para eso hay que estar preparado. Saludo el trabajo de construcción clasista del PTS y otras agrupaciones de izquierda. Es el único camino, junto a un intenso trabajo de propaganda, pero pienso que es preferible seguir perseverantemente el propio camino, sin contar con acontecimientos favorables y perder de vista fuerzas contrarrestantes más profundas y otras que todavía no estamos en condiciones de prever.
    Saludos.

    • Juan Dal Maso dice:

      Estimado AP, gracias por su comentario. Le aclaro de pasada que en ningún momento hablo de la “crisis final del peronismo”. Mi opinión es que estamos en un período que quizas más adelante y retrospectivamente pueda definirse como “el ya no más de la hegemonía peronista y el todavía no de la independencia de clase”. Me parece que en lugar de una “crisis final” lo más probable es que el peronismo se preserve separándose de CFK, pero esto no modifica que los trabajadores ya están haciendo una experiencia, de la cual no está dicho cuál es su techo. Y a medida que pasa el tiempo, creo que se nota cada vez más que la relación con la clase obrera es un problema estratégico que el peronismo manipula pero también “sufre”, porque es una relación impuesta por el peso social del proletariado y no por afinidades electivas. Slds.

  5. Martin Argo dice:

    Es interesante que el eje de las divergencias sea el mismo que en la discusión sobre le insubordinación de gendarmes, prefectos, policías, etc.

    El punto crucial vuelve a ser si se adopta una caracterización que permita a la izquierda revolucionaria intervenir en la situación, o se adopta una que impìde intervenir en ella (en la situación quiero decir, no en el cacerolazo). Y también: si se interviene para incorporar al propio frente una nueva fracción de las masas populares o sólo se lo hace para chocar (quizás sólo verbalmente) con esa misma fracción social.
    De ahí que el punto clave de la discusión sea cómo se está caracterizando a los promotores políticos del cacerolazo (la oposición derechista) y cómo se caracteriza a la amplia franja de las clases medias que lo realizó.

    La caracterización que coloca a la clase media netamente a la derecha del gobierno, equivale a declarar que la clase media se está facistizando. Este sector social, según tal caracterización, no levantaría ningún reclamo legítimaente popular, sus reclamos (por ejemplo el 82% móvil para los jubilados y otros similares) no tendrían nada de progresivo. Eso, según esta caracterización, si hay que tomarla en serio.

    Esta caracterización, bien llamada sectaria, lleva de hecho implícita la idea de que no hay nada que ganar de la clase media. O si lo hay, no tiene ningún punto de contacto con el cacerolazo. Éste último no sería más que el caso más reciente de una escena “clásica”: la clase media operando como fuerza de choque de los intereses del gran capital.
    La conclusión lógica de la caracterización sectaria, si estuviera verdaderamente concebida para intervenir frente a la situación actual, debe ser que la clase media debe ser combatida o, al menos, debe serlo su más masiva manifestación hasta el momento (en la práctica esto último es exactamente lo mismo que lo primero).

    Ya se sabe: el sectario, abstencionista profesional, está esperando que la situación se parezca más a algo que tenga en sus libros, antes de pensar en intervenir efectivamente en ella.
    La actitud sectaria conduce a pseudocaracterizaciones como la que vengo comentando, que dan la espalda a reclamos legítimos y populares de una parte significativa de las clases medias, y al movimiento real que las expresa.

    El sectario desecha datos tan “insignificantes” como que muchos elementos de la llamada clase media son trabajadores asalariados, rechazan el impuesto al salario, repudian el retiro de la AUH sobre salarios de subsistencia, denuncian el castigo inflacionario a sus ingresos, etc.: ¡Un segmento crucial de la clase media defiende conquistas históricamente garantizadas por le legislación obrera! Algunas de ellas se expresaron incluso durante el cacerolazo, junto con un racimo de reclamos contra la corrupción (la causa de la masacre de Once o de tantos otros “castigos” al pueblo) o la inseguiridad, que las clsaes medias saben vinculada con la descomposición de la institución policial, y no con la descomposición de la clase trabajadora, como supieron caracterizar en su momento los sectarios junto con tanto progre “nac&pop”.
    Como se vé, la actual coincidencia no es la primera.

    • Juan Dal Maso dice:

      Buenas, gracias a todos por los comentarios. La clase magistral sobre sectarismo tiene de todos modos varios problemas. Desde ya que yo puedo querer “intervenir” en un recital de Los Ratones Paranoicos, como en una marcha de Blumberg o cualquier otra reunión masiva de gente. Sin embargo, “intervenir” en sí mismo no tiene que ver con intervenir desde un punto de vista de clase. Para no hacerla larga, creo que si bien los cacerolazos y el 8N expresan desde cierto ángulo, el “fin de ciclo” del gobierno, no hay ninguna posibilidad de ganar a ningún sector de la clase media que está ahí por confusión o por falta de alternativas, sin una intervención independiente de la clase obrera, que no se consigue apoyando los cacerolazos, más allá de que tomen como demanda legítima sobre todo la cuestión de la inflación. La propuesta de Martín, según entiendo, más que “permitir intervenir a la izquierda revolucionaria” en la situación, lo que hace es llevar a la izquierda a copiar la táctica de la oposición burguesa. Slds. Juan.

  6. AP dice:

    Compañero Martín. Por empezar, terminelá con eso del sectarismo y las alusiones a la ‘falta de militancia’ como si con mucha militancia se solucionaran los problemas políticos. Si así fuera, hace rato que estaríamos en el socialismo. Militar es necesario, pero conforme a una teoría, un programa y una política de clase. Es eso y no lo otro, lo que estamos discutiendo. La acusación de sectarismo, se equilibra fácilmente con la de oportunismo y en general, todos los oportunistas en la historia han llamado sectarios a los que no comparten ni están dispuestos a prosternarse frente a sus capitulaciones. Como se le explicó hacer rato. La izquierda argentina se dividió frente a las asonadas de las fuerzas de seguridad y lo mismo ocurrió frente al 8N, en un bloque mayoritario que apoyó y otro, minoritario que no lo hizo. En el primer campo hubo quienes jugaron a la escondida, pero, a la larga mostraron que su política camaleónica era una variable de apoyo adornada con fraseología pseudorevolucionaria. Lo mismo ocurre con el 8N. Participar o no hacerlo, ‘no era lo importante’. Claro. Lo importante era tener política para ‘la situación’. Pero, en el cacerolazo ¿Que demanda la situación? Usted no lo dice, pero está claro lo que piensa: Oportunismo electoralero. No hay que chocar ‘verbalmente’ con la clase media, hay que incorporarla al frente. ¿Que frente? El FIT. Es la peregrina idea de que con promesas seductoras y adaptadas a los prejuicios democratistas y legalistas, se conseguirán algunos diputados de izquierda. Es la apuesta al ‘desgaste’ con ropaje rojo, o más bien rosado.
    Aquí nadie ha caracterizado al 8N como ‘Golpista’. Cuando se habla de ‘derecha’ no se sugiere que el gobierno sea ‘de izquierda’. Un gobierno, o una fuerza política, en términos generales, se caracteriza de izquierda, cuando se identifica programáticamente con el socialismo. Por el contrario, este gobierno es peronista, sostén del capitalismo argentino y mundial y, además, lo ha repudiado expresamente en palabras de su presidenta. Me hace acordar a cuando Cristina diputada empezaba a ensayar en el congreso la parodia setentista, y refiriéndose a los ‘diabólicos’ los tildó por vez primera con el temible mote de ‘la derecha’. Díaz Bancalari, que casualmente presidía, le contestó a viva voz: Así que nosotros somos la derecha… Uy habló la dictadura del proletariado¡ En lo personal, no creo que el variopinto arco de la oposición sea más de derecha que el gobierno. En lo que respecta al movimiento obrero, acuerdan en todo lo fundamental. 8N y ‘oposición burguesa’ no son exactamente los mismo. Por supuesto. Del mismo modo que clase media y burguesía no son lo mismo. Del mismo modo que la fracción minoritaria de asalariados que participó no son lo mismo. Pero, partiendo de la premisa artificial que usted ha fabricado para endigársela a quien sea(que la movilización fue la derecha -lo que presupone un gobierno de izquierda-)es fácil pegar un salto de acróbata y terminar en que habría que haberla combatido, cuando lo que se plantea realmente es no haber participado. Esto no quita que las consignas predominantes de la marcha no hayan tenido ningún punto de contacto con las reivindicaciones obreras y ni siquiera un mínimo de progresismo. Lo predominante fue ‘seguridad’ ‘libertad’ ‘no a la corrupción’ ‘independencia de la justicia’ ‘no a la modificación de la constitución’ ‘no a la inflación’. Que tiene que ver esto con algo antisistémico, como alguien dijo por ahí, o siquiera progresista? Tomemos lo que más se le pueda parecer. El problema de la inflación. Que recomienda Trotski: ‘Ni la inflación ni la estabilización monetaria pueden servir de consignas al proletariado porque son las dos caras de una misma moneda. Contra la carestía de la vida que, a medida que la guerra se aproxima, se acentuará cada vez más, sólo es posible luchar con una consigna: la escala móvil de los salarios. Los contratos colectivos de trabajo deben asegurar el aumento automático de los salarios correlativamente con la elevación del precio de los artículos de consumo.’No como algunos que frente al quiebre de la convertibilidad, recomendaban defenderla, por que la devaluación ‘perjudica a los trabajadores’. Como si la función de los revolucionarios fuera defender una medida de gobierno burgués. Tomemos la más ‘reaccionaria’ el reclamo de más seguridad. Que respuestas le damos. Que las fuerzas de seguridad se sindicalicen, por que así, va a haber más control interno sobre la protección y cooparticipación del delito, o que hay que ‘disolver’ a las fuerzas de seguridad, como si fueran los ‘sea monkeys’ evitando con frases ambiguas y maniqueas explicar el carácter antiobrero y contrarevolucionario de las fuerzas de represión, junto a la necesidad de su destrucción y reemplazo por el proletariado en armas. Compañero Martín. Lo que estamos discutiendo aquí es si la política hacia la clase media, debe partir del programa del proletariado, por más que sea ‘piantavotos’ o de la adaptación a los pedidos democratizantes de la clase media.
    Saludos.
    PD: Disculpe Juan por el abuso de este espacio. Me pareció que en su última intervención daba el ‘de profundis’ al debate de la nota.

    • Martin Argo dice:

      Paso por alto el bla bla y contesto directamente a lo sustancial de su pregunta: No el cacerolazo, sino la situación, exige NO caracterizar a la clase media como instalada a la derecha del escenario político. Al contrario, la situación exige prepararse para ganar amplios secores de esta clase media. La situación exige comprender que la clase media respondió a una convocatoria derechista para expresar, aún de modo distorsionado, un descontento legítimo en el sentido de que tiene un contenido popular, democrático, etc., como dejan ver el repudio a la inflación, el reclamo del 82% para los jubilados, y otros puntos que ya expliqué.
      Expliqué, además, que tampoco el PTS es consecuente con su caracterización de que la clase media está consistentemente ubicada a la derecha (es decir: se estaría facistizando), o sea que hace una caracterización lapidaria con total ligereza. No sé en qué están pensando, pero sin duda no en cómo ganar a la mayoría social para una lucha común contra los ataques del capital.

      Por lo demás, a mí me tiene sin cuidado que usted piense que negarse a ganar a las masas (o, lo que es lo mismo: dotarse de caracterizaciones que lo impiden) merece otro nombre que “sectarismo”. Por supuesto que el empleo correcto de las palabras siempre es discutible, pero creo estar usando la palabra con exactitud y así pienso seguir haciéndolo.
      Entiendo, como cualquiera, que los sectarios ven oportunismo en toda política de masas y que, por su parte, los oportunistas tienden a considerar sectaria cualquier delimitación de principios, etc. Pero eso no viene al caso (aunque noto que usted es de enredarse en esta clase de embrollos puramente verbales). Simplemente, se trata de si una organización que se dice revolucionaria y socialista elabora sus caracterizaciones y consignas en función de ganar a las masas populares, o lo hace en función de sus propios pruritos mientras espera que las masas resuelvan por sí mismas la dificultad (así, una vez que lo hagan, el sectario podrá invitarlos a un frente común).

    • Martin Argo dice:

      En cuanto a si los acuerdos entre clases populares deben hacerse a partir del programa del proletariado… Padece usted una confusión cuya causa no puede ser otra que el sectarismo.
      Una cosa es asumir que la vanguardia obrera no debe renunciar a su programa cuando busca acuerdos con otras fuerzas políticas, y otra cosa muy diferente es la pretensión de que ya no un acuerdo entre las clases populares sino incluso la propia intervención en la lucha obrera debe estar condicionada a la aceptación común de un programa revolucionario (en el sentido de expresar los intereses históricos de la clase obrera). Los hechos van por un lado y sus elucubraciones por otro muy lejano (estratosférico, diría).
      El verdadero elemento común para cualquier acuerdo entre sectores populares, es la existencia de un común proceso de ruptura con el capital y sus expresiones políticas, por distorsionada o indirecta que sea su manifestación. Dicha ruptura, a su vez, debe ser comprendida como una consecuencia necesaria de la crisis capitalista. En buena medida, quienes no ven esto son los que asumen que el capitalismo no propende al derrumbe sino que siempre puede recuperarse de sus crisis. O sea que al izquierdismo sectario subyace, en muchos casos, una premisa conservadora.
      La clase obrera objetivamente tiene muchos puntos de acuerdo, muchos intereses comunes, con las capas medias (en torno a cuestiones democráticas y otras más de alcance general). Y la recíproca: la clase media defiende, como señalé antes, derechos cristalizados en la legislación obrera.
      Toda la cuestión pasa por hacer penetrar entre las masas la conciencia de que las reivindicaciones democráticas -y otras- de las capas medias, no pueden ser resueltas cabalmente por el capital (algo que no se les escapa del todo a una mayoría de clasemedieros que asistieron al cacerolazo pero no tienen previsto apoyar a ninguno de los figurones opositores).

  7. Juan Dal Maso dice:

    Nada que disculpar. A mí me daba pereza desarrollar toda la argumentación. Slds.

  8. Juan Dal Maso dice:

    Estimado Martín, ya que usted es un político realista por oposición a los estratosféricos, le pediría por un lado que me explique si ud. ve que los sectores medios que participaron del cacerolazo se oponen al gobierno por izquierda o si considera inútil esa definición y prefiere otra y por otro lado, si me dice qué política tendría que llevar adelante la izquierda (por otra parte, en ningún lado dijimos que la clase media se está “fascistizando”, por otra parte si la clase obrera empieza a intervenir más contundentemente siguiendo lo que empezó con el paro, está planteado desde ya influenciar sectores medios, que seguro no van a incluir al pibe que marchaba en el cacerolazo con la bandera “basta de socialismo” que no tiene nda de “ruptura con el capital”).

    Slds.

    • Martin Argo dice:

      Estimado Juan: Si se fija con alguna atención, verá que efectivamente esbocé una caracterización de la clase media que no sanciona su facistización (o su giro neto hacia la derecha), sino que considera que sus expresiones de descontento abren una línea de ruptura con el capital que, en primera instancia, se manifiesta como ruptura con el gobierno nacional (pero, al mismo tiempo, se muestra como desconfianza hacia las alternativas opositoras tradicionales). Es verdad que el PTS no habló de facistización, y yo lo señalé como una muestra de inconsecuencia.
      Tanto en el caso de la rebelión de gendarmes y prefectos como en el del caecerolazo, las caracterizaciones que yo elaboré analizan diferenciadamente, para decirlo demasiado brevemente, a las dirigencias de las bases populares, especialmente cuando éstas últimas se expresan masivamente. El PTS no analiza esa diferenciación, y de allí vienen sus errores. Se dirige a las masas con planteos -o mejor: imputaciones- adecuados sólo para dirigir a las cúpulas dirigentes (que sí son la derecha). Al hacer esto, el PTS se evita el esfuerzo de trabajar para ganar a esa amplia franja contra la cual o sin la cual no puede construirse un liderazgo de masas.
      Usted dice que “está planteado influir sobre los sectores medios”. Quizás de modo abstracto -esto es: aislado de toda acción dirigida hacia esos sectores- esté planteado, pero plantear las cosas así equivale a decir que cuando por sí misma la clase media deje de ser derechista, el PTS dedicará algún esfuerzo concreto a tratar de ganarla.
      En una palabra: de cara ca la clase media el PTS dibuja una oposición blanco-negro entre el cacerolazo y el paro, sin darse cuenta de que una amplia franja de la clase media que caceroleó apoyó el paro. Un ejemplo muy claro de esto -que todo docente pudo constatar empíricamente- es el de los miles de padres porteños que no enviaron a sus hijos a la escuela, a sabiendas de que había colectivos y de que el gremio docente no paraba. Lo que para el PTS es un contraste blanco/negro, no lo es para las masas que se busca caracterizar mediante ese contraste.
      En resumen: Es correcto distinguir entre una protesta y la otra (el 8N y el 20N, como dicen), lo que no es correcto es usar esa distinción para caracterizar el estado real de la clase media.

  9. AP dice:

    Compañero Martín. Si presta atención a lo que lee, y no se deja llevar por lo que quiere leer, para hacer pasar gato por liebre, se dará cuenta que yo no afirmo que la movilización sea la derecha en relación a un gobierno que representa alguna forma de izquierda. En cambio, usted, si otorga a la movilización un carácter de izquierda (que en lo hechos, no tiene). Dice:’El verdadero elemento común para cualquier acuerdo entre sectores populares, es la existencia de un común proceso de ruptura con el capital y sus expresiones políticas, por distorsionada o indirecta que sea su manifestación. Dicha ruptura, a su vez, debe ser comprendida como una consecuencia necesaria de la crisis capitalista’
    ¿Común proceso de ruptura con el capital y sus expresiones políticas? ¿Adonde? La clase media argentina no protagoniza ningún proceso de ruptura con el capital. El cuestionamiento a una gestión de gobierno, no implica necesariamente ruptura con el capital, sino, puede ser perfectamente coherente con este. Más aún, ni siquiera la abrumadora mayoría de la clase obrera protagoniza un proceso de ruptura con el capital, por más que una importante fracción comience a mostrar signos de descontento para con el gobierno que tan solo hace un año había mayoritariamente votado. Que el ‘descontento’ se convierta mañana en un cuestionamiento más profundo a las bases del sistema, es algo que no se puede prever y además también depende de la acción política de los revolucionarios. Pero, insisto. Afirmar que el 8N tuvo algún contenido anticapitalista es un sencillo disparate. Por otra parte, usted dice: ‘La situación exige comprender que la clase media respondió a una convocatoria derechista para expresar, aún de modo distorsionado, un descontento legítimo en el sentido de que tiene un contenido popular, democrático, etc., como dejan ver el repudio a la inflación, el reclamo del 82% para los jubilados, y otros puntos que ya expliqué.’
    Extraña paradoja. La clase media responde a una CONVOCATORIA DERECHISTA para expresar un contenido popular, democrático, etc (¿Que es el etc.?) que, según su razonamiento es anticapitalista. Ergo, el contenido de la movilización fue de izquierda, aunque, ‘distorsionado’. No entiendo que sentido pueda tener esta retahíla de dislates para tratar de encubrir la atracción que ejerce el potencial de la clase media a la hora de votar. Veamos: ¿que sentido anticapitalista tiene la protesta frente a la inflación? A la inflación el proletariado la enfrenta con la lucha por la escala móvil de salarios y en un estadio avanzado de la lucha de clases, con el poder obrero como medio de la erradicación del capitalismo, pero no es cierto que el problema no pueda ser resuelto bajo el capitalismo, ni que la lucha contra la inflación tenga carácter socialista. De hecho, la convertibilidad fue una receta antinflacionaria efectiva (y tendencialmente hiperrecesiva)y durante buena parte de la década del noventa hubo deflación de precios. Confundir a Alsogaray con Lenin puede ser todo un problema. El 82% móvil. Es una reivindicación obrera, aunque en el marco de las consignas dominantes, fue, como se dice en criollo, ‘un pedo en la tormenta’. También había un cartel que decía ‘No a los presos políticos’. Intrigante. Se referiría a los 5000 compañeros procesados y varios presos, o a los genocidas del proceso. En cualquier caso, ninguna consigna anticapitalista. El 82% móvil es una demanda mínima, es decir, compatible con la subsistencia del sistema, por más que no lo quieran otorgar en razón de prioridades capitalistas.
    Los otros puntos ‘anticapitalistas’ que ya explicó, no se cuales puedan ser, por que no los explicó.
    Ahora vayamos a otro párrafo sin desperdicio: ‘Simplemente, se trata de si una organización que se dice revolucionaria y socialista elabora sus caracterizaciones y consignas en función de ganar a las masas populares, o lo hace en función de sus propios pruritos mientras espera que las masas resuelvan por sí mismas la dificultad (así, una vez que lo hagan, el sectario podrá invitarlos a un frente común)’
    Las caracterizaciones no se hacen en función de ‘ganar a las masas’ se hacen en base a una valoración materialista de los factores objetivos y subjetivos que integran una situación. A partir de ello, se elabora una línea política coherente y adecuada a la situación y correlación de fuerzas real, para ganar a las masas a la revolución. De lo contrario, en el afán de ‘ganar a las masas’ puedo inventar situaciones irreales, como las ‘situaciones revolucionarias’ o ‘prerevolucionarias’ a las que nos tiene acostumbrados buena parte de la izquierda, frente a las cuales, paradojalmente, se proponen salidas democratizantes y electoraleras, como la ‘Asamblea Constituyente’ o el ‘Gobierno de trabajadores’ surgido de las urnas. Finalmente. La aproximación a las masas se realiza con flexibilidad táctica y concesiones de forma, pero sin comprometer los principios, es decir, sin desnaturalizar el contenido del programa proletario, que es lo que usted, graciosamente, llama ‘prurito’ y reclama en contrario, lo que yo llamo, capitulación vergonzosa, en aras de ‘ganar a las masas’ especialmente a la cola del cronograma electoral burgués.
    Otra perla:’En buena medida, quienes no ven esto (la ruptura anticapitalista-nota mía-) son los que asumen que el capitalismo no propende al derrumbe sino que siempre puede recuperarse de sus crisis. O sea que al izquierdismo sectario subyace, en muchos casos, una premisa conservadora’
    Decir que el capitalismo propende al derrumbe, es una perogrullada, un razonamiento lapalisiano. La dinámica de acumulación del capital va del auge a la crisis y la crisis es su derrumbe. Es el perpetum mobile del capital. Pero si la crisis no se resuelve mediante la revolución socialista, el capitalismo volverá a acumular sobre la sangre y los huesos del proletariado. No hay premisa económica del derrumbe final. Al capitalismo hay que derribarlo (Lenin).
    Lo que usted desliza, en cambio, es una premisa de ‘crisis final’ vale decir, una tesis de ‘catastrofismo económico’ y acusa a quienes no la suscriben de ‘conservadores’ cuando, precisamente en una crisis económica de grandes proporciones, por ningún concepto, necesariamente final, recomiendan luchar por poner en primer plano la independencia de clase y no entretenerse con programas congraciables a los ojos de las clases medias conservadoras, que solo pueden volcarse mayoritariamente a la revolución, cuando el proletariado se muestre como claro contendiente al poder.
    Lo último, para no cansar al lector que haya tenido la paciencia de seguir hasta aquí: ‘Toda la cuestión pasa por hacer penetrar entre las masas la conciencia de que las reivindicaciones democráticas -y otras- de las capas medias, no pueden ser resueltas cabalmente por el capital (algo que no se les escapa del todo a una mayoría de clasemedieros que asistieron al cacerolazo pero no tienen previsto apoyar a ninguno de los figurones opositores)’
    De que las reivindicaciones democráticas no puedan ser resueltas ‘integra y efectivamente’ bajo el capitalismo, al decir de Trotski (Cuarta tesis de la Revolución permanente)no puede concluirse que no haya una resolución capitalista de las mismas en diverso grado, que, precisamente por ello, no alcanzará la democracia, vale decir, la dictadura de las mayorías explotadas y oprimidas. Ejemplo: La libertad de expresión es formal. Solo será substancial cuando los medios que la posibilitan estén en manos del proletariado. Pero, incluso la libertad formal puede sufrir alteraciones de grado o ser directamente suprimida por una dictadura. Frente a ello defendemos el derecho formal en el terreno de la acción común con sectores pequeñoburgueses e incluso burgueses, que en la práctica luchen por ellos y tomando distancia del programa democrático republicano al que oponemos el programa proletario. Que tiene que ver esto con la consigna abstracta de ‘libertad’ bajo un gobierno constitucional, como para hacer de ella un objetivo de lucha común. Finalmente. Compañero Martín ¿Como sabe usted que la mayoría de los asistentes al 8N no tiene pensado apoyar a algunos de los figurones de la oposición? ¿Puede leer la mente? ¿Es experto en psicología de masas? ¿Recibe percepciones sobrenaturales?
    Saludos.

    • Martin Argo dice:

      Sus caracterizaciones son increíblemente superficiales para un marxista, se restringen al plano de la ideología: Usted considera que no se expresa ninguna línea de ruptura con el capital en la protesta de la clase media contra la inflación, en la protesta contra la desvalorización de los propios ahorros en beneficio de especuladores y grandes capitalistas, la protesta contra los ataques a los derechos jubilatorios, contra el estado catastrófico de los servicios privatizados y subsidiados, contra los tarifazos, etc..
      Y ¿por qué sostiene usted esto? Porque la expresión de ese descontento -el cacerolazo- fue fogoneada por la oposición de derecha. No reparó usted en que ese mismo argumento, con toda lógica, podría aplicarse igualmente al paro del 20, lo que revela la inconsistencia del criterio que ha usado. Necesitará ir sumando sucesivos criterios, y es por esta razón que sus argumentos están condenados a ramificarse interminablemente.

      En definitiva ¿qué otra cosa que la crisis capitalista puede ser el motivo efectivo, de fondo, del descontento generalizado de la clase media? ¿De repente cientos de miles de porteños salieron a golpear cacerolas sólo en nombre de la palabra “libertad” o, como parece cree Juan Dal Maso, reclamando “basta de socialismo”?? Pensar así es comprar los argumentos del kirchnerismo, no por lo que éste realmente vale sino por lo que él mismo cree valer.
      Yo pienso de otro modo: Si el modelo de gestión capitalista nac&pop está fracasando, es ni más ni menos que a causa de la profunda y prolongada crisis capitalista. La dirigencia opositora propone, como respuesta a la crisis, liberar el tipo de cambio e iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento externo (es decir: pedir “ayuda” a quienes están sumergidos en la peor crisis de los últimos 70 años). Pero la clase media no se muestra identificada con esta alternativa y, desde mi punto de vista, es inviable que llegue a hacerlo. Y no se necesita leer la mente para estimar que en este momento dicha clase no adhiere unánime, entusiasta ni mayoritariamente a ningún figurón opositor. Para saberlo basta conocer las encuestas que se hicieron.
      Si realmente la clase media se situara a la derecha, adoptaría el programa “ajustista” (el subte a $ 5, el kilo de lomo a $200, etc.) como hizo en tiempos pasados. Evidentemente, usted cree que esto es lo que los caceroleros reclamaban.

      Salvando todas las distancias que convenga salvar, la oposición derechista fogonea el descontento de la clase media del mismo modo que el frente devaluacionista de 2001, con el duhaldismo a la cabeza, fogoneó el descontento popular contra De La Rúa. Y así les fue.
      Para la oposición derechista, reblandecida en su propia nulidad, el cacerolazo parece tan bueno como cualquier otra cosa que ejerza presión sobre al gobierno nacional para que éste devalúe e inicie el retorno a los circuitos internacionales de financiamiento (lo que, a su vez, le generará una crisis que incentivará la conformación de una candidatura opositora “viable”). En este sentido, el cacerolazo es funcional a los intereses del “frente” opositor derechista, pero eso no significa que éste sea el objetivo que la clase media busca al reclamar. Éste es el punto: la caracterización del estado de ánimo y de conciencia de las capas medias no debe derivarse mecánica y unilateralmente de la caracterización de la dirigencia opositora (ni de ultraminoritarios “activistas” facistizantes cuyas consignas jamás convocaron adhesión de masas).

      En pocas palabras: Cuando el dirigente opositor de derecha dice “basta de inflación” calla su verdadero objetivo, que es el ajuste. ¡Pero es un error craso suponer que la clase media reclama un ajuste cuando protesta contra la inflación! Es crucial establecer y precisar esta diferenciación al fijar una caracterización.
      Ciertamente, no faltaron en el 2001 los miopes que sólo pudieron ver en ello una maniobra de la derecha, un giro derechoso de la clase media, etc. etc.
      Las similitudes son elocuentes.

  10. AP dice:

    Compañero Martín. Su contestación muestra impotencia argumentativa y recurre a caricaturas para polemizar sobre ejes falsos. Ahora me hace decir que defino el carácter de la movilización exclusivamente por la dirección convocante. De eso saca la ‘conclusión’ que con el mismo criterio no debía apoyar el paro del 20. ¿Se puede ser tan hipócrita y maniobrero al tratar de defender una verdad de partido? Ya le expliqué con todo lujo de detalle, que por más que represente una paradoja que clases medias que ‘viran a la izquierda’ respondan a una convocatoria derechista, o más bien, burguesa opositora a la otra derecha que encarna el gobierno,dados los miles de vasos comunicantes ideológicos y económicos, lo que define el carácter ‘anticapitalista’ de una movilización o la abrumadora mayoría de sus integrantes, son los programas y consignas que se levantan. Tomé las consignas principales y le demostré que ninguna tiene un carácter anticapitalista, sino, a lo sumo, burgués reformista y esto no lo cambian las ralas voces por el 82%. En consecuencia, no puede concluirse que la clase media se está izquierdizando por el solo hecho de movilizarse contra el gobierno, que es eso y no otro, lo que usted quiere infructuosamente demostrar. De lo dicho, no se deriva que un partido revolucionario, el o los que fueran, deben carecer de política hacia la clase media. El problema es cual. Edulcorar los planteos revolucionarios para hacerlos más atractivos a la hora de votar, o formularlos con nitidez para ganar el apoyo activo de los sectores más plebeyos de la misma, teniendo en cuenta las particularidades de la clase media urbana, puesto que aquí no estamos hablando de una ‘Alianza obrero campesina’. Dado el perfil real de la movilización, por convocantes, consignas y composición social predominante, no se debía participar. De modo contrario, a pesar de los convocantes, por las consignas principales, composición social predominante y por el hecho que las fuerzas clasistas son aún débiles para imponer medidas de lucha de alcance nacional, sí se debía participar, con la adecuada diferenciación crítica, del paro del 20. Le insisto con lo siguiente: No se inventa una caracterización para justificar una política. Al revés, en base a una caracterización se delinea una política. Dado que la suya es ‘ganar a las masas’ y especialmente a potenciales aliados de las clases medias a la hora de votar, sobretodo legisladores porteños, o ´trabajadores de la represión’ ‘de base’, que se mantengan neutrales a la hora de ‘gobiernos de trabajadores’ inventa una supuesta izquierdización de los mismos para justificarla y reclama la ‘intervención’ aunque deshojando la margarita sobre la participación directa en sus movilizaciones. En esto se resume toda su ciencia. Después podemos discutir acerca de la composición actual de la clase media, la tendencia a la proletarización de sus estratos más bajos o que subyace como propuesta positiva tras sus lemas negadores, así como sus inclinaciones de voto.

    • Martin Argo dice:

      Es usted el que se muestra “maniobrero”, “hipócrita” y, en una muestra de “impotencia argumentativa”, hace decir a su interlocutor lo que éste no dijo.

      Yo no dije que el cacerolazo del 8N -al que no concurrí, ni lo hizo el partido con el que simpatizo- haya sido la expresión de una ruptura de la clase media con el capital (ni mucho menos -uso sus palabras- “un giro de la clase media hacia la izquierda”, algo que sólo podría ocurrir si la izquierda interviniera correctamente de cara a la clase media), sino que esta tendencia rupturista de fondo se expresó sólo muy distorsionadamente a nivel superficial, en la masividad del cacerolazo.

      Más que del cacerolazo, hablé de la clase media y de qué debe tomar en cuenta un marxista para caracterizar tanto su estado de ánimo como su real condición, e intervenir de cara a ella.
      Lo que dije es que no se debe caracterizar a la clase media (ni su concurrencia masiva al cacerolazo) sólo en base a las consignas fogoneadas por la oposición de derecha y por el activismo fascista (como usted insiste en hacer, incluso en su último post). Al contario, hay que comprender las verdaderas causas sociales del enojo de la clase media con el gobierno nacional (y de su desconfianza en la oposición derechista): la inflación, la amenaza de confiscación contra sus ahorros (en beneficio de los verdaderos poderosos), la perspectiva de un tarifazo, la denegación de una jubilación digna, etc.

      El punto crítico es el siguiente: si la única alternativa que se ofrece a la clase media para expresar su descontento con la inflación, la confiscación de sus ahorros, etc. es por derecha, la adoptará por falsa que luego resulte ser, y concurrirá a las movilizaciones fogoneadas por la oposición derechista porque no cuenta con otra posibilidad de expresar su enojo. El abstencionismo de la izquierda “rebolu” sólo refuerza la alternativa del enemigo de clase sobre las capas intermedias.

      En cambio, yo pienso que no debemos regalarle a la oposición burguesa esta franja de las masas populares y, para eso, no debemos caracterizarlas según el libreto kircherista, que se apura a enfatizar -igual que usted- los “vasos comunicantes” de las clases medias con la oligarquía y el gran capital, velando no sólo los “vasos comunicantes” de esa misma clase media con el proletariado (algo que enfaticé) sino también velando su intervención masiva contra el estado se sitio que declaró De La Rúa en 2001 para enfrentar al proletariado sin empleo que se lanzó a saquear supermercados.

      Usted no logra llegar al fondo de la cuestión, y sólo sobrenada el acontecimiento fugaz del momento, pasando y repasando las hojas de su literatura favorita, sin hacerse las preguntas elementales que cualquier revolucionario marxista debería hacerse.

  11. carla dice:

    Bueno, Martín, al menos menciona finalmente el 20 N, aunque sólo para decir que puede compararse con el 8 N por sus convocantes Moyano y Micheli. Se ve que todo lo que tenga que ver con ganarse votos de las clases medias le levanta la líbido mucho más que todo lo que tenga que ver con la intervención en escena de la clase obrera, aunque supongo que coincidiremos en que también allí hay quienes buscan llevarlo hacia salidas patronales y que también para la izquierda hay un terreno de disputa para presentar una perspectiva de independencia de clase.
    Una cosa es decir que el 13S o el 8N, al mostrar descontento con el gobierno que venía subido al caballo del 54%, contribuya a una coyuntura de digámosle así, “desautorización” del gobierno que se expresa en distintas demandas, por derecha y por izquierda, y en ese sentido establecer una relación entre el paro y los cacerolazos como muestras de debilitamientos del gobierno, crisis de su modelo, etc. Otra es definir qué quiere ud hacer con eso, y allí ud piensa como IS: si es contra el gobierno hay que apoyarlo (para ganar votos).
    Eso lo lleva a dibujar la caracterización para justificar su política, pifiándole a ambas. Pinta entonces las manifestaciones que empezaron pidiendo que no querían ser otra Venezuela con las demandas de inflación, jubilación, etc., que fueron francamente minoritarias en ellas. Y no estoy hablando de quiénes las convocaron o se montaron en ellas, sino de lo que efectivamente pedían. Si de verdad quiere pensar una política para ganarse a sectores de las clases medias, algo que sin duda está inscripto en las posibilidades de que la clase obrera gane en hegemonía y pueda evitar que las demandas justas de éstas (cuando las hay) vayan a reforzar a la reacción, debería empezar por no mentirse con la propia caracterización. No es necesario embellecer las cacerolas para pensar una política en ese sentido. Su política lo lleva no a intervenir desde una perspectiva de clase para llevar tras la hegemonía de la clase obrera a sectores de las clases medias sino al revés, a llevar a la clase obrera y diluirla a la hegemonía de la “clase media” que es, de no mediar hegemonía obrera, la de la burguesía.
    Por eso el paro debe evaluarse por sus convocantes, por sus demandas, que claramente difieren de las del 8 N aunque también aquí hay política burguesa que intentará llevar agua para su molino (Moyano tras Scioli o Macri, o Micheli tras el FAP), y también por el ejercicio de reconocimiento como clase y de fuerzas propias que la clase obrera pudo hacer en esa jornada, aunque eso no implique inmediatamente ni una ruptura con sus direcciones burocráticas ni la adopación de una perspectiva independiente del peronismo, sino mejores condiciones para plantear una política tal. No hay abstencionismo mayor para quien se dice revolucionario que no preguntarse, analizar y tener una política hacia estos problemas.

    • Martin Argo dice:

      Usted me hace reír, Carla. Según su apreciación, cientos de miles de clasemedieros habrían salido a protestar porque están contra el chavismo o, como dijo su camarada Juan, porque están hartos de tanto “socialismo” (apreciación que, dejando de lado su carácter delirante, se restringe al plano ideológico) y no porque la inflación se come sus ingresos, la perjudican los tarifazos, se les veda defender el valor de sus ahorros, etc. El motor de una protesta masiva, de acuerdo con esta caricatura, habría sido enteramente ideológico ¿Y a eso usted lo considera una ótpica materialista?

      Por supuesto que no niego que haya habido mensajes de derecha en el cacerolazo, pero ya señalé que las consignas del activismo fascistizante jamás tuvieron semejante poder de movilización y, por supuesto, tampoco pueden tenerlo ahora. Debe buscarse en otra parte, en las condiciones materiales (económicas, sociales y políticas) el motivo que hizo salir a las clases medias tan masivamente a la calle.

      Si está de acuerdo conmigo en que la izquierda debe conquistar para su política (advierta: para SU política) una amplia franja de las capas medias, no veo cómo piensa hacerlo el PTS valiéndose de una caracterización que, de ser asumida consecuentemente, plantea más bien que la clase media es un enemigo y debe ser combatida porque es de derecha y salió masivamente con los tapones de punta contra el aocialismo, a favor de la devaluación y el ajuste, etc. (me gustaría saber dónde registró esto último usted, que dice que yo “dibujo” mi caracterización!).
      Este punto es quizás el que más han evitado responder los “obreristas” del PTS (disculpe, pero también me hizo reír su apelación a la “libido” como respaldo a su obrerismo de afiche).

      Otra cosa: no ponga en mi boca lo que no dije. No dije que hubiera que apoyar el cacerolazo, como sostiene la gente de IS. Trate de entender lo que dije, al menos si va a tratar de discutirlo: lo que estoy discutiendo no es el cacerolazo, sino la caracterización de la clase media, a partir de qué premisas -y objetivos- debe hacerse.
      En fin: Usted afirma que mi caracterización está “dibujada” para justificar un apoyo a… algo que no apoyé! A este respecto, le señalo que yo no usé el lápiz ni la guitarra, sino que fundamenté ampliamente mi caracterización. No veo que usted haya hecho otro tanto con la de su partido (hasta ahora, sólo han presentado unas pocas superficialidades ideológicas como “fundamentación”).

    • AP dice:

      Compañera Carla. Por fin al grano y sin vaselina. No me animo a pensar en clave freudiana las inclinaciones políticas, aunque, sería interesante. En todo caso, su ejercicio de la mordacidad, le levanta la libido a cualquiera. Cuidado con el ‘lapsus linguae’. Le digo por la ‘adopación de una perspectiva independiente del peronismo’. Perdóneme el chiste. Es que ya no se como ubicar esta polémica, si en el reino del ‘ego’ con su satisfacción inmediata de la pulsión electoral, del ‘yo’ racional del crecimiento del aparato o del ‘superyó’ del paternalismo burocrático convertido en conciencia moral.
      Un encantador saludo.

  12. AP dice:

    Compañero Martín. Hay miles de formas de escaparle a la verdad, pero usted elige la peor de todas, desdecirse en cada respuesta a una objeción, de lo que aseveró en cada planteo previo. Usted partió de negar que la clase media asumió una posición de derecha, lo que implica dos posibilidades: Un centrismo neutro (algo dificil de imaginar en política) o una posición de izquierda: ‘La caracterización que coloca a la clase media netamente a la derecha del gobierno, equivale a declarar que la clase media se está facistizando. Este sector social, según tal caracterización, no levantaría ningún reclamo legítimaente popular, sus reclamos (por ejemplo el 82% móvil para los jubilados y otros similares) no tendrían nada de progresivo. Eso, según esta caracterización, si hay que tomarla en serio.’
    En consecuencia, la clase media no está a la derecha del gobierno. Pero luego, avanzó más en la revelación de su caracterización positiva: ‘La situación exige comprender que la clase media respondió a una convocatoria derechista para expresar, aún de modo distorsionado, un descontento legítimo en el sentido de que tiene un contenido popular, democrático, etc., como dejan ver el repudio a la inflación, el reclamo del 82% para los jubilados, y otros puntos que ya expliqué.’ En consecuencia, no solo no está a la derecha del gobierno, sino, comienza a estar a su izquierda (contenido ‘popular’ ‘democrático’ y especialmente el suspicaz ‘etc’) Luego avanza un poco más:’El verdadero elemento común para cualquier acuerdo entre sectores populares, es la existencia de un común proceso de ruptura con el capital y sus expresiones políticas, por distorsionada o indirecta que sea su manifestación. Dicha ruptura, a su vez, debe ser comprendida como una consecuencia necesaria de la crisis capitalista.’ Como se ve claramente, no soy yo el que le endilga que la clase media esté rompiendo con el capital, lo dice usted. Un ‘lapsus’ del discurso. De ninguna manera: ‘Estimado Juan: Si se fija con alguna atención, verá que efectivamente esbocé una caracterización de la clase media que no sanciona su facistización (o su giro neto hacia la derecha), sino que considera que sus expresiones de descontento abren una línea de ruptura con el capital que, en primera instancia, se manifiesta como ruptura con el gobierno nacional (pero, al mismo tiempo, se muestra como desconfianza hacia las alternativas opositoras tradicionales)’
    Otra vez: ‘línea de ruptura con el capital’. Finalmente: ‘
    Yo no dije que el cacerolazo del 8N -al que no concurrí, ni lo hizo el partido con el que simpatizo- haya sido la expresión de una ruptura de la clase media con el capital (ni mucho menos -uso sus palabras- “un giro de la clase media hacia la izquierda”, algo que sólo podría ocurrir si la izquierda interviniera correctamente de cara a la clase media), sino que esta tendencia rupturista de fondo se expresó sólo muy distorsionadamente a nivel superficial, en la masividad del cacerolazo.’
    Como se ve claramente ‘tendencia rupturista de fondo’, que ahora ya solo se expresa ‘distorsionadamente’ y a nivel ‘superficial’ en la ‘masividad’.
    Compañero Martín, me tomo el trabajo de citarlo a los efectos de que ningún lector pueda confundirse. Usted ha repetido hasta el hartazgo que hay un principio de ‘ruptura con el capital’ por parte de la clase media. Que puede significar esto, que no sea un viraje, inconcluso por cierto, hacia la izquierda? Pero usted parece ofenderse cada vez que le cantan ‘piedra libre’. Como vemos, una cosa es que te quieran tomar por boludo (izquierda ‘rebolú’) y otra es serlo. Ahora sí, aclarado el punto de su caracterización ‘a la medida de lo que el partido quiere que sea’ para ‘ganar a las masas’ lo que debe discutirse es la verdadera caracterización del proceso de la clase media y que política ha de adoptar, el o los partidos revolucionarios, frente al mismo. Como ya le expliqué con anterioridad, no hay ruptura de la clase media con el capital, ni siquiera embrionaria y ello condiciona la política revolucionaria que busque promover esa ruptura. En mi opinión, no se contribuye a ello, fabricando castillos en el aire para justificar oportunismo electoralero, que es aquello, frente a lo cual usted se hace el ‘rebolú’. En síntesis, hágase cargo de lo que afirma y esboce una línea para ‘ganar a la clase media’ Cualquier parecido con, ‘Apresuremos la definición de las cadidaturas’, ‘Vote al FIT’, ‘Vengan al frente’, no será pura coincidencia.

  13. Martin Argo dice:

    Sus “citas” lo único que ilustran es el método bizantino que usa no sólo para argumentar, sino para decodificar.
    Vengo diciendo explícitamente que, a pesar del carácter derechista de la convocatoria oficial, no ha sido ésta última la que determina el estado de ánimo ni la real situación de la clase media. Lo que impugno es el criterio de situar a la derecha a un sector de las masas sólo en virtud del derechismo de quienes fogonearon el evento del 8N. Obviamente, la naturaleza contradictoria del hecho, tal como lo describí, permite que cualquiera seleccione unilateralmente una parte de los bloques de información que usé en mi descripción (los que atienden al tenor derechista de los convocantes burgueses), y lo ponga de relieve. Con eso lo único que se puede “demostrar” es la naturaleza (bizantina) del propio método.
    Una cosa es adherir a una convocatoria fogoneada por la derecha y otra es establecerse a la derecha del campo político y social (esto último, en el caso de la clase media, se llama fascistización, algo de lo que no se hacen cargo los “caracterizadores” livianos). Por mi parte, no negué el carácter derechista de la convocatoria oficial, y por eso en ningún momento planteé concurrir al cacerolazo. Usted, en virtud del carácter derechista de la convocatoria, va mucho más lejos: caracteriza a la clase media como ubicada firmenente a la derecha (digo firmemente porque si se tratara de algo pasajero no valdría nada como caractrización, la interpretación no incrementaría el contenido ingenuo hecho interpretado, sería una descripción sin pdoer explicativo ni predictivo: una caracterización que no se proyecta hacia el futuro es nula, desde un punto de vista político/estratégico).
    En mi opinión, la adhesión de la clase media al cacerolazo ni siquiera asegura una adscripción ideológica a la derecha, pero si se tratara de esto último tampoco sería lo determinante. Lo importante es el contenido social real de una protesta, especialmente si es muy masiva (como lo fue el 8N).
    En fin, le bajo a tierra el argumento porque veo que las “alturas” no son para usted: Caracterizar que la clase media se estableció a la derecha equivale a afirmar, sin más vueltas, que la clase media apoya el ajuste (devaluación, tarifazo, crecimiento del desempleo, mayor precarización laboral, jubilación privada y/o de miseria, regreso al endeudamiento externo usuario, etc.). Entonces le pregunto: ¿Usted afirma esto, sí o no?
    En tiempos de Menem, la clase media se enganchó a la perspectiva “neoliberal” no por adscripción ideológica (esto último pertenece al orden de las consecuencias, no de las causas) sino porque creyó que había espacio para ella en los negocios del gran capital y, durante un tiempo (toda una década), los hechos parecían confirmar sus creencias.
    Es abismal la diferencia con la situación actual: La oposición “menemista” al gobierno no tiene nada efectivo para ofrecer a la clase media (a sabiendas de ello, sus figurones más conspicuos no se hicieron presentes en el cacerolazo). Esa es, ni más ni menos, la razón de fondo de su debilidad persistente.
    Las caracterizaciones lapidarias de la clase media como volcada cerrilmente hacia la derecha, caracterizaciones basadas exclusivamente sobre premisas ideológicas, son propias del kirchnerismo y, más en general, de la izquierda o la progrsía peronista (que ya miraba con malos ojos a los caceroleros del 2001). Esto, a su vez, se enmarca dentro de la estrategia general peronista de confrontar a la clase obrera no con la burguesía sino con las capas medias (a las que atribuye los rasgos generales de la oligarquía, el capital especulativo, etc., de un modo análogo a cómo los nazis caracterizaban a los judíos con la fisonomía del gran capital, precisamente para desviar el descontento de las masas contre éste último hacia los primeros). Pues bien, yo estoy mostrándole un antídoto marxista, pero si no desea usarlo es problema suyo.

  14. AP dice:

    Compañero Martín. Por empezar. Que ‘método bizantino’ ni que ocho cuartos. Demostré con el mero hecho de citarlo, que usted, no solo plantea que la clase media no está a la derecha del gobierno, sino, que se coloca a la izquierda y en posición de ruptura con el capitalismo. Lo cual, por decirlo en términos livianos es un despropósito. En segundo lugar, la razón de su inasistencia al cacerolazo, fue la convocatoria derechista, aunque esto es irrelevante a la hora de definir (junto al tenor predominante de las consignas políticas -agrego-) el carácter de la movilización. Su razonamiento no solo es inconsistente, sino, pusilánime. Debió tratar de ponerse a la cabeza, no para ‘cambiarle el contenido’ sino, para profundizarlo, puesto que ya estaba dado por su ‘contenido social real’ y su ‘masividad’. ¿Y a este razonamiento tautológico tiene el tupé de llamarlo ‘marxismo’? Por último. Ponerse ‘ a la altura’ de sus razonamientos es tener que agacharse hasta el zócalo. Lo que quiere la clase media es que no se toquen sus intereses de clase subexplotadora. Como lo hagan le chupa un huevo en la medida que sea a costa de los explotados. Hasta ahora, no está a la derecha del gobierno, tampoco a su izquierda, ni dando muestras de virar hacia la izquierda, aunque sea ‘a nivel de gobierno’. Le repito, por si no lo captó en su pedestre entendimiento, usted, al igual que el partido con que simpatiza, fabrican una ‘caracterización’ a la medida del objetivo de ofrecerse como alternativa electoral apetecible para la clase media ‘confundida’ que, según su curioso modo de ver ‘agarra para la derecha’ sin saber que la ‘astucia de la historia’ la empuja hacia los brazos de la izquierda. Hay que acomodarse lo más posible a la perspectiva electoral para favorecer este empalme. Lo acaba de decir Altamira, en una mesa redonda, esta misma noche cuando lo ningunearon por que no daba en las encuestas. De cara al recambio electoral no solo están Scioli, Macri o Massa. También está la izquierda.

  15. Martin Argo dice:

    Veo que sigue mezclando distintos asuntos. Al menos en un punto toca la cuestión en debate, cuando dice: “Lo que quiere la clase media es que no se toquen sus intereses de clase subexplotadora. Como lo hagan le chupa un huevo en la medida que sea a costa de los explotados. Hasta ahora, no está a la derecha del gobierno, tampoco a su izquierda, ni dando muestras de virar hacia la izquierda, aunque sea ‘a nivel de gobierno'”.
    Aquí usted caracteriza, sin más, a la clase media de conjunto como “subexplotadora”. Esto es: como beneficiándose del trabajo obrero no remunerado. Cómo encaja ahí a los docentes, los médicos, profesionales en general y pequeños cuentapropistas, no tengo idea (y tampoco usted, evidentemente). Aún si la clase media obtuviera su remuneración a cambio del gasto de una porción de la plusvalía y no del gasto del salario, ello no la convertiría en (sub)explotadora, al menos no de conjunto. Tampoco lo haría el hecho de que una fracción más o menos significativa de la clase media pudiera engancharse como furgón de cola de los negocios capitalistas, como sucedió en los ’90.
    Pero todo esto es un tema menor. El punto es que las clases medias no tienen tantos modos como usted supone de defender sus intereses no de clase “subexplotadora” sino de capa semiexplotada (por ejemplo, por medio de la inflación, la desvalorización de su ahorro, los tarifazos, mecanismos todos ellos que transfieren valor de sus manos a las del capital). Cabe señalar, de paso, que los sectores de la clase media que pueden ser considerados explotadores (sub o no) son una reducida minoría, no dan la medida para caracterizar al conjunto (por cierto heterogéneo) de las capas medias. Estos sectores, que eventualmente podrían apoyar un programa ajustista, deben ser separados mediante una correcta intervención, de la mayoría de la clase media que será perjudicada por un ajuste.
    Si se fija mejor, una de las premisas de mi argumento es que la oposición en esta ocasión no tiene nada que ofrecer a la clase media (algo a lo que no es ajena la crisis capitalista, otra premisa de mi argumentación). Si lo tuviera, hace rato ya se habría armado una candidatura opositora “viable”.

    Entonces, a pesar de su chicanas sobre “ponerse al frente del cacerolazo para profundizarlo”, es usted el inconsecuente ya que su postura implica que la clase media debe ser combatida -y no ganada- por la izquierda (obviamente, no sin delimitaciones y fracturas). ¡Debería usted estar organizando piquetes obreros para reprimir caceroleros! En su caso (de usted), es irrelevante porque no pasa de verborragia individual y pasiva, en el caso del PTS, que es una fuerza política realmente existente, la cosa es más peliaguda.
    La oposición al gobierno nacional nada tiene para ofrecer a las capas medias, ésta es la razón por la que el descontento de la clase media no admite ser interpretado como una aval al programa “ajustista”. El ajuste no puede dejar intocados -como sugiere usted, sin pensarlo dos veces- los intereses de la clase media (o, al manoe su mayor parte) sino, por el contrario, los golpeará junto con los de la clase obrera.
    En fin, cuando usted caracteriza que la clase media no estaría a la derecha del gobierno -cosa que sí sostiene el PTS- de refilón está sugiriendo que la que no está a la derecha del gobierno es la oposición “ajustista” (ya que si debe identificarse con ella a la clase media, como usted hace, lo que se predique de la segunda se debe predicar de la primera). Aquí se revela otro de los ragos característicos del sectario: ecuacionar un programa de burgués “paz social” o de contemporización social con otro programa también burgués pero de ajuste, tarifazos, etc. Nadie está a la derecha de nadie (y uno sabe cómo debe continuar su argumento: quien crea que, de dos alternativas burguesas, una está a la derecha de la otra, para ser c onsecuente debe apoyar a la primera contra la segunda” y toda la seguidilla de sonceras que usted nos acostumbó a leer).
    Insisto: hay algo que está a la derecha del gobierno, es la oposición. Pero ello no autoriza a caracterizar a las capas medias que expresaron su descontento concurriendo al cacerolazo fogoneado por esa misma oposición, como instalados a la derecha (esto es: apoyando con las cuatro patas el programa ajustista).
    Por más vueltas que le dé, y por más chicanas y pirotecnia verbal que gaste, ni siquiera ha rozado lo central del argumento que pretende descalificar.

  16. AP dice:

    Ante todo, quería agradecer a los anfitriones de este blog el espacio que me han gentilmente concedido. Dado que la polémica con el compañero Argo, en mi opinión ya se estira demasiado, hago el esfuerzo de acercar unas postreras observaciones, que espero cuenten con la dispensa de los lectores. El compañero Martín se ha empeñado en negar sus propios dichos, respecto de que la clase media, pese a responder al llamado de la derecha, está virando hacia la izquierda. Su respuesta ha sido pasar por encima de la crítica sin contestarla. Sobre este criterio y especialmente acerca del procedimiento polémico, que los lectores saquen sus propias conclusiones. Repetidamente, le he marcado al compañero, que no se construyen ‘caracterizaciones’ a la medida de los propios deseos e intereses, especialmente de tipo electoral, sino, en base a un criterio que abarca dirección, programa-expresado en consignas- y composición social mayoritaria. Sobre esto, el compañero ha señalado el carácter ‘popular’ espontáneo y masivo de la movilización de la clase media (la dirección no existe) y ha planteado que sus reivindicaciones son incompatibles con el programa de la oposición burguesa. Sobre el electoralismo que impregna el planteo de la corriente con que simpatiza, no ha dicho palabra. Que los lectores saquen sus propias conclusiones. Sobre la crítica acerca de que si la clase media constituye una fuerza popular que vira hacia la izquierda (lo que se expresa en la ruptura con el gobierno -sic-) debería apoyarla activamente, responde que si se la caracteriza como expresión de derecha, habría que haberla combatido como si fuera el fascismo en marcha, cuando nadie la ha equiparado con el fascismo y solo se ha dicho que no se debía participar de una movilización, precisamente, por que no representa ningún corrimiento a izquierda. Sobre este típico recurso de embrollón, que los lectores se formen su opinión. En su última respuesta aporta algunas novedades desconcertantes. Docentes, médicos del hospital público, cuentapropistas pobres, no son parte de la clase media. ¡Chocolate por la noticia¡ Dejando de lado que la totalidad de la docencia pública y privada, son trabajadores asalariados improductivos y productivos respectivamente, con independencia de como los califique la sociedad, como se piensen a si mismos o como los defina el compañero Martín, que gran parte de los médicos son asalariados tanto en el sector público como privado y que los cuentapropistas pobres son en realidad desocupados que viven de la venta ocasional de servicios, lo importante es que, aún si hubieran sido la mayoría -que no lo fueron- salvo algunas voces esporádicas sobre el 82%, no levantaron consignas que fueran representativas de los intereses obreros, por lo que fungieron como furgón de cola de el imponente estrato ‘subexplotador’ que puso la impronta. Con su criterio, Martín, de masiva presencia obrera + 82% y ‘otras’ no se porqué usted habla de movilización de las capas medias. Tendría que afirmar que el 8N fue una movilización obrera y popular. Decir que buena parte de la clase media (que en realidad es clase trabajadora) es ‘semiexplotada’ por el hecho de ser esquilmada por la gran burguesía y su estado a través de los impuestos, la inflación, el cepo monetario, es desvirtuar el concepto de explotación, lo que, incluso, sobre la base del mismo error, puede hacerse extensivo a la clase media explotadora. Decir que la oposición no tiene nada que ofrecer a la clase media -si no ya lo hubiera hecho- es una imprudencia sin parangón. De ser así, no habría más que esperar un vuelco ineluctable hacia la izquierda. Por supuesto. Martín no reclama esperar pasivamente, sino una política ‘activa’ hacia la clase media, aunque no termina de definirla nunca. Mientras no lo haga, estamos autorizados a pensar que se trata de demagogia electoralera para meter un par de diputados y engordar el aparato con las miras puestas en, algún día, sentar las posaderas de la izquierda en el sillón de Rivadavia. En su respuesta, el compañero Martín me acusa sin conocerme de ‘verborragia individual y pasiva’ a diferencia del PTS que si es una fuerza política realmente existente. Subyace la calificación de un argumento en razón del aparato que lo respalde, a lo que podría agregarse el nivel de activismo o la pertenencia a la clase obrera, maniobra típica de todas las sectas burocráticas en que al que tiene una diferencia, se le pregunta cuantos tiene detrás, cuanto milita o cual es su condición social, como paso previo a rajarlo, si es un militante de la secta, después de vituperarlo como ‘enemigo del partido’ y en el peor de los casos, cagarlo a palos con la GPU ‘trostkista’, procedimiento, alentado por una burocracia infatuada que hace décadas vive de la renta. Después de todo, las diferencias ‘peliagudas’ que atañen a los partidos, se arreglan a la hora de sentarse a negociar las candidaturas o el reparto de cargos. Otra novedad es la de la derecha ‘ajustista’ frente a la cual el gobierno sería (Una izquierda? Un centro? La izquierda de la derecha?) de ‘paz social’ y ‘contemporización’. Bonita forma de llamarle.
    Compañero Martín. Si lo que usted quiere decir es que la ‘clase media’ no es una masa reaccionaria, y es susceptible a que sus estratos más bajos puedan ser ganados mediante una política proletaria consecuente, no cabe la menor duda. Esto no significa que en la composición de tiempo y lugar que tenemos bajo análisis, de conjunto o sectorialmente, la clase media se esté polarizando a la izquierda, sus demandas no puedan ser satisfechas por la burguesía a expensas de la clase obrera o que tener política para ganarla a la revolución pase por un mensaje edulcorado que tribute a la acumulación electoral. De más está decir que los tantos ya están claros y otro intercambio sería redundante. Por supuesto imagino que seguirá sacando conejos de la galera. Un buen charlatán, tiene siempre la última palabra.

  17. Martin Argo dice:

    Después de haber malentendido la mitad de lo que escribí en tantos posts, y de haber desfigurado deliberadamente la otra mitad, a su retorcida manera (sectaria, izquierdista, etc.) parece que usted va a empezando a comprender algo del asunto.
    Su discusión sobre el “electoralismo de la izquierda” dice más sobre usted mismo -como si uno no supiera ya suficiente- que sobre el tema de debate, sin mencionar que contiene un ataque oblicuo al propio PTS, cuyas posiciones -y no las de usted- eran las que yo estaba sometiendo a discusión. No deberia extrañarle, pues, que yo no le haya concedido ninguna atencion en este punto.
    Que la mayor parte de los caceroleros son asalariados o cuentapropistas independientes (el “pobres” salió de su galera), con intereses materiales afines a los de la clase obrera (e incluso dependientes de la legislacion obrera) es algo que hice notar desde mis primeras intervenciones, que a causa de su afan polemico evidentemente usted no leyo con la debida atencion. Si al médico o al ingeniero, etc. debemos considerarlos obreros -como señala usted- por ser asalariados, en este contexto es una discusión bastante banal, como si lo importante fuera la definición teórica más justa, y no quién concurrió realmente al cacerolazo. Para aliviar sus fatigadas neuronas de tanto esfuerzo “teorizador”, le recuerdo que tanto Lenin como muchos de sus herederos consideraron pequeño burguesa (un sinonimo aproximado de “clase media”) ni mas ni menos que a la fraccion mas acomodada de la clase asalariada por antonomasia, el proletariado industrial, la famosa “aristocracia obrera”. Le recuerdo tambien que la transformacion de las clases medias en el transcurso del siglo pasado, de pequeño-propietarias a profesionales, es quizas la mas notable y abarcante de sus caracteristicas.
    Felicitaciones y siga así, que en una década o dos quizas llegue a buen puerto. No va a servir para mucho, porque la política militante debe procesarse en tiempo real, pero peor es nada.

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