Trotsky, Gramsci y el caso argentino

| 27 noviembre, 2012 | Comentarios (0)

Pensando un poco sobre lo que escribe Fernando en este post, surgen algunos comentarios posibles para continuar la reflexión.

-El “marxismo de la defensiva” al que hace alusión FR en referencia a Gramsci es, teniendo en cuenta el caso  argentino, algo más. Lo que en cierto modo ha servido (y puede servir desde otro ángulo con el cambio de situación política) de la “caja de herramientas” gramsciana para entender la realidad nacional del 2001 para acá es, más que su hincapié en el carácter gradual de ciertos cambios en situaciones de estabilidad, su puesta en relieve de los contornos de la crisis del Estado que no deviene revolución (crisis orgánica), los realineamientos que ésta provoca en las relaciones entre partidos políticos y masas urbanas (crisis del partido radical) y los mecanismos de recomposición de la autoridad estatal, que en el caso que nos ocupa, constituyen una caricatura de lo que Gramsci llamaba “revolución pasiva” (revolución-restauración en la que sólo el segundo momento es válido). Para resumir, hay en Gramsci un marxismo de la defensiva como un “marxismo de la revolución pasiva”, aunque la tendencia a ver “revoluciones pasivas” a escala más o menos global impactó en sus hipótesis sobre estado y revolución en Occidente, haciendo más estático y binario el esquema oriente/occidente, como planteamos por acá.

-El marxismo “de la ofensiva” de Lenin y Trotsky (además de incluir obviamente la cuestión de la defensiva, en una estrategia que articula defensiva y ofensiva), contiene en el caso de Trotsky toda una serie de reflexiones acerca de cómo orientar la lucha de clases del proletariado en situaciones de predominio del reformismo, pero de radicalización creciente del movimiento obrero, con intervención de los grandes sindicatos a escala nacional, durante los años ’30. En este sentido, el Trotsky estratega no es solamente un crítico de los errores garrafales de la Tercera Internacional, una vez que estos ya ocurrieron, sino un político proletario que se propone intervenir de todas las maneras posibles en los escenarios de las huelgas generales, huelgas de brazos caídos, movilizaciones políticas de los sindicatos contra la crisis económica, etc, buscando desarrollar una estrategia concreta que se resume en cierto modo en el slogan “del plan de la CGT a la conquista del poder” (y esto no debe interpretarse como consigna para aplicar en seco en el presente sino como un rescate de la lógica política que busca articular peso social de la clase obrera y salida política revolucionaria, intervención de los sindicatos y construcción de una organización bolchevique-leninista), mediante artículos, cartas, conversaciones con integrantes de la IV Internacional, que constituyen el “contexto de descubrimiento” de lo que sería posteriormente el Programa de Transición. La reflexión de Trotsky, plasmada en las intervenciones mencionadas, busca dar una respuesta a la contradicción entre las luchas obreras del período y su expresión política (canalizada por la socialdemocracia, el stalinismo o el partido demócrata yanqui).

-Sobre el caso argentino. El punto es cómo se articulan los tiempos de la crisis económica, los de la crisis política y los del desarrollo del movimiento obrero. Hasta el 54% por ciento de los votos, la recomposición del régimen coexistió con la recomposición social de la clase obrera. Desde el 20N, si bien no se ve todavía afectada la estabilidad del régimen en su conjunto, se reabre la pauta de que una nueva posible crisis de la autoridad estatal, tendrá a la clase obrera como un actor central. En ese marco, el “momento de escisión” que implica en primera instancia a la relación del movimiento obrero con el cristinismo y en la de fondo la relación entre clase obrera y peronismo (en la cual está por verse qué impacto tendrá el fin del kirchnerismo, según tenga más o menos características “catastróficas).

Las experiencias de la clase trabajadora argentina dan cuenta de los “privilegios del atraso” en el sentido de su capacidad de comprimir etapas de desarrollo político a través de experiencias explosivas, como los sucesivos ascensos y declinaciones de las corrientes previas al surgimiento del peronismo, pasando por la experiencia de la “Resistencia Peronista”, el ascenso iniciado con el Cordobazo, el clasismo, la Coordinadoras… tradiciones más fuertes que las de “parlamentarismo obrero” (digo esto, pensando en los que apuestan solamente a una buena elección del FIT en 2013).

Desde este punto de vista, un punto a favor de la izquierda revolucionaria es su ligazón directa con sectores obreros que tuvieron destacada participación en el 20N. Si bien en las condiciones de crisis económica mundial y teniendo en cuenta la experiencia histórica previa, lo más probable es que la conquista de una posición de independencia de clase no se dé en el proletariado argentino sin intervención directa de la izquierda trotskista, esto no quita que precisamente esa bandera es precondición para el desarrollo de una fuerte izquierda revolucionaria, por lo cual la consigna de un Partido de Trabajadores sin patrones cobra un peso especial para avanzar en la confluencia de la izquierda y los sectores obreros que empiezan a ponerse en movimiento.

Category: Artículos, Frente de Izquierda, Movimiento obrero, Política, Teoría marxista

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