Entrevista a Andrew Kliman – Segunda parte

| 13 marzo, 2013 | Comentarios (1)

Continuamos con la entrevista a Andrew Kliman, marxista norteamericano. Puede leerse aquí la primer parte de la entrevista.

Entrevista realizada en julio de 2012.

9 – ¿Cómo ves la situación y posición del marxismo en las ciencias sociales (y especialmente en la ciencia económica) en los EEUU? ¿La crisis económica en curso cambió algo en este campo? ¿Cuál es la situación dentro de la “economía marxista?

Nunca hubo muchos economistas marxistas radicales en los EEUU, y ahora hay muchos menos que en los años ’70. Las opiniones y teorías de los que se mantienen también se han vuelto más convencionales. Los campos como la ciencia política y la sociología han experimentado las mismas tendencias, aunque el marxismo siempre ha sido más respetable en esos campos. Pero yo tengo poco contacto con marxistas académicos de otras disciplinas. Ellos son mayormente indiferentes a la crítica de Marx a la economía política, y los académicos tienden a ser muy exclusivistas.

Durante algunas décadas, Marx fue tratado con creciente falta de respeto tanto en la academia como en los círculos políticos de la izquierda. Pero al estallar la crisis, la gente común, e incluso los economistas en cierta medida, se volvieron más abiertos a aprender qué luz podían echar las ideas de Marx sobre la crisis. La gente estaba confundida y temerosa, lo cual la volvió más abierta.

Esta era una oportunidad tremenda. Pero las principales corrientes de economistas radicales y marxistas tenían excesivamente poco que ofrecer como respuesta, porque también estaban confundidos, y especialmente porque casi todos ellos aceptan en los hechos el credo de Thatcher de que “no hay alternativa” al capitalismo. Durante el pánico de septiembre de 2008 se enfrentaron con un gran problema. No aprobaban el salvataje de las grandes instituciones financieras —pocos lo hacían— y podrían haber querido capitalizar el sentimiento populista antibancos. Pero como no tienen expectativas en el socialismo, no tenían alternativa que proponer. Entonces algunos de ellos, como el fallecido historiador Howard Zinn y el economista izquierdista Dean Baker, ¡afirmaban que no había ninguna crisis seria!

Más recientemente, economistas izquierdistas, incluyendo marxistas, han pedido más gasto público e impuestos más elevados a los ricos, para poder mantener la deuda estatal bajo control, o un capitalismo con fuerte manejo estatal como el que existe en China, o control y/o propiedad estatal de las instituciones financieras. Para muchos de ellos, el principal enemigo no es el capitalismo sino el neoliberalismo. Las afirmaciones de que la Gran Recesión es una crisis del neoliberalismo y de la financierización, más que una crisis del capitalismo, están estrechamente relacionadas con esta orientación política. Economistas marxistas como Prabhat Patnaik, Alfredo Saad-Filho, Michel Husson, y Duménil y Lévy, se han pronunciado explícitamente por una alianza policlacista contra el “capitalismo financierizado” o están a punto de hacerlo. Si uno se ha desmoralizado con respecto a cualquier autoactividad independiente de los trabajadores y campesinos, esta parece ser la mejor alternativa.

Los economistas marxistas, como disciplina académica, han estado en continua desintegración desde fines de la década de 1970 o comienzos de la de 1980. Cuando escribí Reclaiming Marx’s “Capital”—fue completado en 2006— lo hice para el futuro. Llegado a ese punto, ya no creía que hubiera una chance realista de que reviviera, en un momento cercano, un trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política. Debido a la crisis económica global, el futuro podría estar mucho más cerca de lo que esperaba. Pero sigo sin ser optimista. El marxismo académico ha girado tan a la derecha de Marx que ni siquiera la mayor crisis desde la Gran Depresión puede revertirlo. Existe cierta recuperación de los economistas izquierdistas, pero ningún retorno a Marx.

Un retorno a Marx todavía podría ocurrir, especialmente si no se produce ninguna recuperación genuina. Los jóvenes y el común de la gente podrían empezar a buscar respuestas que no encuentran en otro lado. Pero esto está lejos de estar asegurado. Un obstáculo es que las divisiones entre intelectuales y activistas han crecido de forma considerable. Otro es que hay tantas perspectivas diferentes en disputa en internet, de forma caótica, que es muy difícil saber con qué se encontrará la gente que busca respuestas.

Otro obstáculo muy importante es que, como ha habido muy poco trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política en una generación o más, los jóvenes no saben casi nada al respecto. Pero eso también era cierto a fines de los años ’60 y comienzos de los años ’70, cuando se produjo cierta revitalización. No duró, pero fue en parte por lo que probó ser un gran error: la confianza en los recursos de la academia —trabajos, estudiantes, revistas, etc.— para revivir la crítica marxista de la economía política. Los jóvenes intelectuales radicales pensaron que podían usar la academia, pero esta terminó usándolos a ellos.

Ese error puede evitarse, pero no va a ser fácil. Deben crearse lo que yo llamo “zonas intelectuales autónomas” fuera de la academia, y eso va a requerir recursos significativos. Se requiere investigación colectiva sostenida, y esto no puede lograrse con algunos pocos individuos haciendo ese trabajo en gran medida durante su tiempo libre. Los recursos necesarios probablemente tendrán que venir de grupos políticos e individuos simpatizantes, pero primero deberán ser persuadidos de que las zonas intelectuales autónomas son una prioridad.

Algo como esto existió durante la Segunda Internacional, especialmente en Alemania. No era una panacea, por supuesto —la Segunda Internacional colapsó cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. El punto es nada más que las zonas intelectuales autónomas son una posibilidad realista. No son lo único que se necesita para revivir el trabajo intelectual basado en la crítica de Marx a la economía política, pero no veo cómo puede haber una revitalización sin ellas. Las ideas no tienen alas; necesitan gente y recursos para llevarlas adelante. Así que creo que la próxima idea clave es ayudar a establecer zonas intelectuales autónomas.

10 – Hace unos años publicaste Reclaiming Marx’s Capital, en el que desarrollás el “Sistema Temporal Singular de Interpretación” (TSSI). ¿Cuáles son las principales afirmaciones del TSSI? ¿Cuál dirías que es el reto principal al cuál este enfoque responde? Y, finalmente ¿cuál te parece que es la importancia de este debate para la crítica marxista de la economía política?

El TSSI es una respuesta a las afirmaciones de que la teoría del valor de Marx, incluyendo la ley tendencial de la caída de la tasa de ganancia —que está arraigada en la teoría del valor y es el núcleo de su teoría de las crisis económicas— son internamente inconsistentes y por lo tanto lógicamente inválidas. El TSSI elimina la aparente inconsistencia en la dimensión cuantitativa de la teoría.

De acuerdo con la interpretación estándar de la teoría de Marx, la valuación ocurre “de forma simultánea” —los insumos de la producción y el producto que emerge posteriormente del proceso productivo deben tener el mismo precio o valor unitario— y los valores y precios están determinados en dos sistemas separados, uno en el que los valores de los productos dependen de los valores de los insumos y otro en el que los precios de los productos depende de los precios de los insumos. Pero de acuerdo con el TSSI, la valuación en la teoría de Marx ocurre temporalmente —en tiempo real— así que los insumos y los productos pueden tener diferentes precios y valores. Y los precios y valores están determinados de manera interdependiente -ambos dependen en parte de los insumos- aunque son distintos. Cuando los conceptos y argumentos de Marx son interpretados de acuerdo con este enfoque, son internamente consistentes.

Todo esto parece muy técnico e incomprensible, pero el punto es muy importante porque las afirmaciones de supuestas inconsistencia son muy importantes. Los argumentos internamente inconsistentes no pueden bajo ninguna posibilidad ser correctos. De forma que las teorías basadas en argumentos internamente inconsistentes no son lógicamente válidas. Incluso si todas las premisas de la teoría son ciertas, la conclusión podría ser falsa. Así que las teories basadas en argumentos internamente inconsistentes deben ser corregidas o rechazadas. De este modo, el mito de la inconsistencia sirve como la principal justificación para la supresión y “corrección” de las teorías de Marx del valor, la ganancia y las crisis económicas. Por ejemplo, solía ser casi imposible publicar trabajos que buscaran explicar fenómenos económicos sobre la base de la teoría de Marx en su forma original —simplemente serían rechazados con el fundamento de que la teoría había “probado” ser internamente inconsistente— y aún es bastante difícil.

De este modo, los esfuerzos para regresar y desarrollar más la crítica de Marx a la economía política, en su forma original, no serán exitosos mientras persista el mito de la inconsistencia. Y porque hay tantas formas distintas de “corregir” a Marx —mantener esta parte de su trabajo, revisar otra, descartar una tercera, etc.— el mito de la inconsistencia ha facilitado el desmembramiento de lo que era, originariamente, una totalidad político-económico-filosófica en una variedad de proyectos marxistas mutuamente indiferentes.

Pero al eliminar todas las aparentes inconsistencias internas, el TSSI muestra que las inconsistencias no están realmente en El capital; se producen por interpretaciones particulares tales como la que he llamado interpretación estándar. Las inconsistencias son por lo tanto inevitable, y las acusaciones de inconsistencia no están probadas. Más aún, estas afirmaciones deberían ser rechazadas porque no son plausibles. No es verosímil que una interpretación sea correcta si no logra que el texto tenga sentido al producir inconsistencias en una situación en la que pueden evitarse. Y como las acusaciones de inconsistencia están basadas en interpretaciones inverosímiles, las alegaciones son implausibles también.

Sin embargo, el TSSI sólo demuele los argumentos sobre los que se basa el mito de inconsistencia. No barrió –y no puede hacerlo- con el mito de inconsistencia en sí mismo. Ese mito persiste. De esta forma la supresión de la teoría original de Marx, y de la investigación basada en ella persiste también, como lo hace la práctica de caracterizar las alternativas a la teoría de Marx como correcciones de ella. Para demoler el mito de la inconsistencia, es necesario un esfuerzo concertado para aclarar la cuestión y para exigir retractación de aquello que han sostenido falsamente que las inconsistencias han sido probadas.

11 – ¿Cuáles son las principales objeciones contra el TSSI que han planteado los economistas neoricardianos en respuesta a tu planteo? ¿Y qué ocurrió con otros economistas marxistas?

Ha habido un montón de objeciones por parte de los sraffianos y de los marxistas fisicalistas. A los fines de responder lo más concisamente posible voy a ignorar las objeciones que se basan en interpretaciones erróneas de lo que se discute y aquellas basadas en lo que hemos mostrado que son errores matemáticos.

Algunas son objeciones a la teoría del valor de Marx cuando es interpretada de un modo que tiene sentido –esto es, como un teoría temporal y de un sistema singular. Ha habido dos objeciones centrales de este tipo. Una es que la teoría de Marx supuestamente se vuelve trivial –ya no “prove[e] un conjunto de proposiciones respecto de cómo es el mundo” (Mongiovi, Gary. 2002. Vulgar Economy in Marxian Garb: A critique of temporal single-system Marxism, Review of Radical Political Economics 34:4, p. 413)- cuando es interpretado de un modo que hace que tenga sentido. Es difícil tomarse esta objeción en serio. La ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, la conclusión de que el precio y la ganancia totales son determinadas por e igualan al valor y al plusvalor totales, y la teoría de que el plusvalor es la fuente exclusiva de la ganancia son proposiciones significativas para casi todo el mundo. Ciertamente, es en buena medida por estas proposiciones que la teoría de Marx es atacada y suprimida. Ninguna de estas proposiciones tiene sentido, todas son lógicamente inválidas, cuando Marx es interpretado como un teórico simultaneísta y de un sistema dual, pero todas tienen sentido cuando es interpretado como un temporalista de un sistema singular. La objeción es en realidad al hecho de que cuando la teoría de Marx es coherente, no es un conjunto de proposiciones sobre las cosas que los sraffianos consideran significativas –equilibrio estático de precios y equilibrio estático de la tasa de ganancia–.

La otra objeción principal de este tipo ha sido que los precios (y los valores) determinados temporalmente supuestamente involucran “regresiones infinitas”. Los precios de los insumos de un período dependen de los precios de los productos del período precedente, que a su vez dependen de los precios de los insumos de ese período, etc. En última instancia, dependen de lo que eran los precios cuando ocurrió el Big Bang o lo que sea. Como no sabemos nada sobre los precios “originales”, la teoría temporalista supuestamente no puede explicar “realmente” por qué los precios están en ciertos niveles en lugar de otros.

Pero una “regresión infinita” análoga ocurre en las teorías sraffiana y marxista fisicalista. Estas teorías tratan de deducir los precios y la tasa de ganancia sobre la base de cantidades físicas de insumos y productos. Pero los insumos físicos de un período dependen de los productos físicos del período previo, que a su vez dependen de los insumos físicos de ese período, etc. En última instancia, dependen de lo que eran los insumos cuando ocurrió el Big Bang. Como no sabemos nada sobre los insumos físicos “originales” las teories sraffiana y marxista fiscalista no pueden explicar “realmente” por qué las cantidades físicas están en ciertos niveles en lugar de otros, y por lo tanto no pueden deducir “realmente” los precios y la tasa de ganancia.

Esta es una objeción ridícula, pero no es más ridícula que la que ellos plantean. Es ridícula porque sus teorías no tratan de deducir los precios y la tasa de ganancia “como tales”; intentan deducir los precios y la tasa de ganancia sobre la base de las cantidades físicas dadas hoy. Su objeción es igualmente ridícula porque la teoría de Marx no intenta explicar los precios y valores de la producción “como tales”; trata de explicarlos sobre la base de precios de insumos y valores ahora. Todas las teorías temporales son así. Por ejemplo, las leyes de Kepler del movimiento planetario no predicen la posición del planeta “como tal” predicen la posición futura del planeta dada su posición hoy.

También ha habido objeciones de que el TSSI no es una interpretación exegéticamente correcta de la teoría de Marx. La principal objeción de este tipo se refiere al hecho de que el TSSI implica que lo que Marx llamaba “precios de producción” –los precios que existirían si las tasas de ganancia fueran iguales en toda la economía– no son precios de producción en un equilibrio estático. Y esto implica que la tasa de ganancia hipotéticamente igualada tampoco es una tasa de en un equilibrio estático. Pero los sraffianos y algunos otros han sostenido que cuando Marx discutía los precios de producción y la tasa de ganancia hipotéticamente ecualizada, se estaba refiriendo a magnitudes en equilibrio estático.

Sin embargo, no han logrado ofrecer ninguna evidencia textual en apoyo a este planteo. En los pasajes que cita, Marx escribe que los precios efectivos en un ambiente competitivo tienden a fluctuar alrededor de los precios de producción, y que las tasas efectivas de ganancia tienden a fluctuar alrededor de la ganancia promedio. Por lo tanto los precios de producción son precios promedio y la tasa general de ganancia es la tasa promedio. Son diferentes conceptualmente, y también difieren cuantitativamente con frecuencia, muchas veces en gran medida. Por ejemplo, como señaló Alan Freeman, “el comportamiento promedio de una tabla de surf empujada por una ola es muy distinto del comportamiento de la misma tabla en un mar calmo” (Freeman, Alan. 1984. The Logic of the Transformation Problem. En Mandel, Ernest and Alan Freeman (eds.), Ricardo, Marx and Sraffa: The Langston memorial volume, Londres, Verso, p. 232), es decir, lo que habría sido su comportamiento en un ambiente de equilibrio estático.

Ha habido otras objeciones de ambos tipos, pero creo que estas han sido las más importantes —si usamos el término “importante” para significar las más comunes. Yo no creo que estas, ni ninguna otra de las objeciones provenientes de los sraffianos y los marxistas fisicalistas sean intelectualmente serias.

La única objeción que considero intelectualmente seria es una presentada por Changkeun Kim en 2010 (“The Recent Controversy on Marx’s Value Theory: A Critical Assessment,” Marxism 21 vol. 7, no. 2, Summer 2010, http://nongae.gsnu.ac.kr/~issmarx/eng/article/18/18_kim.pdf). Él sostuvo que el TSSI parece ser culpable de un razonamiento circular, porque los precios parecen estar determinados en parte por la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT), mientras que el MELT a su vez está determinado parcialmente por los precios. Alan Freeman y yo nos tomamos este asunto muy seriamente y le respondimos extensamente (Alan Freeman y Andrew Kliman, “A Welcome Step in a Useful Direction: A Response to Changkeun Kim,” Marxism 21 vol. 8, no. 2, Summer 2011, http://nongae.gsnu.ac.kr/~issmarx/eng/article/22/Freeman&Kliman22.pdf).

La versión corta de nuestra respuesta es que el TSSI no es culpable de razonamiento circular porque ni siquiera se refiere a la cuestión de si los precios determinan el MELT o el MELT determina los precios. El TSSI es una interpretación exegética de la teoría del valor de Marx. Como su teoría no se refiere a esta cuestión —se mete con ella, pero en lo que podría llamarse su teoría monetaria, no su teoría del valor- tampoco lo hace el TSSI.

En realidad, yo creo que el silencio del TSSI en esta cuestión, y no su circularidad, es la cuestión subyacente que atribuló a Kim. Él quiere una teoría de cómo se determina el precio nominal del producto. También Freeman y yo, al igual que Marx. Así que Freeman y yo desarrollamos una posición sobre esta cuestión en nuestra respuesta a Kim, en la que afirmamos que los cambios en el precio nominal del producto conducen a cambios en el MELT, no a la inversa. Pero esta es nuestra opinión personal, no “la del TSSI”. No puede haber una “opinión del TSSI” porque éste es solo una interpretación de aspectos de la teoría del valor de Marx, y este tema no está, estrictamente hablando, en la teoría del valor.


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Category: Artículos, Ideas y debates, Teoría marxista

Comments (1)

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  1. Fabio Díaz Bríñez dice:

    Excelente.
    Aquí, desde Colombia, un grupo de estudiantes y estudiosos de Marx,hemos debatido algunos comentarios de economistas sobre la “inaplicación de la ley de la teoría del valor” para obtener los precios y también sobre la inconsistencia de de la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia y hemos llegado a la conclusión de que estudiada desde la unidad de producción temporal no hay inconsistencias, pero aquí carecemos de estudiosos e investigadores que con estadísticas y datos a la mano puedan brindar controversias y discusiones no especulativas sobre el asunto.El estudio del profesor Klim abre un camino consistente para continuar estudiando. Racias

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