Hegemonía, igualitarismo democrático y anticapitalismo (una respuesta a Fernando Aiziczon)

| 20 marzo, 2013 | Comentarios (1)

Por Juan Dal Maso y Fernando Rosso

Publicado en el blog Las ideas no caen del cielo.

Ver post anterior de Juan Dal Maso y Fernando Rosso y respuesta anterior de Fernando Aiczinzon.

Ver posterior respuesta de Fernando Aiczinzon y opinión de Octavio Crivaro.

El sentido común con el que dialoga Bensaïd en su artículo “Frente Único y Hegemonía” es del de una sumatoria de movimientos sociales que luchan por ampliar distintos derechos en el marco de la democracia. Idea que es congruente con distintas propuestas de “llevar la democracia hasta el final” que a su vez tienen complemento en una teoría de un estado postcapitalista “combinado”: soviets como organismo de democracia proletaria y asamblea nacional basada en el sufragio universal como institución de la democracia ciudadana. Y, como consecuencia lógica, un partido que diluye o cambia su carácter proletario y se transforma en una suma de movimientos.

Y esto tiene relación con  lo que dice Fernando Aiziczon (FA) en su artículo “Los problemas de la intuición hegemónica”, sobre el asunto de cómo articular una política que dialogue con los movimientos realmente existentes y a su vez vaya en el sentido de la hegemonía obrera. Él parecería afirmar: “está bien la discusión teórica y la lucha por mantener un punto de vista correcto en clave de la tradición clásica, pero el problema es cómo se logra articular una política hegemónica en la realidad. En ese sentido, las ‘recaídas’ de Bensaïd en una posición contraria a la hegemonía de la clase obrera son expresión de las dificultades para la constitución de esa hegemonía, aún más desde el punto de vista de las prácticas de la izquierda”.

Una primera respuesta a las preguntas que retóricamente se (y nos) hace FA es que el abandono de la perspectiva de la “hegemonía obrera” en Bensaid (y tantos otros) no se debe al desconocimiento como afirma correctamente, sino a la adaptación (es decir a empezar a considerar relativamente inmodificables) a las condiciones derivadas de las derrotas de la clase obrera durante el período llamado “neo-liberal” y a una realidad que, efectivamente, puso en cuestión para el sentido común la potencialidad hegemónica de la clase obrera. El posmodernisimo con sus alas derechas e izquierdas (Negri, Holloway) fue la expresión ideológica de estos años de reacción, y ese fue el contexto aparente de la “inevitable tentación del atajo”.

Hay formas varias de seguir la discusión, empezando por plantear que, desde el punto de vista práctico, la lucha por una política “hegemónica” tiene el rol de contrapesar las presiones derivadas de una inserción creciente en un movimiento obrero que todavía tiene prácticas en las que predomina el sindicalismo, es decir que las experiencias tendientes a desarrollar políticas “hegemónicas” son todavía preparatorias, a escala limitada y todavía no mueven fuerzas sociales significativas (como fue, para poner un ejemplo conocido por FA, la alianza entre el SOECN y el MTD en los momentos más duros de la lucha de Zanon).

Una tarea preparatoria de actualidad es  la lucha por la “educación” de la vanguardia de la clase obrera con políticas de perspectiva “hegemónica”. Por eso, por ejemplo, el desarrollo de agrupaciones o movimientos de mujeres no tiene un mero interés táctico para el crecimiento cuantitativo del partido, sino un interés más estratégico para “moldear a la vanguardia” (y moldearnos nosotros mismos por aquello de que “el educador merece ser educado”) no sólo en la intuición, sino en la necesidad estratégica de la hegemonía, es decir, contienen un aspecto cualitativo. E inversamente imponen combatir en los movimientos por fracciones que comprendan que su emancipación “hasta el final” y el fin de los agravios que sufren es imposible bajo el reinado del Capital, al que sólo un sujeto (que no es supuesto, sino real) puede destruir desde sus cimientos. Y lo mismo puede afirmarse de los movimientos ecologistas, o simplemente aquellos que reclaman una democracia más generosa o se manifiestan contra la “burocratización creciente de la democracia”.

Un ejemplo “práctico”: las demandas democrático-radicales

Una de las cuestiones a tratar desde el punto de vista teórico para responder a la indagación de FA, es la relación entre las demandas democráticas en el programa marxista y la perspectiva socialista; y cómo se podrían articular en clave “hegemónica” (es decir que permitan a la clase obrera conquistar la “jefatura” de los demás sectores oprimidos de la sociedad).

En general, las corrientes que buscan articular “democracia” y “socialismo” (las comillas van porque así planteadas son dos grandes abstracciones en las que entra de todo), hacen especial hincapié en la institución del sufragio. Como el sufragio garantiza una igualdad formal, su incorporación a una “democracia socialista”, sería la forma de tener una representación más amplia que la de una democracia estrictamente basada en soviets, más fácilmente manipulable hacia el totalitarismo. Desde esta perspectiva, la “profundización de la democracia” va de la mano con la lucha por el socialismo y resulta premisa ineludible de esta última.

Mucho menos tenida en cuenta es la relación entre el igualitarismo democrático y la lucha por el socialismo. Nos referimos a las demandas y consignas que hizo propias la Comuna de París, que provenían del jacobinismo y son la clave de una democracia más generosa: que todos los cargos públicos tengan la misma remuneración de un obrero o una maestra, que sean revocables, que se haga una cámara única de representantes que tome las funciones legislativas y ejecutivas y se termine la institución presidencial, que los jueces sean elegidos por el pueblo, entre otras. Este programa fue rescatado por Lenin en El Estado y la Revolución, en que el Estado-Comuna se complementaba con los soviets para generar una teoría del Estado proletario y su institucionalidad opuesta por el vértice a la de la democracia burguesa. A tal punto fue la importancia que le dio Lenin a estas consignas, que consideraba que significaban un “viraje” de la democracia burguesa a la democracia proletaria.

Dice Lenin, “En este sentido, es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del “salario de un obrero “. Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la democracia de las clases oprimidas, del Estado como “fuerza especial ” para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente –tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado– en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido! (el resaltado es nuestro)

En el mundo actual, la degradación de la democracia burguesa, en la que incluso muchas veces ni siquiera se respetan los resultados obtenidos en el propio sistema organizado por el Estado, hace que los fenómenos políticos predominantes a nivel internacional tomen de algún modo este problema, planteando la cuestión de que la casta política al servicio de la clase dominante no representa a las mayorías: los indignados en el Estado Español, el “yo soy 132” mexicano, o el mismo “que se vayan todos” argentino. La extensión de las democracias a nivel planetario (las causas de este fenómeno merecen otra discusión), junto con el “neoliberalismo”, ha generado un sentido común de que es el único sistema posible, pero a su vez un gran desprestigio de sus principales instituciones, en menor medida del sufragio, pero incluso con expresiones que cuestionan que el sufragio sea el único modo de intervención de las masas en la vida política, como las antes mencionadas.

En este marco, las consignas “democrático-radicales” de la Comuna, aunque se mantengan en el estricto terreno de las formas políticas, tienden a tener un valor más cercano al rechazo al capitalismo o mejor dicho, al cuestionar la forma en que la burguesía extendió su dominación durante los años de restauración burguesa (democracias degradadas bajo el neoliberalismo), plantea una posible continuidad entre el igualitarismo de las consignas democrático radicales y la posición de clase del marxismo, que va del cuestionamiento de la casta que administra el sistema a las relaciones que componen el sistema mismo. En este sentido adoptan un carácter “transitorio”. renuevan su fuerza vital en el mundo actual y permiten el desarrollo de una política “hegemónica” desde la clase obrera hacia el resto de los sectores oprimidos que cuestionan sus formas políticas de dominio degradadas.  Facilitan en el combate práctico la tarea de develar las relaciones entre estos “límites” de la democracia burguesa y los fundamentos económicos y las necesidades de la dominación de clase, es decir, habilitan o allanan el camino la compresión en las masas que tienen aspiraciones del tipo “gobierno barato” y que esta resolución está totalmente ligada a la “expropiación de los expropiadores”.

Reafirma Lenin “La completa elegibilidad y la amovibilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su sueldo a los límites del “salario corriente de un obrero”: estas medidas democráticas, sencillas y ‘evidentes por sí mismas’, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo”.

El proyecto de Ley presentado por Raúl Godoy en Neuquén para que los diputados y funcionarios ganen lo mismo que una maestra, ligado directamente con la durísima lucha que llevan adelante las/os trabajadoras/es de la educación neuquinos, es un ejemplo de cómo, partiendo de la tradición marxista clásica, pueden realizarse experiencias que a su vez planteen la necesidad de nuevas reflexiones acerca de cómo se articula una política hegemónica, en este caso, ligando el igualitarismo democrático, la lucha de clases y el cuestionamiento del régimen político que está al servicio de las relaciones de explotación. Y no es, como muchas veces se dice, una “excepcionalidad neuquina”, sino producto de una práctica política que parte de las premisas de la realidad pero para incidir en ella de forma revolucionaria.

JDM/FR

Publicado en el blog Las ideas no caen del cielo el 20/03/2013

Category: Artículos, Ideas y debates, Movimiento obrero, Mujer, Política, Teoría marxista

Comments (1)

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  1. EM dice:

    Muy acertado el planteo. Creo que actualmente distintos procesos que se están dando en el epicentro de los sucesos actualmente más dramáticos de la crisis, la UE, muestra la importancia de las consignas democrático-radiclaes y su articulación en el programa marxista para conquistar lograr la alianza obrera y popular. Ya desde antes de la crisis se había expresado un extendido malestar de amplios sectores respecto de la arquitectura institucional de la UE (que se puso en evidencia con los rechazos que tuvo la Constitución de la Unión en donde fue sometida a plesbicito). Pero con la crisis, que expuso de manera más flagrande aún que las deciciones que toman las autoridades en la Europa del capital están a resguardo de cualquier escrutinio pupular gracias a la complejidad y oscuridad de los mecanismos decisorios, ha transformado el malestar en un agudo y extendido rechazo. Creo que hasta ahora la recheda anti-UE ha captado más agudamente esta tendencia y ha dado una respuesta nacionalista y xenófoba articulada con un decidido rechazo al “recorte de soberanía” que implican las instituciones de la UE, y eso se reflejó en el ascenso electoral de Le Pen en Francia y Amanecer Dorado en Grecia (por solo mencionar algunos ejemplos).
    Por otro lado, en Italia, el Movimiento 5 Estrellas impulsado por Beppe Grillo atrajo un formidable caudal electoral denunciando a los privilegios de la casta política, en una elección que también se puso en evidencia el rechazo a los lineamietnos centrales de la UE con la estrepitosa derrota que sufrió Monti. El M5E, que podríamos calificar de “populista”, canaliza el descontento hacia una denuncia del régimen, y propone algunas iniciativas de reforma política y austeridad de los funcionarios, pero desligadas de un cuestionamiento a las bases sociales del régimen. En este panorama, es central como plantean la articulación de las demandas y consignas del igualitarismo democrático en la perspectiva obrera y socialista, en pos de poner de relieve la impotencia de estos planteos, así como los del reformismo del Front de Gauche Melenchón en Francia, apuntanto a develar y atacar las raíces profundas (asentadas en las relaciones de clase) de los “límites” de la democracia burguesa y el carácter necesario de su degradación también en los países más ricos, vinculado a la ofensiva capitalista durante los tiempos de restauración burguesa.

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