El 24 de marzo, la vuelta de Horacio y el cierre de los ‘70

| 25 Marzo, 2013 | Comentarios (1)


Hay que decirlo. Entre las toneladas de tinta volcadas a la operación “mutación de Bergoglio en Francisco” una cosa buena nos trajo el Papa: el retorno de un Horacio González filoso, que hace años venía aplastado por la mediocridad que le imponía su opción de defensa sin límites del modelo kirchnerista. Volvió Horacio, dando clase de jesuitas, guardia de hierro, orden militar y ¡ay!, en ese baile de cultura, lo dijo: Bergoglio viene a cerrar la disputa de los ‘70. Y precisó: “querella entre los sacerdotes tercermundistas que hacían ‘la opción por los pobres’ y la idea de controlar la pobreza con el ingenio militante propio del jesuitismo conservador”.
Ayer, mientras marchaba en la columna del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, mientras algunos “encamisados” con la casaca de La Cámpora, gritaban que la plaza era de ellos, no podía dejar de pensar en Horacio González y su definición de Bergoglio como clausura (¿habrá estado González en la plaza bergogliana?).
Ayer no se disputó solamente diversas (y en buena medida opuestas) interpretaciones sobre los ‘70, la dictadura militar y su herencia en el presente. Las dos marchas no fueron, solamente, la lucha política entre los DDHH de cuadros descolgados, algunos genocidas juzgados y una mirada cínica sobre un presente de leyes antiterroristas, versus los DDHH de la apertura de los archivos de la dictadura, de la búsqueda de Jorge Julio López, de la denuncia de Proyecto X. Ayer, por primera vez desde el kirchnerismo, se disputó la diferencia entre el comienzo del cierre del debate de la dictadura o su continuidad. Y no es pequeña la diferencia. El kirchnerismo ya no propone una versión de los ‘70 repleta de contradicciones y agujeros negros. Propone que empecemos a cerrar el debate. El primer acto de ese cierre fue el beso de Cristina con el Papa y la brutal campaña del cristinismo contra las acusaciones de complicidad de la iglesia con la dictadura que no apuntan sólo a Bergoglio y los curas jesuitas, sino a la bendición que legitimó el genocidio. El segundo, fue el penoso silencio de Estela de Carlotto ayer en la plaza, que no dijo una palabra sobre la Iglesia cómplice, allí, a metros de la catedral, donde aún estaban húmedos los ramos de olivo bendecidos por el mismo agua que absolvió picanas y vuelos de la muerte. No es casual que ayer hayan estado en la cabecera del EMVJ, Mirta Baravalle y María del Rosario Cerrutti, de las primeras madres que salieron a luchar junto a Azucena Villaflor. Fueron a decir, con la legitimidad que da la lucha, “No. El debate no se cierra de la mano de Bergoglio”.
¿Pero sobre qué se erige el discurso de la clausura? En Bergoglio, como dijo lúcido González, sobre los pobres. No en términos de sujetos, claro (eso podría llevar a un diálogo con el marxismo, por ejemplo, y a profesar la idea de la liberación de la pobreza). En clave de objetos de caridad. A días de la pascua, la definición es clara: la pobreza es una cruz y hay que llevarla con alegría. Ese mensaje no es sólo para el 99% de la humanidad que sufre la pobreza, sino también (y quizás sobretodo) para el 1% que la usufructúa: “no sean suicidas, la única pobreza que no deviene en odio (¿de clase?) es la pobreza contenida, vuelvan a militar por la caridad en estos tiempos de crisis”.
En Cristina, los símbolos del “operativo clausura de los ‘70” están recién configurándose. La operación no es fácil porque, en cierta forma, es una negación parcial del propio kirchnerismo. Cristina, desde la tierra, tiene que lograr que Néstor en el cielo se saque el traje de eternauta y se calce el marrón misionero de la reconciliación conservadora. La mutación no es poca, aunque tiene a favor, claro, que el ropero político de Néstor ha tenido tantos trajes como los que pueblan el vestidor de Olivos en la actualidad. Pero lo que hay que entender es que esta mutación no es del orden de la coyuntura. No es un intento electoralero de pescar votos del efecto Francisco. Es mucho más que eso. Es una mutación estratégica: el agotamiento del modelo kirchnerista (por economía y por sucesión) es también el agotamiento de reivindicación de los ‘70, de la militancia de confrontación de proyectos, del eternauta (por más degradada que haya sido la remera en relación a la historia). Si las tasas chinas permitían que se mantuviera, sin romperse, la contradicción entre la reivindicación de los ‘70 en el discurso y su negación en la realidad (contradicción que Natanson trató de resolver con el oxímoron “militancia anti poder desde el poder…”), el fin de las tasas chinas y la crisis de sucesión vuelve necesario empezar a cerrar esa contradicción. Y ese cierre requiere cerrar los ‘70. No como olvido, como proponía Menem en esa hegemonía débil sostenida en el miedo a la hiperinflación y luego, a la miseria profunda de la desocupación. Tampoco como reconciliación a secas, basada en la negación de la lucha en sí misma. Es un cierre en la aceptación de la derrota, en la determinación de un pasado que no vuelve a volver, un pasado que no quisiéramos tener. El nestornauta se terminó cuando se terminó el “nunca menos”. Ahora tiene que terminarse también en el discurso, a riesgo de que el discurso abra la brecha para una práctica que ponga el peligro el fin del “nunca menos”. A riesgo que el discurso se vuelva contra el propio proyecto político de supervivencia del kirchnerismo. Proyecto que tiene a su frente, un intento de jesuita, Alicia. Que sin haber demostrado ni astucia ni ingenio, reparte contención bergogliana a los pobres en el conurbano.
Los pobres van a seguir siendo pobres, pero contenidos, dice Bergoglio. Y Alicia reparte planes. Scioli espera su momento para ponerse la sotana misionera. ¿Qué dirá González del cierre cristinista de los ‘70?

Category: Artículos, Cultura, La escena contemporánea, Lecturas críticas, Movimiento obrero, Política

Comments (1)

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  1. Carlos dice:

    Vamos a ver que pasa en la pulseada entre los familiares de desaparecidos y movimientos DDHH que quieren esclarecimiento y justicia por la mas gigantesca operación de genocidio en Argentina y quienes usaron de manera demagogica este tema. Como pieza de ajedrez útil en la restitución del orden burgués. Esa contradicción es la que esta en juego con la operación panqueque. Probablemente veamos los limites del dogma del pragmatismo político que basa su sobrevivir político en estas no tan ingeniosas cabriolas y el fortalecimiento de los sectores independientes. El ultimo 24 de marzo todas las corrientes adheridas al MEVJ marcaron sin lugar a dudas las fronteras de la pretendida reconciliación nacional.

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