Revolución rusa y guerra civil en la poesía vanguardista soviética

| 28 junio, 2011 | Comentarios (1)

Alexander Blok.

A propósito de “Los doce” de Blok  y “La requisa nocturna” de Jlébnikov.

Trotsky, discutiendo con los futuristas rusos, decía que cuando uno se rompe un brazo, ni la piel ni los músculos se rompen siguiendo una línea única, de la misma forma, “cuando se produce una ruptura revolucionaria en la vida de las sociedades, no hay simultaneidad ni simetría en los procesos”[1]. Los dos poemas aquí analizados representan dos formas de experimentar una ruptura tal producida en Rusia  (respecto a la historia previa y la nueva situación política, y en el terreno literario, respecto a las tradiciones previas y las nuevas búsquedas poéticas). Blok y Jlébnikov no representan la misma “tendencia”[2] poética, uno identificado con el simbolismo y el otro con el  futurismo. Sin embargo, “Los Doce” y “Una requisa nocturna”, no son dos poemas estrictamente “representativos” de estas tendencias, sino que podríamos denominarlos “casos límite”[3] que demuestran la convivencia temporal y el marco común de problemas de ambas corrientes que estos autores van a intentar abarcar con diferentes propuestas, y a partir de diferentes concepciones, a lo largo de su producción.

Velimir Khlebnikov.

En ambos poemas la temática es el enfrentamiento entre “rojos” e individuos representantes de la vieja sociedad con que “arrasó” la revolución, a través de sendas recorridas de guardias rojos por la ciudad. La referencia a “lo viejo” contrapuesto a los nuevos actores en control de la situación es permanente y núcleo de contrastes de experiencias de vida y actitudes adoptadas por los personajes que pueden rastrearse en ambos poemas. Incluso el contraste se presenta como generacional: los guardias rojos son jóvenes, mientras entre los “burgueses” o “aristócratas” con que se encuentran (en el caso de Blok explícitamente señalados como burgueses, en el de Jlébnikov se deduce de los atributos de la casa en que se encuentran) siempre hay una “vieja” que suspira a Dios (en Blok:“-¡Ay, Virgen Santísima!/ -¡Ay, los bolcheviques nos llevan a la tumba!) o que no comprende la nueva situación (en Jlébnikov:“¡Pero yo soy vieja, visitante!/ Rojo, blanco, el hueso es blanco/ ¿cómo podré entenderlo?”). La “burguesía” está refugiada en su casa (Jlébnikov) o aparece furtivamente “en un cruce de calles” de la ciudad (Blok), mientras los guardias rojos son los que detentan la autoridad y dominan la situación, expresión de la situación política post-1917.

Ahora bien, la revolución es en los dos poemas caracterizada como “fuerzas elementales” desatadas, cobrándose con cierta “brutalidad” las ofensas del pasado, en ambos casos, bajo los efectos del alcohol con que las masas se entretienen y dedican a festejar su triunfo.

En el caso de Blok, la revolución es el contexto que los envuelve y explica, simbolizada en lo climático a lo largo de todo el poema. Entre otras referencias, comienza el poema con “¡Viento, viento! / Un hombre no puede sostenerse en pie”. Más adelante, para presentar a los doce guardias utiliza nuevamente el clima: “Pasea el viento, revolotea la nieve / Caminan doce hombres” y casi al finalizar, nos dirá: “Sólo la nevasca con largas carcajadas / ríe entre la nieve”.

En el caso de Jlébnikov, no será un contexto sino los guardias rojos mismos los que se identifiquen con otra fuerza natural, el mar, que en su impetuosidad y fuerza arrolladora representa la actitud de los propios guardias (entre otras identificaciones, un marinero dice: “¡Ataquen, hermanitos, ataquen hermanos!/ ¡Ey, mar, ataca! ¡Ataca como un águila!”). La elección de esta imagen es propia del futurismo, interesado en elementos  caracterizados por su dinamismo y fuerza (características por las cuales también harán hincapié en la industria y las máquinas propias del dinamismo “moderno”). Una imagen de los cambios abruptos y el “aceleramiento” del tiempo que caracteriza el dinamismo de la época estará dado en Jlébnikov por el envejecimiento instantáneo de uno de los personajes (“-El mar trae con él la nieve / en un cuarto de hora me puse canosa”). Los rojos son aquí los portadores de esta aceleración del tiempo.

Ambos episodios, reprochables según como son presentados por los narradores, se presentan en escenarios “sin testigos”, lejos de las acciones públicas y masivas de guerra civil propias de esos años. Un poco a ello responde la crítica de Trotsky[4] de que el poema de Blok no responde a una descripción de la revolución sino de eventos posibles pero en todo caso secundarios e incluso contrarios a ella, crítica que también se le podría aplicar a Jlébnikov. En el caso de Blok, sin embargo, hay cierto “pesar” en el guardia rojo luego del asesinato de Katka, y una contextualización que lo justificaría, cuando un camarada le dice “-¡Esta no es época / para andar con cuidados de niñera / vendrán los tiempos duros / para nosotros, querido camarada!”. En Jlébnikov, en cambio, parece no haber ningún tipo de remordimiento por lo actuado en los guardias, caracterizados con una prepotencia que no se doblega ni ante una imagen religiosa ni un “cachorro” lloroso. Su pintura de las fuerzas desatadas por la revolución parece ser más negativa que la adoptada por Blok.

Mientras Blok buscará dar cuenta de estos nuevos tiempos y de las posibilidades que abre este quiebre frente a la decadencia de lo “viejo”, aún con sus “desbordes”, identificando a los “rojos” como “nuevos” apóstoles y con Jesucristo a la cabeza, la revolución como forma terrenal de Apocalipsis, elemento que da cuenta del “misticismo” propio de la tradición simbolista rusa. Los personajes de Jlébnikov, en cambio, no se preocupan por sentimientos religiosos (“Otros dos tiros:/ este en el piso/ y el otro en el Dios”). Sin embargo, hay en el poema una simbología misticista. Al torrente de agua que representan los marineros, lo viejo los termina consumiendo con “fuego”, símbolo de purificación religiosa si los hay. Las posibilidades de “lo nuevo” parecen relativizadas con esta imagen final y con el comentario sardónico que cierra el poema (“La anciana (apareciendo)/ ¡Cómo le parezca!”), de parte de quien hasta ese momento debía hacer lo que a los marineros les parecía y que ahora están cercados por el fuego considerando suicidarse o sofocarse.

El vocabulario y el ritmo, utilizados de maneras distintas por el simbolismo y el futurismo, podría analizarse para marcar nuevas diferencias y puntos de contactos, pero el idioma nos impide hacerlo. Aun así, reconocemos algunas diferencias importantes entre ambos poemas. En Jlébnikov, el uso de versos mayoritariamente cortos y en su mayoría exclamativos, sin regularidad a lo largo del poema, junto con la mezcla de pensamientos e intervenciones de distintos personajes, sin cortes, dan una “velocidad” al poema que parece “precipitarse” aceleradamente hacia el final, colaborando a representar el “clima” del tema relatado, tumultuoso y acelerado. En Blok, si bien no se ciñe a una versificación única (también hay uso de exclamaciones y alternancia de versificaciones más tradicionales y otras “libres”), éstas se encuentran delimitadas en distintos “momentos” del poema de conjunto, separados como bloques por números, marcando distintos “episodios” de la historia narrada con distintos clímax.

Ambas poesías muestran, a su modo y desde sus respectivas perspectivas políticas, las transformaciones sociales y políticas que abrió la revolución y la guerra civil, y en buena medida, cómo esas transformaciones repercutieron en la búsqueda de nuevas perspectivas estéticas que dieran cuenta de lo que fue vivido, por muchos escritores de la época, como un desgarramiento.


[1] Literatura y revolución, Bs. As., Crux, 1989, p.109.

[2] Quizá en ningún otro momento y lugar como principio de siglo XX y Rusia, marcado por la revolución y por las vanguardias, es tan significativo hablar de una palabra tan cargada de significación política como “tendencias” en el terreno de la literatura.

[3] Trotsky ya había señalado que “Los doce” significaba una ruptura con la producción simbolista de Blok previa, “impresionado” por la revolución (Trotsky, op. cit.). Bogdachevsky señala, por su parte, que Jlébnikov no coincide exactamente con la tendencia futurista dado que su producción es previa, y que en todo caso está unido al futurismo por “el común deseo de acercarse al arte como la artesanía idiomática, como al oficio” y al simbolismo por considerar a la poesía “unida inseparablemente con la filosofía y la ciencia” (“En la encrucijada de ciencia y poesía”, en el “Dossier Khlebnikov” de Diario de poesía). Las diferencias son notorias particularmente en los textos teóricos o críticos del futurismo, en el marco de los planteos de toda la vanguardia hacia la tradición anterior (de ruptura tajante) y en la búsqueda en el caso de Jlébnikov de una lengua “transmental”. Sin embargo, en este poema Jlébnikov demuestra la verdad de reconocerse aún “presos” de la influencia previa (ver “Bofetada al gusto del público” en “Dossier Khlebnikov”, op. cit.).

[4] Trotsky, op. cit.

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Category: Artículos, Cultura

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