Notas breves sobre la “cuestión policial” y la izquierda

| 28 diciembre, 2013 | Comentarios (0)

Fetichismo de la forma salarial. Como definimos en el anterior post hay, claramente, una fetichización de la forma salarial por parte de amplios sectores de la izquierda, incluidos nuestros aliados en el FIT, como IS y PO. Esto es lo que lleva a buscar los medios de tener una política “práctica” e “inmediata” hacia los reclamos policiales. Pero, como afirmaba Rosa Luxemburgo, la búsqueda de resultados “prácticos inmediatos” suele llevar a abandonar el camino de la teoría marxista.

Es evidente que la extensión de la venta de la fuerza de trabajo en todo el mundo, incluso a sectores amplios de las clases medias, define la preeminencia de la forma salarial globalmente. Pero la acumulación capitalista se basó, en diversos momentos de la historia, en otras formas. Por citar sólo un ejemplo, la esclavitud jugó un rol central en el capitalismo basado en la producción de algodón, en el sur de EEUU, antes de la guerra de Secesión.

La forma salarial define un aspecto de la conformación de la clase trabajadora. Abstraerla y absolutizarla (como hace mecánicamente parte de la izquierda) conlleva a un absurdo. Siguiendo ese criterio, deberían apoyar el aumento salarial de cualquier sector, por ejemplo los aumentos que se dan diputados, senadores o demás integrantes de la casta política,  o el aumento de premios que reciben los Ceos que dirigen las grandes multinacionales. Esto es un ejemplo llevado al absurdo, pero la abstracción de un elemento dentro de la esfera económica, liquida la complejidad de las relaciones sociales que hacen al funcionamiento del capitalismo: la forma salarial encubre (o recubre) una función represiva en el caso de la policía o las fuerzas armadas. En el caso de un Ceo, la forma salarial encubre o contiene una función de mando del capital. La izquierda, bajo una lógica sindicalista, termina simplificando la realidad.

Coerción y consenso. Hemos leído en las redes sociales que si el policía es el encargado de sostener la dominación por medio de la represión, entonces el maestro es el responsable de hacerlo por medio de la ideología. Ergo, si no apoyamos el reclamo salarial de la policía, no deberíamos apoyar el reclamo salarial docente. Dialéctica, chau gracias.

La complejidad del estado capitalista está dada por la conjunción de elementos que hacen a la constitución de un orden social. Si la dominación adquiere también formas consensuales e ideológicas, es porque no puede ejercerse por la simple vía represiva. Asimismo, la educación tal como la conocemos hoy, es a la vez una necesidad para la clase dominante y una conquista para las masas explotadas que dieron grandes luchas por la gratuidad de la misma.

El estado capitalista es, a la vez, una enorme maquinaria burocrática puesta al servicio de la dominación capitalista (su comité de “asuntos comunes”) y el órgano de represión de la clase dominante sobre el conjunto de las masas pobres. El funcionamiento de la sociedad impone una serie de necesidades a la clase capitalista que hacen a la provisión o gestión de servicios de carácter público. “Además del aparato de “opresión” por excelencia -el Ejército regular, la Policía  y la burocracia- el Estado moderno tiene un aparato que está íntimamente vinculado con los bancos y los consorcios, un aparato que realiza, si vale la expresión, un vasto de trabajo de contabilidad y registro. Este aparato no puede ni debe ser destruido. Lo que hay que hacer es arrancarlo del control de los capitalistas” (Lenin, Tomo II, 274).

Es Lenin quien resalta la dualidad de las funciones del estado capitalista moderno. Dualidad entre función “puramente opresiva” y el aparato de registro y control pero del que constituye parte el sistema educativo en la actualidad (ver acá).

La labor revolucionaria supone la destrucción (o el debilitamiento constante) de la función represiva. No así de la función educativa. La lucha por demandas educativas puede incluso ser una trinchera para el desarrollo de la lucha de clases abierta, como ha ocurrido en la historia en más de una ocasión. Al mismo tiempo, los docentes, con sus peleas, han ocupado en muchas ocasiones el rol de articuladores de diversos sectores oprimidos y explotados.

Si aceptamos el formalismo (docente=policía) que proponen algunos militantes de izquierda, deberíamos plantear entonces el absurdo de la disolución del sistema educativo. Como esto liquidaría el funcionamiento de las fotocopiadoras de la FUBA, estamos seguros que no escucharemos semejante propuesta.

Cadena de mando. La izquierda ha venido insistiendo en que levantar una política hacia las fuerzas represivas permite avanzar en la ruptura de la cadena de mando. Ya hemos discutido este argumento, junto a Paula Schaller, aquí y aquí. La ruptura de la cadena de mando no tiene un carácter progresivo por sí misma.

Pero ahora se pretende contraponer la disolución de las fuerzas represivas a la ruptura de la cadena de mando. Según la izquierda sindicalista, no existen condiciones para lo primero, pero sí para lo segundo. Lamentamos informarles que no existen condiciones para ninguna de las dos cosas de manera inmediata.

Precisamente porque sin la acción revolucionaria de la clase obrera o de las masas, cualquier ruptura de la cadena de mando no puede ser más que parcial y reaccionaria, como de hecho se evidenció en los motines de este mes o en el levantamiento de gendarmes y prefectos del 2012. Una ruptura abierta de la cadena de mando tiene que estar asociada a la posibilidad real de tumbar el orden existente. Si no, cada motín policial, inevitablemente termina con un retorno a la “normalidad” de su función represiva.

Adelantaremos nuestra respuesta al (más que probable) “argumento” de que lo mismo ocurre en el caso de las huelgas, donde los trabajadores salen a luchar por reclamos parciales y luego retornan a la rutina del trabajo. Para la clase trabajadora, cada huelga es una escuela de guerra, que “enseña a los obreros a comprender cuál es la fuerza de los patrones y la de los obreros: enseña a pensar, no sólo en su patrón ni en sus camaradas más próximos, sino en todos los patrones, en toda la clase capitalista y en toda la clase obrera (…) abre los ojos, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas sino también en lo que respecta al gobierno y a las leyes” (Lenin, Tomo I, p.65-66). Por el contrario, cada motín  policial “triunfante” fortalece la autonomía de una corporación al servicio de la represión estatal.

Cierre. Como queda claro, en su afán de “tener política” hacia las fuerzas armadas, gran parte de la izquierda termina abandonando algunos postulados básicos del marxismo. Ya vimos en el pasado como la necesidad de intervenir de manera “práctica” en la realidad, llevaba a vastos sectores a apoyar las demandas de las patronales del campo.

Ahora escuchamos nuevamente la cantinela del “sectarismo” ante los fenómenos reales. Preferimos, como afirmaba Trotsky, “conservar las posiciones ideológicas”, cuestión que “ante los ojos de los mentecatos” aparece como sectarismo.

El “realismo” de cierta izquierda termina mezclando botas con mamelucos y balas con tuercas. Por suerte, amplias capas de los trabajadores y la juventud de los barrios pobres, saben perfectamente que es la policía. Sólo una izquierda bastante ajena a la lucha de clases real y a la vida de las masas obreras, puede opinar que, para los trabajadores, la policía es un aliado potencial.

Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Política

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