En la vida hay que elegir

| 11 abril, 2014 | Comentarios (4)

El parazo general, los linchamientos y qué nos pasa a los argentinos, José?

Paro contundente, ciudades vaciadas, implacables piquetes de la izquierda, minuto de gloria de la CGT opositora y silencio sepulcral de los kirchneristas. Así era el panorama en la noche del 10A, cuando Juan Carlos Schmidt (ladero de Moyano en la CGT Azopardo) nos regaló una figurita difícil para el álbum de la relación entre burocracia sindical e izquierda: el reconocimiento al crecimiento de la izquierda tanto “territorial” como en esos “lugares descuidados por las dirigencias sindicales”  que son las fábricas ¿Por qué tanta generosidad (viniendo de un sector que cuando la cosa se ponga espesa nos va a regalar una triple A)? Sin duda porque los llamados “piquetes de la izquierda” (que, en realidad, son los piquetes de una fracción del movimiento obrero que está influida por la izquierda) fueron un protagonista ineludible del paro general del 10A e hicieron notar, como dice Pagni, el “cese de actividades en numerosas plantas de la zona norte donde el trotskismo, especialmente el PTS, controla las comisiones internas”. Sin embargo, este hecho es una condición necesaria pero no suficiente para explicar tanta generosidad por parte del Sr Schmidt. De facto, el crecimiento de la izquierda en la dirección de comisiones internas se había puesto de manifiesto también en el 20N cuando la televisión amaneció con el corte de Panamericana encabezado por Kraft y otras fábricas de la zona. Y viene mostrándose desde antes a través de su interferencia en la política gremial de sindicatos como el de la Alimentación cuya lógica de negociación en las paritarias desde 2009 en adelante se explica fundamentalmente por el intento de tabicar el crecimiento de la izquierda, que ya dirige buena parte de las grandes fábricas del sector. Y también viene mostrándose entre los docentes de la provincia de Buenos Aires, donde la celeste de Baradell perdió el año pasado la mayoría de las seccionales más masivas a manos de un frente de las agrupaciones de izquierda. O sea, para cualquiera que tenga la nariz metida en la política y el mundo sindical, el avance de la izquierda es un hecho ineludible desde hace al menos cuatro años a esta parte.

Entonces qué es lo que hace que en esta oportunidad el Sr Schmidt reconozca públicamente a “los compañeros de izquierda”? Dos elementos. El primero, los 1200000 votos que sacó el FIT y que muestran una combinación peligrosa: una construcción sindical no sindicalera (o sea, que buena parte de los obreros y obreras que cortaron ayer la Pana votan al FIT) y el diálogo con sectores de las clases medias progresistas que, algunos por convicción otros por falta de una izquierda más reformista, son parte de los votantes del Frente de Izquierda. Ese 1200000 votos (que por cierto es más que lo que sacaría cualquiera de los que estuvo sentado en la conferencia de prensa de Azopardo si se presenta de candidato) es parte de lo que frena la descalificación de los piquetes (y de la izquierda que los encabeza) por parte de la cúpula de la CGT. Pero hay un segundo elemento tan importante como el anterior: la legitimidad que el paro tuvo en la amplia mayoría de los trabajadores y trabajadoras, pero también en sectores de las clases medias. Legitimación que surge, básicamente, de la trompada que significa el ajuste al poder de compra de los salarios (en un “modelo” que no ha dado muchos derechos más que el “derecho a consumir un poquito más”). Es este carácter de “paro justo (o justificado)” lo que hace que se legitime también la acción del sector más radicalizado de las direcciones del movimiento obrero. Eso explica que la propia CGT haya comenzado a la mañana con un duro discurso contra los cortes (al que se sumó el más fiel aliado de Moyano, Pablito) y, al ver la masividad del paro y el clima de aprobación social que generó, hacia la noche haya terminado “respetando la metodología de los compañeros de izquierda”. No se le puede pegar a la izquierda porque la combinación entre sus posiciones conquistadas en el movimiento obrero, sus votos conquistados en las urnas y su oposición sin ambigüedades a que la crisis la paguen los trabajadores muestran (además de una voluntad) un “clima”. El señor Schmidt sabe que tiene que dialogar con ese clima. El kirchnerismo sabe que tiene que evadir ese clima (por eso Caló no bajó a las fábricas a hacer asambleas ni Pianelli las hizo en el subte). La izquierda, concentrada en el FIT y el Encuentro Sindical y Combativo de Atlanta, debe saber que ese clima favorable se evapora si este polo de dirección del movimiento obrero no logra un doble juego: afianzar las posiciones conquistadas y conquistar nuevas; elaborar un programa que, desde estas posiciones (cuyo poder de fuego estuvo el 10A la vista de cualquiera), le presente una alternativa a la pauperización de los millones que están fuera de los sindicatos.

Y es ese clima el que se contrapone con la SRL (Sociedad Republicana de Linchadores) que los medios nos quisieron vender como temperatura media de la Argentina sólo unos días antes del paro general. SRL ante la que un progresista se pregunta ¿Por qué linchamos?, usando una primera persona del plural que resulta sorprendente dado que es casi como preguntarse ¿por qué somos de Ku klux klan? (no deja de asombrar la flexibilidad de algunos centroizquierdistas para, con excusa de la reflexión sesuda, “dialogar” con posiciones que sólo merecen el más duro combate).

En diez días vivimos brotes de facismo y un parazo general con protagonismo de la izquierda. Esto obliga a pensar las dinámicas y los tiempos. La foto social actual no es el de una sociedad polarizada entre huelguistas y linchadores. No lo es porque la crisis no tiene esa envergadura (como sí la tiene en Europa que no para parir amaneceres dorados ante una izquierda que pretende frenar el refulgir con un rosa viejo). Pero esas dos imágenes que se encontraron en este abril nos muestran las tendencias contrapuestas que el ajuste y la crisis desatan. O vas hacia la organización y la lucha para que los trabajadores, los portadores de gorrita y de moto, los petroleros de Las Heras, los indígenas de La Primavera, los que toman tierra en Lugano, y tantos otros y otras que son convocados por el kirchnerismo (y su sucesión de derecha) a pagar la crisis, tengan un plan alternativo que entusiasme a la lábil clase media; o abris el campo para que en esa clase media florezcan mil linchadores (tanto la que se acorazó en Nordelta y Palermo Hollywood, como la que, empobrecida, se resiste a la guetificación absoluta y cree que la expulsión de los “pibes chorros” es parte de esa resistencia). La contraposición entre huelguistas y linchadores, hoy en estado de embrión, es inevitable que se despliegue acorde se agrave la situación económica. Apostar hoy por un “justo medio” es una “ilusión progresista” que, más allá de las buenas intenciones, le da ventaja a los linchadores.

Espero que este domingo, José se pregunte, “Por qué paramos”.

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Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Movimiento obrero, Política

Comments (4)

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  1. robespiere dice:

    Esta muy bien,para un “primer rapaso de lo sucedido” pero para contraponer a la bander de “contra la inseguridad y el narcotráfico” , q fue una de las consignas convocantes de las cgt’s, no le contrapusieron ninguna otra concreta que mas no sea el puro “luchismo” contra el “ajuste. Falta un programa mas clara ante tanta ambiguedad .

    • Paula dice:

      Robespiere. Gracias por el comentario. El tema de la “inseguridad” yo diría que ya en su carátula está establecido como el siguiente problema: qué hacemos con los “pibes chorros”? La respuesta a esa pregunta formulada de ese modo, te lleva a discutir políticas que se mueven en el rango de más o menos represión (según sean más o menos progres los que las proponen). Yo creo que nosotros, como izquierda clasista, nos tenemos que preguntar qué hacemos con los sectores (y particularmente con los pibes jóvenes) que en esta “década ganada” no cruzaron nunca el umbral de la pobreza (porque más que hayan pegado una changa: los trabajadores pobres) porque allí está el sector más vulnerable para que la cana (la mayor banda delictiva de la historia) reclute y constituya “pibes chorros” o “pibes narcos” (como quisieron hacer con Luciano Arruga), o para que los clubes de futbol recluten barras que después alquilan las burocracias sindicales o los punteros peronistas. Para esa pregunta el propio paro del 10A mostró una suerte de programa que hay que pulir y sobretodo hay que profundizar en la práctica: varios vecinos (no laburantes de las fabricas de zona norte) del barrio LAS TUNAS (al que el municipio transformó en un pileton de inundaciones para que los ricos de los countries pudieran tener sus paredones contra la “inseguridad”) fueron al corte de Panamericana. Por qué fueron si no están organizados entre los sectores que paraban? porque la interna de Kraft, Donneley y otras de la zona fueron a llevar ayuda cuando fue la inundación haciendo propia una demanda que según el manual del sindicalista corporativo no era una demanda propia; pero también porque muchos activistas de fábrica viven en Las Tunas o tienen amigos que allí y son respetados por las luchas que dan en sus fábricas; pero también porque las comisiones de izquierda luchan (a diferencia de los Moyanos y cía) por los contratados en sus fábricas (y en Las Tunas el laburo corriente se llama “contrato”); o sea, porque hay una política expresa (discurso y acción concreta) de las internas de la zona norte que es contra el corporativismo y que los incluye como parte del mismo colectivo de clase que al laburante fabril y les propone unirse. Eso es un programa contra la “inseguridad” vista desde el punto de vista de los que son los principales utilizados por la inseguridad y de los que son los principales afectados por la inseguridad. Me parece que por ese lado hay que pulir, discutir, mejorar. Saludos, Paula

  2. ALBERTO dice:

    1 -La expresión “que ya dirige buena parte de las grandes fábricas del sector”, parece una exageración. En todo caso representan en este momento los reclamos gremiales momentanios, de all{i a que dirigan a las personas….o a las fábricas …
    2 – “respetando la metodología de los compañeros de izquierda” “posiciones conquistadas en el movimiento obrero”, es pura opinión, en tanto no se modifica esa realidad orgánica que es el Ordenamiento Jurídico,no se a revolucionado nada, caso contrario es el de la Reforma de la Ley de Quiebras – rescate de la empresa por sus Trabajadores, o las conquistas ya homologadas algunas comisiones internas como el caso de Firestone – la participación en las ganancias. En este contexto ¿cuál es el cambio conquistado en estos últimos 5 años, por parte de las batalladoras comisiones internas independientes de la burocracia?
    3 – Como puede sostenerse que el “Piquete” es una conquista de las ideas de izquierda en las prácticas gremiles, cuando la burocracia sindical las viene practicando por ejemplo en la UOCRA, para seleccionar empresarios. En el caso de la UON de Palomar (1990), para expulsar opositores mediante lo que se llama Táctica del contra fuego, ahogar el entuciasmo mediante la fabricación de un conflicto fábril que adelanta los tiempos, ventila los cambio de conciencia y termina con los activistas honestos, procesado y expulsado del empleo.
    4 – Respeto del crecimiento electoral, habra que esperar en que se transforma o modifica la realidad política, que no se la denuncia testimonial. Esta por conocerse.

    • Paula dice:

      Alberto: Gracias por el comentario. Hace un tiempo atrás cuando se armaban debates sobre el sindicalismo de base y la izquierda en el movimiento obrero en el ámbito de la academia, muchos cros de centroizquierda decían: pero le están dando mucha importancia!! en el conjunto de los trabajadores son una minoría!!! A mí me llamaba la atención ese argumento por dos motivos. El primero, porque me sorprendía hasta qué punto la “ilusión centroizquierdista” (que es hermana de la “ilusión legalista”) les impedía ver fenómenos políticos en ascenso (como el sindicalismo de izquierda) que para tipos como Julián de Diego (que no tienen ninguna ilusión de centroizquierda sino que son más bien de la escuela de Warren Buffet que dijo “estamos en una guerra de clases y vamos ganando”) eran evidentes. De 2009 (conflicto de Kraft) en adelante, los Julián de Diego se la pasan escribiendo sobre el peligro rojo que avanza en el sindicalismo y se la pasan advirtiendo que el epicentro de ese peligro se llama “zona norte”. Será que conocen bien el paño porque en ese paño se juegan, de mínima su cargo de decenas de miles de pesos, de máxima la alteración del orden que ellos consideran justo (o sea, que los laburantes laburen por dos pesos y no levanten el hocico). El segundo motivo de sorpresa ante el argumento centroizquierdista era el fundamentalismo de la “teoría de las mayorías silenciosas”. Es decir, la idea de que en el análisis de quién dirige políticamente una fábrica o un colectivo cualfuera, no importan los núcleos duros de dirigentes, no importan los activistas, no importan los militantes, no importa la lucha política de fracciones; lo que importa es “lo que piensa” el último individuo silencioso de ese colectivo (cuestión que jamás puede saberse porque es silencioso, motivo por el cual se le atribuye arbitrariamente lo que a uno se le cante. Por ejemplo: “son todos kirchneristas (???)”). Este fundamentalismo de las mayorías silenciosas tiene dos problemas: a) en términos generales niega la dinámica entre dirección, vanguardia y masas, que es una dinámica propia de la lucha de clases. Sería imposible entender El cordobazo (para mencionar un caso que seguramente nos emociona a los dos) sin esta dinámica entre dirección, vanguardias y el conjunto de la clases (y sin la lucha de orientaciones políticas que se juega en esos procesos y que también son parte de sus determinaciones). b)en términos particulares es un mal momento para usar ese argumento porque la especificidad actual es que la izquierda clasista dirige fabricas y también obtiene buenos resultados electorales (donde votan parte de las mayorías silenciosas). Con lo cual…
      Sobre Firestone no conozco lo de la ley que mencionás, lo que sí conozco es que Firestone no ha jugado ningún papel relevante en la lucha de clases en estos años ni en los procesos de organizacion antiburocrático que vienen desarrollándose. Y considero que si en la lucha de clases sos inocuo, en los tribunales estás destinado a la derrota (por más altares que le levantes al Ordenamiento Jurídico)
      Saludos

      Paula

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