El paro general en Argentina, los sindicatos, el peronismo y la izquierda

| 12 abril, 2014 | Comentarios (4)

De acuerdo con lo que dice Fernando acá y de paso agregamos o complementamos algunas cuestiones, intentando no caer en el exceso de análisis al que somos tan proclives los argentinos (aunque seamos internacionalistas):

-Queda claro el peso de los sindicatos en la vida nacional (y de paso la ridiculez de los que proponían protestas de la confitería Richmond en Plaza de Mayo, convocadas por el FIT, como si éste pudiera reemplazar las centrales obreras o los que proponían similares tertulias pero en otras plazas). No obstante esto, sigue planteada la contradicción entre el peso de los sindicatos en la estructura del peronismo y el Estado argentino y la tendencia política que predomina en los candidatos que se proponen suceder a CFK. Siendo que cualquiera de ellos, sea Massa o Scioli o Macri (no sé si lo pongo por piedad o por sarcasmo…), no tiene nada que ofrecer al movimiento obero, salvo ajuste, que hoy aparece como ajuste negociado, pero es poco probable que pueda sostenerse en esa tónica durante uno o dos mandatos más. En este contexto, si bien la burocracia sindical es un pilar del régimen político argentino y precisamente lo es por su control del movimiento obrero, lo cierto es que la perspectiva de ligarse a proyectos políticos patronales que poco y nada tienen para ofrecer, deja a Moyano (más que a Barrionuevo, que de todos modos dirige mucho menos) en una situación incómoda, sin alternativa, que es la que “sobredetermina” (como le gusta decir a los académicos) su extrema moderación (paro dominguero, discurso contra los piquetes, etc.), El otro plano de este problema, es que no hacer nada es la mejor forma de seguir dejando que la izquierda gane peso. En el fondo, el peronismo no puede resolver “históricamente” el problema del peso “excesivo” de los sindicatos sin derrotas de mayor magnitud, que van mucho más allá del ajuste “negociado”, ni la burocracia puede conseguir un vuelco en la relación de fuerzas sin dar una lucha más seria, que abre a su vez la posibilidad de distintos “desbordes” y si la clase obrera le agarra el gustito a las demostraciones de fuerza que ponen de manifiesto su enorme peso social en la Argentina, el peronismo tiene un problema.

-El peso de los sindicatos en la vida nacional, plantea que no puede pensarse ninguna estrategia para desarrollar una izquierda que talle como actor en la política nacional, por fuera del o mejor dicho eludiendo el trabajo en los sindicatos (ya que por afuera de ellos también hay muchas tareas). En ese sentido, preferimos el denominado por Perry Anderson como “el último consejo de Lenin al movimiento comunista de occidente” (lucha por el Frente Unico para ganar a la mayoría de la clase obrera, organizada en sindicatos, lo cual incluye la lucha por recuperar esas organizaciones), que el primer consejo de Morales Solá al PTS, (dedicarnos más al electoralismo y menos a la acción directa), aunque no negamos que quizás en Lichtenstein o Suiza pudiera llegar a ser un consejo realista. Curiosamente, la propuesta de que nos constituyamos como un “massismo rojo” termina uniendo al columnista de La Nación con los voceros de la Mazorca peronista….

-Se podría decir que durante el 2013 pareció predominar la tendencia a la constitución de un partido (entendido en el sentido histórico) por la vía del desarrollo parlamentario de la izquierda. Esta “hipótesis”, marginal en la historia del movimiento obrero argentino, pródigo en huelgas generales, piquetes, comisiones internas y coordinadoras, pero poco avezado en el parlamentarismo obrero, parecía aparecer con fuerza, marcando las vías de evolución de la relación entre el movimiento obrero y la izquierda. Precisamente, una de las cosas que quedó clara ayer, es que el desarrollo electoral o parlamentario es un “clavel del aire” sin el peso orgánico y el trabajo de base en los sindicatos. Y si la “crisis de autoridad” de la burocracia sindical en los gremios que llamaron a no parar y la base paró igual es una amenaza que se cierne en cierto modo sobre toda la burocracia, esto no sería posible si no existiera un trabajo sistemático de la izquierda, en particular del PTS, en el movimiento obrero y los sindicatos. No obstante esto, desde el punto de vista de las posibles vías de recomposición de la izquierda, en cierto modo todas están más o menos verdes y todas siguen abiertas (desarrollo del FIT, desarrollo del sindicalismo combativo, constitución de corrientes clasistas en los sindicatos, desarrollo de instancias de coordinación, surgimiento de tendencias a la independencia de clase, etc.), pero la contradicción entre el rol “reformista” de los sindicatos y la tendencia a la constitución de un peronismo de centroderecha ajustador, abre la perspectiva de desarrollos más amplios, donde lo electoral esté subordinado a fenómenos más profundos en el movimiento obrero.

-(Sepan disculpar la digresión…) Hace unos días le vengo dando vueltas a algunas discusiones relacionadas con los estudios gramscianos, a saber: las disímiles propuestas de cómo entender los Cuadernos de la Cárcel de Juan Carlos Portantiero y Peter Thomas. El primero dice que como Gramsci no es un profesor de ciencia politica no se puede articular ninguna lectura a partir de uno o dos conceptos, sino de una propuesta de “guerra de posiciones” como “estrategia de largo aliento para la conquista del poder”. Peter Thomas sostiene que la teoría de la hegemonía es el punto de elaboración más alto de losCuadernos y que todos los conceptos restantes como “revolución pasiva”, “guerra de posición”, “occidente y oriente” deben subordinarse a aquella. Yo creo que tiene razón Thomas, porque la reflexión de los Cuadernos se ubica más en el plano de la teoría política que en el de la estrategia, pero sobre todo porque la “guerra de posición” en la interpretación de Portantiero termina introduciendo un componente temporal (tiempos largos tendientes a infinitos) que vuelve intrascendente la lucha de clases, mientras que rescatar la teoría de la hegemonía (depurada de sus desplazamientos populistas) hace a la crítica del sindicalismo tanto como del electoralismo. Y más en general, más allá de la teoría, mucha “guerra de posición” termina en “posicionalismo” más o menos absoluto que termina siendo una mera ocupación de espacios.

Desde este punto de vista, toda conquista de posiciones en los sindicatos, los centros de estudiantes o los parlamentos, cobra sentido como parte de la lucha por que la clase obrera se constituya en sujeto y soldar en la lucha común la alianza obrero-popular con el movimiento estudiantil combativo, los movimientos de mujeres, los pueblos originarios y los pobres de las grandes barriadas. Gracias a esa práctica, ayer hubo una voz alternativa a la de la burocracia en el paro nacional más importante que se haya hecho contra un gobierno kirchnerista.

Publicado en el blog Los Galos de Asterix

Category: Artículos, Movimiento obrero, Política

Comments (4)

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  1. Fede dice:

    Siguiendo con la discusión de Gramsci: sobre el “posicionalismo”, es decir la vuelta de tuerca que le dieron para sus intereses las teorías socialdemocrátas y pacifistas sobre Antonio Gramsci, como una cuestión de ir avanzando de a poco en conquistas o parlamentarias o sindicales, o CTA Micheli o Diputados, o ambas cosas. En estos términos, la importancia que tenemos que darle nosotros a pensar como golpear de conjunto a la vanguardia y no separar por gremios la lucha contra la burocracia, y para que la vanguardia avance hacia posiciones clasistas, es la clave. La coordinación, la acción común entre internas, la pelea de conjunto por la recuperación de los sindicatos y la discusión de frente único. Es decir, retomar algunas de las lecciones claves de los 70 para enfrentar lo que se viene. Y en la discusión de partido: o partido de masas o partido de vanguardia.

  2. AP dice:

    Compañero Juan. Hacía bastante que no leía el blog y su nota me pareció por demás interesante. En primer lugar, por que busca cierto equilibrio entre la euforia que suelen desatar ciertos logros parciales y las limitaciones que estos evidencian en comparación con la magnitud de las tareas a resolver, como para que realmente pueda hablarse de una tendencia a la superación del control que sobre los trabajadores, ejercen la burocracia sindical y los partidos defensores del régimen. Esto se resume en su apreciación de que todas las vías de recomposición de la izquierda, están ‘abiertas y verdes’. Dicho esto, se imponen ciertas puntualizaciones adicionales. Cualquier lector avezado en estas lides puede discernir que la agumentación apunta por elevación a la polémica ‘Votos o construcción antiburocrática en el movimiento obrero’ en directa relación con el debate sobre prioridades PO-PTS , en el que, tangencialmente tercia el MAS. Lo que, en opinión de un observador interesado, habría que discutir antes, son los límites del parlamentarismo y de la así llamada ‘recuperación de los sindicatos’, por supuesto, partiendo de la coincidencia de que ambos son ámbitos en que puede desarrollarse una política de clase y por ende, revolucionaria, con el fin de contribuir a la formación de una vanguardia comunista significativa en la clase obrera, de la que se nutra, el factor político organizado: el o los partidos revolucionarios. No puedo desarrollar aquí toda una tesis sobre el rol del parlamentarismo en la actual etapa, pero, en resumidas cuentas y siguiendo a Lenin, la función del voto es el ‘recuento globular’, es decir, señalar cuantos ‘rojos’ hay en una sociedad determinada. Esto implica comunicar una clara alternativa revolucionaria a las masas. No un programa (y lo que es tanto o más importante) una campaña que de lugar a la ambiguedad y amplifique el impacto votante a expensas de la claridad programática. Pienso que hoy sería más fácil convertir esta influencia en organización. La táctica aplicada,en cambio, es distinta. Se busca amplificar artificialmente el radio de influencia y luego, uno se las ve en figurillas, no solo por el marcado contraste con el alcance orgánico, sino, por la imposibilidad concreta de la conversión. Personalmente, soy crítico de la táctica de ‘unidad de acción electoral’. Si varios partidos tienen tal grado de coincidencia programática que pueden efectuar una propaganda de máxima de cara a las masas, lo que se justifica es una fusión. esta táctica no tiene precedentes antes de la I.C estalinizada y viene de Dimitrov, no de Lenin y trotski. Se la aplica en cambio, para mejorar la performance electoral y evitar quedar fuera de juego, especialmente ante los embates proscriptivos del régimen. También para que esto contribuya a reforzar el financiamiento de las actividades del partido. Muy loable, pero, en definitiva, creo que, a la larga, es más lo que se pierde que lo que se gana con el procedimiento, con más razón en tanto puede estimular las tendencias electoralistas que debieran estar bien controladas. Un segundo aspecto a analizar, son los límites de la ‘recuperación sindical’. Desde el surgimiento de los sindicatos obreros hasta el actual, ha corrido mucha agua bajo el puente. Los sindicatos ya no son esas primitivas agrupaciones reivindicativas (y clasistas) que hicieron especular a Márx con la posibilidad de que se proyectaran como base de un poderoso partido clase. Son organizaciones poderosas e integradas de modo corporativo al estado capitalista. Puede variar el grado, pero a nivel mundial, los sindicatos han cristalizado como órganos mediadores en el establecimiento del valor de la fuerza de trabajo, en entera compatibilidad con el mantenimiento de la tasa de ganancia empresaria y en completa subordinación al estado burgués. Una lucha por la ‘recuperación de los sindicatos’ implicaría poner en el tapete su ruptura con el estado, lo cual, equivaldría a revolucionarlos de tal modo, que serían irreconocibles. Algo que requiere de la existencia de una amplia y pujante vanguardia de decenas de miles de obreros revolucionarios y sin solución de continuidad plantearía tareas mayores. En efecto, la burocracia (como fracción especializada de la burguesía) y la burguesía en su conjunto, no se dejarían arrebatar facilmente el control de estos organismos esenciales para su dominación de clase. La ‘recuperación’ en vasta escala implica una guerra civil de bolsillo, que rápidamente, se convertiría en confrontación total. Esto no significa renunciar a militar en los sindicatos. Los sindicatos agrupan a una fracción importante de la clase obrera en blanco (ni siquiera toda, puesto que más del 50% de las empresas operantes no cuentan con representación sindical) lo que obliga a tener presencia, en paralelo con una política de organización para la lucha en la mayoría obrera no sindicalizada. Sería absurdo marginarse, pero el problema es ver los límites de la recuperación y en función de que métodos hacerlo. No se recupera participando en listas comunes con burócratas menores y hay muchas experiencias frustrantes al respecto. En mi opinión, no basta con citar el ‘último consejo de Lenin’ versión Perry Anderson. La táctica de Frente único, en primer lugar, presupone la existencia de organizaciones obreras de masa, partidos y sindicatos, pero este último carácter es bastante cuestionable si se lo intenta aplicar a los sindicatos actuales. Esto no quita que mientras millones de obreros permanezcan bajo este paraguas de contención, no se deba luchar por ganarlos a posiciones consecuentemente clasistas. La orientación que Lenin y Trotski, a través de la IC impartieron fue la de permanecer en los sindicatos a los efectos de ganar la mayoría (por supuesto, no desde una situación ultraminoritaria, sino desde por lo menos un tercio de la base). Sería la expulsión la que forzaría a la formación de la Intersindical roja. Es un contexto bastante diferente y una política que no puede asimilarse sin más a la ‘recuperación de los sindicatos’ como si esta fuera un norte estratégico. Como una vez simplificó Trotski: ‘Si nosotros pensamos que los partidos comunistas van a dar la palabra de orden de la revolución y las masas lo seguirán, la cuestión del Frente único no se plantea’. Este (por la inversa) es el eje que guía la táctica comunista, incluso en los sindicatos. Lenin y Trotski caracterizaban que el curso de adaptación de los sindicatos al régimen era aún incompleto. La experiencia demostró lo contrario y se acentuó aún más con el decurso ulterior. Es preciso tomar en cuenta la profunda observación de Trotski en el PT acerca de su dinámica en la época imperialista y su advertencia acerca de la necesidad de garantizar, junto a la lucha por el reemplazo de funcionarios corruptos por luchadores honestos en las comisiones sindicales, la formación de organismos ‘ad hoc’ que sean los embriones de los comités de fábrica. En una modesta opinión, es la cuestión clave que marca el límite de la ‘recuperación sindical’. Esta es posible en eslabones débiles y debe ser encarada sistemáticamente, pero con la conciencia de que entramos en los sindicatos para poner en pié los gérmenes de sus superación revolucionaria y un salto cualitativo depende de un vuelco masivo de los obreros que pondrá a la orden del día tareas superiores mucho antes que los bastiones sindicales estratégicos sean ‘recuperados’. Por si algunas dudas quedan, aclaro que no se puede prescindir de militar en los sindicatos y que, por supuesto, no creo ni afirmo que un vuelco masivo de los obreros al clasismo sindical y al partido revolucionario sea algo inminente o siquiera de mediano plazo. Bajo la presente correlación de fuerzas, el trabajo sigue siendo de lenta acumulación de fuerzas y es en base a esta caracterización que, pienso, deberían discutirse todos los aspectos de la intervención política, en primer lugar, lo electoral. Lenin enseñó tempranamente en ‘Que Hacer’ que lejos de subestimar el factor espontáneo (fenómenos electorales -rebeliones populares súbitas o largamente incubadas-Vuelcos imprevisibles de las masas) la subestimación consiste precisamente en aminorar la importancia del elemento consciente. Es este el elemento menos desarrollado y que ‘sobredetermina’ (En honor a Althusser) los demás elementos y fuerzas en pugna.
    Un saludo

  3. JDM dice:

    Buenas, AP, en este artículo de Ideas de Izquierda, están abordadas varias cuestiones relacionadas con las que ud. plantea sobre los sindicatos.

    http://ideasdeizquierda.org/los-sindicatos-y-la-estrategia/

    Lo de Dimitrov, me parece un poco mucho, ya que ni estamos en la “unidad orgánica” PS-PC ni en el Frente Popular, el FIT es una coalición de los partidos trotskistas con un programa de independencia de clase. Ni más ni menos que eso.

    Slds.

    • AP dice:

      Compañero JDM. Voy a leer el enlace que recomienda. Tengo en claro que el FIT no es un frente popular. Lo que yo afirmé es que no hay antecedentes de ‘unidad de acción electoral’ o ‘proyección del frente único al terreno electoral’ antes de 1935. Su adopción por el trotskismo (tanto en su versión F.P -lamentablemente- como no F.P – afortunadamente- como es el caso del FIT) es un invento posterior a la tradición bolchevique o los cuatro primeros congresos de la I.C. Las elecciones son una instancia de propaganda donde se comparan programas y propuestas de gobierno y si las diferencias entre organizaciones son tales que no permiten la fusión orgánica, los partidos deben presentarse solos, bajo su propio programa. Las elecciones no admiten la proyección de un Frente único Obrero, que se da en la lucha directa. Por otra parte, un FUO (‘Unidad de acción electoral’ en su moderna acepción) se da entre organizaciones de masas y no creo que este sea el caso de los partidos que componen el FIT. La única ‘influencia de masa’ con que cuenta el FIT es electoral y por tanto volátil en tanto testeada a través de un programa que navega en la ambiguedad de combinar consignas transitorias con la posibilidad de que estas sean resueltas a través de los mecanismos demoburgueses de gobierno y no respaldada, además, por organizaciones con peso de masas. La realidad del FIT, en mi opinión, se condice mejor con un ‘Bloque de propaganda trotskista’ pero con un programa purgado de la cuestión del poder. Si partimos del supuesto de que su programa representa cristalinamente la ‘independencia de clase’ , se amerita la fusión de los grupos y no la reiteración indefinida de ‘bloques de propaganda electoral’. La realidad, en cambio, es que este tipo de frentes no han hecho avanzar un ápice la concentración de la constelación de grupos existentes que la han encarado en diferentes etapas y con distintas combinaciones. Por último. Aún si se admitiera la idea de ‘proyección electoral’ de un FUO (o UdA) esto implicaría la pre existencia de tal frente en las luchas cotidianas, lo que, lamentablemente, no se condice con la realidad. Pienso que sería un simplismo echarle la culpa al PO. aunque no puedo ahondar aquí en sus causas putativas. Con el FIT, los términos aparecen invertidos. Se forma un frente electoral y desde aquí se busca capitanear la unidad en las luchas. Aparece otro problema. Tampoco se da y las discusiones se reiteran una y otra vez, mezcladas con chicanas, acusaciones recíprocas, ofensas. El frente permanece freezado y resucita remozado ante cada convocatoria del cronograma electoral burgués.
      Disculpe cierta intemperancia, juan, parece un cuento de nunca acabar.
      Saludos

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