Horacio González y un museo de la lengua

| 23 noviembre, 2014 | Comentarios (2)

El diario La Nación publicó recientemente un reportaje al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, quien es además uno de los principales referentes del agrupamiento intelectual autodenominado Carta Abierta (La Nación, 22/11).

En muchas ocasiones es una tarea difícil encarar un análisis puntilloso y holístico de los escritos líricos del sociólogo y ensayista, que imprime su inconfundible sello a los documentos que emite cada tanto el núcleo de intelectuales kirchneristas.

Sin embargo, en este caso, los conceptos vertidos por Horacio González tienen el mérito de plasmar blanco sobre negro una lógica inmutable que aplican quienes defienden incondicionalmente al Gobierno, y en los últimos tiempos tienen la ardua tarea de justificar sus recurrentes giros a la derecha.

Una leve y moderada distancia crítica siempre acompaña la operación central: salvar el núcleo duro de la orientación del oficialismo y exculparlo de sus responsabilidades. La inversión de las causas hacia las consecuencias y viceversa, es el modo de encontrar fundamento para la justificación.

Desde la emergencia del kirchnerismo existe un debate en torno a cuales fueron los motores de sus actos y los determinantes de su orientación política. Cuando en los orígenes se denunciaba la operación pasivisante de apropiarse de determinadas banderas que siempre le habían sido ajenas (derechos humanos, difuso setentismo), con el objetivo restaurar el orden con el discurseo de un poco de progresismo; los intelectuales kirchneristas respondían que su política eran un genuino producto de la decisión (y hasta del “buen decisionismo”) del gobierno y de sus líderes. Hoy, cuando se reconoce que gira a la derecha en sus respuestas políticas hacia los más diversos temas de la vida nacional, sus justificadores seriales dicen que está trágicamente determinado por “la sociedad”.

El periodista pregunta: “¿No será que la sociedad giró un poco a la derecha?” González contesta: “¿Y me lo decís vos, que trabajás en La Nación? ¡Claro que giró a la derecha! ¿Y qué hace un gobierno de extracción popular? Ese gobierno es lector de la sociedad. Lee pulsiones.”

Interpelado por la incómoda figura de Daniel Scioli, González afirma: “No, no me entusiasma, pero tampoco lo considero con desprecio. Es la expresión de una buena parte de la sociedad argentina. Sus vacilaciones, su estilo aparentemente distraído para las grandes definiciones, casi forma parte del carácter nacional (…) Tiene, sí, una especie de don emanado de una cierta cortesía personal.”

Cuando los gestos o las medidas aparentaban ir hacia la “izquierda”, los motores había que  buscarlos en una férrea voluntad política que se colocaba a la vanguardia de la sociedad. Hoy que los giros son a la derecha y en el 2015 se puede dar un gran salto cualitativo en la misma dirección, hay que rastrear las responsabilidades y las causas últimas en los movimientos capilares de una sociedad empecinada en girar pendularmente y no ponerse a la altura del gobierno que la historia tuvo la generosidad de poner a su disposición. Cuando se va presuntamente hacia adelante, los méritos son del gobierno y del estado, cuando se producen supuestos retrocesos, la culpa es de la sociedad.

Las pulsiones, los miedos, el carácter, las vacilaciones y las distracciones de “la sociedad” (¿qué diferencia hay con ese invento mediático al que se llama “la gente”?), parece que expresan el presente argentino. Si no hay explicación posible en la economía política se retrocede a la psicología de masas o al costumbrismo para interpretar el rumbo social y político.

Una sociedad que parece que se ha “piantao”, empieza a ver la luna rodando por Callao y a la que los semáforos le dan tres luces naranjas.

El gobierno que se merecen

Existe un viejo aforismo liberal que refleja una concepción sobre la historia: un pueblo tiene el gobierno que se merece. Sin embargo, la historia nos demuestra que un solo y mismo pueblo (o sociedad) puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes. El secreto reside en que la sociedad está compuesta de clases formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y que tienen distintas orientaciones. Los gobiernos no son la expresión de la “madurez”  o “inmadurez” de una un “sociedad”, sino el fruto de la lucha. En última instancia son un producto de la relación de fuerzas y de lo que estén dispuestos a realizar con ella.

Por esto, Daniel Scioli, tan cortés y caballero, no es el resultado de las locas pulsiones y los miedos de una sociedad a la que le falta un Diego Peretti que la ponga en terapia, sino el hijo directo de la orientación del kirchnerismo. O en todo caso, los miedos, las “pulsiones” y las tendencias que manifiestan franjas de la sociedad son el resultado de esas políticas. Dentro de las luchas que se producen en la “sociedad”, el gobierno se posicionó del lado de las que llevaban indefectiblemente hacia Scioli (devaluación, Chevron, Berni, Insaurralde y un largo etcétera). Es más,  hay algunas malas lenguas que afirmaron que el kirchnerismo se había “sciolizado”.

¿Y Cristina?

Esa es la última pregunta del periodista. “Cristina es una gran buceadora de las lenguas internas que habitan una sociedad” responde semióticamente González. Y explica “en este caso, la lengua interna sería el miedo. El miedo no entendido sólo como un asalto. El miedo ante tus expectativas de vida. Hay un miedo antropológico en la sociedad argentina. Ella lo ha captado.”

En sus expediciones, Cristina podía haber rescatado las lenguas expresadas en los reclamos de la madre de Luciano Arruga, por ejemplo, o de los padres Franco Casco, ambos asesinados por el gatillo fácil y un producto de esas malditas policías tan sciolistas que habitan en todas las provincias; de los que reclaman por sus puestos de trabajo (Lear); o de aquellos que piden por un salario licuado crecientemente por la inflación.

Parece que la experta buceadora se inclina siempre por las mismas regiones del mar de la sociedad o de “la gente”, esa zona donde habita una misma clase de lengua. Porque todas las lenguas son iguales, pero algunas son más iguales que otras. Y la intelectualidad kirchnerista parece resignarse a la lengua del sciolismo y cargar todas las culpas sobre la sociedad.

Publicado en el blog El violento oficio de la crítica

Category: Artículos, Cultura, Ideas y debates, Política

Comments (2)

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  1. Marcelo dice:

    Excelente.

  2. jorge mensch dice:

    la única manera de evitar el giro hacia la derecha es formando por abajo no solamente organizaciones pol´ticas adheridas al gobierno, también se va haciendo necesario los distintos movimientos territoriales, sociedades de fomento que controlen los precios cuidados, en cuanto a la cultura, en avellaneda se van haciendo cada vez más puntos culturales, está la economía social y solidaria, pero si las distintas organizaciones no apoyan desde lo práctico, o sea imponiéndose el comprar por ejemplo vasos de CristLUX, O EXIGIR ESOS vasos, si La Cámpora, solo está para llenar espacios en las manifestaciones y no para hacer campeonatos de futbol barriales, teatros de barrios, Vivo en Sarandí cómo hacer para que la gente, tómese en cuenta que digo gente y no pueblo, también me estoy contagiando, En cuanto a la famosa ley de medios; de qué nos sirve cagarlo a clarín si todavía desde canal 7 no hemos hecho un programa como gasoleros en el cual todo el mundo te dejaba pagando para ir a ver el programa, ¿ por qué yo no puedo ver un programa de ese tipo enlatado desde Córdoba o de otras provincias, por qué seguimos siendo unitarios, ¿acaso no hay buenos actores en el interior? Pensemos en el espacio INNCCA, NADIE VA A VER ESAS PELÍCULAS, seamos realistas, con diez o quince salas no se soluciona nada, metamos la cultura por donde entran las armas del enemigo: la televisión, internet, etcétera, etc´tera. Escribo,y novelasy cuentos, solo pude publicar un solo libro, quienes lo hacen son gente de clase media alta, por supuesto yo como hombre de extracción obrera, qué posibilidades tengo? de otras actividades culturales tampoco. Los chicos solo juegan al fútbol por excigencia de los padres para que salven a la familia, ¿Cómo empezar desde el jardín de infantes el amor al estudio al compromiso de que la patria es el otro? ¿Es posible? solamente con lo que somos del palo de que se puede: pero si nos vamos a coorporativizar con los oportunistas que nos aplauden, estamos en el horno. Es preferible tener como compañero de ruta al que me dice a cada rato no, que el que continuamente me dice sí…compañero, hay muchas cosas que se pueden hacer dese la cultura, siempre que sigamos con las fundación de las nuevas facultades, los nuevos emprendimientos, se ha hecho mucho, qué más se le puede pedir a un gobierno que entró por la ventana? Sin más, saludos combatientes Jorge Mensch

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