Althusser y la teoría de los factores

| 2 mayo, 2013 | Comentarios (0)

Madelin afirma que “el historiador debe colocarse en lo alto de las murallas de la ciudad sitiada, abrazando con su mirada a sitiados y sitiadores”. […] Sin embargo, los trabajos de este historiador demuestran que si él subió a lo alto de la muralla que separan a los dos bandos fue, pura y simplemente, para servir de espía a la reacción, y menos mal que en este caso se trata de batallas pasadas, pues en épocas de revolución es un poco peligroso asomar la cabeza sobre las murallas. […] El lector serio […] no necesita de esa solapada imparcialidad […] sino de la metódica escrupulosidad que va a buscar en los hechos, honradamente investigando, […] la constatación de sus nexos reales, el descubrimiento de las leyes por que se rigen.

León Trotsky, prólogo a Historia de la revolución rusa

La primera revolución obrera triunfante, a diferencia de lo que se esperaba, no fue en uno de los países capitalistas más desarrollados sino en Rusia, atrasada económicamente y donde todavía pervivía el régimen zarista. La caracterización de la “particularidad” rusa y las conclusiones políticas extraídas de ella fue un debate importante en el marxismo. Desde la lucha política entablada por los mencheviques contra los bolcheviques respecto a la toma del poder (basada en que al ser Rusia una nación atrasada no podía tomar el poder el proletariado sino que debería pasarse por una democracia burguesa primero), hasta las distintas interpretaciones que, años después, Stalin difundiría como “versión oficial” para justificar sus distintos vaivenes políticos; las condiciones objetivas y subjetivas que hicieron posible esta revolución son aún discutidas entre los historiadores.

Althusser avanzará a una interpretación que, intentando evitar un mecanicismo economicista, conducirá a un determinismo de nuevo tipo que hizo escuela y predominó durante los años ‘50 y ‘60. Frente a ello, la interpretación desarrollada por Trotsky sobre Rusia permite una correcta apreciación de la relación entre estructura y sujeto en el estudio de un proceso histórico, y es una muestra más del manejo del método dialéctico en Trotsky.

La dialéctica y la particularidad rusa

Althusser en “Contradicción y sobredeterminación”[1] intenta dar cuenta de las condiciones rusas y es a partir de este análisis que cuestionará algunas categorías de la dialéctica hegeliana y que opondrá unas distintas para la dialéctica marxista, concluyendo de ello que el marxismo debe separarse completamente del fantasma de Hegel. Para Althusser, si Marx puso “patas arriba” la dialéctica hegeliana, al decir de Engels, ésta no puede quedar indemne, es decir, que al cambiar su contenido, debía cambiar también su forma.

Las principales objeciones hechas a Hegel son que en su concepción de la dialéctica la contradicción sería única y simple, nunca influida por otros factores, y la complejidad que tendría “no es la complejidad de una efectiva sobredeterminación, sino la complejidad de una acumulativa internalización que sólo aparentemente es una sobredeterminación”. Esto se debe a que la concepción de la historia del idealista alemán sería la del desarrollo de la idea, y por lo tanto, no hay dentro posibilidades de ruptura, de otras contradicciones que influyan en la formación de la contradicción principal ni que la modifiquen luego. Por otro lado, en Hegel, el pasado, la génesis, aparecería como “eco” y nunca como determinaciones efectivas del núcleo central.

La primera afirmación respecto a la relación contenido-forma de la dialéctica puede considerarse correcta, pero veamos las conclusiones y las variantes que de esto deriva Althusser. El teórico francés explicará la revolución Rusa como la ruptura del “eslabón más débil” de la cadena mundial, tomando la frase de Lenin. Pero ¿qué significa esto para Althusser? Que la contradicción principal del capitalismo, capital-trabajo, está sobredeterminada por la formación social a la que da origen, la formación social particular de Rusia a principios de siglo[2]. Frente a ello, dirá Althusser, la contradicción de Marx no es simple y única, sino que es una contradicción “sobredeterminada”, especificada por las formas y circunstancias concretas de una formación social dada, y allí es donde entran a jugar un rol central las instituciones de la superestructura.

La cadena tiene para Althusser entonces dos puntos: de un lado la estructura económica, del otro la superestructura; y la tensión entre ambos polos hace que la cadena se rompa por su eslabón más débil. Esa es su explicación del caso ruso y una de las demostraciones de por qué la dialéctica marxista debe eliminar de sí todo resto hegeliano. ¿Pero señalar las correctas críticas a Hegel quiere decir que las leyes de la dialéctica ya no se apliquen?

Avenas y Brossat[3] señalan que en Marx, a diferencia de Hegel, la “totalidad ya no es cerrada sino abierta”, y que su noción de contradicción es ya la de una “contradicción compleja y con dominante”, es decir, que tiene una génesis en la cual distintos elementos entraron bajo la dominancia de una contradicción y que por lo tanto crea distintas mediaciones. No se trata de negar las leyes de la dialéctica ni de agregar más contradicciones que determinen a la principal como si ésta existiera siempre igual a sí misma (eso significaría que no es una contradicción sino un estado de cosas dadas). El problema de Althusser es que a pesar de criticarle a Hegel la génesis sólo como “ecos”, no es muy distinto lo que encontramos en él: cada formación social aparece en sí misma y el devenir de una a otra está eliminado, la forma en que se estructuraron los distintos factores bajo una dominante y las contradicciones por tanto abiertas no son vistas más que como el agregado de contradicciones secundarias (una nueva versión de la teoría de los factores, que más adelante retomaremos), actuando sobre una principal, que da la unidad del conjunto sólo en forma nominativa y no histórica.

Por ello es que para Althusser, la “última instancia” de la economía nunca llega a enfrentarse y en sus planteos el elemento económico nunca es analizado sino reemplazado por “formaciones superestructurales” (el régimen de gobierno en Rusia en este caso, los aparatos ideológicos más tarde) que dan el tono a una contradicción principal de la cual poco se sabe. Pero al deshacerse de esa última instancia, elimina Althusser las bases del socialismo y los objetivos de la revolución, ya que ¿no es la planificación económica, la eliminación de la propiedad privada, la redefinición de las relaciones de producción y de los productores con su trabajo, etc., las que dan la base del anhelado cambio radical del sistema capitalista que acabe con la explotación de una minoría sobre una mayoría?

No se trata solo de un problema teórico sino también político. En buena medida quizá eso explique por qué Althusser simpatizó con el maoísmo, corriente que en China planteó ocuparse por lo pronto de la contradicción entre nación-imperialismo y dejar la de trabajo-Capital (y con ello al socialismo) para más adelante. Por otro lado, también explica quizá por qué Althusser se dedicó luego a estudiar las “superestructuras”, las ciencias y los “aparatos ideológicos del Estado”, los cuales las clases constituyen en un origen lejano pero que de golpe pasan a ser constituyentes de las mismas (que por lo demás vio también como “estructuras” sin génesis, determinando cada una de las acciones humanas). Las vacilaciones que encontramos en el epílogo a Ideología y aparatos ideológicos del Estado[4], no son más que la demostración de que Althusser mismo percibió por momentos que semejante teoría le hacía deslizarse fuera del materialismo histórico: si los AIE determinan al sujeto y reproducen las condiciones de producción, ¿qué lugar le queda a la estructura económica en ello, más que ser un “eco” teórico según el cual “la existencia determina la conciencia”?

El efecto de semejante teoría salta a la vista: en la determinación de las formaciones sociales intervienen múltiples contradicciones, sobredeterminaciones, superestructuras y aparatos ideológicos; pero ningún sujeto. De allí que este aparente preocuparse por otros elementos más allá de los económicos, termine en un total determinismo mecánico, ideológico ahora, aplicado al sujeto, definido por mil mecanismos y sujeciones pero privado de su atributo esencial: el de agente. La supremacía que dio a estas “estructuras”, volviéndolas estáticas y yuxtaponiéndolas como sumatoria, en detrimento de una unidad orgánica donde éstas pudieran ser analizadas conjuntamente, devinieron en una teoría conspirativa de las mismas y escéptica respecto a la posibilidad de cambios[5].

Muchos detractores de Althusser han criticado estos aspectos y han hecho hincapié en el sujeto y sus prácticas. Anderson toca esta discusión en su tratamiento de la polémica sobre el desarrollo histórico entre Althusser y Thompson[6] (quien centra su interpretación en la agencia humana), señalando que ambos tienen parte de razón. Contra los ataques unilaterales de Thompson, para Anderson el problema de Althusser no es analizar los tiempos diferenciales de cada esfera, sino no intentar unirlos en un tiempo histórico real, donde ellos forman parte de una misma experiencia humana. A la vez, Thompson falla en dar demasiada primacía a una noción de “experiencia total” y menospreciar las distintivas formaciones sociales novedosas dadas donde distintos modos de producción, tradiciones y culturas; combinando, manteniendo e incorporando distintos tiempos y rasgos, dan una distintiva formación social nueva. Por otro lado, Thompson no distingue en su concepción de “agencia” los distintos tipos que pueden considerarse, individuales y colectivos, concientes o inconscientes, elegidos o impuestos[7].

La “peculiaridad rusa”, sin embargo, fue explicada mucho antes por Trotsky, alrededor del concepto de “desarrollo desigual y combinado”, que permitió una interpretación del origen y perspectivas[8] de la revolución rusa que no resiente ninguno de los dos aspectos, ni el subjetivo ni el objetivo; y que también daba cuenta de la concepción dialéctica de su autor.

La historia, su estructura y sujeto

El materialismo histórico tiene una de sus principales definiciones en la relación e interdependencia entre lo subjetivo, la praxis humana; y lo objetivo, las condiciones sociales en las cuales realiza su práctica. También tiene allí un eje de discusión nutrida entre distintos teóricos. Y es además una discusión histórica pero también política, en tanto es la base para la preparación y formación de los hombres para actuar en ellas.

Los aportes de Trotsky en este terreno son ampliamente reconocidos, incluso por teóricos marxistas que no comparten sus conclusiones políticas o por teóricos no marxistas[9].

La interpretación de Trotsky desafía, como destaca el acápite de esta nota, la “objetividad” de los historiadores que se ubican por fuera del proceso relatado: quien no es un mero estudioso o relator de la revolución sino un protagonista de ella, en Historia de la revolución rusa analizará las condiciones objetivas propias de Rusia y el papel de las masas y los revolucionarios en ellas, en estrecha relación con las tareas políticas que se derivan de ella y que son la base de su propia teoría de la revolución, es decir, no separadas de la propia evaluación de su actuación en ella y de las lecciones históricas que deja para las nuevas generaciones de revolucionarios, frente a las diversas interpretaciones y debates que tal proceso histórico habían abierto. Es en dicha obra donde explicita el concepto de “desarrollo desigual y combinado”:

Las leyes de la historia nada tienen en común con un esquematismo pedante. La desigualdad, la ley más general del proceso histórico, se manifiesta de manera más aguda y compleja en el destino de los países atrasados. Bajo el látigo de la necesidad externa su atrasada cultura se ve impelida a dar saltos. De la ley universal de la desigualdad se deriva así otra ley que, a falta de un nombre mejor, podemos llamar la ley del desarrollo combinado –por la que entendemos la superposición de diferentes estadios del viaje, una combinación de etapas separadas, una amalgama de formas arcaicas con formas más contemporáneas. Sin esta ley, que naturalmente debe ser tomada en todo su contenido material, resulta imposible entender la historia de Rusia y, en realidad, la de cualquier país de segunda, tercera o décima clase cultural[10].

La virtud de este concepto es evitar el crudo reduccionismo de la Segunda Internacional según la cual una revolución proletaria no podía darse en Rusia por ser un país atrasado, o el idealismo mesiánico del “eslavofilismo”.

John Rees interpreta esta forma de análisis de Trotsky como derivada de su estudio de Labriola en su ataque a la teoría de los múltiples factores, teoría que a primera vista parecía tener la ventaja de considerar otros factores, como el cultural, ideológico, etc., y no ser economicista. Trotsky tomará como propia las críticas de Labriola, marcando cómo tal teoría implicaba una visión de la historia como agregado de diversas esferas, cada una con su propia historia y determinación, desarrollándose en su propio tiempo. Para él, una concepción tal no podía conducir más que al idealismo, ya que los diferentes campos y tiempos deben atribuírseles entonces a un Dios o Espíritu de donde surgen. Rees resume este punto:

La objeción de Trotsky no es simplemente que disuelve cualquier explicación real de cómo estos factores surgieron, sino también que la entera estructura de factores reemplaza entonces a la actividad humana como la fuerza motriz de la historia. Consecuentemente, esta teoría termina reemplazando al determinismo económico con el determinismo estructural. La influencia de Labriola fue decisiva para apartar a Trotsky de este enfoque[11].

Tal teoría es la que mejor se aplica, diría Trotsky en 1928, a los mecanismos de la burocracia en la URSS:

la forma perfeccionada de la teoría de los múltiples factores, que transforma a la sociedad humana […] en un producto de juegos mutuos […] de factores variados y fuerzas administrativas, en la que a cada uno se le asigna su propia provincia particular o zona de jurisdicción […existe…] solamente si existe una jerarquía burocrática, que con todos estos ministros en los departamentos, se eleva por encima de la sociedad. […] Exige en última instancia ser coronada por el poder de un solo hombre. […] el pluralismo de los factores exige un Dios de talla tan liviana como pueda ser esta divinidad[12].

Sin embargo, la propia burocracia stalinista difundió en el desarrollo del DIAMAT más que un nuevo idealismo, una visión mecanicista de la dialéctica materialista. En buena medida estas tergiversaciones mecanicistas de la tradición marxista fueron las que foguearon a distintos autores que se consideraban marxistas pero no aceptaban tal lectura, a desarrollar nuevas relaciones entre el marxismo y la dialéctica y a proponer nuevos conceptos que pudieran dar cuenta de una relación entre estructura e historia no reduccionista. Las vueltas de la historia han hecho que la teoría de los factores diera origen en Althusser, más que a una versión idealista de la historia que Trotsky atribuiría en una etapa temprana a los stalinistas, a una teoría ultradeterminista también, aunque un determinismo más ideológico que económico, como el de Althusser.

¿Quién mueve la rueda de la historia?

El problema de la relación entre sujeto y objeto es un largo debate que dividió aguas en el marxismo. En Marx encontramos dos definiciones, aparentemente contrapuestas, del desarrollo histórico: la del Manifiesto Comunista, según la cual “la lucha de clases es el motor de la historia” y la de Contribución a la crítica de la economía política, según la cual las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción y es esta contradicción la que mueve la historia[13]. Una hace hincapié en la praxis de los hombres sobre su historia, otra en las condiciones objetivas de esa historia.

Decimos que es aparente la contradicción en tanto en la concepción marxista de la historia lo objetivo y lo subjetivo no se encuentran separados, aunque si diferenciados en una totalidad. El avance de las fuerzas productivas y la consiguiente contradicción creada abre una etapa de revolución social. ¿Cómo podría construirse el comunismo, basado en la satisfacción de la necesidad, sin los medios para superar la escasez? Ahora bien, ¿quiere decir esto que el comunismo es inevitable? No, sino que a partir de allí los hombres tienen las posibilidades de construirlo, pero cuya realización depende de ellos.

Un problema similar encontramos en la definición de Trotsky respecto a una Rusia que, si por un lado podía llegar antes a la dictadura del proletariado, sus condiciones propias y la dinámica internacional hacían que llegara “después” al socialismo. Citando una vez más a Marx, “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen exactamente como ellos desean, ni la hacen bajo circunstancias elegidas por ellos, sino bajo circunstancias directamente enraizadas, dadas y trasmitidas desde el pasado”[14]. Las posibilidades dadas por el capitalismo en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, pero a la vez, las mismas contradicciones que tal modo de producción acarrea y que se desarrollaron para llegar a su fase imperialista, son las que abrieron la etapa de “guerras, crisis y revoluciones” con que Lenin caracterizó al siglo XX y confirmó la época anunciada por Marx. Por eso, es durante el siglo XX que los dos planos se confunden más que nunca y que, dadas estas condiciones históricas, la intervención del hombre en ellas es imprescindible[15].

Su concepto de “desarrollo desigual y combinado” toma las premisas de Marx y las analiza para un país atrasado como Rusia, pero inserto en un mundo imperialista, y las condiciones y posibilidades que entonces se abren a los sujetos, a la lucha de clases, y a los revolucionarios, por tanto, en ella. La relación entre condiciones objetivas y subjetivas es entonces asimilable a la de “unidad diferenciada” con la que define al materialismo dialéctico en sus Cuadernos de 1933-35:

“dialéctica materialista” (o “el materialismo dialéctico”) no es una combinación arbitraria de dos términos independientes, sino una unidad diferenciada -una fórmula corta para una entera e indivisible cosmovisión, la cual descansa exclusivamente en el entero desarrollo del pensamiento científico en todas sus ramas, y la cual sirve sola como un soporte científico para la praxis humana”[16].

Si en lo objetivo estaban dadas las posibilidades de una revolución proletaria en Rusia a pesar de su atraso (por su inserción en la economía mundial, y donde el proletariado podía dirigirla por las relaciones entre las clases establecidas por esas condiciones), el estallido revolucionario no dependería “directamente del nivel alcanzado por las fuerzas productivas, sino de las relaciones de fuerza en la lucha de clases, de la situación internacional y, finalmente, de una serie de factores subjetivos: tradición, iniciativa, disposición para el combate…”[17]. Sólo sobre esto puede explicarse la “peculiaridad rusa”. Continuando la tradición de Marx y Engels y resumiendo la discusión objeto/ sujeto, Trotsky dirá que:

Todas las escuelas de subjetivismo en una u otra forma están basadas en la contradicción entre la causa objetiva y el propósito subjetivo. El determinismo es la filosofía de la causalidad objetiva. La teleología es la filosofía de los propósitos subjetivos. El intento de establecer una oposición entre ellos y de combinarlos eclécticamente es en sí mismo un producto de la ignorancia filosófica. El propósito es un aspecto parcial de la causa. La teleología es sólo un departamento especial del determinismo[18].

Fragmento revisado de “Las ‘contingencias’ del ‘determinismo’ marxista. Acerca de los Cuadernos de Trotsky”, Lucha de Clases, Buenos Aires, 2002, pp. 114-136.



[1] Louis Althusser (1962), “Contradiction and overdetermination” en For Marx, edición digital en Marxist Internet Archive. En todos los casos en que se cita este texto, la traducción es propia.

[2] Para Althusser eran: “la acumulación y exacerbación de todas las contradicciones históricas entonces posibles en un solo Estado. Contradicciones de un régimen feudal de explotación al amanecer del siglo XX, […] Contradicciones de una explotación a gran escala e imperialista en las mayores ciudades y en los suburbios,[…] Una gigantesca contradicción entre el estado de desarrollo de los métodos de producción capitalistas […] y el estado medieval en el campo. La exacerbación de la lucha de clases todo a lo largo del país, no solo entre explotadores y explotados sino también hacia dentro de las clases dominantes mismas”. Louis Althusser, op. cit.

[3] Denise Avenas y Alain Brossat, “Las malsanas ‘lecturas» de Althusser’, en Michael Löwy y otros, Sobre el método marxista, México, Grijalbo, 1975, p. 117.

[4] Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado-Freud y Lacan, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

[5] Tal como el “idealismo” stalinista devino en un mecanicismo extremo, el determinismo althusseriano pronto mostró su cara relativista y solipcista en el llamado “postestructuralismo”. Como señala Callinicos, “La noción de sobredeterminación conduce fácilmente a legitimar la desintegración de la totalidad en un agregado de prácticas, y por supuesto éste es uno de los principales postulados del posmodernismo (Alex Callinicos en la entrevista editada en esta misma publicación).

[6] Perry Anderson, Teoría, política e historia, México, Siglo XXI, 1985.

[7] Anderson señala por otro lado que, para que el concepto de “agencia” utilizado por Thompson no sea un concepto vacío (“ya que es evidente que todos los sujetos históricos están involucrados constantemente en acciones de las que son ‘agentes’ en el sentido estricto”), donde no se tengan en cuenta los objetivos de esa acción (ya que Thompson habla de acciones concientes de sujetos “libres”) deben distinguirse al menos tres tipos de objetivos para hacerla operativa: objetivos privados, inscriptos dentro de las relaciones sociales y que generalmente las mantienen (la elección de un matrimonio, por ejemplo), objetivos públicos mediante acciones colectivas (movimientos religiosos, luchas políticas, etc.) que en su mayoría no intentan cambiar las relaciones sociales en cuanto tales, cuyos objetivos están insertos en un orden social establecido y admitido por los actores, y por otro lado, proyectos colectivos destinados a “crear o remodelar las estructuras sociales en su totalidad (revoluciones sociales)”. Ver Anderson, op. cit., pp. 21/22.

[8] De la misma caracterización Trotsky dedujo las tareas de la revolución una vez tomado el poder: “en determinadas condiciones, los países atrasados pueden llegar a la dictadura del proletariado antes que los avanzados, pero más tarde que ellos al socialismo” (León Trotsky, La teoría de la revolución permanente. Compilación, Bs. As., CEIP, 2000, p. 521). Para Trotsky, polemizando con el “socialismo en un solo país” stalinista, si bien las particularidades rusas habían permitido la toma del poder por parte del proletariado, la construcción del socialismo dependía estrechamente del desarrollo de la revolución mundial, especialmente en los países avanzados.

[9] Burawoy, por ejemplo, analiza la caracterización de la revolución rusa hecha por Trotsky comparándola con la de Theda Skocpol, sólo en el aspecto historiográfico. La conclusión a la que llega, a pesar de claramente no estar a favor de la política de Trotsky, es que el método marxista desarrollado por éste es significativamente superior. Michael Burawoy, “Dos métodos en pos de la ciencia: Skopcol versus Trotsky” en Zona Abierta 80/81, año 1997.

[10] Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, Bs.As., Antídoto, 1997, p.15.

[11] John Rees, The algebra of revolution. The dialectic and the classical marxist tradition, Londres, Routledge, 1988, p. 263.

[12] León Trotsky, “Tendencias filosóficas de la burocracia” en León Trotsky, Escritos filosóficos, Buenos Aires, CEIP, 2004.

[13] Karl Marx, Manifiesto Comunista, ediciones varias y Karl Marx, prólogo a Contribución a la crítica de la economía política, Bs.As., Estudio, 1975.

[14] Marx, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” en Trabajo asalariado y capital, Barcelona, Planeta- Agostini, 1985.

[15] Como Anderson señala, “según el materialismo histórico, entre los mecanismos de cambio social más fundamentales figuran las contradicciones sistemáticas entre fuerzas y relaciones de producción, y no sólo los conflictos sociales entre clases originados por relaciones de producción antagónicas. Las primeras se superponen a los segundos, porque una de las mayores fuerzas de producción es siempre el trabajo, que a su vez constituye una clase especificada por las relaciones de producción. Sin embargo, no coinciden totalmente. Las crisis de los modos de producción no son idénticas a las confrontaciones entre las clases” Anderson, op. cit., p. 61.

[16] “Cuadernos 1933-35” en León Trotsky, Escritos filosóficos, op. cit.

[17] León Trotsky, “Resultados y perspectivas” en La teoría de la revolución…, op. cit.

[18] León Trotsky en “Cuadernos 1933-35”, op. cit., pp. 113/4.

Category: Artículos, Lecturas críticas, Política, Teoría marxista

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