Sobre el Frente (Eduardo Grüner)

| 13 mayo, 2011 | Comentarios (18)

A continuación, reproducimos la opinión que hemos recibido de Eduardo Grüner, a quien agradecemos sus contribuciones al Blog de Debate del IPS.

Sobre el Frente

por Eduardo Grüner

Estimados amigos / as:

Espero no molestarlos con lo que puede parecer –pero no es- una cuestión personal. Simplemente, me pareció un deber de lealtad ponerlos en conocimiento de que he decidido apoyar con mi firma la conformación del Frente de Izquierda que acaba de presentarse. Como ustedes bien saben, tanto privada como públicamente he sido crítico con lo que frecuentemente consideré sectarismos, esquematismos y rigideces de la izquierda argentina, y así seguirá siendo cada vez que lo considere necesario: apoyar la formación de ese frente (cuyos partidos, aunque fuertemente opositores al gobierno, no se embarcaron con la derecha del “campo” en su momento, como sí lo hicieron el PCR o el MST) no significa en absoluto comprometer una autonomía crítica que intento mantener también respecto del “modelo K”, al cual –como también saben- asimismo apoyé cuando sus medidas me resultaron defendibles, o cuando, equivocado o no, lo creí necesario frente a peligros mayores. Ya no creo más que eso sea necesario, pero este es otro tema, que ahora se haría demasiado largo: me permito señalar, simplemente, que en mi opinión los peligros que alguna vez pudieron haber significado amenazas que dieron en llamarse “destituyentes”, hoy han desaparecido, y eso es para celebrar, entre otras cosas porque nos permite ejercer nuestro derecho a la crítica con menos prevenciones y temores de hacerle el juego a “lo peor”; con la salvedad de algunos sectores ideológicos irracionalmente recalcitrantes –especialmente en el terreno de los DDHH y en ciertos monopolios comunicacionales-, la mayoría de la “oposición” de derecha (política tanto como económica) va advirtiendo rápidamente que bajo este gobierno se pueden hacer grandes negocios, a cambio de algunas concesiones tibiamente “redistributivas” que no afectan en modo alguno las grandes estructuras del poder, y aseguran una “paz social” –por la que la Presidente misma aboga con creciente énfasis- que ninguna otra fuerza política  sería capaz de garantizar: no es solo, aunque sea cierto, que la oposición es torpe, mediocre e inútil; la cuestión central es que es innecesaria , porque el “modelo” vigente, que el gobierno se prepara efectivamente a “profundizar” tras su seguro triunfo en las elecciones, es el de un país burgués “normal”. En este contexto, pues, considero que la existencia de una izquierda cuya voz (estemos completamente de acuerdo con ella o no, votemos por ella no) pueda ser escuchada por la sociedad, es absolutamente imprescindible para la profundización de la democracia y las causas populares. Muchos que históricamente simpatizamos con los objetivos de una transformación profunda y emancipatoria de nuestra nación como parte de un proyecto latinoamericano y mundial de liberación del despotismo del Capital mundializado, nos hemos sentido repetidamente frustrados por los factores –incluído, cómo no, el sectarismo que señalábamos- que impedían la existencia de un frente de izquierda con esta orientación y obligaba a muchos a apoyar (críticamente o no) a diversas variantes de “centro-izquierda” y “bonapartismo”, de manera que sería inconsecuente y absurdo negarse ahora a saludar su actual formación, que podría abrir una vía alternativa ante el cada vez más borroso dilema entre “K” y el “establishment”. Es verdad que otras veces que se intentó (por ejemplo IU, que de todos modos era algo diferente) terminó en fracaso; y es verdad también que este Frente actual es más el producto de la necesidad ante las nuevas leyes electorales que de una auténtica “superación” y elaboración pública de las diferencias internas. Pero creo que la izquierda merece la oportunidad, especialmente después del lamentable episodio Mariano Ferreyra. Por otra parte, contar con ese Frente nos da, a los hombres y mujeres que nos reconocemos en una izquierda independiente, una oportunidad de promover una participación activa y amplia orientada a mejorar la calidad de los debates en su seno. Y más allá de esto, en verdad, todo “ciudadano progre” riguroso, sean cuales fueran sus simpatías políticas actuales, debería estar a favor de que exista una izquierda diferenciada del gobierno, en primer lugar para evitar que todas las críticas (cada vez más merecidas, convendrán conmigo) provengan de la abyecta y brutal derecha gorila que hemos sabido conseguir, lo cual ha forzado a muchos luchadores honestos de distintos sectores sociales –incluso al interior del espacio “K” en sentido elástico- a acantonarse unilateralmente del lado del gobierno y auto-reprimir sus propias críticas. Es necesario abrir el espacio de lo político, complejizarlo, generar pensamientos y prácticas menos “únicos”. Facilitar que la izquierda exista, y bregar para que tenga una base más numerosa que ponga en discusión franca sus objetivos y sus métodos, es una actitud de democracia elemental que, en mi opinión, no puede ser negada. Si es un nuevo fracaso seré el primero en señalarlo en voz alta (aunque no creo que le importe a muchos). Pero no podemos partir de la base de que no tienen derecho a la existencia, y menos aún cuando los nuevos reglamentos electorales son injustamente restrictivos, y su orientación objetiva hacia el “bipartidismo” perjudica muy especialmente a las fuerzas de izquierda. Muchos podrán decir que el pueblo argentino ha demostrado largamente que no se identifica con sus propuestas, y que en buena medida eso es culpa de la propia izquierda. Puede ser, no lo vamos a discutir ahora -es un tema inmenso que merecería un debate especial, y sin duda es una de las grandes deudas de la izquierda llevar a cabo a fondo ese debate: sería mucho mejor que lo hiciera con la mayor cantidad posible de nosotros-. Pero eso no quita que las propuestas de transformación radical de lo existente deben seguir presentes, así como deberían seguir presentes las luchas efectivas que –con todos los errores del caso, que nadie pretende desconocer- la izquierda viene llevando adelante, y muchas de las cuales –tampoco eso se puede desconocer- contribuyeron, con enormes sacrificios, incluso a que el propio gobierno tuviera que tomar medidas que en verdad, justamente desde su autoproclamada posición “nacional y popular”, siempre debió asumir (otra vez el asunto Ferreyra y los “tercerizados” viene a colación, entre otros ejemplos). Finalmente, todo puede cambiar: también la situación, la izquierda y eventualmente, el pueblo argentino. Pero aunque así no fuese, no sería correcto contribuir por omisión a impedir aquella presencia. El recordado Nicolás Casullo solía insistir (para lamentarlo, si yo lo entendí bien) en que el imaginario revolucionario había desaparecido, y él se hacía cargo de ese duro hecho. Yo también trato de hacerme cargo. Sólo que también trato de no ceder en ese deseo imaginario (como diría algún amigo lacaniano), aunque lo pensara imposible –todavía no lo pienso, aunque sí pienso que una de las grandes deudas de la izquierda es una discusión a fondo de qué significa hoy el concepto de revolución -, o al menos tan a largo plazo que excederá mi ciclo vital: “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”, para reiterar la canónica frase de Gramsci. Tener lo que aparece “imposible” como medida, en el peor de los casos, puede ser un excelente criterio correctivo para “lo que hay”; y en el mejor, puede ser una apuesta y un incentivo para reconstruir ese imaginario, con todas las complejidades y “actualizaciones” que sean necesarias y ensayando corregir los errores del pasado, algo que solamente la participación masiva puede lograr: como ha dicho alguien, cuando malintencionadamente se le atribuye a Maquiavelo la canónica frase sobre la política como “arte de lo posible”, se suele olvidar que el “arte” es también, y sobre todo, la creación de lo posible, de lo todavía no existente.

Bien, temo que me excedí un poco, pero me era necesario. Les agradezco la paciencia, y les envío un fraternal abrazo a todos / as,

Eduardo Grüner

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Category: Artículos, Frente de Izquierda, Política

Comments (18)

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  1. Juanito dice:

    Debemos celebrar la formación de este frente de izquierda y de trabajadores, que además plantea claramente la necesidad de construir el socialismo, no solo en la Argentina sino en el mundo.
    Esto que fue claro hace 160 años, parece que hoy se ha perdido en un montón de atajos que no hacen otra cosa que prolongar el dolor, la miseria y el sufrimiento de millones de seres humanos.

    El capitalismo, un modelo ecómico revolucionario ya en los albores de los siglos XIV y XV, y plenamente desarrollado en los XIX y XX, Hoy es una gigantesca barrera para el avance de la humanidad. Por primera vez, informes de la OIT nos dicen que, mas de la mitad de la población mundial económicamente activa (1.500 millones de seres), está desocupada ó cobra menos de dos dólares diarios. Este panorama no permite avizorar un futuro para la raza humana.

    Celebramos que las fuerzas de izquierda en la argentina se unan para llevar a adelante esta fenomenal tarea y poner sobre la mesa que la realidad no es derecha vs. izquierda o neoliberales vs. progresistas. Sino explotadores y explotados, ricos y pobres, Capital vs. Trabajo. Explicar que no es un problema que se resuelva en la superestructura, dirigiendo la artillería verbal sobre escritores, periodistas, ó algunas empresas monopólicas. Sino enfrentando a los verdaderos dueños de la argentina y los verdaderos dueños del mundo, los banqueros, los industriales, los terratenientes, los pulpos exportadores e importadores, el enorme capital financiero que regula los precios mundiales, y también algunos medios de comunicación.
    La humanidad, es finalmente el único objetivo de la revolución socialista, y este momento es en ese sentido acuciante, por la fenomenal crisis del modo de producción capitalista, por los estragos que causa y que va a causar para sostener sus privilegios.

    Este frente es mas que un problema cuantitativo, la ley de la dialéctica del todo y la parte y del cambio de cantidad en calidad, bien se podrían aplicar a este caso. Podríamos decir que el Frente es más que la suma de los partidos separados, por la posibilidad de ser una única voz, frente a un espectro que más o menos se mueve en el marco del sistema. Y su capacidad potencial de representar a miles de obreros, estudiantes, sectores medios empobrecidos…
    (esperamos claro, que todos los sectores de izquierda se unan, es fundamental que ninguno quede afuera, para poder decir “ESTE ES EL FRENTE DE TODA LA IZQUIERDA ARGENTINA)

    Finalmente debo decir por mi experiencia, no siempre satisfactoria. Que debemos apelar a las direcciones del frente para que lo lleven adelante sin sectarismos, y que sepan estar a la altura de las circunstancias, que no lo rompan por diferencias menores, y que hagan lo imposible para que el proceso del mismo sea conocido por la mayor cantidad posible de personas.
    Las masas deberían tener una radiografía del accionar del frente ante cada problema importante de la realidad local o mundial.
    Deberá tener una estrategia de comunicación y propaganda muy importante en este sentido.

    Juanito Ramírez Gronda (Militó en el P.S.T en los 70 y el M.A.S en los 80 y parte de los 90)
    Arquitecto, Docente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP
    Periodista, creador y conductor del programa radial Taller Urbano (jueves de 21 a 22hs )
    Radio universidad de la plata AM-1390 http://www.lr11.com.ar

  2. […] del gobierno, como se vio en las arengas de Cristina contra las luchas y la acción directa. Como dijo Eduardo Grüner recientemente: “todo ‘ciudadano progre’ riguroso, sean cuales fueran sus simpatías […]

  3. diego dice:

    lastima que gruner no desbele la gran diferencia del frente con respecto a la otra izquierda “la Democratica” que dialoga, respeta y parlamenta de lo lindo pero jamas peleo como debe pelear la Izquierda.Este frentre camarada Eduardo esta conformado por la Vanguardia (si vanguardia) que enfrenta diariamente y sin respiro al Capital (petroleros, sojeros, bancos, estado buerges)al que usted y yo pretendemos (humildemente)quebrer las piernas.mis respetos por los que ponen la jeta.Grasias

  4. juan dice:

    Ante el texto de Grüner, por Juan Ciucci (en Agencia Paco Urondo)http://agenciapacourondo.com.ar

    En estos días se conoció una carta en la cual Eduardo Grüner manifiesta su apoyo al Frente de Izquierda constituido para las próximas elecciones. En ella, desarrolla criticas al “modelo K” y abre perspectivas de construcción para una opción de izquierda que cree necesaria. Creo que este debate es fundamental en el actual proceso político, para poder comprender y confrontar las diferentes perspectivas que permitan enriquecer al movimiento nacional en los albores de un nuevo mandato a partir de octubre.

    Su propuesta es clara: apoyar este frente de unidad para lograr una profundización de la democracia y de las causas populares. “Facilitar que la izquierda exista, y bregar para que tenga una base más numerosa que ponga en discusión franca sus objetivos y sus métodos, es una actitud de democracia elemental que, en mi opinión, no puede ser negada”, dice en su texto.

    Este punto debe ser apoyado mayoritariamente dentro del actual proceso democrático. Aunque haya sectores que aun sostienen posturas un tanto macartistas ante la “izquierda”, otros que manifiesten que si no alcanza un piso porcentual no es representativa de ningún sector y otros que creen que una izquierda que se une para ir a elecciones dentro del sistema electoral burgués poco tiene de construcción nueva y disruptiva.

    El Frente de Izquierda no es una construcción de masas que encuentra unidad en la lucha, sino más bien el intento de llegar al porcentaje fijado por la ley electoral. La cual sin dudas no favorece a los partidos minoritarios, y en ese marco puede llegar a ser un retroceso en la profundización del camino democrático-popular de estos últimos años.

    El problema, entonces, es con lo que Grüner manifiesta como contenido de ese apoyo. Remarca que han desaparecido las amenazas destituyentes hacia el gobierno y que por lo tanto, podemos tener una mirada más critica del “modelo K”: “nos permite ejercer nuestro derecho a la crítica con menos prevenciones y temores de hacerle el juego a “lo peor””. Y sostiene que el modelo ha llegado a un limite, y que más allá de algunas mejoras redistributivas es este el techo de las modificaciones que puede ofrecer: en síntesis, que es el modelo de un país burgués “normal”.

    Aquí empiezan a chocar las lecturas que de la realidad podemos tener, y las apuestas que vienen de muchos años y de distintas “bibliotecas”. Creo que no es tan seguro que se hayan superado los intentos desestabilizadores. En estos días tenemos el ejemplo del ataque sufrido por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que si bien no significa un peligro para la gobernabilidad si demuestra la recalcitrante lógica de poder de la derecha. Que aunque “bajo este gobierno se pueden hacer grandes negocios, a cambio de algunas concesiones tibiamente “redistributivas” que no afectan en modo alguno las grandes estructuras del poder”, (según Grüner); sin dudas arremeten por una puja dentro del sistema productivo que les permita obviar cualquier tipo de planteos distintos a los de la lógica liberal de producción. Los acuerdos para las próximas elecciones demuestran claramente que lejos de intentar aglomerar “progresistas”, los partidos de la oposición encuentran posible una salida por derecha. La fachada progre del hijo de Alfonsín se cae ante su acuerdo con De Narváez.

    De todas maneras, no pueden ser los elementos fundamentales de un acuerdo con el “modelo” los peligros de “destitución”. Y esto es lo que se ha ido modificando en estos últimos años, y sobre todo a partir del 25 de mayo de 2010. El amplio apoyo popular que ha logrado este proyecto ha sido demostrado en más de una oportunidad, y ha tenido gran importancia en lo que consideramos una profundización. Que no vemos que se haya frenado, ni que sea pasajera. Y no compartimos la lectura que proviene de numerosos partidos de izquierda que ven en los últimos tiempos un “giro a la derecha”. Claramente es este un movimiento pluriclasista, que desde el gobierno propugna una paz social ligada a la institucionalización del proceso social y lograr un reparto igualitario de las riquezas. Pero que justamente desde su participación popular no tiene un norte preasignado; y que fluctúa según las fuerzas en pugna dentro de la sociedad.

    Grüner agrega en un extenso comentario en el blog donde discute el frente que del gobierno burgués se pueden apoyar algunas “partes” sin ceder en la crítica al Todo/ de un proyecto de transformación radical se debe apoyar el Todo sin ocultar la crítica a las “partes”. Es sin dudas un interesante planteo, casi un juego retórico. Pero que permite visualizar un conflicto central: las partes y el Todo. Ese Todo él lo enuncia del siguiente modo: “los objetivos de una transformación profunda y emancipatoria de nuestra nación como parte de un proyecto latinoamericano y mundial de liberación del despotismo del Capital mundializado”. Pero que al no haber una opción valida de izquierda llevaba a muchos a aceptar “diversas variantes de “centro-izquierda” y “bonapartismo””. Esta disputa, asi planteada, esta alejada de las masas, y de la clase trabajadora. Nuestra historia y nuestras tradiciones obreras enraízan en cuestiones mucho más profundas que este tipo de disyuntivas del progresismo. Ese apoyo popular que el gobierno kirchnerista a logrado esta en dialogo directo con las mejores expresiones del peronismo, movimiento de masas de fuerte raigambre nacional. Y este punto tampoco es desdeñable desde una lectura histórica de nuestra realidad: somos un país colonial, en donde nuestra identificación nacional es fuertemente antiimperialista. Grüner señala que la oposición es innecesaria (dicho esto con una fuerte intención polémica) “porque el “modelo” vigente, que el gobierno se prepara efectivamente a “profundizar” tras su seguro triunfo en las elecciones, es el de un país burgués “normal””. Y esto creemos es un error, porque en nuestra situación colonial (no por elección, sino por una historia que seguimos intentando revertir) nunca nos han permitido que podamos ser un país burgués normal (si es que acaso existe alguno sin sostener con sus colonias relaciones despóticas y semiesclavistas).

    La lucha de clases es permanente, aun incluso dentro del movimiento nacional y popular. Y las posibilidades destituyentes van más allá de los buenos o los malos negocios, sino que se relacionan con los intereses imperiales en la región. Y ese Todo también se expresa dentro del movimiento, que no tiene limites y que engloba las diversas posibles acciones a desarrollar. En eso esta la riqueza del peronismo, que puede movilizar a nuestra sociedad hacia “una transformación profunda y emancipatoria de nuestra nación”, de “liberación del despotismo del Capital mundializado”.

    Podemos aun decir con John W. Cooke: “El peronismo podrá desaparecer cuando deje de expresar reivindicaciones nacionales y populares y otro movimiento lo releve con ventaja, o cuando él mismo evolucione hacia algún nuevo tipo de nucleamiento que lo supere dialécticamente, es decir, sin negarlo sino integrándolo en una nueva síntesis. No desaparecerá por decisión propia porque no es un puñado de ideas y mitos decolorándose, sino una misión, un frente de la nacionalidad estructurado en torno a su clase revolucionaria y cargado con la potencialidad de la transformación integral de la sociedad”. Se nos podrá decir que muy bien no le fue al Bebe dentro del movimiento, pero no por eso caerá su análisis. Y esto es lo que aun no logra analizar cierta intelligentzia nacional, tan adepta a terminologías como bonapartismo y populismo. Pero para esto debemos antes consensuar que “el peronismo fue el más alto nivel de conciencia al que llegó la clase trabajadora argentina”. Y quienes aun intentamos interpretar el 2001, debemos preguntarnos: ¿alguien creía en el 2002 que volvería a ver una “gloriosa JP”? ¿Podemos dar por finalizadas ciertas practicas que la realidad no ha hecho más que revitalizar?

    Sin dudas, aun no han sido discutidas con profundidad estas expresiones. Ni la coyuntura nacional, ni la coyuntura latinoamericana han puesto este tema en el tapete (¿o sí, pero no han sido retomados socialmente?) . Por eso es importante discutir con los sectores de izquierda que critican fuertemente este proyecto, que permiten criticar un esquema de poder que podría tender al quietismo. Sin embargo, el gobierno sigue siendo quien corre por propia iniciativa los limites de lo posible en nuestra realidad; más allá de los planteos que ofrezcan diversos actores sociales. En la trama de poder, es el Estado K quien tiene la iniciativa política. Y no creo que hacia la derecha, sino más bien en un sentido nacional y popular. Que al no tener un Todo preconcebido logra sin dudas un infinito potencial (con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad, claro esta).

    Y para finalizar (no para aplacar estos debates, pero no puedo soslayarlo), este sector de izquierda es el que es y no un otro potencial. En su ultimo articulo Altamira cargó ya con cierta virulencia sobre el PTS: “Es verdad que el PTS tiene el hábito de buscar colarse en cualquier polémica académica con el calificativo de “debates necesarios”, “debates imprescindibles” o “debates ineludibles”. Parece sufrir de abstinencia académica”. Justamente el aporte de Grüner tiene por fin ampliar el pensamiento de una izquierda necesaria; el problema es ver si logrará encontrarse con ella. Aunque no lo haga, espero que no cese en su búsqueda. (Agencia Paco Urondo)

  5. Eduardo Grüner dice:

    RESPUESTA A JUAN CIUCCI, POR EDUARDO GRÜNER (PARTE I)

    Estimado Juan:
    Ante todo, quiero agradecerte profundamente la buena voluntad y auténtico compañerismo que demostrás en esta discusión. No es –al menos en mi experiencia personal- la actitud predominante en estos días “crispados”, y sí es algo que ayuda a lo que vos mismo calificás –y estoy plenamente de acuerdo- como un “debate fundamental” (y me alegra que ese debate haya llegado a este blog: no es bueno recocerse en la propia salsa). No es poco lo que se juega, y es por eso que esa “buena voluntad” es tan imprescindible como la pasión y firmeza en la defensa de las propias convicciones. Mi apoyo al Frente de Izquierda –lo he dicho y escrito ya muchas veces- es lo que suele denominarse una “apuesta pascaliana”, con todos los riesgos que ella implica: está atravesada por toda clase de reservas, de críticas, de dudas, de prevenciones. Creeme que conozco bien las limitaciones y contradicciones de nuestros partidos de la izquierda tradicional, las vengo sufriendo desde hace unos 45 años (es toda una confesión pública de mi edad, dicho sea de paso). También, por la misma razón, las del peronismo. Y estas últimas, menos “desde afuera” de lo que se podría pensar: contra lo que algunos comentaristas del blog “Paco Urondo” parecen creer, no tengo una gota de “gorila”, de “anti-peronista”, de “anti-nacional”. Como hombre de izquierda, y sin haber renunciado a esa “identidad”, me ha obsesionado siempre la “cuestión nacional” y latinoamericana; he escrito muchos largos textos sobre el tema, muchas veces en polémica con ciertas rigideces de esa izquierda “tradicional”, justamente porque –al fin y al cabo soy lo que se suele denominar un “intelectual”, para bien o para mal- entiendo el enorme valor de los símbolos, las “identificaciones imaginarias” y sus efectos bien materiales , todo eso. Nadie tiene por qué conocer mi (modestísima) historia política e intelectual, pero uno esperaría que –justamente por tratarse de un debate importante- se escribiera un poco menos prejuiciosamente y un poco más “informadamente”. En fin, ya volveré sobre esto si hay tiempo. Los temas que vos planteás, Juan, son muchos y muy profundos. No estoy seguro de poder responder a todas las cuestiones implicadas, pero intentaré empezar hacerlo en esta primera parte de mi respuesta, aunque sea telegráficamente, con las que se me antojan centrales:
    1. Calificás a nuestro país (dos veces) como “colonial”. Se entiende como metáfora elástica o como consigna “setentista” (Patria sí, Colonia no, etc.). Como categoría teórica, política e histórica, no estoy de acuerdo: es “semi-colonial” o “neo-colonial”, o en todo caso –como también se decía en los 60 / 70- “dependiente”. La distinción es importante, porque supone diferentes políticas de confrontación. Habiendo superado el estatuto “jurídico” de colonia hace ya 200 años (¿o qué se festejó oficialmente, si no, en el famoso Bicentenario?), un proyecto de liberación verdaderamente radical combina necesariamente la lucha nacional (y continental) contra el imperialismo con la lucha social por la emancipación de los sectores oprimidos. Es una articulación entre el “afuera” y el “adentro”, dimensiones cuya frontera es cada vez más borrosa en tiempos de “globalización” (es decir, parafraseando a Samir Amin, de “mundialización de la Ley del Valor del Capital”). Si nos quedamos en la dicotomía Colonia versus Imperio, la imagen es la de dos bloques más o menos homogéneos y externos uno al otro: ¿dónde está en ese esquema la “lucha de clases” que vos mismo invocás? El Imperio no es una exterioridad , lo tenemos adentro . No existe hoy esa entelequia llamada “burguesía nacional” (quizá todavía se pueda encontrar algo de eso en Brasil o Mexico, aunque tengo mis dudas; en todo caso, seguro que aquí no: se intentó “inventarla” en el período de “sustitución de importaciones”, algo que irónicamente iniciaron los gobiernos conservadores en la década del 30, aunque lo profundizó el peronismo pre-Congreso de la Productividad / contratos con la Standard Oil; aún con estas “agachadas”, a Perón no lo dejaron construir un “país burgués normal”, y fueron las salvajadas gorilas, anti-populares y abiertamente pro-imperialistas a partir del 55 las que retroactivamente hicieron del peronismo un “hecho maldito”). ¿Qué quiero decir con todo esto –sin que sea para vos ninguna gran novedad-? Que los intereses de la tímida burguesía local que pueda existir están íntimamente entramados con los de las transnacionales imperiales, y que todo el sistema productivo argentino –aún con las medidas “redistributivas” que se tomen- depende de ese entramado. Por supuesto que con el ALCA eso sería todavía peor, y es de festejar que nos abstengamos, pero el “no al ALCA” no basta para alterar esa estructura básica. No basta, pues, con una política exterior de autoproclamada “independencia” (que sin embargo no vacila en colaborar estrechamente con el Imperio también en el “exterior”, por ejemplo manteniendo las tropas argentinas en la pobre Haití, para no mencionar el pago de la deuda externa o las leyes “anti-terroristas”). ¿Qué se ha hecho realmente contra ese entramado? (no me van a decir que el tironeo por la 125 –que en su momento yo defendí, por cierto- era eso, cuando por otra parte en los últimos años “K” se más que duplicó la superficie de soja a favor de Monsanto y Cía). ¿Que esos procesos son lentos y complejos? ¡Pero ya van ocho años! ¿Y dónde está realmente eso en el programa de gobierno para los próximos cuatro (total: doce)? ¿Dónde está una reforma fiscal radicalmente progresiva, que podría “redistribuir” mucho más profundamente con sólo ponerle un palito en la rueda de las ultra-mega-ganancias que las multinacionales han obtenido en esos mismos últimos ocho años? ¿Dónde está la reforma profunda de la Ley de Entidades Financieras que seguimos arrastrando como “pesada herencia”? ¿y el Estatuto del Banco Central? Obsérvese, por favor, que no estoy hablando de revoluciones sociales, banderas rojas o trincheras proletarias: apenas de reformas que nos pondrían, sí, en el camino de un país burgués-nacional “normal” (y, entre paréntesis, cuando decís que no nos dejaron ser un país “burgués normal”, ¿eso que quiere decir? ¿Qué sería lo deseable?). Pero ni siquiera hemos llegado a eso.

    2. ¿Por qué no se hace todo lo anterior? ¿Por falta de “poder” (que vos diferenciás tajantemente del “gobierno” –otra vez, como se hacía en los 70-)? ¡Pero si vos mismo decís –y yo admito- que este gobierno tiene un enorme apoyo popular! ¿Eso no es poder ? ¿O cuando decimos “poder” pensamos solamente en la lógica “burguesa”, es decir económico-parlamentaria, y no en el inmenso poder potencial de las movilizaciones de masa , que no han sido convocadas ni siquiera para defender cosas como la 125, y por lo tanto no hay por qué pensar que lo serán para defender medidas que no se han tomado, como las citadas más arriba? ¿Entonces, a veces no habría que ser ”populista” en serio , y legítimamente sortear las “trenzas” legalistas ejerciendo las presiones multitudinarias que correspondan en defensa de la famosa “profundización”? Por supuesto que no: convocar esa movilización –no digamos ya permitir que las masas se autoorganizaran en forma autónoma para defender sus propios intereses- correría el riesgo de un deslizamiento más explícito hacia esa “lucha de clases” que vos con toda razón invocás, pero ciertamente no el gobierno (que más bien, y por boca de la mismísima presidenta, se ha manifestado repetidamente en contra de la “lucha de clases”, exhortando enfática si no amenazadoramente a una “paz social” que vos defendés…¿en nombre de qué?¿de la sacrosanta “gobernabilidad” burguesa ?). Quiero decir: ¿hasta dónde se estiraría, aún si se convocara, la tolerancia con semejante movilización? ¿Hasta protestar por el despojo y masacre de los Qom pero no por la alianza del gobierno con Insfrán? ¿Hasta protestar por la minería contaminante pero no por la alianza del gobierno con Gioja? ¿Hasta denostar los siniestros 90s pero no las actuales alianzas con Menem y tantos otros “noventistas”? ¿Hasta “indignarse” –palabrita de moda- por el asesinato de Mariano Ferreyra pero no por la alianza del gobierno con la burocracia sindical? ¿Hasta empujar la “profundización” de los Derechos Humanos pero sin cuestionar la alianza con Aldo Rico, ni digamos ya investigar el rol protagónico de las grandes multinacionales (Ford, Wolkswagen, etc.) en la tortura, desaparición y asesinato de los militantes sindicales? ¿Hasta recordar ceremonialmente la “gesta” de los 70 pero sin retomar en los hechos lo actuado por la resistencia o la CGTA (fijate que ni siquiera estoy haciendo “salir” la “lucha de clases” de adentro del peronismo, el “más alto nivel de conciencia a que llegó la clase obrera argentina”)? Y bueno, claro, es que convocar a la movilización de las masas es un arma de doble filo: se sabe cómo empieza, pero no a dónde conduce. Entonces, si no se hace –como no lo hizo el mismísimo Perón en 1955 contra la opinión de Cooke y otros-, ¿no estoy en mi derecho de pensar que no se quiere hacer, que lo que se quiere es garantizar la “normalidad burguesa”? ¿Qué quizá ese sea su “norte preasignado”, aunque a veces –cada vez menos- lo fije con un estilo “decisionista” que perturbe las hipocresías republicano-liberales? ¿Que, si “fluctúa según las fuerzas en pugna dentro de la sociedad”, no obstante no fluctúa tanto como para permitir que esas “fuerzas” lo empujen más allá de aquellos límites que acabamos de enumerar? Porque, entendámonos: esos límites son , para el “modelo”, insuperables: si no fuera así, ya lo hubieran hecho, apoyándose en la movilización “consciente” de las masas. Por lo tanto, no es –como vos concedés- que hay un “esquema de poder que podría tender al quietismo”. Este “quietismo” ya es el esquema de poder (¿o de “gobierno”? ¿en qué quedamos? ¿hay “poder” o no?) “realmente existente”. Y si es así, ¿qué más hay que esperar? ¿por qué no apostar a otra cosa , que modifique sustantivamente ese “esquema de poder”? Desde ya: construir esa “otra cosa” no va a ser tarea de ninguna “vanguardia iluminada”, llámese Frente de Izquierda o de cualquier otra manera (no hago una cuestión de nombres, aunque no veo por qué tendría que renunciar a la palabra “izquierda”): las masas tendrán que hacer, como siempre, su propia experiencia. Pero sería un completo oportunismo de nuestra parte callarnos la fundada opinión de que, dentro del actual “esquema de poder”, esa experiencia tiene límites muy precisos: los de –perdón por la insistencia- la “normalidad burguesa”. (Sigo en la próxima)

  6. juan ciucci dice:

    Eduardo: tengo que agradecer yo también tu buena voluntad para este dialogo, y realmente quisiera nos sea útil a todos. Espero la segunda parte con mucho interés, para intentar elaborar una coherente respuesta.
    Saludos.

  7. Eduardo Grüner dice:

    RESPUESTA A JUAN CIUCCI, POR EDUARDO GRÜNER (PARTE II)

    3. Es por todo esto en que insisto en que no hay peligro “desestabilizador” y en que la oposición (de derecha) es “innecesaria”. Las dos cosas están, claro, estrechamente vinculadas. Sobre lo primero: para que haya ese peligro se requiere al menos, a) que una o varias fracciones importantes de la clase dominante vean sus intereses lo suficientemente afectados como para decidir ese “asalto al poder”; b) que logre el concurso de –o sea empujada por- las agencias del imperialismo preocupadas por efectivas “molestias” a sus propios intereses, o por un crecimiento “incontrolable” de la lucha de clases; c) que cuente con el apoyo de sectores significativos de la sociedad –normalmente, las clases “medias” temerosas del “desorden” o de la pérdida de sus igualmente “medios” privilegios-; d) que exista lo que antes se denominaba un “partido militar” fuerte y dispuesto a “poner la cara” por las clases dominantes. Bien. Convendrás conmigo, Juan, en que ninguna de estas cuatro condiciones están dadas, ni por darse, hoy. Con escasas y muy marginales excepciones (más bien “discursivas”) el poder económico que realmente importa está discretamente feliz con el gobierno (uno de los comentaristas del blog Paco Urondo lo dice con condensada sencillez: “Si yo fuera el presidente de la UIA votaría a Cristina”). La embajada yanqui está totalmente tranquila y “colaborativa”. Aún la clase media porteña más recalcitrantemente gorila que se dispone a renovar los estragos de Macri ha aceptado plenamente las “reglas del juego”, y como vos decís, hay amplio apoyo popular al gobierno. El “partido militar” hace mucho que no existe, ni se ve que vaya a recomponerse. La cúpula de la Iglesia patalea un poquito pero en conjunto está neutralizada. La lucha de clases siempre está, por supuesto, y en el último año produjo algunos conflictos importantes (aunque el Ministerio de Trabajo asegura que la conflictividad bajó), que –contra el sentido común dominante- sí han sido en varios casos directa o indirectamente reprimidos, pero no alcanza a poner en cuestión ninguna “gobernabilidad”. No hay al momento la más mínima posibilidad de intentonas (diferentes, desordenadas y confusas como fueron) como las de Bolivia, Honduras, Ecuador. ¿Entonces? El único ejemplo que vos das –al mismo tiempo aceptando con honestidad que no representa un serio peligro- es la campaña mediática contra las Madres (aclaro lo de “mediática”, porque ningún jefe político de peso de la oposición ni menos aún algún líder de las corporaciones económicas se ha atrevido todavía a basurear directamente a Hebe): o sea, precisamente las dos cosas que yo señalo como también marginales excepciones: los DDHH y los monopolios de medios –una oposición “ideológica” y menos constructora de verdadera “hegemonía” de lo que se aduce por necesidad de fabricar enemigos “extremos”, pero esta es otra discusión-. No hay el menor atisbo de nada de lo que tuvimos en el 2008, con los “rurales” y la clase media “norteña” cortando rutas y caceroleando en Recoleta. Hasta el (un poco patético) episodio Sarlo / 678 es un mini-síntoma de los “nuevos aires”. “Mini”, pero finalmente “síntoma” de que cierta nueva “centro-derecha-liberal-progre-pensante-ex -izquierdoide” (un galimatías muy argentino) está, en todo caso resignada, y en algunos casos módicamente entusiasmada (falta estudiar cuán decisiva es la contribución de Sarlo a la producción del “mito Néstor”, que no se puede atribuir a mero oportunismo editorial) con el “mix” de crecimiento económico + discursividad “progre” + ínfulas de “combatividad” política, que es hoy por hoy la imago de la cultura K , con su “consensualismo” binarista (el que no es K es gorila, la “batalla cultural” es K contra Clarín, el Estado está contra el Mercado, y así de aburrido) (Nota: cuando tengamos más tiempo, sería bien interesante discutir –yo no tengo todavía una caracterización completa- si esta “cultura K” en formación no es una forma embozada / desplazada / reciclada –no digo que necesariamente consciente- de “post-política” y “pensamiento único” cuya fraseología “setentista” racionaliza una nueva versión “politizada” de “administración de lo existente”: apuesto a que con la progresiva “normalización” esto va a quedar cada vez más claro; en todo caso, lo que para mí es seguro es que ya se parece mucho a ese recurrente progresismo más o menos socialdemócrata de clase media que conocimos con el alfonsinismo, el Frepaso, etc. que, te recuerdo, no dejaba de agitar sus significantes “nac & pop”: la historia, en efecto, se repite…). En fin, que estamos entrando en el mejor de los mundos… burgueses. Habrá que ver cuánto dura (si gira el “viento de cola” y todo eso), pero eso por ahora es especulación.

    4. Todo lo anterior (digo, los puntos 1 a 3), más mi no-descartable cabeza dura, me llevan a persistir en mi fórmula de que la oposición (de derecha) es innecesaria . La mejor prueba –como lamentan hasta la manía (depresiva) los editorialistas de La Nación y Clarín- es, no solamente la “dispersión” (que, ya se verá, finalmente no es tanta: con serias posibilidades de disputar algo va a quedar una derecha neoliberal relativamente nítida –digamos Alfonsín / De Narváez- y una sedicente centroizquierda charlatana –digamos Binner / Solanas / Stolbizer, o algo así- y chau: el análisis habría que hacerlo en términos de fuerzas político-ideológicas globales, no de las “chapas” partidarias o los “quioscos” individuales). Retomo: la mejor prueba, decía, es que efectivamente (los ideólogos de LN no son tontos) no hay , por parte de los partidos burgueses o pequeño-burgueses, ningún consistente “modelo” alternativo que vaya más allá de la fraseología moralista sobre la “corrupción” o el “autoritarismo” (vale decir, limitándose a atacar el “síntoma”). Y la razón es muy sencilla: si la propia burguesía (que tampoco es tonta), aprendiendo de sus errores y caprichos ideológicos, se va dando cuenta que el gobierno está haciendo las “tareas burguesas” de la hora, y a cambio de eso se puede soportar –pataleando un poco pour la gallerie – alguna medida de redistribución “paliativa” (que en verdad “palia” lo que el propio modelo produce, en la eterna lógica del círculo vicioso), las desprolijidades de los Morenos, De Vidos o Moyanos y las Cámporas, y un poco de barullito en la calle, etcétera, y quizá hasta se banquen que al final les saquen sangre a los “hijos” de Madame Noble (¿dónde viste un gran burgués tirando la bronca por eso fuera de las páginas del gran diario argentino?) (y varias de estas desprolijidades pueden incluso ser a la larga útiles a los fines de una “legitimación progre”), si todo es así y la propia burguesía no se calienta por pergeñar un “plan B” (nunca les faltó: en el 30, en el 46, en el 55, 58, 63, 67, 73, 76 y siguen las firmas), ¿de dónde lo van a sacar sus partidos? ¿y para qué? Ciertamente que la “hegemonía K” tiene muchas y complejas y contradictorias explicaciones (que incluyen, cómo no, algunas virtudes), pero seguro que una de ellas es la famosa fórmula “¿Para qué vamos a apoyar a la copia (estúpida) cuando tenemos al original (astuto)?”. Entendeme por favor, Juan: no estoy diciendo que del lado K –como de cualquier lado- no haya auténticas convicciones, voluntad de cambio, etcétera. Pero sólo con la autenticidad y la voluntad no vamos muy lejos: hay que ver, en la “síntesis de múltiples determinaciones”, a dónde conduce “objetivamente” todo eso.

    5. Y bien: puesto que no hace falta (aunque en los papeles exista) una oposición de derecha, entonces, y por la misma razón, hace mucha falta una oposición de izquierda en serio . Quiero decir: no una “izquierda” del “modelo” (de eso hay en el espacio K, no lo niego: vos sos una prueba), sino una izquierda que demuestre, “en la teoría y en la práctica”, la necesidad y la posibilidad de otro “modelo”, que responda a una lógica de construcción, de recreación, incluso de re-fundación de lo político (en el sentido amplio pero estricto de una reorganización realmente profunda de la polis , de los “lazos sociales”) radicalmente diferente a “lo que hay” –como diría Feinmann, en verdad plagiando mal a mi amigo Horacio González-. ¿Será eso el Frente? Todavía no lo podemos saber. Con todas las sempiternas críticas que podamos hacer (desde nuestra cómoda posición de “intelectuales críticos”, que no tenemos por qué ni nadie nos pide abandonar) a los partidos que lo han formado, un Frente es, en principio, otra cosa. Abre una potencialidad cualitativamente distinta a la mera sumatoria de sus partes. Envía de hecho -ya veremos si en lo sucesivo está a la altura de lo que envía- un “mensaje” de unidad programática a miles y miles de luchadores que no necesariamente se autocalifican explícitamente “de izquierda” (en seguida vuelvo sobre esto), pero que pelean consecuentemente, no por la “profundización” de lo que “falta” (aunque muchos lo enuncien así, en su propia práctica de lucha se encuentran a diario con los límites de esa “profundidad”) sino por aquella re-fundación de “lo político”. Por supuesto que todo esto no va a suceder mágicamente en el corto plazo (si me permitís la humorada, me parece poco probable que el Frente gane las elecciones de octubre). Pero estoy convencido –contra ese muy central sentido común de la “batalla cultural” K- que hay mucho a la izquierda del kirchnerismo. Y no me refiero solamente al Frente, a sus partidos, a otras organizaciones y movimientos sociales que no están en él, a los individuos que se identifican como tales (todo esto, lo reconozco, es todavía poco). No, me refiero –aparte del hecho indudable, si bien aún no decisivo, de que esas organizaciones han logrado influencia en algunos sindicatos y movimientos populares y estudiantiles- a que hay mucha izquierda adentro del espacio K. No es sólo una cuestión de designaciones (“izquierdista”, “kirchnerista”, etc.), si bien sería necio negar que ellas tienen sus efectos “performativos” a la hora de construir “identidades” políticas. Pero más allá de eso, como decía recién, hay también prácticas de lucha de muchas fracciones de la clase obrera y diferentes sectores de oprimidos que, aunque se digan peronistas “K” (¿y quién soy yo para negarles esa identificación?) hacen una política radicalmente diferente a la del “oficialismo” K. También para ellos la emergencia del Frente es –perdón por la frivolidad- un “guiño” de que hay , “afuera”, otra cosa que va –quizá un poco más “conscientemente”- en el mismo sentido que ellos. Vos afirmás que, en la Argentina, la lucha de clases pasa muy principalmente por adentro del peronismo (aunque también decís, entiendo que como rasgo positivo, que es un movimiento “pluriclasista”: hay algo que no “cierra” en celebrar ambas cosas; de todos modos, no se me escapa que este de la “lucha de clases” es el tema más enorme y complejo que planteás en tu nota; requeriría una discusión teórico-política de una elaboración que no puedo emprender aquí y ahora, pero me comprometo para dentro de no mucho, creo que sería capital para los debates no sòlo de este blog y del Frente). Retomo, “la lucha de clases pasa muy principalmente por adentro del peronismo”: por supuesto, ¿quién podría negarlo? A mi juicio es el dato central de la política argentina desde hace ¡sesenta y cinco años! (toda mi vida, y con más razón la tuya) Y, sí: esto es algo que la (o cierta) izquierda viene discutiendo desde hace esas seis décadas, desde los tiempos del “entrismo” en el peronismo o en la resistencia. Entonces vos me dirás: ¿y se creen que lo van a arreglar ahora? Pero es que no se trata de “arreglar” nada. Desde ya que sería una transformación fenomenal, “revolucionaria”, que todos esos honestos luchadores peronistas se reconocieran como de izquierda (que lo son), se afiliaran al Frente, lo que fuere. Pero las tradiciones y autoidentificaciones político-culturales no se cambian por la fuerza de la voluntad. Por ahora lo esencial es que sigan haciendo lo que hacen –es decir, la lucha de clases, aunque sea dentro del “movimiento pluriclasista”-, y al mismo tiempo cuenten con una referencia en aquellos que no se identifican con la misma tradición pero que están en la misma “cosa” (la lucha de clases). Es una referencia que antes de la aparición de este Frente estaba mucho más “borroneada”. Vuelvo, pues, al principio: no podemos saber qué va a pasar con el Frente. Para muchos de los autocalificados “intelectuales independientes” –y su número creciente es un síntoma de que también para nosotros significó un “guiño”- es lo que ya varias veces llamé una “apuesta pascaliana”. Las apuestas se pueden ganar o perder. Pero sólo se pueden aspirar a ganar si se sostienen . Si perdemos habrá que pensar en otra cosa. O en nada. Mientras tanto, hay que agradecer que este re-anudamiento permita seguir alimentando el deseo .

    6. Una vez más, Juan, te agradezco sinceramente la oportunidad de este intercambio. Te pido disculpas porque en cierto modo lo he “usado” (pero en el mejor sentido del término) para ordenar algunas ideas que, equivocadas o no, pueden ser estímulos para pensar -también esa es una ventaja del Frente y de este blog-. Ojalá el debate siga, se amplíe, se multiplique. Es urgente, imperioso, discutir entre todos los que se reconozcan en la lucha, aunque no lo hagan en los nombres. Ojalá, en ese sentido, estalle este blog y otros parecidos. Tal vez algún día ya no sean necesarios. Un fraternal abrazo, la seguimos cuando quieras.

  8. Juan Ciucci dice:

    Nueva respuesta a Grüner, Parte 1, por Juan Ciucci

    http://agenciapacourondo.com.ar/formacion/3849-nueva-respuesta-a-gruner-por-juan-ciucci.html

    Eduardo: Gracias por considerar útiles las líneas que escribí y que fueron inspiradas en tu carta, y generar este debate. Al leer tu respuesta sentí que respetabas e interpelabas lo que dije; y me honra que asi sea, a la par que demuestra tu venturosa predisposición al intercambio de ideas. Quiero destacar también tu uso del humor y la ironía, tan difícil parece ser en estos días, pero fundamental en la mejor tradición política argentina. Te pido que leas estas líneas en igual sentido, que intentan escapar a la mera solemnidad.

    De la respuesta que me dirigís, debo responder algunas cosas. Lo hago punto por punto, siguiendo tu propuesta para intentar ser más claro. E incluyo una introducción, que creo engloba un poco mi posición en el debate.

    En sus mejores momentos, que no son solo por su propia construcción sino también por el contexto histórico que lo acompaña, el peronismo se transforma en algo asi como el ágora de nuestra patria. Los amantes de la democracia (quizás el mejor chiste de Barcelona sea eso de “el mejor sistema inventado por el hombre”) refieren siempre a Atenas y su ágora: espacio en el cual se discute y se construye la política. El peronismo es nuestro ágora, es un espacio posible de discusión y lucha, un campo de batalla.

    Nuevamente es en el peronismo en donde la disputa se resuelve, en el marco y la profundidad que el pueblo le otorga. No hay vanguardias ni iluminados en ese espacio común. Son las tradiciones y las luchas que nos acompañan desde siempre las que marcan el camino, desde ese comienzo ambiguo en Mayo, pasando por aquella línea nacional: San Martín, Rosas, Perón. Y la profundización del proceso, con los pensadores nacionales que aportaron herramientas hacia una idea de socialismo nacional (distinto al estalinista, aclaro por las dudas). Esto nos permite rediscutir, de paso, aquello de que lo mejor del pensamiento peronista se dio durante la proscripción, tiempo en el cual los intelectuales nacionales produjeron obras para repensar lo que había pasado y lo que podía pasar. El medio pelo, Los profetas del odio, Imperialismo y Cultura, Apuntes para la militancia; entre otros. Porque también es cierto que el peronismo en el poder tiene el riesgo de los adulones, que son uno de los principales males del movimiento. Que a su vez, surgen en parte por los ataques impiadosos que de todas partes recibe el peronismo.

    Hoy se ve en la discusión, en la participación política, que es dentro de estos limites donde encontramos la construcción social. La vitalidad del peronismo esta en la calle, y también en estos nuevos espacios de disputa política, de la generación 2.0, como la nombran. Yo vengo de otra historia, y las redes sociales no me entusiasman demasiado. Pero tomemos como ejemplo su propio texto, Eduardo: en el blog del IPS no tuvo mayores rebotes, en la pagina de la Agencia Paco Urondo ya lleva como 60 comentarios, que son las maneras en que quienes leen participan de la discusión. Esto sin dudas tiene que ver con la historia y la presencia que ya tiene la agencia, y la novedad del blog del IPS. Pero también, creo, refleja esta pertenencia en la disputa, el lugar que ocupa el peronismo en nuestra realidad.

    También va quedando claro que aquellos que temían que este gobierno nos lleve a los ´70, ya tendrían que estar más tranquilos. Pero no es menos interesante ver como estamos en un proceso cercano a los ’50, a ese primer peronismo, pero tamizado por las lecturas de los ’70 y la experiencia histórica acumulada. La historia se repite, pero no como farsa; creo es una necesaria apoyatura para ver de donde venimos y hacia donde podemos ir. Y no es casual que surjan luego de las dos décadas infames (’30 – ’90) estos movimientos, y por eso el futuro es incierto, pero venturoso. Estamos recién recuperando y sembrando disputas que, creo, habrán de madurar en el pueblo. Y este sistema no puede contenerlas, los limites de un capitalismo de estado son estrechos cuando el pueblo forma conciencia. Estamos en esa apuesta, muchos (adentro y afuera). Pero hoy, acá, tenemos un pueblo y una presidenta en dialogo fundante, como hacia añares no veíamos en nuestra patria. Ante eso, uno debe acompañar, aprehender, criticar, participar.

    Ahora respondo punto por punto:

    1) Dije colonia, referida justamente a lo que calificas luego con relación a los intereses entramados entre la burguesía local y las transnacionales imperiales. Claramente hemos logrado romper los lazos legales del coloniaje, pero no asi los económicos y culturales (que se ven también en nuestro pensamiento, demasiado apegado aun a estructuras del iluminismo europeo, sumado al desconocimiento de nuestra historia y nuestras tradiciones). La idea de “dependiente”, o “semicolonia”, por más que conceptualmente se ajusten a las cuestiones político-jurídicas, siempre me parecen como paliativos del grado de dependencia con el que convivimos. Siguen viéndonos como su patio trasero, estamos y estaremos en lucha hasta que la liberación sea alcanzada por todos los que comparten nuestra suerte. Por eso es fundamental la unión latinoamericana, y desde ahí la famosa Tercera Posición podría cobrar otro sentido (el cantito famoso entonces tendría que haber sido “Ni yanquis ni estalinistas, peronistas”, ¿no?).

    Sobre este punto: los festejos serán en el 2016, un 9 de julio en que se cumplan los 200 años de la declaración de nuestra Independencia (¿y será con la Patria Liberada?, si se me permite la humorada esperanzada). Mayo fue un pronunciamiento, pero justamente, no demasiado antiimperial. En el Bicentenario festejamos lo que este año Cristina destacó con claridad: Tenemos Patria. Es un festejo de nuestra nacionalidad, de nuestra conformación como país, de la importancia de que exista un Estado Nacional fuerte. Por eso que vayan 8 años no me parece tanto tiempo, si contextualizamos desde donde venimos y qué historia estamos recién reconstruyendo. Quizás tomo demasiado del positivismo marxista, pero estos pasos son fundamentales para poder construir algo que lo supere.

    Por eso no tomo al país “burgués normal” como lo deseable; lo que quiero decir es que no podemos argumentar nuestra realidad como si fuésemos un país en uso de sus plenas libertades democráticas capitalistas (tema complejo, porque ¿donde existen?). Y entonces de allí suponer que la burguesía esta contenta (toda, como si fuese plena unidad, y no tuviese sus conflictos propios) porque marchamos hacia una normalidad. Porque esos intereses locales que juegan con el interés del imperio, no comulgan con un país que desarrolle sus capacidades productivas más allá de las requeridas por la metrópoli. En este punto dirás que no lo estamos haciendo, y acá entramos en datos de la realidad (con “polémicos” Morenos incluidos).

    No le dejaron construir a Perón ese país burgués, y sembraron de sangre la nación por más de 20 años. Caídos el Pulqui, y toda industria nacional que no fuese subsidiaria de transnacionales. Acá quiero remarcar, antes que la historia comience a conjeturarse, que asi como el primer peronismo no vino a frenar ninguna revolución, tampoco el kirchnerismo freno un proceso revolucionario. Que lo que tenemos es parte de la construcción social de estos años, y ese devenir no fue implantado desde arriba, como algunos quieren simplificar para entender lo que les es inasible. Pueden decir que el peronismo es desviacionista (por el tema de la conciliación de clases), pero no presentar un panorama que no existe.

    La lucha claramente es antiimperialista y anticapitalista, y es sin dudas una articulación. Esta es mi visión, no necesariamente la del colectivo que formo parte y quizás menos de la dirección del movimiento al que apoyo en mi accionar. También soy libre en mi decir y en mi pensar, y esa libertad la busco y la construyo desde adentro. No porque crea que “hay que estar adentro para cambiar las cosas” (pensamiento que siempre considere reaccionario), sino porque creo que este adentro tiene en su interior ese potencial. No porque haya que bancarse la mierda del adentro “porque asi funciona”, sino porque en su misma constitución tiene el potencial de un cambio radical de nuestra realidad. No son estructuras a las que uno se suma para cambiar; el cambio esta dentro de esas estructuras. No se es una vanguardia dentro del peronismo, o una “izquierda del modelo”. Lo complejo y fascinante de este movimiento de masas es que lo contiene en su interior (voy a volver con esto, es difícil separar en puntos el pensamiento)

    Es un tema oculto y oscuro el de la participación en Haití. Y no somos solo nosotros los que ahí estamos, sino varios países hermanos. Los criterios de cascos blancos deben ponerse en discusión; como así también la Ley antiterrorista, que genera un marco legal peligroso. En esto creo que este debate nos ayuda más a quienes apoyamos al modelo, para asumir los conflictos y los errores sin miedo. Pero también, no decís nada de UNASUR, por ejemplo, que creo es una de las medidas de política exterior más trascendentes que tuvo la Argentina en su historia. (Y en estas listas, no nombras a Jorge Julio López o a Luciano Arruga, creo que para no agobiarme con más complejidades)

    Las medidas que mencionas que faltan están en proceso de discusión, pero en ese sentido aun no son las masas las que las esgrimen, que apenas conocen el estatuto del Banco Central, por ejemplo. Es un proceso en el que, lamentablemente, falta que el apoyo popular también pida claras profundizaciones. ¿Es solo el gobierno el que debe generarlas? ¿El entramado social no cumple ningún papel en dicha profundización? ¿Le cabe solo al Estado empujar a las masas? ¿Que pasa en nuestro marco social mientras nosotros debatimos?

    2) Retomo para esta segunda nota: las masas no están en las calles pidiendo claramente que esto se profundice. Ahí tenemos todos un problema, porque a este modelo no lo están superando las bases por izquierda. Se pide nunca menos, pero aun no esta tan claro en los sectores sociales qué queremos más. Y son ellos los que profundizan, “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. (Si, tengo cierta formación setentista, aunque tenga 31 años. Mis lecturas e intereses me llevaron por ahí, hace ya mucho. Pero no lo veo como un defecto, como me parece que vos lo planteas. Tampoco creo que esas herramientas sirvan para leer cualquier realidad, o tan siquiera la actual. Pero quizás ciertos términos e ideas a vos te resuenen con más fuerza que a mí como setentistas.) Entonces, ¿a qué masas se moviliza y cómo? Lo potencial esta aun a la espera, y creo que llegará su momento. Por ahora es un apoyo masivo, sí, pero casi a la espera. En esto después dicen que “arrastra a las masas”, que los mueve clientelarmente; los actos masivos nunca son valorados por aquellos sectores que no se acercan a vivenciarlos. En esto Sarlo merece cierto crédito, se mete en ese barro para verlo, aunque después siga diciendo las mismas cosas (tiene cierta impermeabilidad al peronismo, sin dudas). Sí, no es tan populista este modelo por ahora, pero no estamos ante una sociedad histórica y culturalmente politizada como, por ejemplo, la boliviana. Ahí si parece ser que las bases son un tanto más revolucionarias que su conducción, y Evo debe conducir enfrentando también a fuerzas opositoras de derecha temerarias.

    Aclaro que no defiendo la paz social que esta siendo convocada por Cristina; en mi texto estaba caracterizando al modelo (esto creo no te quedo claro en la anterior ¿carta?) , con el que en varias cosas tengo conflictos. Esa alianza con los empresarios nunca funcionó, porque estos no tienen patria ni razón; lo único que los mueve es su interés. Pero me parece que este modelo representa la situación actual de nuestra sociedad, y permite vías de profundización.

    La tolerancia para la movilización no tiene que manejarla el gobierno, sino que son las bases las que la hacen presente en su accionar. El limite se encuentra buscándolo. Y en estos días gano Cavalieri, Gioja puede ser reelecto tranquilamente, poca “gente” se acercó al campamento Qom o sintió propia esa lucha. No quiero con esto caer en que esto es lo que hay, sino en complejizar la cuestión de lo que el pueblo argentino esta demandando. Porque me suena simplista decir “Y bueno, claro, es que convocar a la movilización de las masas es un arma de doble filo: se sabe cómo empieza, pero no a dónde conduce”. Y ahí el ´55 todavía nos queda muy grande, efectivamente había obreros que pedían a gritos las armas en la calle para defender a su gobierno, y Perón no se animo (no así Evita, que hacia rato veía esa salida). Ese ejemplo lo pones vos, no yo. ¿A donde irían hoy las masas? ¿A donde fueron en el 2001? Lo complejo del asunto es que no interesa tanto adonde quiere ir el gobierno, sino adonde van los sectores populares. Porque sino es todavía sentirse vanguardia, que sabe por donde debe conducir al proletariado (yo digo también pueblo, que sé no gusta mucho pero en nuestro país es casi un sinónimo, sobre todo para los trabajadores). Y es acá donde separo la cuestión del gobierno y del poder: el apoyo popular es poder, pero también lo es el del imperialismo; y aun estamos en desventaja.

    El entierro de Kirchner fue una demostración de ese apoyo popular: el mandato fue ¡Fuerza Cristina, ni un paso atrás! Desde una óptica revolucionaria, quizás sea una consigna defensiva. Pero no la impuso Cristina ni sus aliados (este es otro asunto: decir tan fácil que Menem y Rico son aliados del gobierno, es comprarle las noticias a la prensa burguesa que tanto criticamos, es un tanto más complejo el asunto; y están los que se suben al bote sin que se los invite, sobre todo si el bote es ganador); la decía el pueblo. Ése, que esta ahí y que es real, posible, tangible. Y que ofrece que no haya limites potenciales, mas allá que este modelo llegue a estar la altura de la historia (que tiene, creo, todo para estarlo, y que hasta ahora lo ha estado).

    ¿Y a que otra cosa apostar? ¿Y con quien? ¿Entre nosotros, cocinándonos en nuestra salsa? Ahí aparece algo que me resulta interesante marcar: decís “ las masas tendrán que hacer, como siempre, su propia experiencia”. No, Eduardo, la están haciendo. Ahora, acá. Este modelo es un proceso en que las masas están apostando su futuro, construyéndolo. Entiendo que lo decís como figura de lo que pueda pasar, pero me interesa porque pareciera ser que no esta pasando ahora. En este momento, hay una situación en que una gran mayoría del pueblo argentino apuesta su futuro a un modelo y a una conductora, y nuevamente lo hace dentro del peronismo. Después retomo esto, que lo trabajas mas adelante. Pero no creo que el limite sea el de la “normalidad burguesa”: Porque los que corren el limite son los pueblos. Y puede ser que cuando se pasan de lo que quieren o les conviene al imperio o a sus dirigentes, les hagan tronar el escarmiento; no seria la primera vez. Pero el proceso esta abierto, y no sabemos en que termina. Puede terminar en la normalidad que la burguesía acuerde en otorgar, y que el pueblo quiera soportar (para no soñar despierto, concedo esto). Pero el suceso es que no esta preasignado, creo. (Agencia Paco Urondo)

  9. Juan Ciucci dice:

    Respuesta de Juan Ciucci, parte 2:

    3) Excelente caracterización del posible teatro de operaciones destituyente. Pero no puedo tan fácilmente coincidir con vos en que no estén dadas esas condiciones. Que no quiero sea el punto del análisis, porque estaríamos desde la defensiva pensando que hacer. Y no estamos en el 2008, el 2010 fue un año intenso, y el apoyo popular existe (repito, no es revolucionario pero existe, y no sabe a donde va, cosa más que interesante). Pero creo que los intereses en pugna generan desestabilización, y aunque Cristina les diga que se queden tranquilos, quieren que nos toque como “periferia” casi el esclavismo (como en sus gloriosas décadas infames). Y entonces esas pequeñas concesiones les joden. Y América Latina ya esta molestando bastante, y si no es a nosotros será a otro que moleste más al que bajen. Y nuestra posición es también fundamental para otras experiencias regionales que están en proceso de definición (Bolivia, Venezuela, Ecuador). También por esto es trascendente el modelo k.

    Desde algún lugar se pretende entender a este modelo como una suerte de nueva vida para frepasistas, alfonsinistas de la primera hora, socialdemócratas (Sarlo esta con eso ahora: que Di Tella estaría contento, siempre queriendo que el peronismo se vuelva socialdemócrata). Pero es más que solamente eso. Ese sector quizás sea el que se esta acercando, leyendo la historia desde 678 (que musicaliza con Baglieto y Cantilo, por ejemplo). Es el sector bien pensante, capitalino, profesional. Al que le cae mal Moyano, no termina de sentirse cómodo con el peronismo obrero. Esa no es la batalla cultural, hay más. Pero no sale tanto en la tele.

    4) No tienen modelo porque no pueden presentarlo: algo asi como aquel riojano que dijo que si decía lo que iba a hacer nadie lo votaba. Y asi como la burguesía aprende, también los pueblos. Parece que no van a comprar cualquier cosa que les vendan, y entonces no aparece esa oposición. Que sea innecesaria es una hipótesis arriesgada e interesante. Te diría que ya existe: son los medios. Casullo lo vio hace rato; la derecha acciona desde los medios. Creo que en este marco les conviene a los grandes capitales organizarse detrás de los medios masivos de comunicación y figurar como la eterna oposición a lo que se presente. El experimento Alianza no lo van a repetir: más de uno se quemo con ellos al presentarlo tanto. Ahora prefieren que se quemen los políticos, para eso están. Ellos nunca terminan de dar la cara.

    Los K han sabido desmarcarse de esos poderes, y construyen un poder propio. No responden (como el hijo de Alfonsin, por ejemplo, que va con De Narvaez sin problemas) a lo que les dictan. Entonces quizás sí sean innecesarios estos políticos opositores, que tan solo cumplen como figurones que llenan el vacío que el poder imperial crea (Imperial para darle cierta relevancia mayor que los medios, las empresas, las mafias. Imperial no solo para generar la dicotomía con el exterior, sino en el marco de nuestra realidad que también responde a ese poder que no tiene nación).

    Me desagrada que digas “las desprolijidades de los Morenos, De Vidos o Moyanos y las Cámporas, y un poco de barullito en la calle, etcétera”, porque mezclas todo y desestimas de un modo poco serio. Y encima comprando el discurso de la prensa burguesa (no se que pensas de esta categoría, se me ocurre la manera de referir que responde a intereses puntuales en su construcción de agenda). Quizás fue un tanto irónico, pero me parece errado. Más allá de lo que piense de cada uno de los mencionados, y que el “barullito” puede ser algo mayor a lo que aprecias. Esas subestimación genera erróneas lecturas, aunque luego quieras reconocer valores.

    5) Si, hay izquierda a los K. Que los partidos trotskistas no sean K es una necesidad; sino estarían traicionando sus ideales. Es posible que por ahora estén a su izquierda en nuestra realidad, sobre todo discursivamente y en algunos conflictos puntuales, que vos marcas. Aunque a veces se comporten de un modo vergonzoso. El otro día Ramal fue a uno de los programas más de derecha del Canal 26 (antes había estado Rico “explayándose” con su pensamiento) para hablar de Schoklender, con alguien de la Coalición Cívica al lado. ¿A quien le sirve eso? ¿A él porque no tiene participación en la prensa? ¿Por qué ahí no denuncian a los medios y a todos los intereses que tienen? No, van sonrientes a participar del espectro “democrático” de los medios. En esta coyuntura (y ahora si, Eduardo) de agresión directa sobre Hebe, ¿qué necesidad tiene Ramal de sumarse a eso? Y ahora el PO lo pone en tapa al tema en su diario, con frases e interpretaciones entre graciosas y patéticas. “El asunto Schoklender no solamente puso al desnudo a un gobierno corrupto, sino especialmente su efecto corruptor sobre las organizaciones populares que puso bajo su control por medio de la cooptación, la integración al Estado y la borocotización. A los que festejan la gestión kirchnerista desde sus poltronas de intelectuales acomodados, les decimos: Schoklender es el ícono ‘cultural’ de vuestros menesteres”, dicen, como si hubiese sido el gobierno el que acercó a ese sujeto a las madres. Me parece que es un análisis que no permite una clara comprensión de la complejidad de los tiempos que estamos atravesando, y que sirve para sumarse a una campaña en la que los únicos que se benefician son la derecha (mediática, política, económica). Y además publican una nota que ¡¡¡LANATA!!!! publicó en ¡¡¡LIBRE!!! agrediendo de la peor manera a Aliverti. Eso ni es una noticia, ni tiene la seriedad para reproducirla en el diario de un partido trotskista. Es poco serio, y de una simpleza rayana en la violencia. Y entonces ese guiño de otra forma política no creo que aparezca.

    Vuelvo a marcar: pluriclasista es la caracterización del modelo, no digo que sea esto positivo. Es lo que es. Y en su interior existen luchas entre las clases participantes, que dependen de las fluctuaciones que el proceso sufre. Obviamente, estoy con los trabajadores, con el pueblo; y no con Techint o la Barrick Gold.

    Y los honestos luchadores son peronistas, y en determinado momento histórico, pueden reconocerse del peronismo de izquierda. Me parece mucho más intenso e interesante eso, que se “afilien al FIT, o lo que fuera” supones deberían hacer. Porque no es tema de “arreglar” el asunto de la lucha de clases dentro del peronismo (que no lo tiene que hacer un partido, sino los trabajadores), sino simplemente llevarla adelante, que significa lucha desde la toma de una conciencia de clase (en si y para si).

    Algo que me interesa de una humorada que planteas: “(si me permitís la humorada, me parece poco probable que el Frente gane las elecciones de octubre)”. El asunto no es que pueda ganar, sino sobre todo ¿qué hacen si gana? ¿Y con quien? (si me permitís esta humorada).

    6) Y vale la apuesta, aunque no la comparta. Pero insisto en que se basa en una errónea lectura de nuestra realidad. Y concuerdo en que hay que sostenerla, como yo hago con la mía propia. La verdad Eduardo me complace que las ideas que expresé te hallan permitido explayarte y utilizar este intercambio para “ordenar algunas ideas”, ni más ni menos. Concuerdo en el deseo de contagiar al debate de estas posiciones, que reitero son muy útiles para el campo nacional y popular. Estas líneas nacen de la necesidad de responder a algunas cuestiones puntuales que marcaste, y con la intención de que puedan llegar a ser utilizadas para pensar nuestra realidad. Te agradezco la dedicación con que leíste e interpelaste mis opiniones. Un fuerte abrazo.

    (Agencia Paco Urondo)

    http://agenciapacourondo.com.ar/formacion/3852-debate-gruner-paco-urondo-capitulo-iii.html

  10. Martín González S. dice:

    SOBRE LA MENTADA “NORMALIDAD” BURGUESA.
    (y los despropósitos tácticos de la izquierda)

    Saludo el debate entre Juan Ciucci y Eduardo Grüner, de quien he tenido la suerte -para bien o para mal- de ser alumno en la UBA. Quisiera detenerme en el significado, no tanto del contenido, sino más bien del hecho mismo del debate como “deuda” que -como bien señalaron antes que yo- no está aún saldada.

    Sin embargo, al confrontarnos con las causas históricas de esta deuda no salada lo primero que surge del análisis más elemental es que se trata de un “debate históricamente abortado”; es decir: un debate que ha sido abrupta y brutalmente clausurado por la experiencia histórica del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, enmarcado en la Doctrina de la Seguridad Nacional de EEUU a escala continental (antecedente directo del posterior Consenso de Washington), y que consistió no solamente en un genocidio atroz, cuyos responsables hoy deben ser juzgados y penalmente castigados (límite interno de la política de DDHH del actual gobierno), sino que además -y fundamentalmente- en un “proyecto político” de aquella “derecha recalcitrante y abyecta” que describe el estimado profesor Grüner. Disculpen ambos, Eduardo y Juan, el atrevimiento que me he tomado de enumerar circunstancias que ustedes no desconocen en absoluto, pero las que pretendo orientar en una dirección que pronto será claro cuál es.

    Si estamos hablando de la compleja, espinosa y sobredeterminada relación entre la izquierda partidaria argentina y las experiencias históricas (así llamadas) “nacionales y populares”, son muchas las dimensiones cuyo tratamiento hasta el día de hoy resultan “tabú” tanto para la izquierda como para el peronismo de base (no hablemos, claro está, para el “peronismo” como fracción de la clase burguesa en el Estado).

    Si la historia es para Hegel -dicho en términos poco académicos- el despliegue de las fuerzas por cuyo movimiento dialéctico las masas difusas adquieren consciencia y organización política (pasan de su momento “en sí” al “para sí”), al hablar de la dificultosa relación entre izquierda y peronismo, no estamos hablando de otra cosa que del despliegue dialéctico de esas “fuerzas” que parecen ser la substancia de la historia y a la vez el germen de la consciencia política. Los marxistas apostamos a que la consciencia política coincida -en su aspecto de universal concreto- con la consciencia de clase del proletariado cuya evidencia sólo puede encontrar expresión histórica como organización, autonomía y emancipación de la clase oprimida por el capitalismo. Pues bien, esto mismo -lejos de ser una apuesta pascaliana- consiste en la única expresión verdadera, real y objetiva de la “consciencia política”, y a su vez, el verdadero material con el que trabaja ese artesano al que llamamos “Historia”.

    Si Althusser pudo dar cuenta de cierto desarrollo desigual y combinado de la consciencia de clase, esto también debe resultar ilustrativo de los efectos históricamente situados de la dialéctica, mal que le pesen a Althusser las “reminiscencias idealistas hegelianas”. Pues bien, la cosa con las experiencias “nacionales y populares” es la expresión de todas las sobredeterminaciones, las contradicciones y las relaciones de fuerza históricas de la lucha de clases en la argentina, sin que el llamado “peronismo de base” (como experiencia histórica) pueda ser expresión de otra cosa, o -mucho menos aún- problema ajeno a la esencia política misma de la izquierda. Es más, la pregunta que me hago es la siguiente: ¿En el seno de qué experiencia histórica se produjo en el ’76 el corte con el pasado, la traumática amputación entre generaciones, el aborto del debate todavía hoy adeudado?

    No en la izquierda partidaria.

    No es casualidad que en el discurso oficialista vigente sobre DDHH la benjaminiana evocación a las generaciones aniquiladas y a su proyecto trunco adquiera identificaciones simbólicas con el “peronismo de base”, que hoy, además, es la base social de sustentación del “proyecto nacional y popular”. No es casualidad.

    Atento a todas las precauciones tomadas por Eduardo acerca del carácter “crítico” de su apoyo a la conformación del Frente de Izquierda, a la duda sobre las verdaderas necesidades a las que responde su conformación, a la necesidad de la expresión de una oposición al “modelo K” que provenga de un espacio diferente al habitual (sí, el de la derecha gorila), por supuesto: atento a todas estas razonables aclaraciones, me queda sin embargo una sensación de espantosa desconfianza que me impide acompañar a Eduardo en su “apuesta pascaliana” (esto no significa para nada oponerse a la conformación del FIT). Lo diré sin mucho rodeo: ¿es capaz la izquierda partidaria -antes dividida y sectaria, ahora aglutinada con calzador bajo el latigazo de las necesidades electorales- superar sus propios límites y hacer una verdadera autocrítica?

    Ésta es la misma izquierda partidaria (esquematista, rígida y sectaria) que con tal de mantener su “purismo ideológico” rechazó siempre la construcción de poder (vocación propia y esencial a toda organización política) y prefirió el rol opositor para no “contaminarse” con las fuerzas políticas burguesas, sin advertir que -al mismo tiempo- también estaba rechazando comprometerse históricamente con los movimientos históricos heterogéneos, multi-clasistas y (con todo) contradictorios, que son el material con el que la Historia modela y martilla la orna de la consciencia política.

    ¿Por qué el peronismo de base fue la experiencia histórica por excelencia de la clase trabajadora? A tal punto el trabajo de la Historia es inexorable que las temáticas clasistas tradicionales del marxismo han sido abordadas por las masas argentinas únicamente al interior de la experiencia peronista. ¿Por qué pensar que el “Modelo K” es un “bloque homogéneo” en el poder? ¿Por qué no pensar que dicho bloque posee fracturas y contradicciones a su interior que tarde o temprano habrán de hacer síntoma y que sólo quien pueda hacer una lectura política de dichos síntomas podrá direccionar al movimiento? Pero para poder hacer la lectura e incidir en la orientación de esa alianza (sumamente conflictiva, y diría más: “imposible”) de clases dirigentes y subalternas, es requisito para la izquierda abandonar su purismo. Hoy la lucha de clases encuentra su máxima expresión en la relación de fuerzas que atraviesa al bloque (K) en el poder, cuya cohesión su sumamente frágil, y donde la capacidad de maniobra de la derecha (como el mismo Eduardo Grüner reconoce) está limitada por la memoria histórica reciente (diciembre del 2001).

    No basta decir en voz alta la obviedad de que el Gobierno K es burgués, o que los límites de su horizonte ideológico sean los de la “normalidad burguesa”. Eduardo sabe muy bien qué implica dicha “normalidad”: la “contradicción permanente entre el modo de producción y las fuerzas productivas”. En esto no se puede dejar de pensar de forma clásica. Quiero decir, la “normalidad” del sistema político y económico burgués es la “permanente anormalidad”.

    Mientras la izquierda no se comprometa con la voluntad de poder y con la “normalidad burguesa” para señalar -dentro del proyecto liberal más progresista que aquella pueda producir- sus inconsistencias estructurales y sus “imposibilidades”, mientras permanezca -inmaculadamente- en la pura vereda de enfrente, ¿saben qué va a cambiar?

    Nada.

    Mis saludos y respetos de siempre.
    Martín González S.

  11. Martín González S. dice:

    ¿Qué quiero decir con que la izquierda debería “comprometerse con la voluntad de poder y con la normalidad burguesa”?

    Lo siguiente (quizás valga la pena aclararlo): dejar de ser “outsiders políticos” sin método de construcción política (más allá de coyunturales alianzas electorales que parecen responder más a un plan cuya meta sería ejercer la “representación” siempre minoritaria de otra voz -o de ese “exceso” respecto de la “normalidad” burguesa- antes que acceder efectivamente al poder estatal).

    Tampoco es necesario en sí mismo acceder al poder estatal, pero sí poseer una base social de sustentación que eventualmente se pueda ver reflejada en el acceso al poder gubernamental (en sus tres poderes). Y para ello es necesaria la construcción política. Creo que la izquierda todavía debe aprender mucho del kirchnerismo al respecto. Pero para construir se debe acercar al sentir popular y a sus símbolos, que son la materia prima de la construcción de la consciencia política. Lo demás se da en el seno de las mismas contradicciones del modelo. Por mucho que la presidenta invoque la “paz social”, ésta es imposible dentro de las coordenadas del capitalismo, y el papel de la izquierda será entonces ponerlas de relieve y poner así de manifiesto la imposibilidad de la “solución social” (o acuerdo social) dentro del orden vigente. Por eso resulta difícil tomar la “normalidad burguesa” más que discursivamente. Lo importante no es lo que la izquierda diga, sino lo que ésta haga.

    Frente a la coyuntura de una disputa entre dos sectores históricos de la burguesía (uno -autoritario, represivo- con un discurso ultra conservador y otro con un discurso progresista que toma en cuenta la construcción política con los sectores populares), ¿qué táctica debe darse la izquierda?

    Tal vez deba acompañar al sector progresista. ¿Juicio a los militares? Por supuesto, consolidar esa directriz. ¿Intervención del Estado en empresas, estatización de las jubilaciones, retenciones al agro, etc.? Por supuesto, consolidar esa directriz. ¿Ampliación de derechos civiles? Por supuesto, apoyar esa directriz. Si un grupo de liberales honestos y progresistas propone todas estas pequeñas medidas (programas de asistencialismo, ampliación de derechos a la ciudadanía, impuestos a las exportaciones de soja, etc.) claro que tenemos que acompañarlas, sólo así podremos luego señalar que son insuficientes. Esta lógica liberal de ir tapando los problemas con soluciones graduales, coyunturales, “paso a paso” tiene un límite. Y sólo cuando esta lógica no pueda dar solución a la crisis de fondo estaremos ante una verdadera situación pre-revolucionaria: cuando todas las recetas progresistas liberales fallen, no alcancen, no sirvan.

    Sólo en ese momento se puede plantear, inmanentemente, una salida radical. Pero hasta que ese momento se presente será necesaria la construcción política dentro de los huecos, las grietas, los intersticios, las inconsistencias de la “normalidad burguesa”.

    Esta táctica constituiría una actitud muy diferente a la simple negación (o confrontación) discursiva de la aquella “normalidad”.

    Saludos cordiales,
    M. González S.

  12. Martín González S. dice:

    Segunda aclaración: “¿Por qué el peronismo de base fue la experiencia histórica por excelencia de la clase trabajadora? A tal punto el trabajo de la Historia es inexorable que las temáticas clasistas tradicionales del marxismo han sido abordadas por las masas argentinas únicamente al interior de la experiencia peronista”.

    Antes del período del -así llamado- “peronismo clásico”, la clase trabajadora en la Argentina protagonizó luchas, resistencias y sufrió duras derrotas. Durante la etapa conservadora, y aún la yrigoyenista, el proletariado aprendió la experiencia de la organización y la resistencia (a la subsunción tanto real como formal de las relaciones sociales capitalistas). Pero el grado máximo de organización adquirido fue el sindical, muchas veces de corte revolucionario o anarquista, estableciendo muy conflictivas relaciones con el aparato del Estado, cuya función más habitual hacia los trabajadores era la represión. La mediación estatal en los conflictos se fue imponiendo a medida que las clases dirigentes avistaban en el horizonte la posibilidad de construir una “normalidad” burguesa. Pero la “normaliación” -intervención estatal mediante- no era siempre bien recibida por los sindicatos más combativos.

    ¿Qué cambió con el peronismo para decir que la experiencia más relevante de la clase trabajadora argentina se dio en su seno? El peronismo interpeló a la clase trabajadora desde el Estado, le dio una identidad “noralizada” (es decir: instituida, incorporada a la lógica de la representación política en el Estado moderno). Y la experiencia de la “resistencia del peronismo de base” desde el ’55 puso en evidencias las grietas, los huecos y las inconsistencias de aquella “normalización”; es decir: plasmó sintomáticamente lo real de la lucha de clases (la imposibilidad de la “normalidad burguesa”).

    En términos de Gramsci, entre el ’43 y el ’55 aproximadamente, la oligarquía argentina vivió una crisis de hegemonía, cuya recomposición intentó llevar a cabo a partir de 1955 con poco éxito, dada la necesidad permanente que tuvo de recurrir a la “coacción en última instancia”. Esta “última instancia” fue la que dominó la escena política nacional hasta el ’83 por lo menos, aunque su fantasma se extendió algo más, hasta que finalmente en el período 1990-2001 las clases dirigentes lograron una relativa estabilidad hegemónica, la cual volvió a hacerse añicos en diciembre de 2001. Quiero señalar con esto lo siguiente: La “normalidad” parece ser -no la del bloque hegemónico- sino la de la crisis hegemónica. No existe mayor evidencia de la lucha de clases que ésta.

    Entonces, retomo la hipótesis inicial, “la experiencia histórica por excelencia de la clase trabajadora argentina se produjo bajo el signo del peronismo”: Quiero decir: allí se dio el máximo grado de tensión y contradicción entre la tendencia “normalizante” y la imposibilidad de la “normalidad burguesa” (inclusión, domesticación, subordinación, bloque hegemónico, “paz social”). Y agrego que me parece a mí (por lo menos) que el desarrollo de la consciencia de clase nunca puede ser lineal, o producto de la estrategia “iluminista” de un partido auto-denominado “vanguardia”, cuya relación con la clase no es inmanente. Al contrario, creo que la consciencia de clase puede ser solamente la consecuencia del fuego que produce en la fricción de la contradicción, en los sucesivos fracasos de las tenencias normalizadoras del capitalismo, en la imposibilidad de conciliar al peronismo con su propia experiencia histórica.

    Saludos cordiales.
    M.G.S.

  13. Martín González S. dice:

    “normaliZación”
    “norMalizada”

  14. Martín González S. dice:

    UNA DIGRESIÓN SOBRE LA INNECESARIA OPOSICIÓN Y SU VERDADERO CARÁCTER.

    “No tienen modelo porque no pueden presentarlo. Y asi como la burguesía aprende, también los pueblos. Parece que no van a comprar cualquier cosa que les vendan, y entonces no aparece esa oposición. Que sea innecesaria es una hipótesis arriesgada e interesante. Te diría que ya existe: son los medios. Casullo lo vio hace rato; la derecha acciona desde los medios. Creo que en este marco les conviene a los grandes capitales organizarse detrás de los medios masivos de comunicación y figurar como la eterna oposición a lo que se presente”.

    Tal cual Juan. Considero que hoy los medios concentrados han sustituido en su función a los viejos partidos políticos de la derecha; o -para decirlo con mayor precisión- hoy los partidos de la derecha son un apéndice de la verdadera oposición que son los medios masivos de comunicación. Los viejos Aparatos Ideológicos del Estado están hoy concentrados en los medios privados.

    La relación entre los medios masivos de comunicación privados y los medios estatales (con sus privados satélites) NO ES SIMÉTRICA, como mucho quieren hacernos creer (por ejemplo al decir que Clarín y 678 son lo mismo). No existe tal simetría. Mientras que los medios oficialistas siguen siendo tradicionales (en el sentido de que son apéndices de fuerzas políticas representadas en el Estado), los medios opositores son algo verdaderamente nunca visto antes: ellos no “representan” a la fuerzas políticas de la oposición, ellos SON DIRECTAMENTE la oposición (y las fuerzas políticas opositoras, sus meros apéndices).

    Cuando Eduardo Grüner dice que la oposición política al gobierno K “es innecesaria”, TIENE TODA LA RAZÓN. Eduardo ha dado en el nervio del problema. El arco de los partidos opositores es hoy un “decorado de cartón” inncesario, cuya única función es formal. La verdadera oposición son los medios concentrados (no solamente el diario Clarín, que es una parte). Y es verdad que tienen un proyecto que es inconfesable, por eso deben llenar su discurso de significantes vacíos. Ahí es también donde se nota la gran diferencia entre los discursos de la “oposición de cartón” y los de Cristina Fernández.

    Evidentemente lo que se está produciendo es un divorcio entre el alcance y poder de los Aparatos Ideológicos del Estado y su capacidad para interpelar a las masas organizadas políticamente, e interpeladas desde una construcción política que excede el esquematismo clásico de Althusser. Éso es para mí un síntoma del retorno de la dialéctica y de la contradicción como horno de la consciencia social.

    La relación entre construcción política y dirección, entre “tendencia normalizadora” e imposibilidad de la “normalidad burguesa”, es absolutamente dialógica. El fuego de la contradicción es el horno que cuece. Entonces, ¿qué táctica debe asumir la izquierda?

  15. Juan Ciucci dice:

    Muy interesantes los aportes de Martín González. Creo compartir varios puntos de tu planteo, como asi también las dudas que expones. Insisto en el interés de este debate, y en la saludable predisposición que podemos construir para el mismo.
    Saludos.

  16. Juan Ciucci dice:

    Martín González, nos gustaría publicar tu comentario en la Agencia Paco Urondo, queríamos pedirte permiso, si te parece por favor comunicate con nosotros al siguiente mail [email protected] . Gracias.

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