La Izquierda y el FIT. Milagro y Necesidad (Fernando Aiziczon y Ariel Petruccelli)

| 1 septiembre, 2011 | Comentarios (1)

Presentamos a continuación un escrito que nos enviaron Fernando Aiziczon (UNC, Córdoba) y Ariel Petruccelli (UNCo, Neuquén), a quienes agradecemos la contribución.

Pasarán las elecciones presidenciales y de no mediar algún factor que turbe la bicentenaria legitimidad del capitalismo en Argentina tendremos un escenario que en resumidas cuentas expondrá: a) la continuidad de un modelo económico extractivo-exportador basado en la destrucción del medioambiente y la precarización de las condiciones laborales, y b) la continuidad de un sistema político dominado quizá como nunca por el peronismo en su versión kirchnerista.

Esto significa que a 10 años de la mayor movilización popular en varias décadas ocurrida en Argentina y que en varios sectores militantes generó tanto expectativas de cambio social (la demanda de QSVT, asambleas populares, novedosos movimientos sociales, etc.) como experiencias antisistémicas (en sus inicios, las fábricas recuperadas), no se pudo modificar la estructura del sistema político argentino que además logró reacomodarse exitosamente y, en el caso del fenómeno del kirchnerismo, logró seducir amplios sectores del progresismo cuyo horizonte no es más que la consolidación de la democracia “realmente existente”, la vindicación de sus políticas en DDHH, la Ley de Medios, la ley de Matrimonio Igualitario y tantas otras cuestiones que con gran habilidad quedaron en el imaginario popular como surgidas desde el Gobierno. Un fruto de ello es la fragmentaria y numerosa militancia juvenil pro-K, arenisca ambigua que ya ocupa las sillas de oficinas y secretarías gubernamentales. Otro fruto es la rebuscadísima performance de la centro-izquierda, dividida, confundida, apurada, incomprensible, rosquera… La debacle del pinosolanismo es un botón de muestra. Binner apenas si tendrá mejor suerte.

Otro apoyo al kirchnerismo lo constituye el sindicalismo CeGeTista, ampliamente beneficiado por convenios colectivos de trabajo y por el viento de cola que empuja a los sectores dinámicos de la economía a otorgar aumentos salariales cuando el menor simulacro de conflictividad asuma en sus narices. Esta es la base material que nutre a una burocracia sindical tan poderosa como inmóvil, cómplice, arte y parte de la precarización laboral, y hambrienta por su habitual aspiración a cargos políticos. En paralelo, la actual situación de división en el CTA no hace más que aclarar el panorama de quiebre ideológico general: su suerte está echada a ser faldera del poder de la CGT o a reconstruir pacientemente un espacio al que no le queda más opción que profundizar su perfil crítico al modelo.

Frente a esto, la derecha clásica no logra cuajar una opción sólida. Existe, claro, y posee cierta fuerza, pero muy fragmentada y aturdida por la avasallante hegemonía K. La otra derecha tradicional corresponde al peronismo del Interior del país y constituye la gran base electoral K; poco importa su origen, filiación política o vinculación con mafias y negociados millonarios: Alperovich, Insfrán, Gioja, Sapag, Ishi, Menem, y tantos otros sirven al modelo, y listo.

Y está la Izquierda y el FIT que, por efecto de la coyuntura electoral, reacomodaron algunas de sus posiciones. Por un lado, los partidos de izquierda que no integraron el FIT (entre otras cuestiones, por diferencias ya folclóricas dentro de este universo) quedaron por fuera de las próximas elecciones, absolutamente borrados del mapa. Por otro lado, la amplia y variopinta izquierda o “nueva izquierda” presente en movimientos sociales ambientalistas, barriales, de desocupados, de género, estudiantiles, campesinos y comisiones internas de sindicatos, o simplemente dispersa e inorgánica, apoyó y no apoyó al FIT por igual. Con y sin ellos el FIT logró su objetivo: superó el mínimo del 1,5% y puede competir en las presidenciales[1].

El FIT produjo además una interesante agrupación (la Asamblea) de activistas e intelectuales[2], fenómeno que no es fácil de explicar pero de seguro obedece tanto a un efecto propio de la insoportable hegemonía cultural K como a una necesidad impostergable de dar la pelea ideológica desde la izquierda aunque poniendo en suspenso numerosas críticas hacia las prácticas de la izquierda partidaria que compone el FIT. Y quizá esto sea lo más delicado y a la vez promisorio dentro de un panorama que augura al menos dos derivas:

1)    El FIT resulta consolidado a mediano plazo manteniendo y fortaleciendo acuerdos entre las fuerzas que lo componen y generando un movimiento de apertura y de escucha hacia la inmensa capa de militantes que pulula a su alrededor (o lo mira de lejos y con desconfianza) en lo que sería un logro histórico ó;

2)     El FIT derrapa en alguna lucha interna incomprensible para todo aquel que desconozca la dinámica partidaria de izquierdas, alejando potenciales militantes y dando fuerza a aquella imagen clásica y dominante que se tiene de sus partidos y que consiste en estigmatizarlos como aparatos-sectas inmodificables e incapaces de leer el clima de época. Llegar a este segundo punto sería un movimiento muy difícil de remontar, tanto para aquellos que provienen de experiencias orgánicas como para aquellos otros/as (las nuevas generaciones) que abrieron su activismo durante el post 2001[3].

Esto es así porque podemos pensar que en las elecciones primarias el FIT capitalizó votos desde la militancia sindical y combativa en la que su inserción es indiscutible y valiosa (Neuquén y Salta, por ejemplo); pero ocurre que también el FIT cosechó votos “democráticos” contra la proscripción de la izquierda, votos genéricamente ideológicos (como los nuestros) que no entrañan un aval a las prácticas políticas de los partidos que integran el FIT ni necesariamente a sus estrategias (o a su falta de estrategia), y hasta que consiguió votos “milagro” respondiendo a esa operación farandulesca en donde la burla sádica del establishment hacia las minorías políticas casi que produce el alejamiento natural del militante crítico.

En suma, creemos que a esta altura los partidos del FIT deben sin dudas paladear las mieles de la unidad pero al mismo tiempo inclinar, en un movimiento que sería histórico, sus orejas hacia la izquierda militante independiente que los votó, reparando en que el aval que provino desde esos sectores no es un apoyo irrestricto, todo lo contrario: es una pequeña apuesta más en el largo derrotero por intentar que este mundo cambie de signo. Y esto tiene un contexto mucho más amplio: las luchas estudiantiles en Chile, las revueltas en los países árabes, las oleadas de descontento popular en Europa e Israel nos convocan a no bajar los brazos y a intentar reoxigenar el pensamiento crítico de izquierdas.

A partir de esta base, que en realidad no hace más que señalar que el futuro inmediato de éxito electoral –relativo– de la izquierda pende de un hilo, habría que pensar cómo consolidar lo logrado, sin estridencias, sectarismos ni pedanterías. El desafío es entonces doble: construir sólidas redes de pensamiento crítico desde la izquierda (partidarias y extra partidarias) y lograr la constitución de una izquierda amplia que sea conciente de que la supervivencia del pensamiento socialista depende de sus propias fuerzas y de su capacidad de comprender e intervenir en los nuevos tiempos.


[1] Sin embargo, también podría haber ocurrido que el FIT tranquilamente no alcanzara ese porcentaje y se quedara por fuera de las presidenciales…

[2] Aclaremos: intelectuales, pero no académicos. Arriesgando una generalización diríamos que entre los académicos argentinos encontramos una abrumadora mayoría de kirchneristas confesos, luego reaccionarios a secas, y finalmente un pequeñísimo sector que quizá se diga de izquierda y en sus más variadas vertientes. En el campo científico (becarios precarizados e investigadores consolidados, que a la vez pueden ser también académicos) encontramos miles de trabajadores acríticos cómodamente beneficiados y agradecidos por la inyección de recursos de la era científica K.

[3] No convendría olvidarse del auge y caída del fenómeno de Luis Zamora con Autodeterminación y Libertad (AyL).

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Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Política

Comments (1)

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  1. Marcelo dice:

    hola Ariel, sería imprescindible más que necesario que se de la ‘deriva’ 1, que en realidad es a la vez el verdadero ‘milagro’: el real acto político de hacer pensable lo impensable (parafraseando a Zizek)… igual hoy lo veo complicado, al menos por dos cuestiones: a) esto nació como ‘frente único’, así que es en realidad una bomba de tiempo y un ringside a la vez; b) la cultura de hacer el ‘rídiculo’ (el último ejemplo es el escándalo Altamira-Gelblung, y no por una condena moral al primero está impregnada hasta los tuétanos aún en el cuerpo de la izquierda trotskista
    un abrazo

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