Algo más que un posible “error de imprenta”. Sobre el programa y la estrategia

| 10 noviembre, 2011 | Comentarios (13)

Sobre la crítica de Pablo Rieznik a La izquierda frente a la Argentina kirchnerista.

En el número anterior de Prensa Obrera, Pablo Rieznik realiza una reseña crítica al libro de Christian Castillo La izquierda frente a la Argentina kirchnerista, señalando que “constituiría un avance el hecho de que el libro permita desarrollar contribuciones a un debate clarificador en la Izquierda, de cara a los desafíos que presenta el curso abierto por el Frente”. Esta respuesta pretende ser una contribución al debate.

Acuerdos programáticos y diferencias estratégicas

Rieznik concluye su artículo manifestando no comprender “cuando Castillo dice que ‘las diferencias con el Partido Obrero no son de programa, sino de práctica política y de estrategia’”, y luego pregunta “¿Cuál sería el programa (con el cual acuerda) que no fija la estrategia (con la cual discrepa)? Quizás un error de imprenta para aclarar”. En todo caso, si la afirmación de Castillo fuese “error de imprenta” tendríamos que tomar nota de que es parte de una larga cadena de “errores de imprenta” que comienza en la época de la fundación de la III Internacional, y tiene a Trotsky como su principal propagador.

“La idea de una estrategia revolucionaria –señala Trotsky– se consolidó en los años de posguerra, al principio, indudablemente, gracias a la afluencia de la terminología militar, pero no por puro azar. Antes de la guerra no habíamos hablado más que de la táctica del partido proletario; esta concepción correspondía con exactitud suficiente a los métodos parlamentarios y sindicales predominantes entonces, y que no salían del marco de las reivindicaciones y de las tareas corrientes” (Stalin, el gran organizador de derrotas). En su crítica al proyecto de programa presentado al VI Congreso de la Internacional Comunista, Trotsky hace hincapié en que “en lo que concierne a los problemas estratégicos, propiamente dichos, el proyecto se limita a dar modelos apropiados para las escuelas primarias”. Se refiere especialmente a que en el apartado “La ruta hacia la dictadura del proletariado”, “se examina el problema fundamental del programa, es decir, la estrategia del golpe de estado revolucionario (las condiciones y los métodos para desencadenar la insurrección propiamente dicha, la conquista del poder) con aridez y parsimonia […] se consideran los grandes combates del proletariado sólo como acontecimientos objetivos, como expresión de ‘la crisis general del capitalismo’, y no como experiencia estratégica del proletariado”.

Esto nos lleva a una primera cuestión, que nos vemos obligados a aclarar: existe algo llamado “estrategia” (que se consolida en el marxismo con la III Internacional a partir de la afluencia de la terminología militar) y que no es reductible a los objetivos y fines que se establecen en el programa. Podemos decir que el uno nos remite a “qué pretendemos conquistar” (programa) y la otra al “cómo nos proponemos conquistarlo” (estrategia). En este sentido, con el PO tenemos mucho más acuerdo en la crítica a las corrientes revisionistas, como por ejemplo la crítica a la “teoría” de la “revolución democrática” de Moreno (corriente de la cual provenimos y a la cual le hemos dedicado una crítica exhaustiva desde hace 20 años) que en cuestiones de estrategia.

Volviendo a Trotsky, al mismo tiempo que sostiene la distinción entre programa y estrategia propiamente dicha, plantea que todo programa acabado debe dedicar necesariamente un lugar fundamental a los problemas de estrategia o correr el riesgo de convertirse en un “documento diplomático”.

En un mismo sentido, desde el PTS y la FT-CI, el método que siempre utilizamos y proponemos para la reconstrucción de la IV Internacional (basado en el propuesto por Trotsky para el “bloque de los cuatro”) es impulsar la convergencia con las organizaciones que se reivindiquen marxistas revolucionarios, es decir trotskistas, con las que coincidamos en las lecciones revolucionarias centrales de los principales acontecimientos de la lucha de clases y los fenómenos políticos (acuerdos estratégicos) para sobre esta base sólida, conquistar un programa común acabado. A medida que se profundice la crisis y se desarrollen mayores combates, este método será cada vez más indispensable.

El PO tradicionalmente ha planteado otro método, por lo menos de palabra. La convocatoria a todos los que aceptaran 4 puntos generales teniendo como eje central la dictadura del proletariado. Ante lo cual cabría preguntarse cuál es la relación que ven los compañeros del PO entre este método y el que planteara Trotsky.

Sin embargo, el PO tampoco supo ser consecuente con su propio método, cuando desde la FT aceptamos las bases de la convocatoria a la discusión el mismo 2004 (momento de fundación de la CRCI) en base a los “4 puntos” justamente porque consideramos que nuestras diferencias no están en estas fórmulas programáticas sino en la estrategia, recibimos por respuesta la negativa a realizar una conferencia en común sin esgrimir mayores fundamentos, por lo menos hasta el día de hoy. Luego en una fecha tan cercana como el 2006 el PO le propuso al MST la unificación en base, ahora no a 4, sino a 5 puntos. Este método de construcción, modestamente, creemos que está en la base del retroceso que ha tenido el agrupamiento internacional del PO en los últimos años, y en la parálisis que observamos de la CRCI en estos momentos de crisis histórica del capitalismo.

La FT-CI con sus modestas fuerzas viene desarrollando una importante intervención (reflejada semanalmente en las páginas de LVO) en el proceso chileno, en el movimiento de los indignados en España, en la lucha política dentro del NPA en Francia como parte de la PF4, en los recientes enfrentamientos en Universidad de San Pablo en Brasil, en el proceso de lucha en Bolivia contra el gobierno de Evo Morales, etc., lo cual para nosotros es una confirmación de lo acertado de un método de construcción basado en las lecciones de los principales hechos de la lucha de clases, que es el único que permite la fusión para el combate común.

Las lecciones estratégicas de las jornadas del 2001

Lo llamativo de la crítica de Rieznik al libro de Christian Castillo es que si bien en la conclusión le resulta incomprensible que tengamos diferencias estratégicas más que programáticas, a lo largo del artículo (con el que propone contribuir a la clarificación del debate en la izquierda) no menciona una sola diferencia de programa y todas sus críticas –casualmente– remiten a debates y lecciones de estrategia, tanto en lo que hace al balance del 2001, como respecto a la ANT, Zanon, Brukman, la FUBA, etc. Bienvenida la discusión entonces. Comencemos por el balance del 2001.

Castillo señala en el libro: “en las jornadas revolucionarias [de diciembre de 2001] la clase obrera, incluso su fracción desocupada, no intervino con sus organizaciones debido a la acción de los dirigentes de los sindicatos y movimientos de desocupados a diferencia de los ocurrido en el Rosariazo, Cordobazo y otras rebeliones del período revolucionario 1969-76”. Y agrega: “Recordemos que el 20 de diciembre la FTV-CTA de D’Elia y la CCC levantaron una movilización en momentos mismos en que la policía reprimía salvajemente en Plaza de Mayo. Tanto la CGT de Moyano como la CTA solo convocaron a un paro general en la tarde del 20, cuando ya había varios muertos, para levantarlo pocas horas tras la renuncia de De la Rúa”.

Rieznik sostiene que plantear la no intervención de la clase obrera con sus organizaciones en las jornadas del 2001 es una hipérbole pero no da ningún argumento en contra. Todas las referencias que hace remiten a que “fue la clase obrera la que ocupó un lugar dirigente en todo el proceso que remata en el Argentinazo” (destacado nuestro). Es decir, no en las jornadas sino en el proceso anterior. Sin embargo, esta es justamente la contradicción que marca Castillo: “el proletariado (a su vez, quien más había luchado contra el gobierno aliancista) no se sintió protagonista como tal de las jornadas del diciembre argentino”. A pesar de no haber demostrado la intervención de la clase obrera con sus organizaciones en las jornadas, más adelante Rieznik cuestiona el rechazo a identificar el 19 y 20 con una “semiinsurrección” como el Cordobazo, la cual no solo fue protagonizada por las organizaciones obreras y estudiantiles, sino que a diferencia de 2001 obtuvo una victoria militar sobre la policía.

Otro cuestionamiento a Castillo es por no destacar “la experiencia clave” de “las Asambleas Nacionales Piqueteras que antes del Argentinazo lanzaron la consigna de ‘Fuera De la Rua y Cavallo’ –esto con la intervención dirigente del Partido Obrero”. Sin embargo, en las jornadas del 19 y 20 la realidad es que las dos organizaciones principales de la ANP (CCC y FTV) se negaron a movilizar a la Plaza de Mayo. De hecho, el 20 de diciembre los compañeros del PO estuvieron sin la ANP combatiendo con nosotros en Diagonal Norte.

Ahora bien, este debate sobre el 19 y 20 no es una controversia historiográfica sino un intento de clarificar las lecciones fundamentales de cara al próximo asenso. La principal de ellas podríamos sintetizarla en que faltó un partido revolucionario. Pero podemos ser más específicos: el 19 y 20 de diciembre de 2001 faltó un partido revolucionario que pudiera contar con una fracción significativa en los sindicatos, capaz de llamar al frente único obrero y a la huelga general política, que lograse superar la contención de la burocracia haciendo que las organizaciones obreras pudiesen oficiar de dirección de las masas movilizadas en las calles derrotando a las fuerzas policiales.

Evidentemente había que hacerse cargo de esta conclusión; en aquel momento no era fácil de revertir esta cuestión teniendo en cuenta, que a pesar de contar con la recuperación del Sindicato Ceramista de Neuquén, el peso de la izquierda de conjunto en los sindicatos era extremadamente limitado. La explicación de Rieznik, tiene la “virtud” de ser más tranquilizadora: las jornadas del 19 y 20 contaron con la intervención del movimiento obrero, fueron una semiinsurrección como el Cordobazo, la ANP fue clave para estas jornadas; el único inconveniente es que no se condice con la realidad.

Sobre esta caracterización es que el PO se mantuvo repitiendo como consigna central “por un nuevo argentinazo” durante el período siguiente, siendo que era evidente que jornadas como las del 19 y 20 podían ser suficientes para derribar a un gobierno radical debilitado, pero incapaces de derrotar al aparato del PJ, la burocracia y la policía, que era justamente lo que había quedado planteado. Esto es coherente con el hecho de que el PO tampoco se tomó el trabajo en 35 años de elaborar un balance y extraer las lecciones estratégicas del asenso de los ’70.

Dos métodos, dos políticas

Según Rieznik, Castillo se limita “a oponer a la ANT, la experiencia ‘revolucionaria’ de Zanón y Brukman, porque representan a la fracción ‘ocupada’ del proletariado, como si tal cosa las eximiera de la lucha política contra la cooptación y la disgregación que signaría, en cambio, al movimiento piquetero”. Sin embargo, lo que dice Castillo (en un artículo de noviembre de 2002) es lo siguiente: “Lamentablemente, en todos estos meses no se ha logrado un verdadero congreso unitario, un centro coordinador de todas las expresiones en lucha. […] La Asamblea Nacional de Trabajadores, que podría haber sido un paso en tal sentido, quedó finalmente reducida, por responsabilidad de sus principales convocantes, a reuniones de tendencias de desocupados, fundamentalmente. Y organismos como la Coordinadora Regional del Alto Valle, no casualmente impulsada por los ceramistas neuquinos y los desocupados del MTD local, son aún excepciones”.

Es decir, la contraposición no es entre ocupados y desocupados sino entre dos políticas y dos métodos. Uno, el de la ANP y la ANT que era el acuerdo entre tendencias del movimiento de desocupados, donde cada grupo participaba con los representantes de sus respectivas “colaterales” piqueteras, sin una política consecuente de unidad entre ocupados y desocupados. Por su parte, ni el propio PO, y tampoco el MST, tuvieron una política elemental para unir en el 2001 las varias seccionales docentes de SUTEBA en manos de la izquierda en una organización común con los desocupados. El otro era el de Zanon y SOECN, donde todo se decide en asambleas de base, donde cada tendencia puede someter a votación sus mociones (inclusive tendencias que no estaban originalmente en la fábrica fueron incorporadas a instancias de los propios ceramistas), donde se estableció la rotatividad de los dirigentes, etc. Y junto con esto el impulso sistemático de una unidad con los movimientos de desocupados y las organizaciones independientes del movimiento obrero, gracias al cual se puso en pie la Coordinadora del Alto Valle junto al Movimiento de Trabajadores Desocupados de Neuquén, estatales, docentes, etc. También los Encuentros de Fábricas Ocupadas que agrupaban a los trabajadores que para enfrentar la crisis habían tomado y puesto a producir sus fábricas, pero que también contaron con la participación de delegaciones de los movimientos de desocupados (MTD Neuquén, FTC, Futrade de La Matanza). El PO se negó sistemáticamente a participar tanto de la Coordinadora en Neuquén como de los encuentros de fábricas ocupadas a nivel nacional.

Rieznik pretende hacerle decir a Castillo que el trabajo en la “fracción ocupada” de la clase obrera “exime de la lucha política contra la cooptación y la disgregación”. Pero pensar esto sería ridículo para cualquier marxista; la cuestión es si combate consecuentemente la cooptación o no. El método y la política que sostuvo el SOECN fue el más consecuente para luchar contra la cooptación (en el caso de las fábricas ocupadas, las presiones que llegan a través del mercado a la “autoexplotación” y la despolitización), lo que se expresa en que hoy Zanon sea, después de 10 años, una experiencia “bisagra” que sostiene la continuidad entre aquel 2001 y el desarrollo actual del sindicalismo de base mediante el impulso, por parte de sus principales dirigentes, de la corriente Nuestra Lucha. Mientras que los métodos y la política expresados en la ANP y la ANT, separados de las grandes masas de trabajadores que continuaban bajo la bota de la burocracia sindical, demostraron ser impotentes para combatir la cooptación de la mayoría del movimiento.

Desde el PTS sostuvimos que la forma de combatir la cooptación y el aislamiento era la constitución de un movimiento común de todas las organizaciones de desocupados donde todo se decida en asambleas, con dirigentes revocables y con libertad de tendencias, para romper el corralito de las “colaterales” y desligar de esta forma la pertenencia política de cada desocupado de cuál era la organización que administraba su respectivo plan social.

Para el PO la garantía era el programa en su acepción más diplomática (es decir, más allá de la estrategia) y en el método de lucha (el piquete), sin embargo, la práctica del movimiento estaba centrada en la conquista y el sostenimiento de los planes sociales. Como decía Trotsky en relación a la huelga: “Una huelga política no es aquella en la que los comunistas realizan agitación política sino una huelga en la que los obreros […] salen a la lucha por objetivos políticos específicos” (“El ‘Tercer período’ de los errores de la Internacional Comunista”).

La actualidad del debate

Hacia el final de su artículo Rieznik presenta las consecuencias actuales de la polémica como diferencias, no de estrategia, lo cual a esta altura podría ser evidente, sino de caracterización: “El análisis unilateral del libro se expresa en una caracterización conservadora de la situación presente, dominada por la crisis mundial y el agotamiento de la experiencia kirchnerista”, y luego agrega, “Se diría que Castillo y su partido abordaron la campaña electoral con una suerte de pesimismo estructural que limita las potencias de ‘la izquierda frente a la Argentina kirchnerista’”.

Este tipo de planteos, bastante común en las elaboraciones de PO, no por ello pasan a ser más materialistas. Es cierto que el “lado activo” fue desarrollado por el idealismo, pero también es cierto que luego se desarrolló el marxismo y que difícilmente se pueda transformar la realidad por el solo hecho de caracterizarla más “a izquierda”. Como decía Trotsky: “La tarea de los comunistas no consiste en pronosticar crisis, revoluciones y guerras todos los días sino en prepararse para el estallido de guerras y revoluciones mediante la sobria evaluación de las circunstancias y situaciones que se producen en los períodos entre las guerras y las revoluciones” (“El ‘Tercer período’ de los errores de la Internacional Comunista”).

Rieznik parece no darse cuenta de lo que dice. Si ya se agotó la experiencia con el kirchnerismo y las fuerzas de los revolucionarios solo son las actuales, entonces tendría que sacar la conclusión que hemos fracasado en poner en pie un partido revolucionario y tendremos que combatir como se pueda en muy malas condiciones. En nuestro caso partimos de que el gobierno acaba de sacar el 54% de los votos en las últimas elecciones y por ende el agotamiento de la experiencia con el kirchnerismo es justamente lo que tenemos por delante y para lo cual nos preparamos (ver “Apuntes sobre el poder real bajo el kirchnerismo”).

Es en el marco de la necesidad de acelerar las tareas preparatorias que las discusiones estratégicas que fuimos desarrollando cobran su relevancia en el momento actual. La campaña del Frente de Izquierda y de los Trabajadores nos ha permitido llegar con un programa de independencia de clase a los más de 650 mil votantes y a otros tantos jóvenes y trabajadores que nos han escuchado. Partiendo de que la continuidad del FIT sacando declaraciones frente a los principales hechos políticos y de la lucha de clases es un “piso”, consideramos que para aprovechar este capital político que conquistamos es necesario ponerlo al servicio de la construcción de corrientes clasistas en el movimiento obrero para recuperar las organizaciones de las manos de la burocracia sindical y de la construcción de un partido revolucionario (incluyendo la agitación por formas transicionales como puede ser un Partido de Trabajadores). Ambas cuestiones, el desarrollo de una corriente en el movimiento obrero y de un partido revolucionario, están indisolublemente ligadas. Como decía Trotsky, “no basta con proclamar en abstracto el derecho del comunismo a desempeñar un rol dirigente; hay que ganarse ese derecho en la acción” (“El ‘Tercer período’ de los errores de la Internacional Comunista”).

Hace muchos años que la actividad del PTS está orientada en este sentido, lo que nos permite hoy ocupar un puesto de lucha en los principales procesos del sindicalismo de base en la industria y el transporte, entre los ceramistas de Neuquén, en la oposición a Daer en las principales fábricas de la alimentación, en papeleros, en metalmecánicos en terminales y autopartistas, en jaboneros, en las principales plantas de la siderurgia, en textiles, en aeronáuticos, en la industria del citrus de Tucumán, los ajeros de Mendoza, la oposición en telefónicos, en el Subte y el ferrocarril Roca, etc. Lamentablemente las conclusiones estratégicas sacadas por PO luego del 2001 (“sujeto piquetero”) lo hicieron relegar el trabajo en los sindicatos, retrocediendo en determinados sectores (por ejemplo en telefónicos, producto de años de adaptación a la burocracia de Iadarola y Marín) y no conquistando nuevos. El PO, no pudo o no se propuso aprovechar la creación de millones de puestos de trabajo del 2003 a esta parte, para llevar la militancia del Polo Obrero a las estructuras para pelear por arrancar las organizaciones obreras de las manos de la burocracia. En el 2009, luego de la trascendencia que tuvo el conflicto de Kraft (el trabajo en el movimiento obrero industrial, por lo general, no es “vistoso”), el PO tuvo un intento de corregir esta orientación cuando planteó que “es necesario un sistemático trabajo de preparación, que puede verse apremiado por una aceleración del ritmo de la crisis y de la lucha entre las clases. Esta preparación necesita desarrollar las agrupaciones clasistas, por lo menos en los sindicatos principales. Significa un trabajo planificado para sortear las represiones de la patronal y de la burocracia; un trabajo de propaganda y formación política; la organización de la intervención en las luchas mediante la agitación y la organización” (Resolución de la conferencia sindical de PO de 2009). Sin embargo, por lo que se puede ver, pareciera que no fue consecuente con estas tesis, lo cual se hace más problemático a medida que se continúa desarrollando el sindicalismo de base como el principal fenómeno del movimiento obrero de los últimos años.

Por otro lado, el balance de las experiencias de ANP y la ANT también es relevante en este punto. No por un probable nuevo desarrollo del movimiento de desocupados, para lo cual tendría que lograrse una derrota donde millones de trabajadores queden fuera de las fábricas (lo cual primero nos da la oportunidad de la lucha), sino porque los métodos de la ANP y la ANT no solo demostraron sus grandes límites, sino que resultan incompatibles hoy por hoy con desarrollar una corriente en el movimiento obrero, donde justamente una de las principales características del sindicalismo de base es aquello que los gerentes de RRHH llaman “estado asambleario permanente” que no casualmente es uno de los elementos que más juegan a favor del desarrollo del fenómeno, la elección de delegados clasistas, el combate a la burocracia, y la unidad con los precarizados.

Sin embargo, el método del acuerdo de tendencias contrapuesto a la autoorganización parecería ser una concepción estratégica muy arraigada en la tradición del PO (que se expresó no solo en el movimiento de desocupados sino también en el movimiento estudiantil), lo cual nos lleva de vuelta a la relación entre programa y estrategia. Desde nuestro punto de vista, consideramos que hay una relación entre esto y el hecho de que en el extenso documento de Jorge Altamira “Tesis Programáticas para la IV Internacional” sólo haya una mención al pasar de los consejos obreros (en el subpunto 1 del punto 25) mientras que en el punto referido a “La cuestión del poder, del partido y de la Internacional” ni siquiera aparece.

Estrategia y crisis histórica del capitalismo

Pablo Rieznik concluye su artículo señalando “el carácter revolucionario de un momento histórico marcado por la crisis capitalista mundial y el ‘final de un ciclo’, que es como Castillo califica la etapa actual del régimen kirchnerista”. Sin embargo, dos renglones antes de sostener que el momento histórico tiene un carácter revolucionario (afirmación que parece establecer una relación bastante mecánica entre crisis mundial y radicalización) descarta la necesidad de discutir estrategia, cuando justamente la conclusión debería ser la contraria.

El riesgo de no profundizar en los problemas estratégicos propiamente dichos es caer, en el mejor de los casos, en el más crudo fatalismo en los momentos decisivos. Como describía Trotsky en relación al partido alemán a fines de los ‘20: “había aún recientemente en el partido comunista alemán una corriente muy fuerte de fatalismo revolucionario. La revolución se acerca –se decía–; nos traerá la insurrección y nos dará el poder. El papel del partido en ese momento es hacer agitación revolucionaria y esperar los efectos” (destacado nuestro; Stalin, el gran organizador de derrotas). Contra este fatalismo en otro texto agregaba: “De seguro sufrirá un fracaso el partido que considere de modo superficial las cuestiones de la guerra civil, con la esperanza de que se arreglará todo por sí solo en el momento necesario” (Lecciones de Octubre).

Por estos motivos consideramos que es necesario desde ahora profundizar la discusión estratégica. No solo sostener en general la consigna de dictadura del proletariado sino clarificar las condiciones y los métodos para lograrlo. Al igual que Trotsky consideramos que es la única manera de no disolver la práctica en las fórmulas cotidianas de la táctica y de ligar el resultado de cada combate parcial al objetivo de la conquista del poder por la clase obrera.

Coincidimos en que las viejas polémicas tienen ser puestas en función de las tareas planteadas en la actualidad. El prerrequisito para superarlas, y en esto creemos que Rieznik coincidirá con nosotros, es clarificarlas.

El libro de Christian Castillo desarrolla una visión alternativa al relato oficial de conjunto de los últimos 10 años y especialmente del período kirchnerista. Aunque la crítica de Rieznik se centra exclusivamente en los elementos de polémica con el PO que constituyen un aspecto lateral del libro, saludamos que haya servido para iniciar el debate. Esperamos con este artículo haber aportado para poder profundizarlo.

Category: Artículos, Ideas y debates, Lecturas críticas, Política

Comments (13)

Trackback URL | Comments RSS Feed

  1. Jorge dice:

    No debería responder el mismo Castillo?

  2. Altamira dice:

    coincido.Seria lo mas serio y apropiado. Van a responder: ” No porque el libro refleja las posiciones del PTS,no las individuales de Castillo bla, bla, bla” el que pone la cara es el chipi

  3. Ramalito dice:

    La discusion es entre dos posiciones politicas distintas, esto va mas alla de las personas.. asi q no veo porq solamente Castillo lo podria responder ya q no son sus posiciones personales sino del colectivo politico al q representa

  4. no deberían? dice:

    no deberían opinar sobre el contenido mejor?

  5. K 4ever dice:

    ¿Y entonces por qué responde Reiznik? Mejor, compañeros, escriban algo, publiquenlo como hizo el PTS y hagan un debate politicamente maduro. Sino la típica estrategia peoense de criticar por criticar, sin argumentos, suena más a señoras conventilleras que a tipos que se reivindican trotkistas. Aparte vamos, ustedes que provienen de una organización por demás verticalista y morenista sin quererlo con su amor al líder, no pueden decir que lo que plantea un partido no es parte en sí de lo planteado por sus dirigentes.

  6. Lucas dice:

    No creo que deba responder castillo porque no es un ataque personal al chipi sino un debate POLITICO donde entran las discusiones de estrategia entre dos organizaiones POLITICAS, dos PARTIDOS. Por ende responde Matias como PTS.

    Es un debate politico, no personal! saludos

  7. Sofia dice:

    Creo que la respuesta de Matias es muy buena clarifica completamente las diferencias que hay entre uno y otro partido, aunque hay que ver qué dice ahora el Partido Obrero.
    Para los comentarios anteriores: Matias Maiello escribe en la Estrategia Internacional, en el mismo periódico del PTS, en revistas y en libros al menos yo lo he leído bastante. No veo porque no pueda hacer una opinión y debate crítico sobre el tema expuesto.
    La nota de Pablo Rieznik no es una Carta a C. Castillo, sino una crítica a un libro… no veo porque tenga que responder Chipi.

  8. Pierre Broue dice:

    Conocen algo cómo “intelectual colectivo”, a me olvide que cada día estan mas personalistas y centristas.

  9. Mario dice:

    Lo importante es discutir lo planteado en el artículo en relación a la polémica surgida. Quien escribe el artículo es un dato menor y no contribuye a la polémica

  10. […] Christian Castillo La izquierda frente a la Argentina kirchnerista. A propósito de ello, leemos en un artículo del compañero Matías Maiello del PTS: Rieznik concluye su artículo manifestando no comprender “cuando Castillo dice que ‘las […]

  11. Martin Argo dice:

    En realidad, lo planteado en la respuesta de Maiello está respondido de antemano en la crítica de Rieznik.
    Maiello no da ningún elemento de juicio que avale su idea -verdaderamente peregrina- de que la clase media dirigió o tuvo un papel central en el proceso que dio lugar a la pueblada de diciembre de 2001 y todo el período que la siguíó.

    El argumento de Maiello es cuando menos pueril, porque toda su aparente consistencia se apoya en mirar la foto en vez de la película.
    Recortando los hechos de tal modo que excluya aquello que se desea excluir, es muy fácil “demostrar” lo que se quiera.

    Maiello trata de reafirmar las viejas caracterizaciones de su partido al afirmar algo tan contradictorio como que la clase obrera, que era la que más había luchado contra Menem, De la Rua y Cavallo, no participó de la pueblada. Casi hay más confusiones que palabras en semejante apreciación.

    En realidad, la clase obrera intervino físicamente en la pueblada, especialmente el segundo día.
    Incluso lo hizo el activismo que conforma su vanguardia, aún sin encabezar orgánicamente ni llevando banderas.
    Claro que esto indica que las organizaciones de la clase obrera no fueron dirección durante la pueblada, pero esta obviedad no lleva automáticamente ni a la tesis de que la clase media dirigió el proceso (si usamos el mismo criterio de Maiello ¿dónde estuvieron las organizaciones de la clase media organizando y dirigiendo la pueblada?) ni al completo borramiento de la decisiva intervención de la clase obrera (que ésta no haya sido dirección en esa incidencia puntual no significa que no haya imntervenido ni que su intervención no haya sido decisiva, lo contrario es la verdad).

    Si en vez de mirar la foto miramos la película, vemos que fueron organizaciones obreras -las asambleas piqueteras y especialmente sus corrientes más combativas- las que plantaron las consignas que la pueblada cristalizó, especialmente su segunda oleada, netamente obrera y juvenil: Que se vayan De la Rua y Cavallo.
    Mirando la película, fácilemte entenderemos igualmente que esas organizaciones educaron políticamente a las masas: Sin una prolongada experiencia de luchas piqueteras, diciembre de 2001 necesariamente se habría quedado en un “Santiagueñazo” (la primera y menos conciente de las puebladas que suscitó el Menemato).

    Maiello afirma, no sin razón, que en diciembre de 2001 las organizaciones piqueteras no convocaron.
    Esto no es del todo cierto, ya lo veremos. Pero, aunque lo fuera, no podría ser el sustento para una caracterización como la de Maiello: ¡La revolución rusa de febrero tampoco fue convocada por las direcciones obreras existentes en Rusia, que incluso al principio trataron de refrenarla (incluso los bolcheviques)!

    Por otra parte, no es del todo cierto que haya faltado absolutamente la convocatoria, porque dentro de las organizaciones (no solo la AP, sino también la CTA, etc.) el activismo -más allá de la izquierda, incluso- reclamó la intervención activa y expresa de las organziaciones en la pueblada. Es decir que existió una importante voluntad de convocar pero no logró imponerse sobre las direcciones burocráticas o conciliadoras, en una circunstancia caracterizada por la velocidad arrolladora de los acontecimientos.

    Precisamente a ello -al bloqueo de la intervención organizada de las organizaciones obreras por parte de sus direcciones- se debe no sólo la ruptura de la AP -único aspecto que ¡casualmente! Maiello toma en cuenta- sino la emergencia de la ANT, cuya masiva capacidad de movilización -y de convocatoria, ya que alcanzó más allá de las organziaciones que la conformaban- se hizo sentir sistemáticamente durante todo el año que siguió a la pueblada.

    Mirando la película, entonces, lo que se ve durante todo el período es una movilización sistemática de la clase obrera, específicamente de su fracción desempleada, organizada antes y después de la pueblada, e inorgánica durante el breve lapso de la pueblada misma.
    Eso sin mencionar lo que ya había señalado el propio Rieznik sobre las huelgas que las centrales obreras habían declarado la semana anterior, etc.
    Más allá de las reconocibles limitaciones -que nadie discute- es claro, indiscutible, el papel central de la clase obrera en el Argentinazo considerado como película y no como foto.

    Para juntar algún poroto más, Maiello intenta comparar desfavorablemente al Argentinazo con el Cordobazo, diciendo que éste último además de estar convocado y dirigido por las organizaciones obreras y populares, obtuvo una victoria táctica sobre la represión.

    En verdad, aquellas organizaciones que convocaron a la movilización cordobesa, no suponían una conciencia superior a la representada por las corrientes piqueteras que durante el Argentinazo optaron por quedarse atrás. ¡No es que la CCC o el nacional-populismo más o menos combativo hayan sido en los 60 y 70 algo diferente de lo que son hoy!

    La gran novedad del Argentinazo fue que el quedantismo de estas corrientes populistas o conciliadoras, mayoritarias en los 60 y 70, no paralizaron al movimiento sino que emergió una fracción expresamente clasista, con gran capacidad de movilización.
    Viendo esto, y sin la intención de desmerecer a nadie, el Argentinazo representa un paso adelante respecto de cualquier rebelión de los 60 y los 70.

    En cuanto a la “victoria táctica” cordobesa del 69 contra la represión…
    Aunque me molesta este juego de comparar figuritas, cabe señalar que el Cordobazo no tiró un gobierno, como sí hizo el Argentinaz, sino que sólo aceleró un recambio, relativamente ordenado.
    Es decir que si dejamos de lado el “éxito táctico sobre la represión” tan apreciado por Maiello, el Cordobazo sería comparable a la masacre de Puente Pueyrredón, que adelantó el retiro de Duhalde, etc.

    Puntualmente, sobre la “victoria táctica contra la represión” que el Argentinazo no habría logrado… Encuentro un poco vergonzoso que alguien que se considera revolucionario no pueda reconocer en la renuncia y la fuga atropellada de De la Rua un claro intento (exitoso, por cierto) de evitar una victoria popular -quizás más que “táctica”- sobre las fuerzas represivas que, esto es un hecho, se mostraban incapaces de impedir la creciente afluencia de jóvenes proletarios al centro de la capital, para pelear a brazo partido contra la policía.

    En fin: Para defender su ¿tesis? (luego contrariada por él mismo) de que la estrategia es algo netamente diferente que el programa, Maiello toma un texto de Trotski que establece una distinción entre estrategia y… táctica (!).
    Cuando al menos Maiello explicita una definición, cae en un esquematismo que no puede conformar a nadie (“el programa se refiere a los objetivos, la estrategia al método para alcanzarlos”).

    Incluso objetivos estratégicos tan importantes como el gobierno obrero no son más que un medio para guiar la transición al socialismo, en cuanto al socialismo como objetivo último, no está descripto como tal en ningún programa marxista -salvo negarivamente, o sea: como labor de negar lo existente- por razones que el propio Marx se encargó de explicar en su momento.
    Por otra parte, revindicaciones que en una perspectiva amplia podrían considerarse puramente metodológicas por su sentido transicional, para nosotros en la situación actual se presentan como objetivos a ser alcanzados.

    En realidad, la elaboración por parte de Trotski del programa de transición inviabiliza cualquier intento de volver a separar “métodos” y “objetivos”.

    Se entiende que la necesidad que evidencia el PTS de fijar la “estrategia” como tópico de discusión, tiene que ver con la ya conocida pretensión peteseana de atribuir al PO la tesis de un “sujeto piquetero” diferente a la clase obrera, al tiempo que presentan su propia postura conservadora y sindicalista -y en algunos casos autoproclamatoria- como defensa del clasismo, de la clase obrera en tanto sujeto histórico, etc. etc.

    En ese sentido, Maiello no discute lo que debería discutir sino que más bien lo da por supuesto.
    Lo grave es que esta omisión se haga a costa de recortar forzadamente los hechos relacionados con el Argentinazo, entendiéndolo como acontecimiento en vez de hacerlo como proceso (actitud también bastante conservadora).

  12. carl dice:

    Che pero no hay que obviar que alli donde el pts dice tener “lo mas avanzado de la clase obrera” caso subte o ferroviarios, en ambos frentes los encabezó el PO, en asambleas de trabajadores..entonces donde sale esto de que el po no está inserto en el movimiento obrero????
    Otra cosa que no clarifica el pts pero si sus militantes, es que no consideran al piquetero como clase obrera,entonces no sorprende su caracterización sobre que el en 2001 estuvo ausente la clase obrera (segun el pts),y fue un movimiento pequebú, lo cual refleja un gravisimo error político..

  13. ridasa dice:

    El FIT, es un frente electoral???
    Leo en en el portal del PTS:
    “Los compañeros de IS, señalaron que no hay condiciones para un Partido de Trabajadores ni un partido revolucionario unificado, en lo inmediato y limitaron la orientación del FIT a la intervención parlamentaria, por detrás incluso de su propuesta escrita en su prensa de tratar de avanzar en una política unificada en los sindicatos…”,
    a renglon seguido:
    Los compañeros del PO, sin pronunciarse particularmente ni sobre su llamado inicial por un Partido de Trabajadores ni sobre la relación entre la constitución del FIT y la construcción de un partido revolucionario, plantearon como objetivos a mediano plazo (las próximas elecciones serán dentro de 2 años) obtener más votos (“los 16.000 votos en Neuquén “no son el techo del FIT”), conquistar más diputados y que la banca sea la que “genere lucha de clases”.
    Y del mismisimo PTS:
    “Desde el PTS, señalando claramente que no hay condiciones en lo inmediato para la construcción de un partido revolucionario unificado entre quienes conformamos el FIT dada las diferencias políticas y estratégicas existentes, planteamos que no podemos limitar exclusivamente la intervención del FIT a las elecciones …”
    Mas allá de los debates, existen contradiciones en unos de los integrantes, por ej: PO
    “El frente de izquierda ha nacido como un instrumento de desarrollo, movilización y organización de la clase obrera para terminar con la burocracia de los sindicatos, para imponer la independencia de la clase obrera y para construir un gran partido de los trabajadores” (“Construyamos a partir de esta conquista”; “Altamira, a la militancia del frente de izquierda, en la noche del 23 de octubre”, discurso completo en Prensa Obrera N1200).
    Quien contradice a Altamira es el mismísimo Rieznik, cuando cierra bajo el título “Por un debate clarificador”, en el debate con Maiello, respecto a las diferencias (¿como para no confluir en un partido de los trabajadores?, pregunto) entre ambos partidos (PO-PTS), por ej:
    “Dejamos para el final lo que Maiello concidera un eje conjunto de todoa su crítica: el PTS no tiene diferencias “programáticas” con el PO, sino “estratégicas”, una afirmación incomprensible (“el partido es el programa” es una de las frases más citadas de Trotky).NO, las diferencias son programáticas, como ya lo demostramos en la revista en la Defensa del Marxismo al mostrar que el pts rechaza la dictadura del proletariado en nombre de la autogestion sovietista, donde precisamente “las bases decidan”…”

    Sin embargo, Altamira vuelve a contadecirlo a Rieznik, cuando este último, en el mencionado debate con Maiello chicanea con “…Si maiello le parece bien, podríamos hacer asambleas de base del Frente de Izquierda”, quien afirma que el argumento “que las bases decidan, no fue nunca honesto, porque el PTS se reservaba el acatamiento de lo que resolvieran las asambleas”.
    Veamos que dice su compañero Altamira:
    “…Desde el PO, acogemos positivamente todas las propuestas de debates politicos que sirvan a la clarificación de posiciones y, por sobre todo, al desarrollo de un programa. Por nuestra parte, ofrecemos al debate de todas las organizaciones, agrupamientos y militantes asociados al Frente de izquierda el conjunto de elaboraciones para el xxii congreso del PO, que tendra lugar en el primer trimestre del 2012” (Buenos Aires,31 de octubre de 2011, en Conclusiones de la reunion del Comite Nacional del Partido Obrero).
    Rieznik, denuncia que en un artículo siguiente del libro “se presenta al frente de izquierda ya en marcha como un “acuerdo técnico político” determinado por la ley electoral que fija un piso del 1,5% de los votos en las elecciones primarias para participar en las elecciones de octubre: Según Castillo, no “expresa ninguna convergencia política, entre las fuerzas que las integran”… (si no hay desmentida, tomaré la palabra de Rieznik, como ciertas).
    Dado la gravedad de la situación histórico mundial que se presenta, de derrumbe catastrófico del capitalismo; ver (y, oir) a los que se autoproclaman y vociferan por la construcción de un partido de los trabajadores dando muestras del infantilismo politico inhaudito, en momento donde la unidad de los trotskistas debiera ser mas férreas , por ensima de matizes faccionarios, ya no es tragedia ni farsa….sino, suicidio político.

Dejar un comentario




Si quieres agregar una imagen a tu comentario, consigue un Avatar.