Las limitaciones de una estrategia socialista light

| 30 mayo, 2012 | Comentarios (0)

Ariel Petruccelli ha tenido la gentileza de escribir este post, sobre el que hago algunas consideraciones.

Comienzo por las dos preguntas, que Ariel reclama que no respondí.

Sobre la primera: No creo que se pueda hablar ingenuamente de socialismo, haciendo de cuenta que no cayó la URSS, por lo cual coincido en que hay que expresar por la positiva el proyecto socialista como algo radicalmente distinto de lo que fueron los estados obreros burocratizados. Sobre que implica un cambio en la época histórica, habría que ver qué quiere decir eso exactamente. Para nosotros, no cambia la caracterización de la época como de crisis, guerras y revoluciones (lo cual no quiere decir que siempre haya crisis, guerras y revoluciones), pero sí abrió una etapa de restauración burguesa, signada por el avance de la burguesía y el imperialismo sobre las conquistas obreras, que de todos modos no impidió la crisis histórica actual del capitalismo.

Sobre la cuestión de «reinventar» el socialismo, creo que el error de Ariel es precisamente que pasa por alto el aporte de la tradición trotskista para ofrecer un «modelo» de socialismo que realmente exprese la democracia de los trabajadores. Que el pluripartidismo soviético fuera una experiencia de corta duración no hace a la cuestión. Porque incluso en una posición más cercana a la de Ariel, de «democracia socialista» que combine soviets con sufragio universal, se incluiría la multiplicidad de partidos que apoyen la revolución. O sea que en este punto seríamos ambos igualmente multipartidistas. La diferencia está, como ya lo hemos conversado otras veces, en que el mecanismo de sufragio universal responde al principio de la democracia burguesa y no al de la democracia soviética por lo cual los troskos «ortodoxos» del PTS consideramos que no puede ser el «modelo» de democracia socialista. Incluso aunque no se pueda descartar la posibilidad teórica de que en ciertas circunstancias la combinación de soviets y sufragio universal fuera uno de los momentos por los que tuviera que pasar una precaria institucionalidad revolucionaria, no podría ser algo permanente, porque el soviet y la cámara de representantes elegidos por sufragio universal son dos instituciones contradictorias: uno busca unir ciudadano y productor, la otra los divide.

Sobre la segunda: Coincido en que el marco de la lucha es sustancialmente distinto al que tuvieron que enfrentar los bolcheviques y la III Internacional. De las otras corrientes que menciona Ariel no me puedo hacer cargo. Mi planteo sobre este tema es básicamente el mismo que hice acá. Las condiciones de posiblidad de la estrategia de toma del poder por la clase obrera están dadas por el carácter predominantemente urbano del mundo actual en comparación con el de las primeras décadas del Siglo XX, el mayor peso numérico de los asalariados, entre otras cuestiones, aunque partimos de que la idea del socialismo no es popular en las masas. La extensión de los mecanismos de democracia burguesa (sin olvidar -como olvida Ariel- sus rasgos bonapartistas que hacen más limitado su carácter «popular»), más allá de que surge de ciertas condiciones de estabilidad excepcional producto de la derrota de los `70 y la restauración capitalista, plantea que la hipótesis estratégica no puede ser la de enfrentar un aparato de estado apenas formado como el que enfrentaron los bolcheviques. Por eso considero que las elaboraciones de la Tercera Internacional sobre la revolución en lo que en ese momento se llamaba Occidente son un punto de apoyo incluso para pensar en un país como Argentina en la actualidad, como hicimos acá.

Como se ve no es cierto que ni nos planteemos las preguntas que dice Ariel o que les demos respuestas negativas para evitar pensar el marco estratégico actual. Les damos una respuesta desde otra visión estratégica y desde otra concepción sobre las relaciones entre la tradición clásica y las necesarias elaboraciones actuales, que intentamos desarrollar y que dicho sea de paso, se pueden leer para no tener que imaginarlas ¿No?

Sobre la cuestión teórica respecto del partido, gracias por avisar pero ya estamos enterados de que la posición sobre espontaneidad y conciencia expresada en el Qué Hacer fue luego matizada por Lenin, como planteamos acá. Una de nuestras frases de cabecera es «soviet y partido» y hemos destacado la importancia de la lucha por instancias de organización de tipo soviético, por lo cual los compañeros del PO nos tildan de «sovietistas que subvalúan la importancia del partido». Una vez más, me parece que salta la ficha de una de las debilidades de toda la argumentación de Ariel: habla en general de las corrientes trotskystas sin poder debatir contra las posiciones específicas del PTS, que no conoce con suficiente profundidad (tal vez no tiene por qué, pero en este caso esa circunstancia le quita fuerza a sus argumentos). Por eso nos atribuye que seguimos «ciegamente» el modelo de partido del Qué Hacer (aclaro que solamente sigo ciegamente a Lisbeth Salander) o posiciones de que no hay estabilizaciones y que hay crisis permanente o que somos un grupo que pretende ser «puro», que pueden ser muy útiles para caricaturizar el trotskismo en general, pero no para discutir con el PTS o conmigo en particular.

Yo traje a colación el tema del NPA para plantear que un partido tan «amplio» que incluye compañeros que se reclaman revolucionarios con otros que se reivindican reformistas, no sirve para la lucha de clases, como se demostró en las ocupaciones de fábrica del 2010 y que ese partido basó sus principales definiciones estratégicas en presupuestos similares a los que Ariel. Además de que la mitad del partido se fue con el frente de la «izquierda» socialista y el PC en Francia, (y el 70% de sus integrantes dejó de militar) a 3 años de su fundacion ya que estaba basado solamente en el poder aglutinante mediático de la figura de Besancenot. Hubo una rica dura lucha de clases con tomas de fabricas brutalmente derrotadas en las que el NPA ni pintó.

Sin un partido organizado y centralizado, me gustaría que Ariel me explique cómo piensa hacer en un país como la Argentina, que tiene el 75% de su industria y grandes servicios como las telefónicas en manos de grandes monopolios extranjeros, los cuales cuentan con la complicidad de una burocracia que dirige casi 3.000 sindicatos y que juega el rol de policía en el movimiento obrero para perseguir a los revolucionarios e intentar comprar a los nuevos delegados que surgen. Cómo piensa hacer, no ya una revolución sino tan siquiera para desarrollar un trabajo sistemático y relevante. La misma pregunta se aplica a las «izquierdas independientes» que tienen nula inserción en los gremios de la CGT tanto como en las industrias y servicios controlados por los grandes grupos imperialistas. Dicho sea de paso, la «instrumentalización» de las luchas reivindicativas que se nos atribuye se da de bruces con el trabajo sindical del PTS, del que un ejemplo reciente es la movida de la Bordó en el STIA, entre otros.

Para terminar, la formulación estratégica de Ariel: a mi juicio toda estrategia revolucionaria en el interior de estados capitalistas democráticos consolidados y fuertemente urbanos implica la lenta y trabajosa constitución de un amplio movimiento socialista (cultural, reivindicativo, político) que deberá luchar por ganar posiciones y establecer una serie de reformas que lo consoliden como una fuerza de masas antes de luchar seriamente por el poder y establecer reformas de carácter estrictamente revolucionario; es una propuesta de «guerra de posiciones» de baja intensidad (centrada en conseguir reformas) y (partiendo de lo señalado por él mismo sobre la cuestión del partido) sin estado mayor, que nos plantea nuevamente la pertinencia de lo señalado por Fernando Aiziczon acá sobre las carencias estratégicas de la «izquierda independiente».

Publicado en losgalosdeasterix.blogspot.com el 29/05/2012.

Category: Artículos, Ideas y debates, Política, Teoría marxista

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