Una vez más sobre la época, la estrategia y el «anclaje político» de la intelectualidad de izquierda

| 12 junio, 2012 | Comentarios (0)

Este post de Ariel retoma los tópicos que ya planteó en post anteriores y algunos de los cuales sería interesante profundizar o mejor dicho aclarar.

Me parece que la discusión sobre la «época de crisis, guerras y revoluciones» merece una vuelta de tuerca. Aunque ya le había planteado a Ariel que para el PTS, la definición de la época no significa que siempre estemos ante la misma situación (acá cabría diferenciar entre época, etapa, situación y coyuntura, diferencias obviadas por Ariel). Por eso quisiera poner de relieve que en la periodización del Siglo XX, en las elaboraciones de nuestra corriente (elaboraciones previas a este intercambio) marcamos tres etapas distintas: la que señala Ariel como etapa donde las características de la época se desplegaron más inmediatamente (que incluye las dos guerras mundiales, la revolución rusa, la crisis del ’30, el surgimiento del fascismo y el nazismo, la revolución española y otros procesos), que se caracteriza por el enfrentamiento abierto entre revolución y contrarrevolución (aunque hubo desde ya estabilizaciones y momentos de «pacifismo») después la etapa del Orden de Yalta, marcada por el acuerdo a la salida de la guerra entre la URSS y el imperialismo, donde las revoluciones se trasladaron al mundo semicolonial y la burocracia expropió el capitalismo en los países del Este pero con métodos burocráticos -en lo que hemos denominado una forma de revolución pasiva proletaria-. Este orden sufrió un embate fuerte en el ’68, donde los procesos de lucha de clases tendieron a unir periferia y centro, pero fue desviado o derrotado según el caso; luego, la larga etapa de la Restauración burguesa, etapa cuyos límites se plantean hoy en torno a la crisis y los nuevos procesos que están surgiendo como producto de esta crisis capitalista mundial que ya lleva 4 años. Para más precisiones, leer acá.

Sumado a esto, quería remarcar que la consecuencia estratégica del «cambio de época» del siglo XIX al siglo XX, expresada en su momento por Lenin y la Tercera Internacional es el fin de las «revoluciones burguesas» (revoluciones acaudilladas por la burguesía contra el viejo orden feudal o aristocrático), las causas burguesas «progresivas» (enfrentamiento entre potencias progresivas y reaccionarias) e incluso las «revoluciones pasivas» relativamente progresivas (modernizaciones desde arriba como en Alemania, Italia y Japón). Esto plantea la necesidad de unir la lucha contra el imperialismo con la de la clase obrera. Es decir que los procesos populares, nacionales, democráticos, del tipo que sean, no pueden consolidar sus conquistas de manera íntegra y definitiva, si no es en una dinámica de revolución permanente que avanza en tareas propiamente socialistas. Eso y no más (ni menos) que eso significa que estamos en la misma época en que vivió Trotsky.

Aclarado esto, me parece importante remarcar que como parte de este contexto de una etapa que parece estar llegando a su fin, en los últimos años (y como decía Bensaïd desde la huelga general francesa del ’95) se vienen dando toda clase de procesos, los cuales han pegado un salto a partir de la crisis capitalista en curso desde hace casi un lustro, muchos de los cuales tienen como componente predominante posiciones distintas de las nuestras, pero incluyen elementos de recomposición de la clase obrera en distintos planos, principalmente en las acciones, aunque con limitaciones en el programa y el imaginario predominante (tomas de fábrica con rehenes en Francia para reclamar indemnizaciones).

El problema nuevamente es cuál tiene que ser el rol de la izquierda que se reivindica revolucionaria o anticapitalista. Si nosotros en Zanon hubiéramos hecho lo mismo que hicieron el NPA y LO en la movida de ocupación de fábricas en Francia (quedarse viendo de afuera porque «no había condiciones»), no se podría hablar de los aportes del PTS a esa experiencia, que sin duda, habría sido distinta en muchos aspectos, los obreros se las hubieran tenido que arreglar sin una colaboración bastante importante y nosotros hubiéramos sido un grupo testimonial. Es decir, que la voluntad política de influir y confluir con los sectores de la clase trabajadora que libran luchas en las condiciones actuales, con un programa (¡con perdón!) transicional, hace una diferencia.

Desde este ángulo, la caricatura relativa que hace mi amigo Ariel sobre que nos preparamos tanto para los últimos cinco minutos del partido que no jugamos la previa, me parece que se basa principalmente en un desconocimiento del trabajo real que hace nuestra organización.

La preparación para los momentos de ascenso revolucionario se hace precisamente construyendo una organización en los momentos previos, para lo cual es necesario combinar toda clase de tareas y trabajos. Si así no fuera, en la Alimentación no estaríamos luchando por las reivindicaciones más elementales de los trabajadores y nos limitaríamos a esperar que venga la revolución proletaria o peor aún, haríamos un «sindicato rojo» separado del STIA. Tampoco estaríamos promoviendo desde la Agrupación Negra de ATEN, junto a la Banca del FIT, las agrupacones que lo integran y apoyan y las seccionales opositoras, el rechazo activo a la ley de Educación del MPN. Esta política de Frente Unico, que permitió empiojarle el panorama al MPN que pensaba pasar la ley como por un tubo es un ejemplo de lo lejos que estamos de la caricatura de una secta que se prepara para una revolución imaginaria, despreciando las luchas reales y concretas, con el nivel de conciencia actual de la clase trabajadora. Creo que esto lo reconoce incluso el mismo sector de ATEN en el que se referenció siempre Ariel (Agrupación Naranja) que manifiesta tener intenciones (con excepción de un sector más antipartido) de hacer un frente con la izquierda (incluido el PTS) para recuperar el sindicato de manos de la burocracia kirchnerista.

Ahora bien, cuando nosotros damos luchas por puntos mínimos o incluso por cuestiones políticas se hace buscando mostrar en cada proceso en que intervenimos la necesidad de una estrategia de «hegemonía obrera», que no interpretamos en clave de dictadura del sector industrial sobre los restantes asalariados, sino como unificación de los distintos sectores de la clase obrera, junto a los restantes sectores populares, para crear una alianza social que permita golpear el poder de la burguesía. En este sentido, planteamos en Neuquén la hipótesis estratégica de unidad de ATEN y el SOECN, siguiendo la lógica de la experiencia realizada por los ceramistas en la conquista de apoyos de otros sectores de trabajadores y sectores populares.

Si fuéramos un partido sectario y mal ubicado en la realidad histórica actual, como dice Ariel. ¿Cómo se explica que a diez años del 2001, la mayoría de los movimientos de izquierda autónomos o independientes (que tienen clarísimo que estamos en otra época y no se aferran a dogmas ni fetiches organizativos) fueron fracturados por el kirchnerismo, apoyan más o menos a gobiernos burgueses «progresistas» como el de Chávez o Evo y se encuentran por fuera (con excepción de algún sector estatal o docente) del principal proceso de recomposición obrera, que es el sindicalismo de base? ¿Por qué el PTS pudo empezar a pesar ahí y los demás no? Mi respuesta es: porque tenemos una estrategia de poder obrero (que presupone como requisito previo un rol de liderazgo de la clase obrera en una alianza obrero-popular), un programa que se basa en las experiencias históricas del proletariado y la voluntad (encarnada en una militancia que incluye dirigentes obreros trotskistas) para hacerlo confluir con los sectores de la clase trabajadora que se foguean en los combates actuales, contra la patronal y la burocracia y van haciendo una experiencia con el gobierno. Sin estos elementos, creo que es muy difícil incluso librar positivamente luchas reivindicativas parciales (y por eso los reformistas, paradójicamente, terminan siendo los sindicalistas menos efectivos).

En este sentido, y en consonancia con lo que plantea Fernando Aiziczon acá, creo que un sector de la intelectualidad de izquierda relacionada con el FIT tanto como con la izquierda «independiente», tiene una cierta crisis de «anclaje político». Parte de un «espíritu de época» en el que primó lo que se conoce como «el grado cero de la estrategia». No simpatiza mucho con los partidos que componen el Frente, pero a su vez no tiene otro interlocutor que sea claramente superior o genere reflexiones más productivas. Y sobre todo, no tiene una estrategia alternativa en la práctica a la que plantea el PTS. Porque incluso si tomáramos como propia la estrategia de largo aliento que plantea Ariel, más cercana a la «guerra de posición» (que para Gramsci requería una «concentración inaudita» de hegemonía) esta tarea «acumulativa» no podria llevarse adelante, en razón de los enemigos que enfrentamos, sin un trabajo como el que hoy desarrolla el PTS, pero multiplicado.

Publicado en losgalosdeasterix.blogspot.com.ar el 11/06/2012

Category: Artículos, Frente de Izquierda, Ideas y debates, Movimiento obrero, Política, Teoría marxista

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