Los saqueos, o cómo el ajuste “heterodoxo” llega a todos y todas

| 22 diciembre, 2012 | Comentarios (0)

El balance de fin de año, por si quedaba alguna duda, nos está mostrando que este fue el año del ajuste “para todos y todas”. Este ajuste involucró medidas de distinto tenor, desde el tapón a las importaciones y el cepo a la compra de dólares, hasta la quietud del mínimo no imponible de ganancia y la eliminación de las asignaciones familiares para los grupos familiares en los que alguno de los cónyuges supere los 7000 pesos, pasando por los ajustes de tarifas y transporte, el último anunciado 19D mientras el sindicalismo opositor marchaba a plaza de mayo.

Los hacedores de discurso cristinista vienen hace un tiempo contraponiendo entre los estratos de asalariados supuestamente privilegiados, que por sus propias mejoras se habrían vuelto crecientemente reacios a cargar con costos de una intervención del Estado de carácter “progresista” aunque se beneficiaron (siempre según este relato) de políticas favorables al empleo y los ingresos asalariados de este gobierno, y los estratos más pobres y precarios que serían aquellos en los cuáles la intervención estatal se concentraría de manera privilegiada. De esta forma, se buscó colocar el creciente descontento obrero en la vereda de “enfrente”, de los que no quieren poner el hombro para sostener el “modelo de crecimiento con inclusión”, como ha dado en llamar a su política el kirchnerismo.

Hace tiempo que este discurso hace agua entre los trabajadores con empleo registrado, y contribuye a acrecentar el descontento. Algo lógico por los propios números: como plantea esta nota, hoy “pagan ganancias los trabajadores que cobran de bolsillo más de $5782 mensuales si son solteros sin hijos, y más de $7998 si son casados con dos hijos. Son trabajadores cuyos salarios están muy cerca de los $7000 de la canasta familiar que necesita una familia para vivir con lo justo”. Por supuesto, se trata de “privilegiados si consideramos que según la EPH el 90% de los asalariados gana menos de $5460 y el 70%, menos de $3513. En la Argentina K se ha vuelto un “privilegio” ganar un salario que se acerca a la canasta familiar, privilegio que amerita ser gravado con el mismo impuesto que grava (poco, muy poco) la ganancia de los patrones. Y con la no movilidad del mínimo no imponible, un salario que a causa de la inflación se las ve cada vez en mayores problemas para cubrir el consumo necesario, afronta sin embargo una carga impositiva cada vez mayor. Esto se llama ajuste, soportado, como ocurre con todos los gobiernos, por una parte de los trabajadores, a la que se quiere poner el mote de “privilegiados”.
Pero los hechos de estos días muestran que el discurso también hace agua por el lado de los supuestos destinatarios principales de los favores oficiales, es decir los sectores más pobres. Por supuesto, como no podía ser de otra forma, el gobierno trata de tapar esto haciendo responsables, en esta oportunidad, a Moyano y Micheli, poniendo en duda el carácter espontáneo. Carta Abierta, ha señalado que estos hechos “nos alertan acerca de la existencia de una ofensiva desestabilizadora”. Y el bloguero K Lucas Carrasco ha planteado que “Los sectores populares no son tan boludos como para caer en celadas oscuras en momentos donde el gobierno nacional pulsea con los saqueadores de guante blanco en la Sociedad Rural…” (con buen tino, el bloguero P Abel Fernandez le ha señalado que “los únicos sectores populares a los que eso les importa en serio son los que viven en Palermo”).
Pero sólo en el mundo de las estadísticas oficiales faltarían motivos a los sectores populares para hacer reclamos por hambre. Sin una situación que tenga nada que ver con la emergencia social del 2001, una inflación que no baja del 25% anual viene golpeando duramente sobre los ingresos obreros. Los sectores más duramente golpeados son los de los ingresos más bajos. Mientras que el sector privado registrado realiza anualmente negociaciones paritarias en las que el resultado puede significar empatarle, ganar por poco o perder ligeramente frente a la inflación, en el caso de los trabajadores no registrados no hay nada por el estilo. La patronal cuenta con mayor poder para imponer condiciones y negar aumentos, o concederlos de forma mucho más módica. Como desde 2007 el crecimiento del empleo viene frenándose, y se paró completamente la tendencia a que se recuperara el empleo registrado en la proporción del empleo total, es un sector cada vez mayor de la clase trabajadora el que se ve afectado por estas condiciones. A esto se agrega que el último año se frenó un sector clave como la construcción, tanto para obra pública como en el sector privado. Algunos cálculos hablan de una destrucción de 40 mil puestos de trabajo durante el último año, pocos bajan de 25 mil en los cálculos más optimistas. La AUH, tan reivindicada por los sectores “progres K”, poco puede compensar este creciente deterioro.
Como decíamos al principio, el ajuste llega a todos los sectores de la clase trabajadora. Si para los estratos medios/altos llega por la vía del Estado (eliminación de asignaciones, no ajuste del mínimo no imponible, el tarifazo de los servicios y del transporte), para los sectores más bajos llega por el lado del endurecimiento de las condiciones de ingresos, a la par que son los sectores más expuestos al aumento del costo de vida en el que los alimentos son uno de los rubros que más velozmente aumentan.
Pueden sorprender poco, entonces, los sucesos de estas horas. El ajuste, aunque se pretenda moderado (y “heterodoxo”) resulta especialmente duro en los eslabones más débiles. Las pretensiones de colocar de la vereda de los privilegiados a los sectores obreros y populares que expresan descontento resultan cada vez menos creíbles. También pierde verosimilitud el intento de orderar el escenario político en los “clivajes” del gobierno vs corpos y la derecha, cuando la orientación profundamente antiobrera queda cada vez más en evidencia.

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Category: Artículos, Economía, Política

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