¿Hacia un giro “hayekiano-schumpeteriano” alemán? (de cómo la desigualdad económica podría aumentar las tensiones interimperialistas)

| 29 marzo, 2013 | Comentarios (0)

Más allá del resultado inmediato de los sucesos de Chipre, es probable que la recesión europea esté poniendo en escena un elemento relativamente nuevo en la situación económica mundial.
A fines de 2010, la crisis griega fue el primer indicio crítico del modo en el que se evitó una destrucción masiva de capitales. Las deudas estatales creadas como medidas de contención a la depuración del endeudamiento privado pos Lehman, se convirtieron en un eslabón débil que provocó recurrentes situaciones en las que Europa y el mundo quedaron al borde de nuevos escenarios catastróficos siempre evitados en la “última trinchera”. A partir de ese momento se impuso una tensión constante entre el discurso alemán más “hayekiano” que sus acciones las que, no obstante, fueron consolidando la situación recesiva en Europa.
Desde fines de 2010 y durante 2011 y frente a las abultadas deudas públicas estatales en particular de los “PIIGS” que los colocaban al borde de la bancarrota, proliferó el mecanismo de los “rescates” que mediante paquetes de nueva deuda otorgados desde la troika (BCE, FMI, UE) resguardaron fundamentalmente a los bancos con activos críticos. Dichos “rescates” que sólo en algunos casos excepcionales como el de Grecia, establecieron quitas a los acreedores, se hicieron en todos los casos a cambio de privatizaciones, reducciones de salarios de los empleados públicos, pensiones, despidos, reducción de seguros de desempleo, etc. Las políticas aplicadas venían siendo una combinación por un lado de medidas monetarias (mucho menos laxas que las norteamericanas) para evitar pérdidas de los acreedores impidiendo una limpieza profunda de capitales y por el otro, la implementación de ajustes violentos y medidas recesivas sobre la población que acabaron profundizando la recesión. El resultado fue el fortalecimiento de tendencias recesivas en Europa que en 2012 terminaron rebotando en parte sobre la propia Alemania, signando una tendencia relativamente convergente de Europa hacia la recesión, más allá de las profundas divergencias internas. Sin embargo este proceso no produjo una masiva destrucción de capital financiero (acorde a la acumulación de deuda existente) que fue salvado mediante la acumulación de nuevas deudas. De modo que el discurso “hayekiano” de Merkel fue en la práctica, muy débilmente hayekiano, como mencionaba un columnista del Financial Times que hemos citado varias veces. Como dijimos en otro lado (en este y este artículos de la revista Estrategia Internacional n° 28), y aún reconociendo las diferencias entre la política norteamericana y la europea, era exagerado tildar de “shumpeteriana” -como lo hace Krugman- la política alemana de Ángela Merkel. Una cosa es lo que Alemania quisiera hacer y otra lo que puede hacer. También dijimos que la diferencia entre las políticas alemanas y norteamericanas estaban asociadas a las posiciones relativas de ambos países imperialistas.
Alemania debería lograr una fortaleza que no posee y avanzar en la unión bancaria para definir una política propia que le permita cambiar cualitativamente la relación de fuerzas. Las recomendaciones de los neokeynesianos a Alemania como también explicamos, son abstractas debido a que parten del supuesto de que Alemania es aquello que no es. Para fortalecerse como imperialismo, Alemania precisaría aplicar políticas fundamentalmente contrarias a las norteamericanas es decir, debería avanzar sobre una desvalorización masiva de activos europeos. Las política “indicada” para estos objetivos, sería dejar actuar la crisis provocando una desvalorización masiva de capitales y esto es en parte lo que empieza a ponerse a prueba en Chipre. Tras el intento fallido y suicida de que pagaran parte de las acreencias los ahorristas de menos de 100.000 euros (cuyos depósitos están garantizados desde la crisis de 2008), la política que termina poniéndose en práctica es, amén del clásico “ajuste” sobre Chipre, que el grueso de la deuda va a ser pagada por los acreedores que no por casualidad son fundamentalmente rusos. Esto plantea la pregunta de si Alemania (junto con Holanda y Austria) realmente va a desarrollar una política más ofensiva de destrucción/desvalorización de capitales en Europa para avanzar sobre esos activos, logrando como resultado una relación de fuerzas superior a nivel mundial. La respuesta se enfrenta a muchas contradicciones y no tiene por ahora una solución por sí o por no. El gran problema que enfrenta Alemania es una cuestión de “tiempos” dada por el factor de que todas las políticas que eventualmente la fortalecerían en su posición mundial, la debilitan como economía y por lo tanto como potencia. La dependencia profunda de la zona euro hizo que las políticas recesivas debilitaran la propia economía alemana como se mostró en 2012. La salida fue en parte un giro hacia Asia y por eso creo yo que es muy importante evaluar en qué medida este giro podría sostenerse. Esta última cuestión tiene que ver con evaluar hasta qué punto la relativa recuperación norteamericana es un freno para la caída de China. Y, en última instancia, en qué medida China puede contratendenciar a la recesiva zona euro. Nuevamente acá los tiempos tienen un papel primordial. Porque si China en el corto o mediano plazo puede sostener relativamente a Alemania, podría concluirse que Alemania estaría en parte en mejores condiciones para avanzar con un plan más “hayekiano” sobre Europa. De ser así, y contradictoriamente, la desigualdad entre Estados Unidos y Europa podría en parte cambiar los términos de la ecuación. Quiero decir que, la desigualdad entre Estados Unidos y Europa que a través de la relación con China podría propiciar una situación de relativa calma económica durante el próximo año, podría a su vez ser la base para un mayor avance alemán sobre la eurozona. Esta situación podría ser el punto de partida de la combinación de una recesión mucho mayor en Europa y un eventual fortalecimiento de Alemania en la relación de fuerzas internacionales. Una situación tal plantearía un recrudecimiento de las tensiones entre Alemania y Estados Unidos como consecuencia (y esto es lo interesante), no de una gran agudización de la crisis, sino de una relativa calma económica que le permita a Alemania un avance parcial sobre su “patio trasero”. Esto es una hipótesis que parte de intentar pensar cómo puede manifestarse la relación entre la economía y relaciones entre Estados en la arena mundial. Así como que el carácter histórico de la crisis actual no necesariamente tendrá que tomar la forma de estallidos directamente económicos -aunque desde ya puede hacerlo y, como estamos viendo, la posibilidad de estallido continúa siempre presente-. De todos modos la hipótesis esbozada tiene muchos límites y contradicciones. Entre otras, el hecho de que el endurecimiento del discurso alemán se produce en un año político electoral, así como que las declaraciones del presidente holandés del eurogrupo (luego desmentidas) en el sentido de que Chipre era el modelo a seguir son parte de un mecanismo de ensayo y error o que una política de destrucción masiva de capitales afectaría en gran parte al propio capital alemán. Por último y más importante, el aspecto más crítico es cuánto se puede sostener la economía china y por cuánto tiempo. Contradictoriamente, creo yo, una mayor crisis en China, si bien contribuiría sin duda a una profundización mayor de la crisis económica mundial, enlentecería los tiempos del fortalecimiento alemán. Por ahora son sólo algunos elementos para la reflexión y en tal caso para la discusión.

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Category: Artículos, Economía, Ideas y debates

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