Notas sobre el “retorno” de Marx

| 17 marzo, 2014 | Comentarios (0)

Mucho se ha escrito sobre el “retorno” de Marx en los últimos años. No es para menos. La crisis internacional y su secuela de crisis políticas y sociales, así como las manifestaciones de la lucha de clases -que se desarrolla en distintos niveles a escala global- ponen en evidencia el fracaso de los sistemas ideológicos en los que sustentó parte de su hegemonía el neoliberalismo.

La reedición de muchas de sus obras fundamentales, así como el intento de masivización de algunas de sus principales elaboraciones-como puede apreciarse en las ediciones manga de El Capital o las versiones ilustradas del Manifiesto Comunista- son la expresión comercial de un proceso político-ideológico que tiende a desarrollarse en la medida en que se continua la crisis internacional y se producen nuevos fenómenos políticos y sociales como consecuencia de la misma.

Luego de una fuerte hegemonía imperialista -que duró casi tres décadas- donde la lucha de clases pareció “desaparecer” de la escena, las tendencias a mayores crisis y convulsiones vuelven a decir presente. Confirmando la sentencia marxista que recorre las páginas del Manifiesto Comunista y La Ideología Alemana, las ideas de la clase dominante entran en crisis cuando la clase dominante pierde hegemonía o es incapaz de imponer su dominación por medios “normales”. Allí están las raíces de este pretendido “retorno de Marx”.

De retornos y retornos

Pero este “retorno” se produce, en muchos casos, bajo la premisa de la corrección de sus explicaciones científicas y la falsedad de sus concepciones políticas y su estrategia. Se presenta a Marx en clave de analista de la realidad pero condenado a la impotencia de una estrategia utópica, que derivó en la monstruosa aberración de los regímenes estalinistas del siglo XX, lo cual no constituye una novedad sino una repetición de viejas sentencias.

La reivindicación de Marx por muchos intelectuales de la clase dominante se da alrededor de su capacidad para analizar la crisis estructural del capitalismo. Como señaló Nouriel Roubini hace poco más de dos años: “Karl Marx tenía razón, llegado un punto, el capitalismo puede autodestruirse, porque no se puede seguir trasladando ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad y una falta de demanda agregada. Y eso es lo que sucedió”.

En otra sintonía temática pero expresando una tendencia similar, cierto sector de la academia decidió “retornar a Marx”. En un libro publicado a fines del 2012, Francisco Delich, ex rector de la UNC y la UBA, realiza una diferenciación central. Escribe que “recuerdo para quienes no frecuentan distinciones aparentemente bizarras, la presente: marxistas (seguidores de Marx), marxólogos (expurgadores, traductores, intérpretes, filólogos) y marxianos (lectores atentos y libres de su obra). Entre estos últimos, aunque menos frecuentes, mantenemos interés hermenéutico (…) lo releemos con frecuencia, antes de comenzar cualquier investigación”[1]. Delich agrega aquí que, en ese libro, “intentamos abrir una discusión que separara radicalmente a Marx del leninismo ruso y latinoamericano”.

Marx sin revolución y sin lucha de clases. Marx “hermeneuta”, cuya valoración está dada por su capacidad de proveer de herramientas o conceptualizaciones para interpretar los procesos sociales y políticos, pero donde su estrategia política es completamente negada. Anotemos al pasar que, repitiendo los registros de la intelectualidad dominante, Delich unifica al pensamiento de Lenin con la práctica del estalinismo, hablando del “carácter autoritario del modelo leninista-stalinista”.

En el mismo libro, otros artículos pretenden presentarnos esta versión de Marx. Marta Philp, historiadora, nos presenta a Marx a través de la reivindicación de Claude Lefort. Citemos: “destacamos aspectos centrales de la mirada de Lefort (…) la irreductibilidad de la división social, es decir no existe ni existirá ninguna sociedad que pueda abolirla dado que la división social es constitutiva de la sociedad”[2]. Aquí, la perspectiva de una sociedad donde la humanidad pueda superar efectivamente el umbral de la división social del trabajo, base de la estructuración clasista de la sociedad, desaparece por completo.

Marxismo y lucha de clases

El desarrollo de un marxismo en clave “interpretativa” -como el que hemos mencionado- no tiene porque extrañar. Es la resultante de la desigualdad más general del declive del neoliberalismo en tanto etapa determinada del capitalismo en el siglo XX. Es, a la vez, resultado de la forma en que terminó el período agudo de lucha de clases que se vivió desde fines de la década del ’60 hasta inicios de los 80’.

Analicemos la primera afirmación. El neoliberalismo implicó un avance sustancial sobre el conjunto de las condiciones de vida de las masas de todo el mundo, combinando la división de las filas obreras, la liquidación de conquistas en los países centrales, la relocalización de la producción en naciones con un proletariado en relativa formación (China, Corea del Sur, etc.) entre otros aspectos que acompañaron un enorme desarrollo de las tendencias parasitarias del capital.

Pero la salida de esta etapa, abierta a partir de la crisis internacional del 2007-2008, se da de manera desigual. Esa desigualdad está dada, esencialmente, por la discordancia entre los tiempos de la crisis económica y los de la subjetividad el movimiento de masas, donde la primera se desarrolla de manera más veloz que la segunda. Dicha desigualdad de factores permite que en este “retorno” del marxismo se vean primero los elementos de análisis de la crisis capitalista que los conceptos y teorizaciones que estudian la lucha de clases.

Esta discordancia de los factores objetivos y subjetivos del desarrollo social es la resultante de un proceso histórico al que señalamos más arriba como segunda condicionante. La derrota del ascenso revolucionario que se vivió a partir del Mayo Francés permitió el inicio de una fuerte ofensiva del capital sobre las posiciones de la clase obrera y las naciones semicoloniales. En el marco de un fuerte retroceso de la lucha de clases se dio la debacle del marxismo en tanto teoría ligada a la lucha revolucionaria.

Esa “crisis del marxismo” (como fue llamada desde fines de los 70’) se desarrolló a partir de condiciones particulares. Las tendencias mayoritarias del marxismo, golpeadas por la contrarrevolución y la reacción, estaban ya parcialmente definidas por una doble determinación que limitaba su horizonte revolucionario. Por un lado, el peso fundamental del aparato estalinista mundial, que sólo permitía un limitado desarrollo de las ideas marxistas y siempre dentro de una construcción reduccionista-mecanicista. Esto se hallaba ligado estrechamente a las necesidades de la casta política dominante en la URSS en sus negociaciones con el imperialismo mundial. Además, este sistema de relación con la teoría tenía sus versiones “nacionales”, puestas en función de la convivencia con los regímenes políticos de cada país. Por otro lado, y como segunda determinación, desde mediados de los años 20’ se había desarrollado una tendencia en el marxismo que escindía la práctica política y los problemas de estrategia de la teoría marxista[3] como señala Perry Anderson en su clásico Consideraciones sobre el Marxismo Occidental.

Estas dos tendencias no eran absolutamente contrapuestas sino que, como lo evidencian el papel de Althusser, se entrelazaban. El peso del aparato estalinista mundial contribuía a esa relación. Anderson señala que “para los exponentes del nuevo marxismo (…) el movimiento comunista oficial representaba la única encarnación real de la clase obrera internacional”. Pocos años más tarde, Althusser lo confirmaba: “¿Qué entender por crisis del marxismo? Un fenómeno que concierne, en la escala histórica y mundial, a las dificultades, contradicciones, impasses en los que hoy se encuentran comprometidas las organizaciones de lucha de clases revolucionaria que se inspiran en la tradición marxista”[4].

Estas tendencias dominantes en el marxismo y la derrota en la lucha de clases fueron las bases sobre las cuales, a posteriori, se estructurarían las tendencias al postmarxismo y el posestructuralismo. La “desintegración” de la totalidad social, la emergencia de “nuevos” y múltiples sujetos, la conversión de la historia en mero “relato teleológico” y el “fin” de esos “grandes” relatos constituyeron parte esencial de los discursos dominantes que emergieron en las décadas posteriores, haciendo de comparsa de los avances de la clase dominante sobre la clase trabajadora a escala internacional.

Marxismo y estrategia revolucionaria

Las tendencias señaladas son expresión del “piso” desde el que parte el marxismo en su “retorno”. Es preciso afirmar que, pese a la defección general de la ideología marxista por parte de una enorme franja de intelectuales desde fines de los 70’, hubo intentos de continuar la tradición marxista. Y esos intentos estuvieron dados, esencialmente, desde la izquierda trotskista. En cierto sentido, se reiteró la situación que Perry Anderson describía en el final del citado Consideraciones…, donde veía al trotskismo como la corriente que había continuado la elaboración teórica ligada a las necesidades de la lucha revolucionaria[5].

Sin embargo, el neoliberalismo, período al que de conjunto hemos definido como de “restauración burguesa”, implicó también crisis dentro de este terreno para muchas de las organizaciones que provienen del trotskismo. Esta crisis es expresó de dos formas. Por un lado, mediante la tendencia a abandonar los análisis teóricos más profundos y desligarlos de la política. La otra la constituyó la separación entre análisis teóricos y lucha de clases, que tendió a adaptarse a las presiones de la academia.

La crisis capitalista actual y los procesos de lucha de clases que se desarrollan al calor de la misma, imponen la necesidad de avanzar en el fortalecimiento de una perspectiva marxista que ligue su labor a la tarea estratégica de la revolución socialista y la lucha por el comunismo. Las condiciones de la crisis abren la perspectiva del desarrollo de las premisas para que las masas puedan tomar el cielo por asalto al decir de Marx, es decir pelear por la conquista del poder político por la vía revolucionaria.

Los textos que hemos citado dan cuenta de una invocación al marxismo sin lucha de clases y sin revolución. La diferenciación entre marxianos y marxistas que afirma Delich supone una elección tanto política como epistemológica. Política en tanto renuncia al marxismo como guía para una práctica revolucionaria. Epistemológica en tanto renuncia al análisis de las tendencias de la realidad hasta el final[6]. Ambas dimensiones son inescindibles en el pensamiento y la labor de Marx.

Las premisas científicas sobre las que se elaboraron aspectos fundamentales de la teoría marxista mantienen actualidad. Señalemos sólo una, por demás fundamental. La existencia del capital y del trabajo asalariado, lejos de tender a su desaparición, se han extendido a amplias zonas del planeta y a las más diversas ramas. La operación ideológica que señaló la “desaparición del proletariado” fue el resultado de las derrotas en la lucha de clases que hemos señalado antes. Como bien señalaba Daniel Bensaïd “actualmente, muchas preguntas se dirigen a menudo a saber si el proletariado está o no en vías de extinción (…) En cambio jamás se plantea la pregunta de si la burguesía ha desaparecido”[7]. De ese antagonismo de clase, presentes en la estructura capitalista se deriva necesariamente la lucha de clases.

La lucha de clases supone, en momentos de crisis capitalista como el actual, una agudización constante. En este blog publicamos hace pocos días una reseña de la dura lucha de los trabajadores de Valeo así como una declaración ante el reaccionario discurso de CFK el 1º de marzo. Son dos postales del endurecimiento de la lucha de clases en el terreno local. Se podrían citar infinidad de ejemplos de estas tendencias.

La lucha de clases acecha a quienes pretenden ignorarla. Si como afirma el refrán es imposible escaparle a la sombra, el capitalismo no puede escaparle a la lucha de clases. De allí la urgente tarea de aportar a desarrollar un marxismo que ligue sus acciones a la necesaria lucha por la revolución social y la tarea estratégica de derrocar el poder de la clase dominante. La necesidad, en resumidas cuentas, de un marxismo que no sólo interprete, sino que sea una herramienta que le permita a la clase trabajadora vencer en la lucha de clases.


[1] Marx ensayo plurales. Ed. Comunicarte. p.14.

[2] Ídem. p.195.

[3] Anderson escribía, a propósito de la tradición del marxismo occidental, que “nacido del fracaso de las revoluciones proletarias en las zonas avanzadas del capitalismo europeo después de la primera guerra mundial, desarrolló dentro de sí, una creciente escisión entre la teoría socialista y la práctica de la clase obrera”.p.115

[4] Poder y oposición en las sociedades postrevolucionarias. Editorial Laia. 1980. p.220. Aquí Althusser hace referencia a las organizaciones dirigidas por el estalinismo.

[5] Ver Anderson, pp. 119-125.

[6] Delich llega a afirmar que “La sociedad industrial se está extinguiendo reemplazada por la sociedad de servicios, de la información, de la multiculturalidad. El antiguo sujeto histórico, como veremos, está ahora en discusión” (P.35).

[7] Marx ha vuelto. Edhasa. P.46.

Category: Artículos, Ideas y debates, Teoría marxista

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